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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.
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domingo, 22 de diciembre de 2024

hernán miranda / seis poemas









Doralisa se lanzó bajo el tren de las 14

*

Yo sé que tú eres la misma de hace 20 años, Doralisa,
y que nada ha cambiado para ti, para nosotros,
que habías de etenizar tu juventud y mi niñez
en ese dia y esa hora -las 14.
Esparcida sobre lucientes rieles te recuerdo, Doralisa,
derramada entre dedales-de-oro en flor
(Fue en Primavera no es cierto, Doralisa?)
Y qué blanco tu cuerpo, qué blanca, Doralisa,
y tu cabellera negra enrollándodose
y desenrollándose a1 viento entre las yerbas.
Y tu cuerpo, Doralisa,
desperdigado sin orden ni sentido
como si hubieras querido hacer de ti misma un enigma
que nadie pudiera descifrar debidamente.
Ah Doralisa, Doralisa,
eres pare mi un recuerdo despedazado
que debo empezar e armar pacientemente
-un ojo junto a otro ojo,

una pierna y la otra juntamente
y tus senos y tus manos y tu cabelllera sobre todo
y tus pies desnudos sobre la tierra.
Y yo te armo, Doralisa, compongo tu figura
y me llegas intacta a la memoria.
Y enseguida te desarmo, te deposito en tierra,
te disperso,
porque tú eres un recuerdo que vive en mi, Doralisa,
y que no me pertenece.

~

Año de gracia

*

Con cuatro tubos metidos en su cuerpo
«Uno para su nariz,
»Otro en la boca,
»El tercero para sus funciones naturales
»Y el cuarto para sacar lo que hay en su estómago»,
A los veinte días del venturoso mes de noviembre
Del Año de Mil Gracias de 1975
Y faltando 20 minutos para las 5 de la mañana en Madrid
Ha muerto lo que quedaba de Franco
Mientras en España a prisa cantaban los gallos.

~

Nuestro país

*

                            a Paloma Miranda Lapides

Desde altamar no es más que una línea
De cumbres nevadas emergiendo de las aguas
Lo que se ubica bajo las cumbres
Esa franja invisible al pie de las montañas
Es este país que tanto dio y dará que hablar.
Si alguna vez naufraga
Verán elevarse esas cumbres nevadas
Y después irse a pique con la bandera al tope.
En el momento de hundirse bajo el agua
Seguro que escucharán a algún gracioso
Haciendo chistes de doble sentido
Aferrado a la Cordillera de los Andes.

~

Odisea

*

-¿Y entonces quién es este viajero
Que todavía luce sobre los hombros el sarro del mar?
-Es Chile, no le quepan dudas.
El mismísimo Chile que hace milenios permanece inmóvil.
Pero muy despierto entre la corriente.
Es que el modo más heroico de viajar
Es quedarse quieto en su sitio.

~

Ahora, hermano, puedo leerte tus derechos

*

Tienes derecho a mirar a un solo punto fijo
                Y apoyar, si quieres, las manos sobre el pecho
(También puedes cerrar los ojos y simular que estás durmiendo)

Tienes derecho a no devolver el saludo
Tienes derecho a faltar a todas las citas 
Tienes derecho a no contestar el teléfono 
Tienes derecho a dejar un espacio vacío 
                Como habitaciones de una casa recién desocupada
                Como árbol cortado en medio del bosque
                Como un muro que acaban de echar abajo 

Tienes derecho a dejar que tu rostro tome color a muerto 
Tienes derecho a convivir con los insectos 
Tienes derecho a oler a tierra de tu jardín 
        Nada de lo que digas de aquí para adelante
        podrá ser usado en tu contra.

~

A nadie daré una droga mortal

*

Aquí estoy solo con mis pócimas, mis escalpelos,
mis uñas rotas, mis salpicaduras.
Aquí con mi intranquila conciencia.
Aquí con mi mundo perturbado.

Aquí, con mi cadáver desnudo sobre el mármol
y el tiempo que aquí debería ser abolido.
Somos los mismos. Los que tuvimos un día
la capacidad de asombrarse.

Cartílagos sólo hay, sólo huesos.
Debo suturar desgarros que yo no produje.
Debo hacer coincidir las piezas de un cráneo.
Soy demasiado humano para vivir en paz.

Pero quién se sonreirá por ti algún día.
Pero quién repetirá después las cosas que tu dijiste.
Pero quién cometerá tus mismos errores.
Pero quién heredará tu desencanto.

Morirse pero contemplar tu propio funeral.
Pero huir y ser testigo de tu fuga.
Pero perderse y participar en tu propia búsqueda.
Pero se trata de estar aquí y en otras partes.

Pero yo soy un cirujano fiel a su juramento
y seguiré cortando tendones, removiendo las vísceras
sin lograr ver en ellas el futuro
y a nadie daré una droga mortal.

***
Hernán Miranda (Quillota, 1941-Santiago de Chile, 2024)

jueves, 15 de julio de 2021

omar lara / siete poemas













Jugada maestra

*

Ya ni te pido que descanses, pequeñísima
impostergable mujer mía.
Porque esta broma del amor, esta
jugada maestra de sentirnos necesarios
ha ganado terreno, nos ha solicitado sabiamente:
nos hemos vuelto locos.

Hemos resuelto que esto es el amor.
Sólo falta saber cómo lo utilizaremos
de qué buena manera para todos
y antes que sea demasiado tarde.

~

Miro esta tarde que perdí

*

Miro esta tarde que perdí
esta tarde limpia y brillante
no estoy en ella sin embargo.
Es que de pronto me llegó
su soplo antiguo, delirante.
Me vi corriendo sobre el pasto
entre las margaritas de Imperial
bajo álamos y eucaliptos.
Miro esta tarde que perdí,
robábamos frutas en las quintas
apedreábamos el aire
nos revolcábamos en el trigo.

Y era en tardes como ésta.

