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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.
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jueves, 3 de noviembre de 2022

carlos drummond de andrade / desaparición de luísa porto











Se pide a quien sepa
del paradero de Luísa Porto
avise a su residencia
en la Calle Santos Óleos, 48.
Prevenga urgente
solitaria madre enferma
tullida hace largos años
yerma de sus cuidados.

Se pide a quien aviste a
Luísa Porto, de 37 años,
que aparezca, que escriba,
que mande decir
dónde está.
Se suplica al reportero-aficionado,
al cajero, al mata-mosquitos, al transeúnte,
a cualquiera del pueblo y de la clase media,
incluso a los señores ricos,
que tengan pena de madre afligida
y le restituyan a la hija volatilizada
o por lo menos den información.
Es alta, delgada,
morena, rostro velloso, dientes blancos,
marca de nacimiento junto al ojo izquierdo,
levemente estrábica.
Vestidito sencillo. Gafas.
Sumida hace tres meses.
Madre tullida llamando.

Se ruega al pueblo caritativo de esta ciudad
que tome en consideración un caso de familia
digno de simpatía especial.
Luísa es de buen genio, correcta, cariñosa, trabajadora, religiosa.
Fue a comprar al mercado de la plaza.
No volvió.

Llevaba poco dinero en la bolsa.
(Busquen a Luísa.)
De ordinario no se demoraba.
(Busquen a Luísa.)
Novio, eso no tenía.
(Busquen. Busquen.)
Hace tanta falta.

Y aunque aún no la hayan encontrado
no dejen por eso de buscarla
con obstinación y confianza que Dios siempre recompensa
y tal vez la encuentren.
Madre, viuda pobre, no pierde la esperanza.
Luísa iba poco a la ciudad
y aquí en el barrio es donde mejor puede ser buscada.
Su mejor amiga, después de la madre enferma,
es Rita Santana, costurera, moza descomprometida,
quien no da noticia ninguna,
limitándose a responder: No sé.
Lo que no deja de ser extraño.

Se sumen tantas personas anualmente
en una ciudad como Rio de Janeiro
que tal vez Luísa Porto jamás sea encontrada.
Una vez, en 1898,
o 9,
se sumió el mismo jefe de policía
que salió por la tarde a dar una vuelta en el Largo do Rocio
y hasta hoy.
La madre de Luísa, entonces joven, lo leyó en el Diário Mercantil,
se quedó pasma.
El periódico envuelto en la memoria.
Mal sabia ella que el matrimonio corto, la viudez,
la pobreza, la parálisis, la quejumbre
serían, en la vida, su lote
y que su única hija, afable porque estrábica,
se diluiría sin explicación.
Por última vez y en nombre de Dios
todo-poderoso y lleno de misericordia
busquen a la moza, busquen
a esa que se llama Luísa Porto
y no tiene novio.
Olviden la lucha política,
pongan de lado preocupaciones comerciales,
pierdan un poco de tiempo indagando,
inquiriendo, removiendo.
No se arrepentirán. No
hay gratificación mayor que la sonrisa
de madre en fiesta
y la paz íntima
consecuente a las buenas y desinteresadas acciones,
puro rocío del alma.
No me vengan a decir que Luísa se suicidó.
La santa lumbre de la fe
que ardió siempre en su alma
pertenece a Dios y a Teresita del Niño Jesús.
Ella no se mató.
Búsquenla.
Tampoco fue víctima de desastre que la policía ignora
y los periódicos no dieron.
Está viva para consuelo de una tullida
y triunfo general del amor materno
filial y del prójimo.

Nada de insinuaciones respecto a la moza casta
y que no tenía, no tenía novio.
Algo extraordinario habrá pasado,
terremoto, llegada de rey.
Las calles cambiaron de rumbo,
para que tarde tanto, es de noche.
Pero va a volver, espontánea
o traída de la mano benigna,
la mirada desviada y tierna, canción.

