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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.
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jueves, 18 de septiembre de 2025

rolando cárdenas / regreso











Un día regresaremos a la ciudad perdida
como las estaciones todos los años,
como una sombra más en las tardes,
preguntando por antepasados
o por el río en cuyas aguas se quebraba el cielo.

Será en invierno
para revivir mejor los grandes fríos,
para ver de nuevo
el humo negro de los barcos cortando el aire,
para escuchar en las noches
los pequeños ruidos de la nieve.

Nos sentaremos a la mesa como si tal cosa
a probar el pan de otros días.
Un pájaro que cruce por la ventana
nos hará pensar en el bosque de pinos
donde el viento se revolvía furioso.

También preguntaremos por antiguos amigos
pensando quizás en el rostro de alguna muchacha.
Aún existirá el boliche
donde se reunían viejos campesinos.
Nos invitarán a beber y a conversar
asuntos que nadie olvida.
El tiempo no es más que regreso a otro tiempo.
"Todos nos reuniremos alguna vez bajo tierra".

Alguien nos reconocerá a la vuelta de una esquina.
Será como venir a saludar desde otra época.

***
Rolando Cárdenas (Punta Arenas, 1933-Santiago de Chile, 1990)

jueves, 3 de abril de 2025

jorge teillier / cuando yo no era poeta










Cuando yo no era poeta
por broma dije que lo era.

Yo no había escrito ningun verso
pero admiraba el sombrero alón
del poeta del pueblo.

Una mañana me encontré en la calle con mi vecina.
Ella me preguntó si de verdad era poeta.
Ella tenía catorce años.

Esa vez llevaba un ramo de ilusiones.
Despues una anémona en el pelo.
La tercera vez un gladiolo entre los labios.
La cuarta vez no llevaba ninguna flor,
yo le pregunte el significado de eso a las flores de la plaza
que no supieron responderme.

Ella había traducido para mí poemas de Ferdinand von Saar.
Yo no le dí nada a cambio.
No quería desprenderme ni de una hoja de cuaderno.

Sus ojos disparaban balas de amor calibre 44.
Eso me daba insomnio.
Me encerré mucho tiempo en mi pieza.

Cuando salí la halle en la plaza y no me saludo.
Volví a mi casa y escribí mi primer poema.

***
Jorge Teillier (Lautaro, 1935-Santiago de Chile, 1996)

jueves, 19 de septiembre de 2024

enrique lihn / pena de extrañamiento












No me voy de esta ciudad con la resignación de los visitantes en tránsito
Me dejo atar, fascinado por ella
a los recuerdos del presente:
cosas que no tuvieron, por definición, un futuro
pero que, ciertamente, llegaron a envejecer, pues las dejo a sabiendas
de que son, tal vez, las últimas elaboraciones del deseo,
los caprichos lábiles que preanuncian la vejez.

En una barraca, cerca de Nueva York, el martillero liquidó el saldo de su negocio
—un stock de fotografías antiguas—
ofreciéndolas a gritos en medio de la risotada de todos:
“Antepasados instantáneos”, por unos centavos
Esos antepasados eran los míos, pues aunque los adquirí a vil precio
no tardaron, sin duda, en obligarme a la emoción
ante el puente de Brooklyn
como si Manhattan, que se enorgullece de volatilizar el pasado
conservándolo en el modo de la instigación a desafiarlo
fuera mi ciudad natal y yo el hijo de esos antiguos vecinos de los que la voz gutural
hace irrisión, y el martillo.

No me voy de esta ciudad sin haber amado aquí
a la mujer que conocí y no conocí ni haber agotado la vida conyugal
reflotando en el negocio de plantas o antigüedades.

La isla dispone de fantasmas artificiales
con que llenar los huecos de la contra-historia
Ellos ocupan en la memoria, con la naturalidad que ésta se permite en relación a la nada
el lugar de los verdaderos ausentes: caras que vi en las bouffoneries del Soho
directement angeliques: esas muchachas caídas de la luna a la nieve
vestidas de pierrot y sus acompañantes andróginos
fueron y no fueron mis amigos de juventud
Se congelan lágrimas que son de frío
pero que memorizan, asimismo, a John Lennon
Reconozco la nieve de antaño, que cae
sobre Blecker Street en este día acrónico
mientras se hace de noche a la velocidad simultánea del vuelo de un murciélago
y pasan películas de mi tiempo en mi barrio.

Como si me retuviera algún negocio en la ciudad
veo a Cary Grant e Irene Dunne
que acaban de morir en una vieja comedia
víctimas del capricho de uno de los primeros automóviles deportivos
(la máquina del glamour)
Sigo sus apariciones y desapariciones
—una cita de Meliès en la magia blanca y sonora de Hollywood—
la sorpresa de esta pareja en otro tiempo ideal
cuando el paisaje se espejea en ellos —los transparentes— por gracia del celuloide.