~

Toque de queda

*

Quédate
le dije
y
la toqué.

~

Asedio

*

Mira donde pones el ojo
cazador
lo que ahora no ves
ya nunca más existirá
lo que ahora no toques
enmohecerá
lo que ahora no sientas
te ha de herir algún día.

~

A veces en mi pueblo

*

En mi pueblo
sin luna
donde el amor florece
a tientas
de vez en cuando lírico
sensitivo
sonámbulo
me suele suceder
que te recuerdo.
Con un jueves a cuestas
-generalmente incierto-
hago girar
un viernes 
con tu nombre.
En mi pueblo
sin luna
me suele
suceder
que te recuerdo.

~

Sábado en Portocaliu

*

                            A Sola Sierra

La historia se detuvo en la puerta
De las ciudades de miseria
Bocas quemadas por el silencio
Cuerpos sitiados en el vacío
Polvo de huesos en el aire.

Hace frío en Portocaliu
Un frío de sábado solo
Los jóvenes desesperados
Bailan solos y desesperados
Una música desesperada.
Hace frío en Portocaliu.

Después de la lluvia las calles
Caminan al bosque sagrado
Adiós ángeles y milagros
Adiós relojes detenidos...

En los relojes detenidos
Están los signos de otros sueños
Las sombras irrecuperables.

La historia no deja pasar
El suave pelaje de los sueños
Los sueños no tienen destino
Son como un sábado en el aire.

La historia es todavía ajena
No sabe muertes ni abandonos
No sabe de lúgubres casas
Llenas de noches y quejidos.

Son muy extrañas esas cosas
Que a veces tomamos por ciertas
Y hay verdades aborrecibles
En el pozo de la memoria.

Son como vidrios empañados.

Pero alguien limpia los vidrios
Del mirador que da a tus ojos
Y atisbamos o quisiéramos.

Y la noche se mira en nosotros
Desvergonzadamente desnuda.

~

Imagen olmeca

*

Me gusta esa mujer
con las rodillas juntas
y los brazos cruzados
y los ojos cerrados
y la cabeza gacha
y la mollera cruda

Yo voy a esa mujer
con las rodillas juntas
y los brazos cruzados
y los ojos cerrados
y la cabeza gacha
y la mollera cruda
yo voy a esa mujer

¿Ha pensado en el sueño
de abrirnos las rodillas
de descruzar los brazos
de despertar los ojos
de elevar la cabeza
de ardernos la mollera?

Me gusta esa mujer

Yo voy a esa mujer
tiene un ala y yo tengo
la garra
yo sueño esa mujer
pareciera
que a veces
también ella
me sueña.

***
Omar Lara (Nohualhue, 1941-Concepción, 2021)
Selección de textos por Zenaida M. Suárez Mayor

viernes, 11 de septiembre de 2020

hernán miranda / la moneda










¿Cuál era el gran delito de este Gobierno
lleno de respeto, de mesura y de tolerancia?
Gobernar en un sentido de porvenir, que es el
sentido esencial de la historia.

Antonio Machado.
Valencia, 1937

I

La primera vez que puse mis pies en La Moneda
Fue una jugarreta de niño: pasar de una calle a otra.
El Palacio de los Presidentes era un pasadizo solemne pero divertido.
Si Ud. quería ir de calle Moneda a la Alameda
O si quería ir de la Alameda hasta calle Moneda
Pues no haga rodeos, mi querido amigo
Atraviese La Moneda por dentro y acortará camino.
En una época hubo allí dentro una oficina de correos
Y Ud. pegaba estampillas, sí señor, al lado de un ministro.

     Pero en mi escuela 61 muy próxima al Cementerio
A una cuadra del Manicomio y a dos exactamente de la Morgue
Vi compañeros míos desmayarse de hambre en la fila
Vi chinches salir por el cuello de mis amigos en medio de la clase
Y una fiebre pavorosa me envolvió de improviso.
Fui carne de alucinaciones
Y tuve a los siete años la sensación exacta
El contorno cercano de la muerte y la locura.

II

—¿Qué es eso?
—Es La Moneda, hijo, la Casa de los Presidentes.
—Y si soy presidente ¿viviré en esa casa?
—Sí, hijo, vivirás.
Saludaré por la ventana vestido de frac
Y sobre el chaleco negro llevaré la banda de tres colores.
Los niños de mi edad me admirarán.
Pasearé en un coche negro tirado por muchos caballos.
Mi retrato estará en todos los libros de todos
Los niños de todos los colegios.

III

Tres o cuatro veces
Con mi hermano Hugo nos fuimos caminando hasta La Moneda
Para mirarla en silencio, para atravesar sus patios
Con los ojos muy abiertos y casi en punta de pies
Y después era obligado el peregrinaje al Museo Histórico
Y quedarse una hora mirando las armas y uniformes
Los magnéticos trofeos de la Guerra del Pacífico.

     Muy cerca de nuestro hogar se estacionaban faquires
Comedores de vidrio molido, de gillettes trituradas con los dientes
Ensartadores de grandes agujas en brazos y mejillas
Adivinos, vendedores de ungüentos y talismanes
Ebrios delirantes, evangélicos que contaban sus pecados a gritos.
Había locos vestidos con desechos del Ejército
Harapientos veteranos de una guerra perdida
Aferrados a las rejas de alambre del Manicomio.
Locas de gesto endemoniado a poca distancia de nuestro hogar
Insultando a un ausente todo el día hasta enronquecer.

     Mas nada nos producía tanto asombro
Como las idas a La Moneda o al Museo.

IV

Y llegó una noche de júbilo. Un hombre canoso y pulcro
Habló a los reunidos en la Alameda, enfrente del Museo
A cinco cuadras de La Moneda, en el epicentro
De las multitudes
Cuando millares de hombres y mujeres

     Esa noche pensé en España
Me vi de miliciano
Cayendo herido en la primera escaramuza
Y mi madre llorosa caminando a mi lado
Y yo moviendo los labios pero sin poder hablar
Y ella sin verme y ella y todos
Sin saber qué había sido de mí.
«Me sentiré feliz toda la vida
Si él llega a ser presidente por un día
Si reconocen este triunfo nuestro
Aunque sea por una hora
Para que al menos en la historia se diga
Que alcanzamos un día un pedacito de La Moneda».
Eso es lo que pensé antes de hundirme
En un sobresaltado y denso sueño.

V

Y un día llegaríamos a La Moneda
Como quien entra a una casa recién alquilada.
Palpamos sus gruesos muros de antigua fortaleza
Y sus maderas carcomidas. El Patio de la Fuente
Y los cañones coloniales
Y el Patio de los Naranjos y el más íntimo
Patio de Invierno.
El Salón Rojo solemne como un altar
Y el Gran Comedor y la Galería de los Presidentes.
Cortinajes de brocado, inmensos espejos de marco dorado
Alfombras, tapices, porcelanas, antiguos óleos
Viejos cofres vacíos.
Todo ardería un día como paja seca que era.

VI

Desde que llegamos
La Moneda no fue más un pasadizo.
Se cerró la puerta de atrás
Por precaución contra los enemigos.
Se abrió la puerta de adelante
Para que entrara gente venida
De pequeñas aldeas que no figuraban en el mapa
Delegaciones de mapuches, de científicos
Gente de mar y de tierra
Pobladores en busca de soluciones
Mineros de ojos semicerrados por la luz del sol.
Y esto es lo importante:
Entraban en confianza
Tranqueando hasta el despacho de ese hombre
Con cara de farmacéutico.

VII

Largas jornadas que habrías de vivir
Entre los gruesos muros del Palacio.
Palaciego este nieto de vaqueros
Y ovejeros de poco hablar.
De capataces de carabina en la montura.
Tu diálogo fue con esa historia
De oligarquías engoladas, de traficantes
Enriquecidos de la noche a la mañana,
De orgullosos hacendados que el día del rodeo
Colgaban la levita para calzar espuelas de plata.

     Y allí pudiste mirar con estremecimiento
El texto original de antiguos tratados
De viejos papeles y sellos y rúbricas poderosas.
El poder de la palabra escrita («escrito está»)
Refrendado por el poder de las cabezas
De ganado en pie, de las cuadras de tierra firme
Del oro cortado a cincel por otras manos
Que no entendían de rúbricas ni de sellos
De lacre fundido para siempre jamás.

     Pero serías también un testigo
Del estremecimiento de un pueblo.
Ese pueblo que habita una cornisa
Entre altas montañas y un profundo océano.
Ese del hablar muy bajo y los labios casi inmóviles.
Ese que reconoce la venida de un temblor
En la más leve oscilación de una lámpara.

     Y pudiste ver a ese pueblo
Marchando en torno del Palacio una y otra vez
Rodeándolo, respaldándolo. Herederos al fin
De otros albañiles que otrora levantaron
Esos gruesos muros. Reconociéndose por primera vez
En esos ladrillos hechos por otros hombres
Con la tierra y el agua
Y la paja seca y el fuego lento
De todos los días.
Y estarías allí para ser testigo
De la última de esas marchas.
Los sismógrafos del pueblo oscilando amenazadoramente.
Con los niños sobre los hombros
Cantando y llorando frente a la puerta del Palacio.
Y allí verías
A ese hombre con cara de farmacéutico
Llorando en silencio y saludando
Mirando a cada uno y saludando y llorando
En silencio
Ocho días antes de consumarse la traición.

VIII

El Palacio de los Presidentes fue primero Casa de Moneda
Y para ese uso fue diseñada por su arquitecto italiano.
Curiosa comunión esta del Palacio y el dinero.
Cuando un presidente de ancha frente y gruesos mostachos
Quiso hacer del salitre lo mismo que los ríos
Un bien nacional
Tintineantes libras esterlinas se le atravesaron en el camino.
Tintineantes libras de oro para costear un ejército bien armado
Y millares de muertos que ruedan por el suelo
Y el presidente Balmaceda descerrajándose un tiro en la cabeza
Única forma que encontró para aplacar a tanto saqueador
Y asesino suelto
A la caza de balmacedistas.
   
     Y a su turno ¿los Estados Unidos qué hicieron?
«In God we trust» es la divisa escrita en su dinero.
«Comerciamos en nombre de Dios».
Pero Dios es «God» y Oro es «Gold» y se confunden.
¿Qué hicieron los Estados Unidos por sus minas nacionalizadas?
Simple y pragmático: fajos de billetes de color de lechuga.
Crujiente hortaliza repartida a todos los vientos.
Periódicos y periodistas a precio de mercado de abasto.
Dirigentes empresarios enlechugados hasta el cuello.
Boicots, traiciones, intrigas, todo empapelado de verde.
Hombres del Norte de cuello blanco y traje oscuro.
Rubicundos como las barras de cobre que habían dejado de manejar
Generales de bolsa de comercio planeando las batallas
Sobre diagramas y cuadros estadísticos
Enviando mensajes por télex, girando órdenes de pago
Y órdenes de embargo.
Monederos falsos, se aprontaban
Para la conquista del Palacio
Asediado con dinero verde mucho antes del primer pistoletazo.

IX

Ah generales traidores,
Es falso que hayan vencido
Horas y horas disparando
Contra un palacio vacío.
Pero ese hombre canoso
Responde: «Yo no me rindo».
Le acompañan veinte hombres
Hasta morir decididos.
Le asedian por todos lados
Cinco mil hombres transidos:
Primera vez que combaten,
¡No vayan, por Dios, a herirlos!
Y los aviones disparan
Con todo el poder de tiro
Su fuego que todo abrasa
Contra este magro enemigo.
«Puesto en este trance histórico
Hermanos, esto les digo:
Yo no voy a renunciar.
No renunciaré, repito.
Yo pagaré con mi vida
La lealtad, el cariño,
La confianza que tuvieron.
Trabajadores queridos,
Superarán otros hombres
El gris momento vivido.
Sepan esto que les digo
Que más temprano que tarde
—No es en vano el sacrificio—
Se abrirán las alamedas
Para que el hombre hoy vencido
Construya un mundo mejor.
No es en vano el sacrificio».
Ah generales traidores,
Es falso que hayan vencido
Horas y horas disparando
Contra un palacio vacío.

X

Calcinados muros de La Moneda,
Ladrillos rojos descubiertos de todo cortinaje y ornamento,
Los he visto un día entre una muchedumbre
De hombres sencillos con los ojos hundidos
Y eufóricos hombres de negocios
Que extraían balas incrustadas en el muro
Para llevárselas como recuerdo.
Escarnecidos muros de La Moneda, yo he visto
Norteamericanos de traje oscuro y cuello blanco.
Los he visto muertos de risa tomando fotografías
Para su álbum familiar.

     Y he contemplado por largos instantes
Aquella ventana donde el médico-presidente
Solía hablar a gentes sencillas, venidas de barrios humildes.
Sólo el ladrillo había resistido al fuego.

     Y allí quedaría en pie, centenario
Esperando que otras gentes ahora desperdigadas, absortas
Condenadas a un paciente, anónimo heroísmo
Despejaran el camino para el encuentro definitivo
Entre el hombre y su obra.

¡La Moneda en ruinas! En rededor vi hombres y mujeres
Contemplando inmóviles un fierro retorcido
Una mesa quemada, trozos de espejos ennegrecidos.
Los ojos fijos, el rostro crispado.
Imagen imborrable de la herida dignidad de un pueblo.
Saltaban, se abrazaban, rodaban por el suelo
En el día primero del triunfo y la esperanza.

***
Hernán Miranda (Quillota, 1941) Poesía reunida. Santiago de Chile: Ediciones Tácitas, 2018.

martes, 2 de junio de 2020

hernán miranda / dos poemas













Insectario

*

Yo me enamoré una vez de una muchacha maravillosa
y los dos preferíamos los vanos de las puertas,
los rincones más oscuros de los cines,
de las plazas públicas.
Huíamos de la luz como los fantasmas que éramos en realidad
y esperábamos la noche
y apagábamos todas las luces para hacernos el amor.
Yo gustaba de recorrer todo su cuerpo
centímetro a centímetro
como un escarabajo por las habitaciones en tinieblas.
Y ella tenaz y laboriosa como ninguna
tejía y destejía en silencio su tela sobre mis labios.
Un día nos equivocaríamos de grieta
o la luz del día nos ahuyentó en opuestas direcciones
y nos perdimos de vista entre la multitud.

De ese tiempo,
mi sensación de llevar antenas en la frente
y los ojos facetados.

De ese tiempo,
mis pestañas sensibles a la luz del sol
y mi forma de andar
de insecto extraviado entre los hombres.

~

La ducha es una pasión inútil
(A Palmira Rosas)

*

Considerable es el color del agua
Que se desliza por la superficie curva de mis hombros
su destino jabonoso es el de las alcantarillas,
El río que desemboca en otro río,
El agua turbia que entra sin más ceremonias en el mar,
Los peces, la lluvia que a veces se desploma
Sobre la cabeza y los hombros de cualquier transeúnte,
Las aguas congeladas en la alta Cordillera.

Yo he visto nacer un río de hilillos de agua
Que se cuelan por las junturas de las rocas
Torrentes a las alturas de los tobillos,
Aguas abajo no hay quién las detenga, alguien
Las canalizará y llevará hasta mis hombros
Para que el agua arda y hable por toda la extensión de mi piel.

El agua seguirá su curso
Y yo me quedo sobre el piso de cerámica
Y no podré pasar, eso está resuelto,
Más allá de la pequeña rejilla del desagüe.
Pero algunas minúsculas partes de mi cuerpo
Subirán a las nubes, eso espero, y caerán con la llovizna
Sobre esta misma ciudad.
Esto quizás ocurra pronto, quizás en siglos venideros.

***
Hernán Miranda (Quillota, 1941)

jueves, 2 de abril de 2020

gonzalo millán / tres poemas













Virus

*

Son necesarios
varios millones de virus
para conseguir un punto visible.
Y varios millones de puntos
para conseguir una sola línea.
¡Cuántos millones de líneas!
¡Cuántos millones de puntos!
¡Cuántos millones de virus!

~

Nadie

*

Las calles están silenciosas
y desiertas. Solamente cruzan
las sombras de los árboles.

No se oyen pájaros, bocinas,
ni siquiera el motor inminente
de un auto siempre aproximándose.

Los ascensores, las escaleras
y pasillos de los edificios, vacíos.

En una cocina un charco
en torno al refrigerador
que de deshiela
con sus bandejas desnudas
y la puerta abierta.

Conservada en el hielo
no hay más que una arveja
muy pequeña, redonda y verde.

~

El loco

*

Vuelo por una Línea Aérea Peregrina,
mirando el ala de mi mano siniestra
y el reflejo de mi rostro apresado
en el cubo de hielo de la ventanilla.

¿Quién soy? Para la belleza fría
como un maniquí de la aeromoza,
componiendo la lista de bebidas,
el hombre de bigotes que ordenó
un vaso de leche, sillón 17-F window.

Para ti, aunque digas que es
más difícil quedarse atrás, que irse,
ya comienzo a ser un mal recuerdo.

Para mí mismo, Le Mat de tarot,
los bártulos liados en un pañuelo
y el bordón al hombro.
El frío asciende hasta aquí
y sus caninos me muerden una pierna.

Abajo los nevados bosques perennes,
grises, verdinegros como el pelaje
de un gran danés con arestín,
saltan para morderme los talones,
mientras cruzo, funámbulo por el aire.

***
Gonzalo Millán (Santiago de Chile, 1947-2006)

miércoles, 26 de septiembre de 2018

óscar hahn / hotel de las nostalgias









           
       Música de Elvis Presley

Nosotros
los adolescentes de los años 50
los del jopo en la frente
y el pucho en la comisura
los bailatines de rock and roll
al compás del reloj
los jóvenes coléricos
maníacos discomaníacos
dónde estamos ahora
que la vida es de minutos nada más
asilados en qué Embajada
en qué país desterrados
enterrados
en qué cementerio clandestino
Porque no somos nada
sino perros sabuesos
Nada
sino perros

***
Óscar Hahn (Iquique, 1938)

miércoles, 27 de junio de 2018

gonzalo millán / siete poemas










La cara de Dios

*

En una mano la piedra
negra y enmantequillada
destellante en los dedos
del infame idólatra;
mordido, menospreciado
el pan en la otra mano.

~~~

Escena original

*

En el silencio húmedo tras
el chubasco de los truenos
el bulbo negro
de un claxon de goma,
estrujado por un niño
que interroga el misterio.

~~~

Tu quebrado vidrio rojo

*

Tu sangre se seca en mi vientre
como una mancha de óxido
y entre tus piernas partidas
se pega el dolor del lacre.
La almohada moja mi mejilla
con tus lagrimas,
y seguimos aguardando mudos,
entre encajes y sedas arrugadas,
el silencio del muerto
o el grito del recién nacido.

~~~

Los aros de hierro del triciclo sin gomas y el rascar de un clavo

*

Caemos de pronto del amor
y somos dos migas sucias
flotando en un platillo con agua
o la mosca sin alas
que el dedo hace correr sobre la mesa.
Yo retiro tu viejo cabello
enrollado en mi oreja
y hacemos vibrar
la gillete del odio en nuestras bocas
basta que el hedor de verdes aguas de floreros
nos hace soltar la arena
que tenían las manos para lanzarnos a los ojos
y abrir de nuevo las ventanas.

~~~

Vida

*

Un pájaro vuela, galopa un caballo;
un gato trepa por un álamo;
un pez nada río arriba.
Las plantas cuando crecen
lentamente se mueven,
si extienden sus ramas,
se hunden las raíces en la tierra
y cuando abren sus flores.

El pájaro huye si se quiebra una rama.
El perro acude al escuchar la voz del amo.
Los peces vienen en masa
cuando se echan migas en el agua.
El animal salvaje, por ejemplo el puma,
olfatea de lejos a su presa.
Y la sensitiva cierra sus hojas
si casi se la toca.

Las aves se alimentan de insectos,
semillas, peces o alimañas.
Los animales pacen o se devoran.
El hombre es omnívoro.

El pez y el pájaro cubren a la hembra
en el viento o en el agua.
El perro se monta sobre la perra.
El hombre se tiende sobre la mujer
y entra por sus piernas entreabiertas.
Los árboles se fecundan con el viento.
El pez raja la ova;
el pájaro triza el huevo y deja el nido,
y uno echa plumas y el otro escamas.
El animal nace con pelaje de las entrañas.
La planta arranca de la semilla
y echa al aire corteza y vellos.
El hombre sale del vientre
desnudo y cubierto de sangre.

El lagarto cría nueva cola
si pierde la antigua,
y los cangrejos si pierden pinzas y patas
echan pinzas y patas nuevas.
Las heridas de hombres y animales cicatrizan;
los huesos quebrados sueldan solos.

Se desgastan las células,
los órganos, los tejidos.
Disminuyen las fuerzas vitales.
La muerte es el fin de la vida.

~~~

Hoy no haré trabajo voluntario

*

Para Andrés y Mauricio Millán


Aunque en las calles lluevan
palos y piedras hoy debo
atravesar la ciudad revuelta.
Nada podrá detenerme,
ni barricadas llameantes
ni gases lacrimógenos.
Avanzo como un ciempiés
bajo una cáscara de huevo
llevando a casa de mi padre
una pequeña tina de baño
para mi hermano recién nacido.
Y no puedo detenerme.
Después escribo.

~~~

La ciudad, 48

*

El río invierte el curso de su corriente.
El agua de las cascadas sube.
La gente empieza a caminar retrocediendo.
Los caballos caminan hacia atrás.
Los militares deshacen lo desfilado.
Las balas salen de las carnes.
Las balas entran en los cañones.
Los oficiales enfundan sus pistolas.
La corriente penetra por los enchufes.
Los torturados dejan de agitarse.
Los torturados cierran sus bocas.
Los campos de concentración se vacían.
Aparecen los desaparecidos.
Los muertos salen de sus tumbas.
Los aviones vuelan hacia atrás
Los “rockets” suben hacia los aviones.
Allende dispara.
Las llamas se apagan.
Se saca el casco.
La Moneda se reconstituye íntegra.
Su cráneo se recompone.
Sale a un balcón.
Allende retrocede hasta Tomás Moro.
Los detenidos salen de espalda de los estadios.
11 de Septiembre.
Regresan aviones con refugiados.
Chile es un país democrático.
Las fuerzas armadas respetan la constitución.
Los militares vuelven a sus cuarteles.
Renace Neruda.
Vuelve en una ambulancia a Isla Negra.
Le duele la próstata. Escribe.
Víctor Jara toca la guitarra.
Canta
Los discursos entran en las bocas.
El tirano abraza a Prat.
Desaparece.
Prat revive.
Los cesantes son recontratados.
Los obreros desfilan cantando
¡Venceremos!

***
Gonzalo Millán (Santiago de Chile, 1947-2006) Trece lunas. Santiago de Chile: FCE, 1997.

martes, 5 de junio de 2018

jaime quezada / tabla de astronomía o pequeña historia chilena del cometa halley













En el verano de 1910 el cometa Halley
                            apareció en los cielos de Chile
Ese mismo año murió el presidente Pedro Montt
En 1758 hubo una lluvia de aerolitos
Y piedras de fuego quemaron los muchos bosques
                                                   del verde territorio
También una sequía en 1834
Y una plaga de ratas y ratones asoló campos y graneros
           al igual que en el verano de 1986
Sólo que ahora incluyendo cárceles secretas
           cuarteles estadios de fútbol conventos y ciudades
(Y la muerte del presidente)

En el año de 2062 el cometa Halley
         aparecerá otra vez en los cielos de Chile
Para entonces yo Jaime Quezada
                          sobreviviente chozno de tanta historia
Estaré a la sombra de una nube atómica
Rascándome con una teja en medio de la ceniza
O muy sentado en una mecedora silla de neutrones
A sombra de un nuevo manzano en flor
Recordando la infancia de mi padre
Cuando se hacía retratar bajando de un caballo en 1910.

***
Jaime Quezada (Los Ángeles, 1942) Huerfanías. Santiago de Chile: Pehuén, 1985.

domingo, 20 de mayo de 2018

astrid fugellie / cinco poemas











Raulina Yagán Yagán

*

Raulina Yagán Yagán, la última yámana de Tekenica y de Ukika, poblados de nutrias y sembraderos vecinos a la crueldad de las redes y el mar, murió un diez y siete de abril de mil novecientos ochenta y siete.
Raulina Yagán Yagán no dejó más descendencia que uno que otro tejido a telar, que la infeliz, hubo de aprender para sobrevivir, porque el mínimo empleo repelió su oficio de entrelazadora de canastos y canoas en miniatura.
Y así, Raulina Yagán Yagán, la última yámana de Tekenica y de Ukika subió a los cielos donde Pedro, en nombre del Dios Padre Todo Poderoso la recibió:
• ¿Tu nombre?
• Raulina Yagán Yagán, repuso la indígena con la cabeza gacha, y luego agregó, Annu lalayala…
• ¿Qué dices?, interrogó el Blanco Santo.
• ¡Los he dejado!, ¡Ya los he dejado!, ¿Dónde puedo encontrar a mi padre dios yámana?
• ¿Tu padre dios yámana?, ¿Te refieres al dios padre de los yaganes?, insistió algo desconcertado el bueno de Pedro.
• ¡Sí!, sisí, se esperanzó Raulina Yagán Yagán.
• Murió, Raulina, tu padre dios murió el diez y siete de abril de mil novecientos ochenta y siete, en la tarde.

~~~

Misa

*

La vela está opaca, la vela solo oscurece.
En este juego de santos judas,
los enanos se arrodillan presuntos y cojos
y las prostitutas rezaban el vía crucis, melancólicas.
Tendría que haber alguna misa en que enanos
y prostitutas se congreguen para orar
por sus muertos, por sus sueños.
Los enanos bailarían sobre las teclas del órgano, y harían piruetas en columnas y confesionarios.
Las manos delirantes de las prostitutas
lanzarían sus entrañas al campanario
donde siempre hubo esperma de cirios.
Tendrían que existir algunas capillas
para los destrozados del alma:
Las capillas de los dioses marginales,
las capillas de los fantasmas de greda,
las capillas de los ojos de loza, sin nombre.
Esa Iglesia de los cielos lastimados.

~~~

Las brujas del apocalipsis

*

Cuando mi bisabuela muerta parió seca, las parteras no pudieron hacer a la luz a mi abuela. Ella nació ahorcada por el cordón umbilical de la santa vieja.
Cuando mi abuela muerta dio a luz a mi madre, la frágil calavera de mi antecesora ya estaba colgada en el perchero entre la mampara ovalada y el diván de felpa roja.
Cuando mi madre muerta me trajo, entre dolor y llantos, por ser yo demasiado gruesa, mi mortaja estuvo sentada frente al espejo de la cómoda de ébano.
Cuando muerta alcancé la edad madura de la menstruación, vino mi hija yerta y blanca y se quedó para siempre en la habitación de balcones por donde la noche entraba muda.
Así nuestra dinastía jamás compartió ni un desayuno con la lectura de Baudelaire, o el final de cena con la música de Bach.
De tal suerte aconteció, porque cuando nació mi bisabuela muerta guardó en su armario estilo rococó, una mariposa nocturna dentro de una caja redonda y amarilla parecida a la luna. Se dijo que la mariposa era un dios hecho polvo.
Fue así como ninguna de las cinco muertas, nos atrevimos a abrir esa caja redonda y amarilla parecida a la luna. De algún modo, tuvimos miedo a ser obligadas a nacer vivas en medio de esa casa de adobe y tierra.

~~~

Gabriela Mistral

*

Adosado al muro de la cocina aquel reloj era único y admirable.
Su camino fue siempre pasar de familia en familia:
Mi abuela, mojada de aguas, se lo obsequió a mi madre,
mi madre, fría de lluvias, me lo entregó.
Lo dicho sucedió en un abrir y cerrar de ojos
porque la vida es fugaz.
Lo colgué en la pared de la cocina.
Por sus movimientos uniformes cantaban los grillos.
Me deleitaba mirarlo cómo medía los tiempos, cuando
en esos domingos de guardar, yo preparaba el almuerzo
para los hijos y los nietos.
Lo recuerdo perfectamente.
Era redondo, con leves destellos dorados.
Le había jurado a mi madre que, recogida en humedad,
se lo daría a mi hija;
pero sucedió de repente;
yo huí de la casa asolada una noche imprevista
y el reloj se quedó largamente impávido esperando
colgado a la muralla de esa cocina.

~~~

La muerte de Varinia

*

Del corredor, Varinia,
queda la tierra.
Angosturas de alambre
deshojan el pasto
donde mudé tu cuerpo.

El camino que las manos recorrieron,
es la flor que nace de los ojos.
De la pieza, Varinia,
queda lo blanco,
la torre,
los cubos.
Planto la cruz en tu espacio.
De la casa, Varinia,
la piedra fértil,
tu sueño.

***
Astrid Fugellie (Punta Arenas, 1949)

lunes, 26 de marzo de 2018

carlos mellado / mea culpa













Escribir poesías
es un defecto como cualquier otro
es
como tener espinillas
o furúnculos.

El poeta
es un animal delicado,
que,
como los del zoológico
debe tener un trato especial:
no se le debe privar de alcohol,
alabanzas,
ni sexo.

Mantenido en el lugar apropiado
es inofensivo como cualquier alimaña.

***
Carlos Mellado (Chile, 1934)

lunes, 20 de noviembre de 2017

waldo rojas / ventana



La luz que a manos llenas ha entrado en este cuarto
no podría volver sobre sus pasos ni siquiera a una voz de mando
inapelable
del sol, el Anciano Señor de toda luz:
permanecerá con nosotros largas horas, líquidamente quieta,
casi inamovible en el sitio de costumbre y será un mueble más
en esta pieza de recién desposados
donde el día transcurre a través de los vidrios que se entibian
en la medida del amanecer de cada día.
El sol sí que se pone en nuestros dominios que enmarcan cuatro
muros desiguales
por las sombras distintas que de ellos se ocupan día a día.
Lo que hay de cierto en esta luz es ella misma.
Los jirones que arranca de las sombras y no las sombras cerradas
en su mudez.
Más real que ella es sólo la ventana
y los vidrios lo presienten en la irrealidad de su contacto,
desprevenidos siempre en su rigidez de ascetas,
mientras la luz hace visible el aire, la contextura del polvo,
y aun todo el volumen del día que se deja llevar—lleno de ruidos—
hacia el cuarto,
hasta entonces apenas el reverso inhabitable de un espejo.

***
Waldo Rojas (Concepción, 1944) en Alfonso Calderón, Antología de la poesía chilena contemporánea. Santiago de Chile: Universitaria, 1970.

domingo, 15 de octubre de 2017

hernán miranda / un despreciable clochard se apoderó entonces de la palabra













Yo soy el que merodea por ahí
            empujando un carrito de supermercado
Ese que lleva zapatones de obrero de la construcción
            y luce una falda plisada
            y cofia en la cabeza como señora rusa proletaria
De mí se dicen muchas cosas
            y es hora de aclarar antes que sea tarde.
Se dice que yo era un oficinista travesti
            que en las noches salía a rondar vestido de mujer
            y que un día no pudo volver al trabajo porque
            extravió la llave de su departamento,
y que pintado y con peluca fue sorprendido en la calle
            por la salida del sol
            y con el escándalo perdió pan y pedazo.
Una historia edificante a costa mía,
            con moraleja y todo,
            que inventó la multitud de travestis verdaderos
            que viven por acá
Yo sé que me miran detrás de los visillos de las ventanas
            vestidos
            con baby dolls y zapatos de taco alto mientras se
            peinan el bigote y alisan su maletín antes de partir
            al trabajo
Tampoco ha faltado el que inventó la historia
            de que soy un pillo que se disfrazó de mujer para
            robarse el carrito lleno de comida del supermercado
Y tampoco el que ha llegado a sospechar que yo sea un
            detective privado o un Sérpico
encargado de husmear en la basura para conocer detalles
            íntimos
            o averiguar sobre los negocios oscuros de mucha
            gente que pulula por aquí
Más de un niño ha imaginado alguna vez que voy a
            tirar el carrito y con una metralleta en la mano
            saldré persiguiendo a los bandidos
Todos son fantasías, las propias fantasías de los chuecos
            y pervertidos que se concentran en esta ciudad}
            donde ni las ánimas viven tranquilas
            y los desaparecidos no aparecerán jamás
            y los asesinos se ríen satisfechos detrás de la puerta
Soy un intelectual que ha hecho campañas orientadas
            a enderezar los rumbos de la ciudad
y las seguiré haciendo con el ejemplo
            no como un escritor que por aquí que posa de
            gourmet y sueña con ser famoso como Neruda
u otros pretenciosos que conservan hasta sus bacinicas
            esperando que algún día se les haga un museo
Yo ando con mi carrito recogiendo cosas útiles de la
            basura
            Doy testimonio contra tanto comunista
Y no soy travesti, en el buen sentido de la palabra. Digan
            si quieren que soy mitad hombre y mitad mujer.
            Soy la humanidad en movimiento. Pero de maricón
            no tengo nada
Si otros van a París, yo me muevo de Santa Lucía a
            Portugal,
            cruzo por Rosal y Merced, me traslado por Lastarria
            por Villavicencio.

Y no le pido plata a nadie. Ni ando vendiendo pomadas.

Soy un viajero y una viajera, dos en uno que se mueven
            por sus propias fuerzas
            que ni contaminan con humos ni con ruidos.
No me enojo si me comparan con el José y la María
            Pero no aguanto que me tomen para el fideo. Doy
            y exijo respeto.
Tampoco me gusta que me tomen fotos. Soy viajero pero
            no ando tomando fotitos como turista ridículo.

Lo que más me carga son los diarios y la Tele.
            Esos fariseos me merecen que yo entre a azotarlos
            Que les tire lejos sus monedas mugrientas
            ganadas haciendo negocio con las desgracias y
            miserias ajenas
Pero lo peor son las enseñanzas de la Tele
            que han convertido en arribistas
            hasta los mendigos.

***
Hernán Miranda (Quillota, 1941) Bar abierto. Ancud: Ediciones Tácitas, 2005.

lunes, 11 de septiembre de 2017

floridor pérez / in memoriam













Todavía me pregunto por qué tú
-por qué tú y no yo-
por qué tú que alzabas gordos sacos
y cargabas camiones
eras fuerte, degollabas carneros
¿por qué no te aguantaste ese viaje
en un camión cargados como sacos
y te tiraron muerto junto a mí,
con tu poncho de pobre,
como un carnero blanco degollado
¿por qué tú, por la cresta, y no yo,
que ni me puedo el Diccionario
de la Real Academia en una mano?