A cualquier hora del día o de la noche
quien la a encuentre que avise a Calle Santos Óleos.
No tiene teléfono.
Tiene una empleada vieja que coje el recado
y tomará providencias.

Pero
Si consideran que la suerte de los pueblos es más importante
y que no debemos atender a los dolores individuales,
si cierran los oídos a este apelo de timbre,
no importa, insulten a la madre de Luísa,
pasen la página:
Dios tendrá compasión de la abandonada y de la ausente,
erguirá a la enferma, y los miembros paralizados
ya se desatan en forma de búsqueda.
Dios le dirá:
Ve,
busca a tu hija, bésala y enciérrala para siempre en tu corazón.

O tal vez no sea necesario ese favor divino.
La madre de Luísa (somos pecadores)
se sabe indigna de tamaña gracia.
Y resta la espera, que siempre es un don.
Sí, los extraviados un día regresan
- o nunca, o puede ser, o ayer.
Y de pensar realizamos.
Quiere sólo a su hijita
que en una tarde remota de Cachoeiro
acabó de nacer y huele a leche,
la cólica, la lágrima.
Ya no importa la descripción del cuerpo
ni esta, perdonen, fotografía,
disfraces de realidad más intensa
y que anuncio alguno proveerá.
Cesen las búsquedas, radios, callaos.
Calma de flores abriendo
en el parterre azul
donde desabrochan senos y una forma de virgen
intacta en los tiempos.
Y de sentir comprendemos.
Ya no adelanta buscar a
mi querida hija Luísa
que mientras vagueo por las cenizas del mundo
con inútiles pies fijados, mientras sufro
y sufriendo me suelto y me recompongo
y vuelvo a vivir y ando,
está inerte
grabada en el centro de la estrella invisible.
Amor.

***
Carlos Drummond de Andrade (Itabira, 1902–Río de Janeiro, 1987)
Versión de Raquel Madrigal Martínez

/

Desaparecimento de Luisa Porto

*

Pede-se a quem souber
do paradeiro de Luísa Porto
avise sua residência

À Rua Santos Óleos, 48.
Previna urgente
solitária mãe enferma
entrevada ha longos anos
erma de seus cuidados.

Pede-se a quem avistar
Luísa Porto, de 37 anos,
que apareça, que escreva,
que mande dizer
onde está.
Suplica-se ao repórter-amador,
ao caixeiro, ao mata-mosquitos, ao transeunte,
a qualquer do povo e da classe média,
até mesmo aos senhores ricos,
que tenham pena de mãe aflita
e lhe restituam a filha volatilizada
ou pelo menos dêem informações.
É alta, magra,
morena, rosto penugento, dentes alvos,
sinal de nascença junto ao olho esquerdo,
levemente estrábica.
Vestidinho simples. Óculos.
Sumida há três meses.
Mãe entrevada chamando.

Roga-se ao povo caritativo desta cidade
que tome em consideração um caso de família
digno de simpatia especial.
Luísa é de bom gênio, correta, meiga, trabalhadora, religiosa.

Foi fazer compras na feira da praça.
Não voltou.

Levava pouco dinheiro na bolsa.
(Procurem Luísa.)
De ordinário não se demorava.
(Procurem Luísa.)
Namorado isso não tinha.
(Procurem. Procurem.)
Faz tanta falta.

Se todavia não a encontrarem
nem por isso deixem de procurar
com obstinação e confiança que Deus sempre recompensa
e talvez encontrem.
Mãe, viúva pobre, não perde a esperança.
Luísa ia pouco a cidade
e aqui no bairro é onde melhor pode ser pesquisada.
Sua melhor amiga, depois da mãe enferma,
É Rita Santana, costureira, moça desimpedida.
a qual não da noticia nenhuma,
limitando-se a responder: Não sei.
O que não deixa de ser esquisito.

Somem tantas pessoas anualmente
numa cidade como o Rio de janeiro
que talvez Luísa Porto jamais seja encontrada.
Uma vez, em 1898,
ou 9,
sumiu o próprio chefe de polícia
que saíra a tarde para uma volta no Largo do Rocio
e até hoje.
A mãe de Luísa, então jovem, leu no Diário Mercantil,
ficou pasma.
O jornal embrulhado na memória.
Mal sabia ela que o casamento curto, a viuvez,
a pobreza, a paralisia, o queixume
seriam, na vida, seu lote
e que sua única filha, afável posto que estrábica,
se diluiria sem explicação.

Pela ultima vez e em nome de Deus
todo-poderoso e cheio de misericórdia
procurem a moça, procurem
essa que se chama Luísa Porto
e é sem namorado.
Esqueçam a luta política,
ponham de lado preocupações comerciais,
percam um pouco de tempo indagando,
inquirindo, remexendo.
Não se arrependerão. Não
há gratificação maior do que o sorriso
de mãe em festa
e a paz intima
conseqüente às boas e desinteressadas ações,
puro orvalho da alma.

Não me venham dizer que Luísa suicidou-se.
O santo lume da fé
ardeu sempre em sua alma
pertence a Deus e a Teresinha do Menino Jesus.
Ela não se matou.
Procurem-na.
Tampouco foi vítima de desastre que a polícia ignora
e os jornais não deram.
Está viva para consolo de uma entrevada
e triunfo geral do amor materno
filial e do próximo.

Nada de insinuações quanto à moça casta
e que não tinha, não tinha namorado.
Algo de extraordinário terá acontecido,
terremoto, chegada de rei.
As ruas mudaram de rumo,
para que demore tanto, é noite.
Mas há de voltar, espontânea
ou trazida por mão benigna,
O olhar desviado e terno, canção.

A qualquer hora do dia ou da noite
quem a encontrar avise a Rua Santos Óleos.
Não tem telefone.
Tem uma empregada velha que apanha o recado
e tomará providencias.

Mas
se acharem que a sorte dos povos é mais importante
e que não devemos atentar nas dores individuais,
se fecharem ouvidos a este apelo de campainha,
não faz mal, insultem a mãe de Luísa,
virem a pagina:
Deus terá compaixão da abandonada e da ausente,
erguerá a enferma, e os membros perclusos
já se desatam em forma de busca.
Deus lhe dirá :
Vai,
procura tua filha, beija-a e fecha-a para sempre em teu coração.

Ou talvez não seja preciso esse favor divino.
A mãe de Luísa ( somos pecadores )
sabe-se indigna de tamanha graça.
E resta a espera, que sempre é um dom.
Sim, os extraviados um dia regressam
- ou nunca, ou pode ser, ou ontem.
E de pensar realizamos.
Quer apenas sua filhinha
que numa tarde remota de Cachoeiro
acabou de nascer e cheira a leite,
a cólica, a lágrima.
Já não interessa a descrição do corpo
nem esta, perdoem, fotografia,
disfarces de realidade mais intensa
e que anúncio algum proverá.
Cessem pesquisas, rádios, calai-vos·
Calma de flores abrindo
no canteiro azul
onde desabrocham seios e uma forma de virgem
intata nos tempos.
E de sentir compreendemos.
Já não adianta procurar
minha querida filha Luísa
que enquanto vagueio pelas cinzas do mundo
com inúteis pés fixados, enquanto sofro
e sofrendo me solto e me recomponho
e torno a viver e ando,
está inerte
gravada no centro da estrela invisível
Amor.

domingo, 6 de junio de 2021

carlos drummond de andrade / de "sentimiento del mundo"









Sentimiento del mundo

*

Apenas tengo dos manos
y el sentimiento del mundo,
pero estoy lleno de esclavos,
mis recuerdos se escurren
y el cuerpo cede
a la confluencia del amor.

Cuando me levante, el cielo
estará muerto y saqueado,
yo mismo estaré muerto,
mi deseo estará muerto, 
muerto el pantano sin acordes.

Los camaradas no dijeron
que había una guerra
y que era necesario
traer fuego y alimento.
Me siento disperso
anterior a las fronteras
humildemente les pido
que me perdonéis.

Cuando los cuerpos pasen
yo me quedaré solo
deshebrando la memoria
del campanero, de la viuda, del microscopista
que vivían en la barraca
y no fueron encontrados
al amanecer

ese amanecer
más noche que la noche.

~

Poema de la necesidad

*

Es necesario casar a João
es necesario aguantar a Antônio
es necesario odiar a Melquíades
es necesario reemplazarlos a todos.

Es necesario salvar al país,
es necesario creer en Dios,
es necesario pagar las deudas,
es necesario comprar una radio,
es necesario olvidar a fulana.

Es necesario estudiar volapük
es necesario estar siempre ebrio,
es necesario leer a Baudelaire,
es necesario recoger las flores
a las que rezan los bellos autores.

Es necesario vivir con los hombres,
es necesario no asesinarlos,
es necesario tener las manos pálidas
y anunciar EL FIN DEL MUNDO.

~

Congreso Internacional de Miedo

*

Por el momento no cantaremos al amor,
que se ha refugiado más abajo del subsuelo.
Cantaremos el miedo, que esteriliza los abrazos,
no cantaremos al odio porque no existe,
sólo hay miedo, nuestro padre y nuestro compañero,
el gran temor de los sertones*, de los mares, de los desiertos,
el miedo de los soldados, el miedo de las madres, el miedo de las iglesias,
cantaremos el miedo de los dictadores, el miedo de los demócratas,
cantaremos el miedo a la muerte y el miedo al después de la muerte,
entonces moriremos de miedo
y en nuestras tumbas crecerán flores amarillas y temibles.

N. del T. Sertón (castellanización de "Sertão") hace referencia a una región geográfica semiárida del nordeste brasileño.

~

Recuerdo del Mundo Antiguo

*

Clara paseaba por el jardín con los niños.
El cielo era verde sobre el pasto,
el agua era dorada bajo los puentes,
otros elementos eran azules, rosas, naranjas
la guardia civil sonreía, pasaban bicicletas,
la niña pisó la hierba para atrapar un pájaro,
el mundo entero, Alemania, China, todo era
tranquilo alrededor de Clara.

Los niños miraban para el cielo: nada estaba prohibido.
La boca, la nariz, los ojos estaban abiertos. No había peligro.
Los peligros que Clara temía eran la gripe, el calor, los insectos.
Clara tenía miedo de perder el tranvía de las 11,
esperaba cartas que con dificultad llegaban
no siempre podía usar un vestido nuevo. Pero ella paseaba
[por el jardín, ¡¡¡por la mañana!!!
En aquel tiempo, ¡¡¡había jardines, había mañanas!!!

~

Niño llorando en la noche

*

En la noche lenta y cálida, sin ruido, un niño llora.
El grito tras la pared, la luz tras la ventana
se pierden en la sombra de los pasos acallados, de las voces exhaustas.
Y, sin embargo, se oye hasta el estruendo de la gota del remedio 
que cae en la cuchara.

Un niño llora en la noche, detrás de la pared, detrás de la calle,
lejos llora un niño, tal vez en otra ciudad,
tal vez en otro mundo.

Y veo a la mano que levanta la cuchara, mientras la otra sujeta la cabeza
y veo el hilo aceitoso corriendo por el mentón del niño
goteando por la calle, goteando por la ciudad (apenas un hilo).
Y no hay nadie más en el mundo que ese niño llorando.

~

Los hombros sostienen el mundo

*

Llega un momento en que ya no dices: "Dios mío".
Un tiempo de purificación absoluta.
Un tiempo en que ya no se dice: "mi amor".
Porque el amor se ha vuelto inútil.
Y los ojos no lloran.
Y las manos sólo tejen la obra gruesa.
Y el corazón está seco.