Como mis propios fantasmas, esos figurines inverosímiles
evocan, de manera en sí misma realista, alguna época acrónica de lo imaginario
Son los antepasados instantáneos de los deseos que provocan
en la inocencia total de sus reencarnaciones o desplazamientos
desde su absoluta lejanía en blanco y negro
El beso final no ocurre en la pantalla
sino entre la pantalla y la media luz de la sala
un corte insubsanable en que se juntan y se besan el presente y el pasado: labios incompatibles
que ninguna comedia puede reunir.

Lo que me ata a la ciudad es todavía más irreal que ese beso
blanco, que connota glamour, escrito en la luz centelleante
(el placer del ojo en el paraíso de la visión artificial)
haciendo el reconocimiento de cómo es lo que no es
hic et nunc, en el Blecker Cinema
Esta ciudad no existe para mí y yo no existo para ella
allí, en ese punto en que los tiempos convergen
bajo la especie de la Duración
Existe para mí, en cambio, en la medida en que logro destemporizarla
desalojarla, por unos contrasegundos, de la convención que marca el reloj
con sus pasitos de gato en la rutina del living
Trabajo que Hércules no se soñaba
en franca competencia con la Meditación Trascendental
Si yo lo consiguiera, sentiría apoyarse desaprensivamente en mi brazo
(el de Cary Grant) la mano enguantada
pronta a desaparecer, de una muerta: Irene Dunne
—Frisson Nouveau— y entre la pantalla y la media luz de la sala
(borrado ya del tiempo el día de mi partida:
dos de enero de mil novecientos ochenta y uno)
Se tocarían (no) como para cualesquiera de los espectadores
—gatos descongelados en el invierno de Nueva York—
pasado, presente y futuro
en una unidad de medida que reúna esos tiempos incompatibles
para ellos y para mí, pero no para ellos: los veros vecinos de Washington Square.
A diferencia mía ellos permanecerán, de hecho, en la ciudad, con el aval de sus antepasados
a quienes, a lo mejor, pusieron en subasta
por unos centavos
y que yo mismo adquirí en una barraca.

De una memoria de la que mi memoria se hace cargo
en la borrada fecha del dos de enero, mi cuerpo tomará el avión
para hacer, en los meros hechos, de algunas calles cuyos nombres ya no recuerdo
y de ciertos rincones que nadie volverá a ver
recuerdos sin objeto ni sujeto
Eso en lo que concierne a mi cuerpo, mientras el invisible ciudadano de esos rincones y esas calles
tan innotorio como lo son, al fin y al cabo, entre sí
diez millones de habitantes
seguirá aquí, delegado por la memoria
que llega a la aberración y toma entonces
no sólo la forma de mi sombra:
mi existencia hecha de algo que se le parezca
Ese doble abrirá en mí un hueco que yo mismo no podría llenar
con las anotaciones de mi diario de viajes
No me proporcionará los estímulos a los que necesite responder
cuando me pregunten en mi pueblo por la Megalópolis
Vivirá en mí de ella, simplemente, como el huésped del mesonero
coadyuvando a que mi vida sea
una versión del discours sur le peu de realité
Porque la realidad estará allí donde ese parásito del ser se pasee gozando de su inanidad
en tanto miseria sonora de estos versos y más allá del lenguaje
y de la vida que me sustraiga mañana cuando como un cuerpo sin la mitad de su alma
despojado del terror que fascina, habite
en cualesquiera de esas medio-ciudades, defectuosas copias de Manhattan
y, por lo tanto, ruinas —nuestros nidos—
antes, después y durante su construcción
algunos de mis puntos de destino
cuando me vaya y no me vaya de aquí.

***
Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1929-1988) 

jueves, 12 de septiembre de 2024

armando uribe arce / crisis de la vida política













Henos aquí, en la ratonera
del país que es un gato arestiniento
a la espera de vernos
acercarnos el queso y roerle la cáscara
para el zarpazo darnos en el cuello
y en seguida comernos, y al osario.

Estamos no pertenecemos
al país donde estamos ¡ésta no es norteamérica!
y sin embargo hay edificios tal como en las postales
de después de la crisis de wall street
(se pronuncia guolstrit), éste es el caso:
se produjo la quiebra de todo el golpe universal
de estado, estamos entre los escombros
que quedaron, las féminas con cintas de colores
se pasean con tacos aguja sus abuelas con palillos
tejen cartílagos y sus amantes de camisa con rayas
ya no usan pantalones y lucen espinillas atractivas
y los sexos se creen carismáticos.