***
Floridor Pérez (Yates, 1937) Cartas de prisionero. Santiago de Chile: LOM, 2002.

domingo, 20 de agosto de 2017

gonzalo millán / la ciudad, 13



Llueve.
La lluvia mancha las calles.
El asfalto mojado es lustroso.
Los peatones se cubren.
El sombrero cubre la cabeza.
El paraguas resguarda de la lluvia.
Los zapatos entran en las galochas.
Las galochas son de goma.
La pelota es de goma.
La pelota rebota en el suelo.
La lluvia rebota en el suelo.
Llueve a cántaros.
Los cántaros son de barro.
La lluvia forma charcos.
En los charcos se forma barro.
La lluvia forma burbujas al caer en los charcos.
Los autos salpican.
El agua rebota en el techo.
Los techos se llueven.
Las goteras caen en tarros.
Las aguas corren por los tejados.
Los canalones recogen las aguas.
Los techos chorrean.
La lluvia golpea las ventanas.
Las gotas resbalan por los vidrios.
La lluvia moja.
La lluvia humedece las paredes.
La tierra se empapa.
Llueve en la ciudad.
Llueve en el poema.
El anciano escribe.
Las gotas de lluvia no son centavos.
Ojalá fueran centavos las gotas de lluvia.

***
Gonzalo Millán (Santiago de Chile, 1947-2006) La ciudad. Santiago de Chile: Cuarto Propio, 1994.

Fotografía: memoriachilena.cl

jueves, 3 de agosto de 2017

óscar hahn / visión de hiroshima











Arrojó sobre la triple ciudad un proyectil
único, cargado con la potencia del universo.
Mamsala Purva
(Texto sánscrito milenario)

Ojo con el ojo numeroso de la bomba
que se desata bajo el hongo vivo.
Con el fulgor del hombre no vidente, ojo y ojo.
 
Los ancianos huían decapitados por el fuego,
encallaban los ángeles en cuernos sulfúricos
decapitados por el fuego,
se varaban las vírgenes de aureola radioactiva
decapitadas por el fuego.
Todos los niños emigraban decapitados por el cielo.
No el ojo manco, no la piel tullida, no sangre
sobre la calle derretida vimos:
los amantes sorprendidos en la cópula,
petrificados por el magnesium del infierno,
los amantes inmóviles en la vía pública,
y la mujer de Lot
convertida en columna de uranio.
El hospital caliente se va por los desagües,
se va por las letrinas tu corazón helado,
se van a gatas por debajo de las camas,
se van a gatas verdes e incendiadas
que maúllan cenizas.
La vibración de las aguas hace blanquear al cuervo
y ya que no puedes olvidar esa piel adherida a los muros
porque derrumbamiento beberás, leche en escombros.
Vimos cúpulas fosforecer, los ríos
anaranjados pastar, los puentes preñados
parir en medio del silencio.
El color estridente desgarraba
el corazón de sus propios objetos:
el rojo sangre, el rosado leucemia,
el lacre llaga, enloquecidos por la fisión.
El aceite nos arrancaba los dedos de los pies,
las sillas golpeaban las ventanas
flotando en marejadas de ojos,
los edificios licuados se veían chorrear
por troncos de árboles sin cabeza,
y entre las vías lácteas y las cáscaras,
soles o cerdos luminosos
chapotear en las charcas celestes.
 
Por los peldaños radioactivos suben los pasos,
suben los peces quebrados por el aire fúnebre.
¿Y qué haremos con tanta ceniza?

***
Óscar Hahn (Iquique, 1938) Poesía completa. Santiago de Chile: LOM, 2012.

jueves, 6 de julio de 2017

manuel silva acevedo / a la manera de apollinaire









Así te quiero,
paridora como coneja,
criminal como víbora,
tiránica como abeja,
inescrupulosa como hiena,
voraz como la rata de afilados dientes,
pequeña como el piojo de la harina,
impertinente como los cuervos de las fábulas,
sabia como la más necia de las criaturas,
obvia como el cielo,
rapaz como la garra de la búha,
ardiente como la loba en celo,
sigilosa como las bacterias,
venenosa como ciertos hongos,
impaciente como las cigarras,
rápida como la lengua del basilisco,
triste como la lluvia,
humilde como la cabeza entre las manos,
fugaz como las estrellas fugaces
permanente como el silencio,
alba como las estrellas multitudinarias,
frágil como una moneda,
desnuda como las estatuas y más que las estatuas,
abierta como las flores,
abierta hasta el delirio,
colmada como colmena en el verano,
profusa como las primeras letras,
confiada como las golondrinas en los cables eléctricos,
desconfiada como los sepultureros,
sagaz como las nutrias,
dramática como las manos del mundo,
sonora como la música en la cabeza del sordo,
adorable como la costa para el náufrago,
increíble como las puertas abiertas de una cárcel,
celestial como las llamas crepitantes,
infernal como la quemadura de la nieve,
cruel como yo,
te quiero con locura de sabio empecinado en sus cálculos inútiles,
mi signo, mi dibujo, mi libro recién impreso,
pequeña ola de río,
quilla rompiendo mis espumas,
te quiero.


***
Manuel Silva Acevedo (Santiago de Chile, 1942) Suma Alzada. Santiago de Chile: FCE, 1998.

miércoles, 21 de junio de 2017

omar lara / asedio













Mira donde pones el ojo
cazador
lo que ahora no ves
ya nunca más existirá
lo que ahora no toques
enmohecerá
lo que ahora no sientas
te ha de herir algún día.

***
Omar Lara (Nohualhue, 1941) Los buenos días. Tomé: Al Aire libro, 2010.