En vano las mujeres llaman a la puerta, no abrirás.
Estás solo, la luz se apagó,
pero en la sombra tus ojos relucen enormes.
Todos están seguros, ya no saben sufrir.
Y no esperas nada de tus amigos.

La vejez tiene poca importancia, ¿qué es la vejez?
Tus hombros soportan el mundo
y no pesa más que la mano de un niño.
Guerras, hambrunas, peleas en los edificios
sólo demuestran que la vida continúa
y no todos son libres aún.
Algunos, encontrando el espectáculo bárbaro
preferirían (los sensibles) morir.
Llegó el momento en que no tiene sentido morir.
Llegó el momento en que la vida es una orden.
Sólo la vida, sin mistificaciones.

~

Privilegio en la playa

*

En esta terraza mediocremente cómoda,
bebemos cerveza y miramos al mar.
Sabemos que no nos pasará nada.

El edificio es sólido y el mundo también.

Sabemos que cada edificio alberga mil cuerpos
trabajando en mil espacios iguales.
A veces, unos pocos se suben cansados al ascensor
y vienen aquí arriba para respirar la brisa del océano,
que es un privilegio de los edificios.

El mundo está realmente hecho de hormigón armado.

Ciertamente, si hubiera un crucero loco,
anclado en la bahía frente a la ciudad,
la vida sería incierta... improbable...
Pero en las aguas tranquilas sólo hay marineros fieles.
¡Qué cordial es el escuadrón!

Podemos beber nuestra cerveza con honor.

***
Carlos Drummond de Andrade (Itabira, 1902-Río de Janeiro, 1987) Sentimiento do mundo. São Paulo: Companhia das Letras, 2012.
Versiones de Nicolás López-Pérez

/

Sentimiento do mundo

*

Tenho apenas duas mãos
e o sentimento do mundo,
mas estou cheio de escravos,
minhas lembranças escorrem
e o corpo transige
na confluência do amor.

Quando me levantar, o céu
estará morto e saqueado,
eu mesmo estarei morto,
morto meu desejo, morto
o pântano sem acordes.

Os camaradas não disseram
que havia uma guerra
e era necessário
trazer fogo e alimento.
Sinto-me disperso,
anterior a fronteiras,
humildemente vos peço
que me perdoeis.

Quando os corpos passarem,
eu ficarei sozinho
desfiando a recordação
do sineiro, da viúva e do microcopista
que habitavam a barraca
e não foram encontrados
ao amanhecer

esse amanhecer
mais noite que a noite.

~

Poema da Necessidade

*

É preciso casar João,
é preciso suportar Antônio,
é preciso odiar Melquíades
é preciso substituir nós todos.

É preciso salvar o país,
é preciso crer em Deus,
é preciso pagar as dívidas,
é preciso comprar um rádio,
é preciso esquecer fulana.

É preciso estudar volapuque,
é preciso estar sempre bêbado,
é preciso ler Baudelaire,
é preciso colher as flores
de que rezam velhos autores.

É preciso viver com os homens
é preciso não assassiná-los,
é preciso ter mãos pálidas
e anunciar O FIM DO MUNDO.

~

Congresso Internacional do Medo

*

Provisoriamente não cantaremos o amor,
que se refugiou mais abaixo dos subterrâneos.
Cantaremos o medo, que esteriliza os abraços,
não cantaremos o ódio porque esse não existe,
existe apenas o medo, nosso pai e nosso companheiro,
o medo grande dos sertões, dos mares, dos desertos,
o medo dos soldados, o medo das mães, o medo das igrejas,
cantaremos o medo dos ditadores, o medo dos democratas,
cantaremos o medo da morte e o medo de depois da morte,
depois morreremos de medo
e sobre nossos túmulos nascerão flores amarelas e medrosas.

~

Lembrança do Mundo Antigo

*

Clara passeava no jardim com as crianças.
O céu era verde sobre o gramado,
a água era dourada sob as pontes,
outros elementos eram azuis, róseos, alaranjados,
o guarda-civil sorria, passavam bicicletas,
a menina pisou a relva para pegar um pássaro,
o mundo inteiro, a Alemanha, a China, tudo era
tranqüilo em redor de Clara.

