martes, 26 de mayo de 2020

peter handke / de "poema a la duración"









Ya hace tiempo que quiero escribir sobre la duración;
no un artículo ni una obra de teatro, ni una historia—
la duración pide insistentemente un poema.
Quiero preguntarme con un poema,
acordarme con un poema,
afirmar y guardar con un poema
lo que es la duración.

(…)

“Esto es cosa que ocurre en días, esto dura años”:
Goethe, mi héroe
y maestro de la palabra objetiva,
una vez más has acertado:
la duración tiene que ver con los años,
con los decenios, con el tiempo de nuestra vida;
la duración, es el sentimiento de la vida.

(…)

Extraño también el sentimiento de duración
a la vista de algunas pequeñas cosas,
cuanto más insignificantes más conmovedoras:
aquella cuchara
que me ha acompañado en todas las mudanzas,
aquella toalla
que ha estado colgada en los más diversos cuartos de baño,
la tetera y la silla de enea,
arrumbadas años y años en el sótano
o guardadas en alguna parte
y ahora, al fin, otra vez en su sitio,
ciertamente un sitio distinto de aquel que les corresponde desde siempre,
pero sin embargo en el suyo.

Y al fin:
feliz aquel que tiene sus lugares de duración;
ya no será, aunque se haya trasladado para siempre a un país extraño,
sin perspectivas de volver a su mundo,
nadie a quien han expulsado de su patria.

***
Peter Handke (Griffen, 1942)
Versión de Eustaquio Barjau

/

Schon lange will ich über die Dauer schreiben,
keinen Aufsatz, keine Szene, keine Geschichte – 
die Dauer drängt zum Gedicht.
Will mich befragen mit einem Gedicht,
mich erinnern mit einem Gedicht,
behaupten und bewahren mit einem Gedicht,
was die Dauer ist.

(…)

»Tage währts, Jahre dauerts«:
Goethe, mein Held
und Meister des sachlichen Sagens,
du hast es wieder einmal getroffen:
Die Dauer hat mit den Jahren zu tun,
mit den Jahrzehnten, mit unserer Lebenszeit;
die Dauer, sie ist das Lebensgefühl.

(...)

Eigentümlich auch das Dauer
gefühlangesichts mancher kleinen Dinge,
je unscheinbarer, desto ergreifender:
Jenes einen Löffels,
der mich durch all die Umzüge begleitet hat,
jenes einen Handtuchs,
welches in den verschiedensten Badezimmernhing,
der Teekanne und des Flechtstuhls,
jahrelang abgestellt in einem Keller
oder irgendwo eingelagert,
und jetzt endlich wieder am Platz,
zwar einem andern als dem angestammten,
und trotzdem auf dem ihren.

Und schließlich:
Wohl einem jeden, der seine Orte der Dauer
hat;
er ist, und sei er für immer versetzt in die
Fremde,
ohne Aussicht auf Rückkehr in seine
Umgebung,
kein Heimatvertriebener mehr.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario