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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.
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lunes, 19 de septiembre de 2022

especial poemas de / sobre milicias

De los tipos de memoria que existen o pueden existir, la memoria militar es quizás una de las más firmes. Generalmente basada en un tema épico, incluye la gloria a quienes triunfaron, el homenaje a los caídos y la exaltación de valores patrios (derivados del heroísmo). Asimismo, es la memoria de la guerra y de la supervivencia a la misma. En Chile, cada 19 de septiembre -el día siguiente al que se celebra el inicio del proceso de independencia de la Corona Española- tiene lugar el "Día de las Glorias del Ejército", al menos desde 1915. La tradición, eso sí, proviene desde 1817. Actualmente, nuestra manera de relacionarnos con los conflictos bélicos no es la misma que hace doscientos años. Es más, preferiríamos que no existiesen, pero no es algo que podamos controlar o parar. Ni menos incidir en la gestión de la transmisión de imágenes o puntos de vista que tienden a explicar los conflictos, responsabilizando -en mayor medida- a uno de los lados beligerantes. La poesía es una manera de articular el lenguaje de regreso a la humanidad que se pierde con la guerra. El presente especial no tiene que ver necesariamente con las guerras, sino con los vectores que se encargan materialmente de llevarla a cabo. Esto es, ejércitos, soldados y armas. No es que en la comparecencia infinita estemos de fiesta, sino presentar diferentes formas en que el lenguaje se modela y modula para criticar o alabar a los hombres que están detrás de las armas. Cada sensibilidad a cada tiempo. Es probable que los poemas de Bruno Vidal y Heinrich Anacker despierten extrañeza. De una parte, un ejercicio que usa como sujeto poético al militar en la decadencia posmoderna de su profesión y, de la otra, un canto al imperialismo pangermanista, que funcionó como dispositivo propagandístico del régimen nazi. También es probable que los poemas de Melvin B. Tolson y Pedro Calderón de la Barca susciten un sentimiento particular. Ambos detrás del orgullo de los militares que lograron consolidar procesos políticos en épocas que las guerras eran una preocupación general. No vale la pena castigar esas sensibilidades desde el presente, conocerlas nos ayuda a conectarnos y reflexionar sobre el momento en que la humanidad ha estado o está en uno de sus límites, donde puede o no difuminarse y dar lugar al desastre. Viene bien prestar atención a cómo se articula el lenguaje y qué se desea hacer con el mismo, eliminar estos modos de componer poesía sería un error. El horror, tarde o temprano, encarna en un sujeto, en una forma. 


Nicolás Guillén
Soldado, aprende a tirar...

**

Soldado, aprende a tirar
tú no me vayas a herir,
que hay mucho que caminar.
¡Desde abajo has de tirar,
si no me quieres herir!
 
Abajo estoy yo contigo,
soldado amigo.
Abajo, codo con codo,
sobre el lodo.
 
Para abajo, no,
que allí estoy yo.
 
Soldado, aprende a tirar:
tú no me vayas a herir,
que hay mucho que caminar.

~


Irene Gruss
Mientras tanto

**

Yo estuve lavando ropa
mientras mucha gente
desapareció
no porque sí
se escondió
sufrió
hubo golpes
y
ahora no están
no porque sí
y mientras pasaban
sirenas y disparos, ruido seco
yo estuve lavando ropa,
acunando,
cantaba,
y la persiana a oscuras.

~


Bruno Vidal
Un poema

**

A Perry La Guardia

Lalo Becerra se coloca la camisa negra Arrow Nº7
Se lustra los zapatos de gamuza de la tienda Calpyso
El slips de nylon le queda estupendo ceñido al vientre
Cerca del sobaco Nº2 la Luger automática con regio
                    silenciador -regalo recuerdo de los S.S.-
El cinturón con hebilla de oro dorada por Murieta
En el piano bar lo espera la Delia Izquierdo
                                        Alias "Zulema A".
repleta de alhajas y emolumentos
la conoció en la galería Praxis, hermosa la falda Chanel
Apenas la ve le da una pateadura
                        La amante no lo deja
Ni siquiera se queja de estos malos tratos otros peores
La mujer cabizbaja vuelve a la peguita clandesta
en las proximidades de la I. San Francisco
El hombre se va al juego de la mesa
                                redonda -planicie de vidrio-
                                            En el sector Oriente
3 de la madrugada según el reloj de
                            cuarzo de los franciscanos
Pierde la fortuna en la partida Nº17
    Otro de los mejores ases bajo la manga da
                                        una mirada de muerte
Huye
        neurótico
             por la escalera de escape Nº 79
En la Alameda Bernardo O´Higgins
la amada lo espera con los brazos
                                        abiertos.

~













Melvin B. Tolson
El soldado desconocido

**

Fui un minuteman en Concord Bridge,
Fui artillero de fragata en el lago Erie,
Fui mortero en Stony Ridge,
luché en San Juan Hill y en Château Thierry,
desafié al Corregidor y al Mar Ártico:
El dedo índice trae la democracia.
 
Estos Estados propagaron la libertad en ellos y en mis huesos.
Viejos como el nuevo testamento de la Bahía de Plymouth.
Cuando los padres fundadores pusieron la piedra angular
y se lamentaron que los trece relojes no decían
la hora en la hora, me puse nervioso con ellos
bajo la soga en la mano del capricho del tirano.
 
He visto las naves extranjeras del destino
surcar las montañas marinas entre los hemisferios.
He visto la corriente del Golfo de nuestra historia
llena de restos de carreras corsarias.
He oído al vigilante gritar: "¡Los barrotes! Los barrotes!"
Cuando la medianoche celebró el funeral de las estrellas.
 
He visto a los Estados horizontales volverse verticales,
desde el puerto de Plymouth hasta el Golden Gate,
hasta que encajados contra los cielos empíreos
sus glorias codearon los decretos del destino.
Estos Estados propagaron la libertad en ellos y en mis huesos:
Canto sus virtudes y expío sus pecados.
 
La cizaña y el trigo crecen en el mismo campo,
La rosa y la espina se acompañan en el arbusto,
El oro y la grava se acurrucan en el rendimiento,
El aceite y la arenilla y la suciedad brotan juntos.
El nudo gordiano de ser o no ser
no atrapa a los libres.
 
Mi fe apuntala los mañanas, porque conozco
las raíces de la libertad, de fibra dura, se alimentan
de la sangre de tiranos y mártires; el golpe de Judas
tortura las raíces hasta que se retuercen y sangran;
y, sin embargo, ningún César, enriquecido con el botín,
puede desarraigar la libertad.
 
Yo soy el Soldado Desconocido: Abro las puertas
a los Derechos del Hombre, letras encarnadas.
Estos santuarios de la libertad son míos como tuyos;
Estas cenizas de los hombres libres son tuyas y mías.
Mi fantasma atribulado rondará estos Estados, ni cesará
hasta que la guerra global se convierta en una paz global.

(Versión de Nicolás López-Pérez)

/

The Unknown Soldier

I was a minuteman at Concord Bridge,
I was a frigate-gunner on Lake Erie,
I was a mortarman at Stony Ridge,
I fought at San Juan Hill and Château Thierry,
I braved Corregidor and the Arctic Sea:
The index finger brings democracy.
 
These States bred freedom in and in my bone—
Old as the new testament of Plymouth Bay.
When the Founding Fathers laid the Cornerstone
And rued the thirteen clocks that would not say
The hour on the hour, I nerved myself with them
Under the noose in the hand of the tyrant’s whim.
 
I’ve seen the alien ships of destiny
Plow the sea mountains between the hemispheres.
I’ve seen the Gulf Stream of our history
Littered with derelicts of corsair careers.
I’ve heard the watchman cry, “The bars! The bars!”
When midnight held the funeral of stars.
 
I saw horizontal States grow vertical,
From Plymouth Harbor to the Golden Gate,
Till wedged against skyscapes empyreal
Their glories elbowed the decrees of fate.
These States bred freedom in and in my bone:
I hymn their virtues and their sins atone.
 
The tares and wheat grow in the self-same field,
The rose and thorn companion on the bush,
The gold and gravel cuddle in the yield,
The oil and grit and dirt together gush.
The Gordian knot to be or not to be
Snares not the free.
 
My faith props the tomorrows, for I know
The roots of liberty, tough-fibered, feed
On the blood of tyrants and martyrs; the judas blow
Tortures the branches till they twist and bleed;
And yet no Caesar, vitamined on loot,
Can liberty uproot!
 
I am the Unknown Soldier: I open doors
To the Rights of Man, letters incarnadine.
These shrines of freedom are mine as well as yours;
These ashes of freemen yours as well as mine.
My troubled ghost shall haunt These States, nor cease
Till the global war becomes a global peace.

~


Heinrich Anacker
¡Un pueblo, un reino, un líder!

**

¡Un pueblo - un imperio - un líder! 

¡Ata el viento cuando quiere soplar y se precipita! 

¡Aún el estruendoso oleaje del mar! 

Evita que las aguas se balanceen con el vaivén de la corriente. 

Si podéis, haced callar el grito en la sangre: 
¡Un pueblo - un imperio - un líder! 

Fuerza a un árbol a trabajar por la esterilidad en abril, 
Cuando sus mil brotes no quieran más que florecer 
Doma el río que quiere liberarse del hielo - 
Si lo consigues, el deseo de desear se calmará 

¡Un pueblo - un imperio - un líder! 

Desde los volcanes arde el rojo hacia el cielo: 

¡Apaga las brasas! ¡Y cambia el curso del sol! 

¡Aguanta el rayo, en la nube amenazante! 

Si podéis, dejad que muera esta dicha tan alemana: 

¡Un pueblo - un imperio - un líder! 

Dios es más justo que los jueces terrenales. 

Dios vive en el mar, en el volcán, en el rayo y en el viento. 
Sus leyes las llena de golpes certeros - 
Y su sol brilla en nuestro día de libertad: 

¡Un pueblo - un imperio - un líder! 

(Versión de Nicolás López-Pérez)


Ein Volk - ein Reich - ein Führer! 

Bindet den Wind, wenn er wehen und rauschen will! 

Legt doch die donnernde Brandung des Meeres still! 

Wehret der See, sich zu wiegen in Ebbe und Flut! 

Wenn ihr das könnt, dann verstumme der Aufschrei im Blut: 
Ein Volk - ein Reich - ein Führer! 

Zwingt einen Baum, im April sich um Kargheit zu mühn, 
Wenn seine tausenden Knospen nichts wollen, als blühn! 
Bändigt den Fluß, der vom Eise befreien sich will - 
Wenn’s euch gelingt, dann werde die Sehnsucht still: 

Ein Volk - ein Reich - ein Führer! 

Aus den Vulkanen lodert es rot himmelan: 

Löscht doch die Gluten! Und ändert der Sonne Bahn! 

Haltet den Blitz, in der dräuenden Wolke zurück! 

Wenn ihr’s vermögt, dann sterbe dies deutscheste Glück: 

Ein Volk - ein Reich - ein Führer! 

Gott ist gerechter als irdische Richter es sind. 

Gott lebt im Meer und Vulkan und im Blitz und im Wind. 
Seine Gesetze vollsteckt er mit ehernen Schlag - 
Und seine Sonne umstrahlt unsem Freiheitstag: 

Ein Volk - ein Reich - ein Führer! 

~


Pedro Calderón de la Barca
El soldado español de los Tercios

**

Este ejército que ves
vago al yelo y al calor,
la república mejor
y más política es
del mundo, en que nadie espere
que ser preferido pueda
por la nobleza que hereda,
sino por la que el adquiere;
porque aquí a la sangre excede
el lugar que uno se hace
y sin mirar cómo nace
se mira como procede.

Aquí la necesidad
no es infamia; y si es honrado,
pobre y desnudo un soldado
tiene mejor cualidad
que el más galán y lucido;
porque aquí a lo que sospecho
no adorna el vestido el pecho
que el pecho adorna al vestido.

Y así, de modestia llenos,
a los más viejos verás
tratando de ser lo más
y de aparentar lo menos.

Aquí la más principal
hazaña es obedecer,
y el modo cómo ha de ser
es ni pedir ni rehusar.

Aquí, en fin, la cortesía,
el buen trato, la verdad,
la firmeza, la lealtad,
el honor, la bizarría,
el crédito, la opinión,
la constancia, la paciencia,
la humildad y la obediencia,
fama, honor y vida son
caudal de pobres soldados;
que en buena o mala fortuna
la milicia no es más que una
religión de hombres honrados.

lunes, 17 de enero de 2022

pedro calderón de la barca / dos poemas













Romance amoroso a una dama

*

¿No me conocéis, serranos?
Yo soy el pastor de Filis,
cera a su pecho de acero,
esclavo a sus ojos libres.
Huésped en vuestras riberas,
oponer de amor me visteis
a las armas vencedoras
resistencias invencibles.
Mas ¡ay! yo muerto, serranos;
¡ay, amor, ya me venciste!;  
los incendios de mis hielos
tus poderes acrediten.
Para matarme tus ojos,
Filis, el amor elige;
que a mayores vencimientos
bastan los rayos que viste.
A cuyo imperio süave,
a cuya fuerza apacible
no hay libertad que se exente,
no hay exención que se libre.  
A tu beldad las beldades
desconocidas se rinden,
desde las que el Tetis beben,
hasta las que el Ganges viven.
Cuyo nombre el Gata ufano
gloria le da más felice
que sus arenas al Tajo,
que sus imperios al Tíber.
En tu alabanza mi efecto,
entre efectos imposibles
epiciclos fatigara;
mas temo que espumas pise.
Retírase, pues, cobarde,
y tanta empresa remite,
o de un águila a los vuelos
o a los acentos de un cisne;
que una voz ronca no puede
ni puede una pluma humilde
ultrajarte; que te ignora
quien se atreve a describrirte.
Mis deseos igualmente
que por divina te admiten,
como a deidad te veneran
y como a deidad te piden,
así, pues, el tiempo nunca  
en ti con mudanza triste
las rosas aje del rostro
ni del cuello los jazmines;
a la primavera hermosa
que en tus mejillas asiste,  
en siempre floridos mayos
goce perpetuos abriles;
que admitas unos deseos,
que una voluntad estimes,
como atrevida en quererte,  
acordada en elegirte.
Si tienes dueño, a tu dueño
te hurta: mi mal te obligue,
para que mi ardor aplaques,
nieve a que a mi cuello apliques.
Yo vi que hurtados a un muro
a que pudieran asirse,
le repartieron abrazos
a un árbol unos jazmines.
Tú verás que a mis deseos
solicitan persuadirte
yedra que dos olmos trepa,
vid que dos álamos ciñe.
Prisiones rompe el capullo
avaramente sutiles  
el clavel, y fuera dellas
con púrpura el aire tiñe
pues te incitan sus ejemplos,
Filis, sus ejemplos sigue;
que si tú mi amor retornas,  
cierto estoy que Amor me envidie.

~

Psalle et Sile

Discurso métrico-ascético sobre la inscripción «Psalle et Sile», que está grabada en la verja del Coro de la Santa Iglesia de Toledo

*

Canta y calla, dice aquel
mote, cuya soberana
inscripción, sacro buril
en grabado bronce estampa,

   bien como inscribió de versos
en sobrepuestas medallas
Salomón, de sus columnas
los capiteles y basas.

    Canta y calla, otra vez leo,
y otra vez suspensa el alma
duda cómo se reduzca
a un precepto: canta y calla.

   Porque si el callar es muda
prisión del silencio que ata
con el uso de las voces  
el rumor de las palabras;

   y el cantar, no sólo es
romperlas, pero entonarlas
al concertado compás
de métrica consonancia,

   ¿cómo, compuesto de dos
proposiciones contrarias,
sagrado precepto, a un tiempo
cantar y calla me manda?

   Ignorante peregrino  
soy, que a las piadosas aras
del sagrario de María
condujo, no errante planta,

   fijo norte sí, en aquella
aguja, que sobre tantas  
cervices, ya de edificios,
ya de montes se levanta.

   A ser en el desvelado
eco de sus atalayas,
cada clamor un sonoro
clarín de la fe cristiana.

   De cuyo animado bronce,
aún más que del de la fama,
conducido llegué apenas
al pie de sus torres altas.

   Cuando inspirado del mismo
boreal imán de mis ansias,
saludé el umbral diciendo:
«¡Salve, basílica santa,

   salve, primer metrópoli de España,
pues hasta coronar tu frente altiva
ni en su dosel ciñó la paz oliva
ni la guerra laurel en su campaña!

   ¡Salve, oh siempre católica montaña,
y tan siempre a la luz de la fe viva  
que, aun entre los horrores de cautiva
ajena te alumbró, pero no extraña!

   ¡Salve, erario feliz de glorias tantas,
que hoy en tu angelical cámara bella,
aun los mármoles son reliquias santas!  

   ¡Salve, y permite al adorar la huella
que enterneció una piedra con sus plantas
no esté mi corazón más duro en ella!».

   Dije, y con temor tocando
del perdón la primer grada
(que líneas de perdón nadie
pudo sin temor tocarlas),

   al ámbito pasé, en cuyas
naves, la vista engolfada,
sin peligro de tormenta  
corrió achaques de borrasca.

   ¡Oh, cuántas muertas noticias,
vivas memorias, oh cuántas,
ofuscado el pensamiento
resolvió al verse en su estancia!  

   Desde aquella primitiva
edad, que en la tierna infancia
de la fe, Diego y Torcuato
en ella sus raíces plantan,

   Eulogio las fertiliza,  
Julián y Eladio las labran,
un Eugenio las florece
y otro Eugenio las consagra;

   hasta que estrellas sus flores,
ya en los rizos de Leocadia,
ya en las vestes de María,
las mira Ildefonso; y hasta

   que, mudando la fortuna
el semblante de dos caras
(que no es heroico el valor  
que no se examina en ambas),

   entre las góticas ruinas
que con sangre las esmaltan
un Rodrigo las deshoja
y otro Alfonso las restaura.  

   Haciendo, restituida
de los oprobios de esclava
a aplausos de emperatriz,
que al sacudir su garganta

   la mozárabe coyunda,  
vuelva, en honor de sus patria,
esta española Sión,
esta Salen castellana,

   a ser, ceñida de olivas,
laureles, cedros y palmas,
segunda Roma de Europa
y primer silla de España.

   ¡Oh santo rey! ¡Oh Fernando!
¡Qué presto a tus triunfos pasa
la memoria! Mas ¿qué mucho  
si corre a darte las gracias

   de tanta fábrica excelsa
a quien tus piedades sacan
de soterrada mezquita
para sumptuoso alcázar?  

   En cuya admiración (ya
lo dije), absorta y turbada
la vista, corrió tormenta;
mas no, que todo es bonanza

   de María, en puntos donde,
aunque extranjero en su playa,
saber su colocación
no me costó preguntarla;

   que muchas señas de cielo
me dio el iris de unas armas,
de quien zodíaco y signos
fueron estrellas y bandas.

   Ni es sin misterio que a un Sando
timbres de otro Sando-val-gan;
ni la primera vez que  
estrellas digan de Alba.

   Con que en su antigua eminencia
llegué a verla colocada.
¡Qué bien parece que sea
su eminencia quien la ensalza!

   Si fuera cuarto Bernardo
yo, a los tres que en tres distancias,
amantes de su pureza,
uno escribe en alabanzas,

   otro en gozos la descubre,  
otro en tronos las levanta
¿quién con su espíritu duda
que hubiese dicho al mirarla?:

   «Retrato favorecido
tanto del sol celestial  
que en ti, como en un cristal,
reverberó parecido,
¿quién, sino tú, ha merecido
ser tan perfecto traslado
que, a su dueño cotejado,  
pueda dar el cielo fe
de que él solamente fue
bien y fielmente sacado?

   Ignórese su venida,
porque en la suya se crea  
que allá parecida sea
la que acá fue aparecida;
y si de ángeles traída
fuiste, imagen celestial,
bien en premio del leal
afecto que lo creyó,
lo que en tu origen calló,
nos dijo tu original.

   Original dije, y fiel
al nombre me estremecí,  
pues supo dél para ti
sin saber para sí dél.
Sea el cielo tu dosel,
la tierra tu alfombra, pues,
por quien dijo David, es  
la peana de tu altar:
adoremos el lugar
donde estuvieron tus pies».

   ¿Qué dijera? Más dijera
si a voces no me llamara  
aquella primera duda
que tras sus ecos me arrastra.

   Si ya no es que porque crea
en la perfecta elegancia
de su docta arquitectura,  
cuánto es misteriosa y rara

   esta joya, de quien son
mayores templos la caja,
bien como preciosa perla
que cupo dentro del nácar,  

   su perfección solicita
persuadir a mi ignorancia
que es tan grande, que aun lo son
sus menores circunstancias.

   Y así, cerrando el no ocioso  
paréntesis (pues si hablara
del mote, sin que del mote
diera el cincel que le graba,

   fuera dejar sus noticias
al escrúpulo de vagas),
vuelvo a la inscripción en que
cantar y callar me mandan.

   Aquí quedé; y convencido
a que son accione varias
imposibles de que a un tiempo  
pueda el coro ejecutarlas,

   y habiendo de seguir una
de dos leyes tan sagradas,
como son silencio y canto,
habré de alegar por ambas.  

   Es el silencio un reservado archivo
donde la discreción tiene su asiento;
moderación del ánimo que, altivo,
se arrastrara sin él del pensamiento;
mañoso ardid del menos discursivo  
y del más discursivo entendimiento;
pues a nadie pesó de haber callado
y a muchos les pesó de haber hablado.

   Es, contra el más colérico enemigo
el más templado freno de la ira;  
de la pasión el más legal testigo,
pues dice más que el que habla el que suspira;
de la verdad tan familiar amigo,
que a la simulación de la mentira
le destiñe la tez, pues cuanto errante
mintió la lengua, desmintió el semblante.

   Es quietud del espíritu divina,
a quien el mundo contrastar no pudo;
de la modestia imagen peregrina,
que una mano da al labio, otra al escudo;  
de cuantos sacrificios vio la indina
adoración, el pez, animal mudo,
prohibido fue; que a luz de sacrificio,
aún no estragó esta virtud el vicio.

   Y si de hablar y de callar le dieron  
tiempo al que más la perfección codicia,
fue porque al corazón árbitro hicieron
de su sinceridad o su malicia;
no porque del silencio no creyeron
ser el culto mayor de la justicia,  
pues si a Dios en sus obras reverencio,
el idioma de Dios es el silencio.

   Dígalo el cielo en el primero día
que el poder del Criador manifestaba,
pues en el cielo gran silencio había  
mientras Miguel con el dragón lidiaba;
pues la tierra y la noche helada y fría
que humano le adoró, en silencio estaba;
y ya que árbitro fue de paz y guerra,
lo que le amaron digan cielo y tierra.  

   La escuela de Pitágoras cinco años
sabiamente lección de callar daba;
la Tebaida, en sus cuerdos desengaños,
a callar solamente se juntaba;
pues si a sus propios filósofos y extraños  
retórico el silencio doctrinaba
¿qué gimnasio se orló de más laureles
que el que cursaron fieles y no fieles?

   Confieso que es una interior batalla,
por eso se corona el que pelea,  
y para aquél que menos fuerte se halla
consejo fue de iluminada idea,
sacro proverbio en que se escribe: «O calla,
o algo di que mejor que callar sea»,
y si ha de ser mejor callar, calle entre tanto  
el silencio, hasta ver si lo es el canto.

   Es la blanda armonía...
-no hablo en común de aquella,
que áspid del aire con flores escondido,
la fragancia que envía,  
hubo quien dijo della
que era un hermoso estiércol del oído;
de aquella, sí, que ha sido
el aura de la nube
en quien el humo del incienso sube-.  

   Es pues el armonía
que fervoroso afecto
a Dios dedica en culto reverente,
interior alegría
de inspirado concepto  
que exultación divina de la mente,
prorrumpe lo que siente
en conceptos veloces
de organizados números y voces.

   Bien como amante llama  
que tras su impulso lleva
las pasiones del ánimo, y activa
el corazón que inflama,
espíritu que eleva
prorrumpe en llanto; que aunque compasiva  
suene allí, aquí festiva
no distan canto y llanto;
que el llanto del amor también es canto.

   Su nombre se deduce
del docto frase griego,  
cuya etimología interpretando,
al cántico traduce
voz herida, a que luego
añade el himno, que es orar cantando;
de manera que cuando
sólo en sonido acaba,
es canto, y himno cuando a Dios alaba.