La dictadura
no fue un error, tiene apellidos
como colas de rata o lagartija,
y su elenco de honor para asesinos
los regocija todavía, y dura
indefinidamente; no fue un malentendido
sino la voluntad de pasar una lija
de hierro por encima de los niños.

El siniestro, el grotesco, el que conjuga
palabras al revés, y convierte a los hombres
en mujercitas asustadas de las sombras
de la noche, en siluetas recortadas
con tijeras negruzcas homicidas,
y a las mujeres en mujer con barba,
ésa no muere. Mueren los poetas, los artistas
y los adolescentes; posan
para su pésima posteridad los torpes
ridículos y sórdidos malvados con su murga.

Viejas atrocidades: novedosas
ex abominaciones: las componen:
latigazos del muslo al coxis: bandas
de acero al rojo blanco en los tobillos:
tatuajes de idiogramas en los senos:
sean de hombre o mujer: así se hicieron
las fortunas que hoy sirven a los hijos
de los torturadores y a las santas
madres para las lápidas que ponen
sobre sus tumbas repletas de cosas.

Este país que ya no existe
necesita las voces más que nunca
quejosas de sus hijos los mejores
bien enterrados bajo mala historia
los cuales se alzan y en sus magros codos
de hueso astillas de ceniza gritan
el país ya no es mío se ha acabado.

Me regalaron una máscara
negra de seda negra con los flecos 
negros también. Nunca la usé.
Se pudrió en un cajón.
Conmigo, como condecoración
de lo que fui: antifaz; ¿y usted?,
que me oye tan atento mientras masca
un hueso mío, ciérrese el marruecos.

"Me fastidia el país en el que me han hecho
nacer, y en el que muero día a día.
En él, cuando vivía, en él moría
deshecho, en el país de los desechos".

***
Armando Uribe Arce (Santiago de Chile, 1933-2020)

miércoles, 11 de septiembre de 2024

alfonso alcalde / golpe décimo segundo










El mar subió en un 450%,
el dolor en un 783%,
la ira en un 1.234%,
el terror también subió otro 897%.

Las lágrimas están por las nubes.
El odio aumentó en un 4.500%,
los ataúdes en un 367%,
las palas para cavar las tumbas en un 698%,
la tierra para enterrar a los muertos, 995%,
la vida aumentó en un 2,345%
y la muerte un 5.678%.

***
Alfonso Alcalde (Punta Arenas, 1921-Coliumo, 1992) 

viernes, 2 de agosto de 2024

salvattori coppola / llevo a chile metido en los bolsillos del alma












En Praga me doy un respiro y tomo asiento al borde de las soleras
y admiro las cúpulas de las catedrales
milenarias, cómo arañan las
nubes:
entretanto constato mi tristeza,
aunque el optimismo
derrote
a los decretos de la dictadura.

Si en Lima releo a Bertolt Brecht y si me interrogo de qué modo
los Incas edificaron Machu-Pichu,
mi terrestre residencia insiste
con su parrilla -eléctrica
con sus descargas en los genitales;
y sus bríos dilucidan esos orígenes
y ponen término
al interrogatorio de este anillo, inmisericorde
estrangulador
que no quiere descanso.

Donde sea -que mi ostracismo sea transterrado-
muerdo sabor a lo perdido
pues quien tuvo a Chile
duele en carne propia no tenerlo.
Donde será que sea, reconozco a los invictos de mi patria,
sus torturas y desaparecimientos,
enumero nuestros castigos.

Soy el conservador de una especie en extinción.

Estas vivencias y designios
certifican mi paso por la tierra.

***
Salvattori Coppola (Santiago de Chile, 1934-2006) en: Goldschmidt Wyman, Eva. Los poetas y el general. Santiago de Chile: LOM, 2002, pp. 215-216.

sábado, 17 de febrero de 2024

enrique lihn / dos poemas













Barco viejo

*

A imagen de los vientos crecieron estos árboles
que imprecan hacia el mar donde los cuatro palos
de un velero inservible se excusan de los vientos.
“Andalucía” duerme, bella cárcel flotante
encarcelada como en una botella
en su vejez dejada de mano de las olas,
tan pura, que el bochinche de la marinería
será como si fuera cosa propia del sueño:
música de fonógrafo que casi no se escucha.

Estoy en Punta Arenas.
La nieve llega al corazón y el viento
toca hasta lo que escribo y lo dispersa.
Mi poesía apenas da unos pasos en falso:
aún el árbol verde del pensamiento abstracto
tendrá aquí que seguir el dictado del viento
que tuerce el árbol de oro, transformándolo en piedra.
Me haría falta oír toda la vida
lo que, por estos lados, dicen hombres y bestias;
pero aún más: entrar en el secreto.
De modo que la piedra horadada me hablara
por boca del silencio de lo que fue en el aire
antes del día de su aventamiento:
gritos que el roble sabe
de cuando el indio hizo su amor como agoniza
el petrel en la noche de los vientos,
de cuando sangre y nieve jugaron a encontrarse
y una ciudad se alzó donde cayeron hombres.

Nada habla por mi boca aquí, pero está bien
sentir que uno podría envejecer noblemente
mirando un barco viejo que termina de hundirse.

Punta Arenas, 1960

~

Si se ha de escribir correctamente poesía

*

Si se ha de escribir correctamente poesía
no basta con sentirse desfallecer en el jardín
bajo el peso concertado del alma o lo que fuere
y del célebre crepúsculo o lo que fuere.
El corazón es pobre de vocabulario.
Su laberinto: un juego para atrasados mentales
en que da risa verlo moverse como un buey
un lector integral de novelas por entrega.
Desde el momento en que coge el violín
ni siquiera el Vals triste de Sibelius
permanece en la sala que se llena de tango.
Salvo las honrosas excepciones las poetisas uruguayas
todavía confunden la poesía con el baile
en una mórbida quinta de recreo,
o la confunden con el sexo o la confunden con la muerte.
Si se ha de escribir correctamente poesía
en cualquier caso hay que tomarlo con calma.
Lo primero de todo: sentarse y madurar.
El odio prematuro a la literatura
puede ser de utilidad para no pasar en el ejército
por maricón, pero el mismo Rimbaud
que probó que la odiaba fue un ratón de biblioteca,
y esa náusea gloriosa le vino de roerla.
Se juega al ajedrez
con las palabras hasta para aullar.
Equilibrio inestable de la tinta y la sangre
que debes mantener de un verso a otro
so pena de romperte los papeles del alma.
Muerte, locura y sueño son otras tantas piezas
de marfil y de cuerno o lo que fuere;
lo importante es moverlas en el jardín a cuadros
de manera que el peón que baila con la reina
no le perdone el menor paso en falso.
Quienes insisten en llamar a las cosas por sus nombres
como si fueran claras y sencillas
las llenan simplemente de nuevos ornamentos.
No las expresan, giran en torno al diccionario,
inutilizan más y más el lenguaje,
las llaman por sus nombres y ellas responden por sus
nombres
pero se nos desnudan en los parajes oscuros.
Discursos, oraciones, juegos de sobremesa,
todas estas cositas por las que vamos tirando.
Si se ha de escribir correctamente poesía
no estaría de más bajar un poco el tono
sin adoptar por ello un silencio monolítico
ni decidirse por la murmuración.
Es un pez o algo así lo que esperamos pescar,
algo de vida, rápido, que se confunde con la sombra
y no la sombra misma ni el Leviatán entero.
Es algo que merezca recordarse
por alguna razón parecida a la nada
pero que no es la nada ni el Leviatán entero,
ni exactamente un zapato ni una dentadura postiza.

***
Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1929-1988)

lunes, 18 de septiembre de 2023

efraín barquero / los sacrificados













Vertieron sangre de hombre y de corcel.
Vertieron sangre de muchacho en el mismo lavatorio
donde su madre lo lavó cuando niño.
Vertieron sangre en artesas llenas de ropa,
en bateas colmadas de agua y harina,
en tarros de leche fresca y humeante.
Ensuciaron el paño con que el labriego se seca
el sudor envejecido de su rostro y del terrón,
la sábana del enfermo, lo único fresco de su noche.
Engruesaron la tela de las costureras,
la piel, la escama de las parturientas.

Vertieron sangre de cordero y pastor,
y comieron perros, bestias de cacería
una lavaza amarga.
Y los fieros cazadores
bebieron y se lavaron con lo mismo que bebían.

Vertieron sangre de hermano contra hermano,
a tientas, sin palpar el cuerpo, para no despertar.
Vertieron sangre espesa como el alquitrán,
sangre que no dejaba huellas en las manos
o que hacía retroceder como un tambor.
Vertieron sangre de hombre, sin sabor para los hombres,
pero sí para las bestias que aguardan la noche,
para la insaciable garra de las aves sin dientes,
para la boca muerta de un asesino a sueldo.

Sangre tardía del trabajador cuando se lava,
así inclinado, con su espalda desnuda,
oscureciendo el agua de restregar su rostro
y como sorbiéndola, como volviéndola más viva.
Sangre pura, como aquella que prueba el niño,
cuando se arranca el primer diente de leche
o se hiere las rodillas al empezar a caminar.
Sangre que no hace sufrir entonces, sino después
cuando el niño la ve brotar en la cara de sus mayores.

Vertieron sangre de padres que esperaban
ver crecer a sus hijos, sangre joven o más vieja.
Sangre que en la inmensa noche de los hombres maduros
los lavó de ellos mismos al engendrar un ser.
Sangre que no fue ofrecida a ningún dios
ni a un demonio, sino al hijo que llevamos,
y que la mujer deposita a nuestros pies,
un día más largo que los otros días,
parecido a la copa en que conocimos el vino.

***
Efraín Barquero (Piedra Blanca, 1931-Santiago de Chile, 2020)

martes, 30 de mayo de 2023

efraín barquero / la familia diezmada










En esta hora somos la familia diezmada
y tú, madre, eres la sombra más espesa
donde un niño viene a sentarse en un rincón
con un gallo moribundo entre los brazos.

Llora la madre como una casa destruida,
llora con todo aquello que no sabe llorar:
la mesa, el lecho, la piedra de moler.
Porque tiene el pecho apretado con los nombres
de los que cayeron en un lugar desconocido.
Brillarían ahora los muertos en su boca desdentada.

Escarba la madre con sus uñas partidas
entre la soledad sin rostro de los muros,
mientras revuelve algo muy lento en una olla,
algo como un pájaro, como un hondo recuerdo,
cubierta enteramente de plumas chamuscadas.

***
Efraín Barquero (Piedra Blanca, 1931-Santiago de Chile, 2020)

lunes, 24 de octubre de 2022

carlos de rokha / tres poemas













Transito solo

*

Quiero decir que grito y me sale un sollozo.
Me sale un corcel muerto por la espiga
y por las estrella me abundan dinosaurios.
Me da miedo la lluvia cuando pienso
que habré de entrar desnudo entre sus arcos.
Me duele el abedul de hoja egipcia
y el grito de mi mar por ser espuma.
Me duele tanto todo y siempre digo
que he de volver, pero me acalla un eco.
Quiero decir que grito y me sale un sollozo.

~

La vida vuelve a su más puro alcohol

*

A ese labio de esfinge a su mosaico
A un desierto de abanicos de pestañas de insectos
Donde este otro mundo ríe sin cesar
Sobre la ciudad de los arlequines de humo
El mar abre su cofre
Me hacer ver en una playa de caimanes hermosas mujeres de hielo
Ellas espantadas corren por la selva como un atado de ojos
Mujeres sin boca grupo de hielos enloquecidos
Persiguen la noche con sus ramas de amor
Cantan de bahía en bahía
Mujeres con arañas con hachas llameantes
Jóvenes de espaldas de gaviota
Ávidas de sed y por cuyos ojos pasa un mundo alucinado y de terror
Ella arrojan alacranes a la garganta de la esfinge
Ellas predican alianzas con alas y olas
Ellas asaltan la realidad con su delirio
Y con su rosa de hielo domestican la playa
Y con sus ojos transfiguran el cielo
Todo se transforma en un génesis de olas y alas
De vértigo de espléndidas pirámides
Ya más allá de todo de la virtud y del encanto
Donde perderse por un desierto de pinos flotantes
Hacen sonar las llaves oír la risa de la esfinge
La vida vuelve a su más puro alcohol
Ella es este deseo de proseguir
De destruir todo lo que está demás
El otro mundo encadenado a mi delirio

~

De profundis

*

Desde este amargo té me vuelvo hacia el demonio
apenas entrevisto por el insomne huésped
que soy cuando de noche entro en mi ser visible
cansado de mi viaje y de la larga
locura que hace tiempo absorbe mis dos sienes.
Me vuelvo a la ceniza y al vaso de mi sangre
con las venas ardiendo y el rostro amortajado,
más la espalda llagada, doliéndome el costado,
dando perdón al denodado
enemigo que soy de mí mismo y de mi alma.
Solitario por dentro, fatigado,
sin esperanzas como
un Cristo de abismal perspectiva
sobre el madero de mi columna vertebral crucificado
por los días que vivo buscando una respuesta
a la angustia que asalta mis ojos cuando duermo.
Oh deudo, oh desolado
centinela del tiempo, vigía sumergido
en la sangre, en el vino y la tierra: ese soy,
esa es mi sed, esa mi hambre, esa mi soledad, esa mi angustia,
y en mí mismo me acabo
por dentro como un viento que hacia el cielo se impulsa.
Desterrado por siempre, solemne, vertical, desterrado
como un águila ebria sobre una isla en llamas,
ya sin ansias de todo lo vivido
me vuelvo a la vigilia de mi cáliz,
y nada, nada espero de los días que vienen,
sino una azul espada que me destroce el alma.