As crianças olhavam para o céu: não era proibido.
A boca, o nariz, os olhos estavam abertos. Não havia perigo.
Os perigos que Clara temia eram a gripe, o calor, os insetos.
Clara tinha medo de perder o bonde das 11 horas,
esperava cartas que custavam a chegar,
nem sempre podia usar vestido novo. Mas passeava
[no jardim, pela manhã!!!
Havia jardins, havia manhãs naquele tempo!!!

~

Menino chorando na noite

*

Na noite lenta e morna, morta noite sem ruído, um menino chora.
O choro atrás da parede, a luz atrás da vidraça
perdem-se na sombra dos passos abafados, das vozes extenuadas.
E no entanto se ouve até o rumor da gota de remédio caindo na colher.

Um menino chora na noite, atrás da parede, atrás da rua,
longe um menino chora, em outra cidade talvez,
talvez em outro mundo.

E vejo a mão que levanta a colher, enquanto a outra sustenta a cabeça
e vejo o fio oleoso que escorre pelo queixo do menino,
escorre pela rua, escorre pela cidade (um fio apenas).
E não há ninguém mais no mundo a não ser esse menino chorando.

~

Os Ombros Suportam o Mundo

*

Chega um tempo em que não se diz mais: meu Deus.
Tempo de absoluta depuração.
Tempo em que não se diz mais: meu amor.
Porque o amor resultou inútil.
E os olhos não choram.
E as mãos tecem apenas o rude trabalho.
E o coração está seco.

Em vão mulheres batem à porta, não abrirás.
Ficaste sozinho, a luz apagou-se,
mas na sombra teus olhos resplandecem enormes.
És todo certeza, já não sabes sofrer.
E nada esperas de teus amigos.

Pouco importa venha a velhice, que é a velhice?
Teus ombros suportam o mundo
e ele não pesa mais que a mão de uma criança.
As guerras, as fomes, as discussões dentro dos edifícios
provam apenas que a vida prossegue
e nem todos se libertaram ainda.
Alguns, achando bárbaro o espetáculo
prefeririam (os delicados) morrer.
Chegou um tempo em que não adianta morrer.
Chegou um tempo em que a vida é uma ordem.
A vida apenas, sem mistificação.

~

Privilêgio do mar

*

Nesse terraço mediocremente confortável,
bebemos cerveja e olhamos o mar.
Sabemos que nada nos acontecerá.

O edifício é sólido e o mundo também.

Sabemos que cada edifício abriga mil corpos
labutando em mil compartimentos iguais.
Às vezes, alguns se inserem fatigados no elevador
e vêm cá em cima respirar a brisa do oceano,
o que é privilégio dos edifícios.

O mundo é mesmo de cimento armado.

Certamente, se houvesse um cruzador louco,
fundeado na baía em frente à cidade,
a vida seria incerta… improvável…
Mas nas águas tranquilas só há marinheiros fiéis.
Como a esquadra é cordial!

Podemos beber honradamente nossa cerveja.

domingo, 4 de febrero de 2018

carlos drummond de andrade / la flor y la náusea













Pertenezco a mi clase y a algunas ropas,
voy de blanco por las calles sucias.
Melancolías, mercaderías me acechan.
¿Debo seguir hasta la náusea?
¿Puedo rebelarme sin armas?

Ojos turbios en el reloj de la tarde:
no, no ha llegado el tiempo de completa justicia.
El tiempo aún es de heces, malos poemas, alucinaciones
y espera.

El tiempo pobre y el poeta pobre
se funden en un mismo impasse.
En vano intento explicarme. Los muros son sordos.
Bajo la piel de las palabras hay cifras y códigos.
El sol consuela a los enfermos y no los restablece.
Las cosas. ¡Qué tristes son las cosas, consideradas sin
énfasis!