   De himno y canto trasciende
su unísona blandura
a ser salmo después, cuyo concento  
de salterio desciende,
que es cuando su dulzura
se acompaña de músico instrumento:
de suerte que el acento
el canto es, la voz pía  
el himno, y el salterio la armonía.

   Bien su origen pudiera
alegar en el cielo,
sin que antiguo silencio ceda el canto;
pues en la empírea esfera,
al sacrílego duelo
el himno sucedió del Santo, Santo,
y en la tierra, pues cuanto
calló la noche fría
dijo la Gloria en métrica alegría.

   Mas ahora no resuelvo,
pues sólo alego ahora,
para después, dejando el magisterio.
Al primer punto vuelvo,
y pues ya nadie ignora  
qué es cántico, qué es himno y qué es salterio,
vamos a otro misterio,
tantos siglos oculto,
de cuándo el canto se introdujo al culto.

   En Oriente hay que diga  
tuvo origen: bien fuera
que la luz nos viniera del Oriente,
si no hubiera quien siga
que David la primera
vez al arca cantó; y es más decente
creer que pastor invente
que sagrados loores
canten con sus rebaños los pastores.

   La salmodia acredita
esta opinión (que al genio  
sigue el afán que tras su imán le lleva,
y nadie facilita
trabajos al ingenio
sin que interior espíritu le mueva);
cuya afición comprueba
no haber hasta él ejemplo
de que entrase la música en el templo.

   Que aunque canciones fueron
las que a Dios dedicaron
los hijos de Israel en voces claras,  
en Débora se oyeron
y en Barac se escucharon,
no en verbal sacrificio de las aras,
que amablemente caras,
veneraron rendidos,  
del fervor entonados los gemidos.

   En David pues el canto
introducido al templo,
bien la opinión de continuarse fundo,
hasta que Ambrosio santo,  
con el anciano ejemplo,
de ser devota aclamación del mundo,
le dio (David segundo
y prelado primero)
al arca del maná más verdadera.  

   Mas si las perfecciones
del canto soberano
acordar al silencio solicito
¿para qué de opiniones
me valgo? pues en vano,  
por más autoridades que repito,
su mérito infinito
dirá la pluma mía,
si el cántico me acuerda de María.

   Calle Israel, y calle  
Moisés, calle su hermana
con Débora y Barac, calle Isaías,
calle David, y no halle
aplauso al canto de Ana,
Habacuc, Simeón y Zacarías;  
callen las jerarquías,
que si María canta
¿qué afecto mereció dignidad tanta?

   Luego si el silencio tiene
perfecciones tan sagradas,
que son la tierra y el cielo
solares de su prosapia,

   si perfecciones el canto,
tan divinamente humanas,
que en la suma perfección  
de la perfección se hallan,

   ¿cómo se dan dos virtudes
opuestas? Pues la que extraña
con otro estar, no será
virtud, sino repugnancia.

   Mas ¡ay! ¡qué necio discurro
en dar a entender que haya
entre el canto y el silencio
desvanecida contraria!

   Pues el silencio de aquella  
intelectual batalla,
no le interrumpió la voz,
que a Dios la victoria canta.

   Bien como no interrumpió
al silencio de la helada  
noche la voz de la paz
que oyó el hombre en voces altas;

   pues antes, para que más
sonasen sus alabanzas,
aplaudidas del silencio,
las hizo el silencio espaldas.

   ¡Oh si hubiera texto que
probase cuánto se aman
silencio y voz! Y sí habrá,
si en Juan nos le acuerda Marta.  

   En silencio, dice el sacro
texto, que dijo a su hermana
entrando en Magdalo Cristo:
«María, el Maestro te llama».
¿En silencio se lo dijo?  

   Luego es consecuencia clara
que habla y no rompe el silencio
el que a propósito habla.

   Con que la cuestión decide
la evangélica enseñanza,
pues para ir a hablar a Cristo
la habló con la circunstancia

   de que le hablaba en silencio
dando a entender, recatada.
Que el que vaya a hablar con Dios  
a hablar en silencio vaya.

   Y siendo así que ni uno ni otro cede,
y el corazón al labio conformando,
callar, la mente en Dios, hablando puede,
quien puede, en Dios la mente, hablar callando,  
por ambas partes asentado quede
cuánto el silencio y voz se avienen, cuando
tan atento el espíritu se halla,
que cumpliendo con todo, canta y calla.