***
Carlos de Rokha (Valparaíso, 1920-Santiago de Chile, 1962)

sábado, 3 de septiembre de 2022

enrique lihn / nada tiene que ver el dolor con el dolor









Nada tiene que ver el dolor con el dolor
nada tiene que ver la desesperación con la desesperación
Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas
No hay nombres en la zona muda
Allí, según una imagen de uso, viciada espera la muerte a sus nuevos amantes
acicalada hasta la repugnancia, y los médicos
son sus peluqueros, sus manicuros, sus usurarios usuarios
la mezquinan, la dosifican, la domestican, la encarecen
porque esa bestia tufosa es una tremenda devoradora
Nada tiene que ver la muerte con esta imagen de la que me retracto
todas nuestras maneras de referirnos a las cosas están viciadas
y éste no es más que otro modo de viciarlas
Quizá los médicos no sean más que sabios y la muerte -la niña
de sus ojos- un querido problema
la ciencia lo resuelve con soluciones parciales, esto es, difiere
su nódulo insoluble sellando una pleura, para empezar
Puede que sea yo de esos que pagan cualquier cosa por esa tramitación
Me hundiré en el duelo de mí mismo, pero cuidando de mantener
ciertas formas como ahora en esta consulta
Quiero morir (de tal o cual manera) ese es ya un verbo descompuesto
y absurdo, y qué va, diré algo, pero razonable
mente, evidentemente fuera del lenguaje en esa
zona muda donde unos nombres que no alcanzan a ser
cuando ya uno, qué alivio, está muerto,
olvidado ojalá  previamente de sí mismo
esa cosa muerta que existe en el lenguaje y que es
su presupuesto
Invoco en la consulta al Dios
de la no mismidad, pero sabiendo que se trata
de otra ficción más
sobre la unión de Oriente y Occidente
de acápites, comentarios y prólogos
Un muerto al que le quedan algunos meses de vida tendría que aprender
para dolerse, desesperarse y morir, un lenguaje limpio
que sólo fuera accesible más allá de las matemáticas a especialistas
de una ciencia imposible e igualmente válida
un lenguaje como un cuerpo operado de todos sus órganos
que viviera una fracción de segundo a la manera  del resplandor
y que hablara lo mismo de la felicidad que de la desgracia
del dolor que del placer, con una sonriente
desesperación, pero esto es ya decir
una mera obviedad con el apoyo
de una figura retórica
mis palabras no pueden obviamente atravesar la barrera de ese lenguaje desconocido
ante el cual soy como un babuino llamado por extraterrestres a interpretar
el lenguaje humano
Ay dios habría que hablar de la felicidad de morir en alguna inasible forma
de eso que acompañó a la inocencia al orgasmo a todos y a cada uno
de los momentos que improntaron la memoria
con impresiones desaforadas
Cuando en la primera polución
-mucho más mística que la primera comunión- pensabas en Isabel
ella no era una persona sino su imagen el resplandor orgástico de esa creatura
que si vivió lo hizo para otros diluyéndose para ti carnalmente
                                                                                                  en el tiempo de los demás
sin dejar más que el rastro de su resplandor en tu memoria
eso era la muerte y la muerte advino y devino
el click de la máquina de memorizar esa repugnante devoradora
acicalada en palabras como éstas tu poesía, en suma es la muerte
el sueño de la letra donde toda incomodidad tiene su asiento
la cárcel de tu ser que te privaba del otro nombre de amor
                                                                                escrito silenciosamente en el muro
o figuras obscenas untadas de vómito
tu vida que -otra palabra- se deslizó, sin haberse podido
engrupir en lo existente detenerse en lo Pasajero hundir el hocico
feliz en el comedero, golpear por un asilo nocturno
con el amor como con una piedra
la muerte fue la que se disfrazó de mujer en el altillo
de una casa de piedra y para ti de sombra y humo y nada
porque ya no podías enamorar a su dueña, temblando
del placer de perderla bajo una claraboya con telarañas
tienes que reconstituir ese momento ahora que la dueña de la casa es la muerte
y no la otra, esa nada ese humo esa sombra
darte el placer de ser ella y de unirte a ella como los labios de Freud
que se besan a sí mismos

***
Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1929-1988)

sábado, 6 de agosto de 2022

jorge teillier / tres poemas










Blue

*

Veré nuevos rostros
Veré nuevos días
Seré olvidado
Tendré recuerdos
Veré salir el sol cuando sale el sol
Veré caer la lluvia cuando llueve
Me pasearé sin asunto
De un lado a otro
Aburriré a medio mundo
Contando la misma historia
Me sentaré a escribir una carta
Que no me interesa enviar
O a mirar a los niños
En los parques de juego.
 
Siempre llegaré al mismo puente
A mirar el mismo río
Iré a ver películas tontas
Abriré los brazos para abrazar el vacío
Tomaré vino si me ofrecen vino
Tomaré agua si me ofrecen agua
Y me engañaré diciendo:
«Vendrán nuevos rostros
Vendrán nuevos días».