Vomitar este tedio sobre la ciudad.
Cuarenta años y ningún problema
resuelto, ni siquiera ubicado.
Ninguna carta escrita ni recibida.

Todos los hombres vuelven a casa.
Son menos libres pero llevan periódicos
y deletrean el mundo, sabiendo que lo pierden.

Crímenes de la tierra, ¿cómo perdonarlos?
Tomé parte en muchos y otros oculté.
Algunos vi bellos, fueron publicados.
Crímenes suaves que ayudan a vivir.
Ración diaria de engaño distribuida en casa.
Los feroces panaderos del mal.
Los feroces lecheros del mal.

Prender fuego a todo, incluso a mí.
Al joven de 1918 lo llamaban anarquista.
Sin embargo mi odio es lo mejor de mí.
Con él me salvo:
a casi nadie doy una esperanza mínima.

¡Una flor ha nacido en la calle!
Pasan de largo, camiones, omnibuses, ríos de acero del
tránsito.

Una flor todavía descolorida
elude a la policía: rompe el asfalto.
¡Guarden completo silencio, paralicen los negocios,
aseguro que ha nacido una flor!

Su color no se percibe.
Sus pétalos no se abren.
Su nombre no está en los libros.
Es fea. Pero es realmente una flor.
Me siento en el suelo de la capital del país a las cinco de
la tarde
y lentamente acaricio esta forma insegura.
Del lado de las montañas, nubes espesas van
agrandándose.
Una lluvia menuda agita el mar como gallina espantada.
Es fea. Pero es una flor. Ha roto el asfalto, el tedio, la
náusea y el odio.

***
Carlos Drummond de Andrade (Itabira, 1902-Río de Janeiro, 1987)
Versión de Maricela Terán

/

A Flor e a Náusea

Preso à minha classe e a algumas roupas, vou de branco pela rua cinzenta.
Melancolias, mercadorias, espreitam-me.
Devo seguir até o enjôo?
Posso, sem armas, revoltar-me?

Olhos sujos no relógio da torre:
Não, o tempo não chegou de completa justiça.
O tempo é ainda de fezes, maus poemas, alucinações e espera.
O tempo pobre, o poeta pobre
fundem-se no mesmo impasse.

Em vão me tento explicar, os muros são surdos.
Sob a pele das palavras há cifras e códigos.
O sol consola os doentes e não os renova.
As coisas. Que tristes são as coisas, consideradas sem ênfase.

Vomitar este tédio sobre a cidade.
Quarenta anos e nenhum problema
resolvido, sequer colocado.
Nenhuma carta escrita nem recebida.
Todos os homens voltam para casa.
Estão menos livres mas levam jornais
e soletram o mundo, sabendo que o perdem.

Crimes da terra, como perdoá-los?
Tomei parte em muitos, outros escondi.
Alguns achei belos, foram publicados.
Crimes suaves, que ajudam a viver.
Ração diária de erro, distribuída em casa.
Os ferozes padeiros do mal.
Os ferozes leiteiros do mal.

Pôr fogo em tudo, inclusive em mim.
Ao menino de 1918 chamavam anarquista.
Porém meu ódio é o melhor de mim.
Com ele me salvo
e dou a poucos uma esperança mínima.

Uma flor nasceu na rua!
Passem de longe, bondes, ônibus, rio de aço do tráfego.
Uma flor ainda desbotada
ilude a polícia, rompe o asfalto.
Façam completo silêncio, paralisem os negócios,
garanto que uma flor nasceu.

Sua cor não se percebe.
Suas pétalas não se abrem.
Seu nome não está nos livros.
É feia. Mas é realmente uma flor.

Sento-me no chão da capital do país às cinco horas da tarde
e lentamente passo a mão nessa forma insegura.
Do lado das montanhas, nuvens maciças avolumam-se.
Pequenos pontos brancos movem-se no mar, galinhas em pânico.
É feia. Mas é uma flor. Furou o asfalto, o tédio, o nojo e o ódio.