   Y así, ¡oh tú, en dignidad constituido
tan sobrenatural, que, ángel humano,
ejercer venturoso has merecido
oficios que él ejerce soberano!,
no en tanto ministerio divertido,
desaproveches la ocasión; que en vano  
del más sabio sujeto al menos sabio,
si no ora el corazón, trabaja el labio.

   Tal vez con ronca voz desentonaba
al coro uno que en Dios se suspendía,
y al destemplado acento que en cantaba,  
disonante la música armonía,
con irrisión el rapto murmuraba,
cuando se oyó que el cielo repetía:
«De vuestro canto, aunque la tropa es mucha,
acá sola la ronca voz se escucha».  

   A otro tal vez, que en Dios arrebatado,
cuidaba más del salmo que el concepto,
aventando una parva, revelado
le fue el demonio que llevaba el viento.
«¿Qué haces?» del santo monje preguntado,  
«Lo que otros -dijo- inútil mies aviento,
que en aristas se lleva el aire vano,
dejando apenas de provecho un grano».

   De suerte que no está en la consonancia
la perfección; no está en la residencia;
que entonar y asistir es circunstancia,
pero asistir y meditar esencia
del órgano lo diga la asonancia,
del tímpano lo diga la cadencia,
que asistiendo y sonando sin sentido  
sólo les queda el mérito del ruido.

   Cuando que atienda a Dios su voz me advierte,
yo, que me atienda a Dios también le digo;
y siendo así que de una misma suerte
hablamos, yo con Dios y Dios conmigo,
¿cómo, si mi descuido me divierte,
me quejaré de lo que no consigo?
Pues descortés injuria es que pretenda,
no atendiendo yo a Dios, que Dios me atienda.

   Si a hablar al rey en un negocio fueras,  
el más considerable, y a él llegaras
tan desatento que te divirtieras,
y por hablar con otro no le hablaras,
dime: a la majestad ¿cuánto ofendieras?
¿cuánto la pretensión tuya agraviaras?  
Pues advierte, si obrases sin decoro,
que la audiencia de Dios es ese coro.

   El negocio a que vas, no es menos grave,
que toda tu república fiada
en que es tu oficio orar, y orar es llave
que a siete horas del día te da entrada,
¿qué fatiga no esperan ver süave,
noble el bastón y rústica la azada,
al ver en los afanes de la vida
su medra en tu oración comprometida?

   No tal de balde sirves, que no sea
logro tuyo lo que uno y otro gana,
pues el soldado por tu paz pelea
y el labrador por tu sustento afana.
Lo que hay de una tarea a otra tarea
mide, y verás cuánto es más soberana
la de tratar y conversas al cielo,
que arder al sol y tiritar al hielo.

   Y pues te cupo la mejor en suerte,
no, ingrato a Dios y al hombre, la desdores:  
a Dios, cuando el descuido te divierte,
al hombre, cuando impides sus favores.
De los proprios descansos ser, advierte,
las ajenas fatigas, acreedores,
y ¿qué más dicha que deber tus bienes
a otros el hambre y sed que tú no tienes?

   Y aún más felicidad goza tu estado;
pues quiere Dios tus deudas satisfagas
con un caudal tan bien aprovechado,
que te quedes con más, mientras más pagas.  
No divertido pues, no descuidado
culpa de lo que fue mérito hagas,
y más cuando el precepto es tan süave,
que en la unión del cantar y callar cabe.

   Tres vías o tres grados de excelencia
tiene en sí la oración: la purgativa,
que se reduce al canto y la asistencia;
luego al silencio, la iluminativa;
luego al silencio y canto la eminencia
sigue de unirse a Dios, que es la unitiva;
y así, para el valor que en las tres se halla,
asiste, ora, medita, canta y calla.

   Que si asistes, en Dios el pensamiento,
y orando, solo en él la confianza,
meditas el silencio y no el acento,
cantando como suya su alabanza,
verás, vacando a lo demás, que atento
el cielo al alto fin de tu esperanza,
te muestra cuánto encierra, incluye cuánto
la unión felice de silencio y canto.

***
Pedro Calderón de la Barca (Madrid, 1600-1681)