~

Para hablar con los muertos

*

Para hablar con los muertos
hay que elegir las palabras
que ellos reconozcan tan fácilmente
como sus manos
reconocían el pelaje de sus perros en la oscuridad.
Palabras claras y tranquilas
como el agua del torrente domesticada en la copa
o las sillas ordenadas por la madre
después que se han ido los invitados.
Palabras que la moche acoja
como a los fuegos fatuos los pantanos.

Para hablar con los muertos
hay que saber esperar:
ellos son miedosos
como los primeros pasos de un niño.
Pero si tenemos paciencia
un día nos responderán
con una hoja de álamo atrapada por un espejo roto,
con una llama de súbito reanimada en la chimenea,
con un regreso oscuro de pájaros
frente a la mirada de una muchacha
que aguarda inmóvil en el umbral.

~

La última isla

*

De nuevo vida y muerte se confunden
como en el patio de la casa
la entrada de las carretas
con el ruido del balde en el pozo.
De nuevo el cielo recuerda con odio
la herida del relámpago,
y los almendros no quieren pensar
en sus negras raíces.

El silencio no puede seguir siendo mi lenguaje,
pero sólo encuentro esas palabras irreales
que los muertos les dirigen a los astros y las hormigas,
y de mi memoria desaparecen el amor y la alegría
como la luz de una jarra de agua
lanzada inútilmente contra las tinieblas.

De nuevo sólo se escucha
el crepitar inextinguible de la lluvia
que cae y cae sin saber por qué,
parecida a la anciana solitaria que sigue
tejiendo y tejiendo;
y se quiere huir hacia un pueblo
donde un trompo todavía no deja de girar
esperando que yo lo recoja,
pero donde se ponen los pies
desaparecen los caminos,
y es mejor quedarse inmóvil en este cuarto
pues quizás ha llegado el término del mundo,
y la lluvia es el estéril eco de ese fin,
una canción que tratan de recordar
labios que se deshacen bajo tierra.

***
Jorge Teillier (Lautaro, 1935-Santiago de Chile, 1996)

viernes, 20 de mayo de 2022

david rosenmann-taub / cuatro poemas













Preludio

*

Después, después el viento entre dos cimas,
y el hermano alacrán que se encabrita,
y las mareas rojas sobre el día.
Voraz volcán: el nimbo pasaremos.
El buitre morirá: laxo castigo.
Después, después el grito entre dos víboras.
Después la noche que no conocemos
y extendido en lo nunca un solo cuerpo
callado como luz. Después el viento.

~

Pagano

*

                            I

Mas otras voces hablan a otras voces.
Mas otros ríos bañan a otros hombres.
Y yo estoy lejos, sumamente lejos.

Ulula el huracán entre los montes.
Grita el torrente con revueltos bronces.
Y yo en lo lejos permanezco ajeno.

Páramo de otros nombres, otros nombres.
Otra febril majada, otro deshoje.
Sobre mi lejanía el aguacero

                    vierte sus cuencas como viejos odres.
                                    Allá en los corredores
de la lejana casa mía se oye
la panoja de trínos de otro entonces,
                    y entre los cobertores
de mi huesa, rumores de otros dioses.

                            II

Para mí todo el año es otoño:
¿Cuándo, dioses, empieza el invierno?
¿Es otrora la nueva jornada?
Al raer, desvelado, las eras,
he gustado los mismos sabores
que aprendí en las escuelas del sueño.
Para mí todo el día es crepúsculo:
¿Cuando, dioses, empieza la noche?

                            III

Penetré entre los dioses: ese no era mi sitio.
En el arduo retiro, desde los miradores
alocados de espacio, tranquilos de blancura,
derroté mis efigies. Los límites sin límites
pestañearon, sufrieron, se pararon. Los ví
como muros erguidos sobre mis torreones.

~

El manantial

*

¿Quién eres tú? ¿Quién eres tú? ¿Quién eres al alba,
a la noche, a la tarde? ¿No es el amor tu imagen?
Yo crecía, y crecías tú. ¡A nosotros crecíamos!
Tomamos los racimos. ¿No es el amor mi imagen?

Dolías en el llano de las cosas que rompen.
En las cosas que abaten yo dolía. ¿Y tu imagen?
El agua, entre las aguas, horadaba y subía.
¡Oh qué sed de esa agua! ¡Nuestra sed! ¿Y mi imagen?

En derredor la vida, para que así se cumpla
la forja de la aurora repentina. ¡El encuentro!
Mas no lo repentino. ¡Los únicos caudales!

Imagen contra imagen, hacía imagen. ¡Lo nuestro!
Esto que ahora esplende. ¡El amor! ¡El amor!
¡Esto que nos destina rebeliones de imágenes!

~

El día

*

Doce de junio.

Hablé. Nosotros lo comprenderíamos.
¿Iba la noche a retener tu entrega?
Por la ventana el mar que nos separa.
Seremos uno interminablemente.

Ahora estás conmigo. Qué seguro,
qué distinto es el ser: en su coraje
me alcanzas. ¡Para siempre! Los poderes,
indolentes, ajenos, conocidos.

Hablé. Nosotros lo comprenderíamos.
¿Iba la noche a retener tu entrega?
Por la red el erial que nos separa.
Desnudos, absolutos, luminosos.

Esa boca aquí, cerca, nuestra, mía,
nuestra, tuya: si tuya, mía, mía:
lo feroz: arrecife de transcursos:
que yo, por ti, soy yo, todas tus veces.

Hablé. Nosotros lo comprenderíamos.
¿Iba la noche a retener tu entrega?
Por lo ayer el farol que nos separa.
En torbellino, frágiles, amándonos.

Ahora estoy contigo. Realidad,
ahora puedes afrontar el mar:
en la eficacia, el mar, con resistencia,
se levanta hacia el sol. Tú estás conmigo.

Ventana. Red. Lo ayer. ¿Qué nos separa?
Seremos uno, interminablemente
desnudos, absolutos, luminosos,
en torbellino, frágiles, amándonos.

***
David Rosenmann-Taub (Santiago de Chile, 1927)

sábado, 22 de enero de 2022

armando uribe arce / selección de poesía













NO TE AMO, amo los celos que te tengo,
son lo único tuyo que me queda,
los celos y la rabia que te tengo,
hidrófobo de ti me ahogo en vino.
 
No te amo, amo mis celos, esos celos
son lo único tuyo que me queda.
Cuando desaparezca en esos cielos
de odio te ladraré porque no vienes.

~

YO, DE POETA, fui prosaico
desde joven y hasta de viejo,
me contentaba el entrecejo
fruncido, y el aire de arcaico
que la fealdad adorna al uso
de otro mundo dado, susodicho.

~

Críticas a la vida sexual

*

Ciudades complicadas y secretas
y los terceros pisos en penumbra!
Libros de estampas japonesas,
Grabados en los muros, y abanicos,
Borlas de terciopelo y correas de seda,
Espejo grande oblicuo.
Amarrada a los pulsos, de los pies amarrada.
Sonrisa dolorosa con rouge color violeta.
Y la grupa es un grupo de amores que retozan
Con suaves movimientos de caballo las crines al aire del aliento.
Crimen de la virtud y delicia del vicio,
Anchas manchas violáceas, moretones
Dulcísimos, saliva como jugo
De agua marina, joyas en anillos
plateados, instrumentos de torturas
vehementes, el sol nos deja ciegos
con su relámpago y su rayo que desnuca.

~

La lengua habla de sí; dice: la lengua
es un pez en el agua; el pescador

es el silencio.


No sé mi nombre,
podría ser
hueso o gusano.
 
Vivo en el huerto
bajo el olivo.

~

Describo un día entero;
No me levanto, no ando,
no saludo ni escribo,
soy sordo, ciego, mudo,
sin tacto, sin olfato.
No siento nada ni me siento,
no estoy de pie ni me arrodillo,
Oh manco y cojo y jorobado
y zunco y zurdo y turnio. Sudo,
huelo a excremento; sí, me orino,
lloro del ojo para afuera, lloro del ojo para adentro.

~

Cinco poemas

*

1

La muerte sola es caos.
¿Alguien ha visto un caos?
No tiene piernas, brazos.
Muerte en silla de ruedas.
Muerte, no tiene caso
ni suerte, y ruedas, ruedas.

2

Se dicen los adioses
finales. ¿Por qué lloras?
Es que no hallo las horas
de morir. Y no hay caso.
Marcho paso tras paso
detrás de las señoras
fatales. ¿Por qué lloras?
No me quieren los dioses.

3

Líbrame: flojo y aburrido
me saco chispas de centolla,
bestia redonda me suicido,
en este mundo ¿quién me apoya?
En este mundo, en este nido
no cabes, muerte, en esta olla.

4

Y cómo quisiera estar muerto,
en traje de muerto,
con cofia y este par
de ojos negros abiertos.

5

Es muy probable que no seas
ni aquello ni lo otro
ni esto ni lo uno.
Adiós, adiós. ¿Qué hubo?
Qué me resta.

~

Los ataúdes

*

I

Sic transit gloria mundi, y las miserias
también son transitorias –las frecuentes
desgracias y la muerte de las fuentes
que se secan –el pasto de las eras
se estraga –y en las ferias
de los vivientes danzan calaveras.

Los muertos sufren calambres, pruritos
y otros males. Nadie hay para atenderlos.
Están en el hotel deshabitado
que se llama Ataúd. Es un estado
sin parangón. Los acucian los hielos,
pero son insensibles y ríen con sus rictus.

Ex –hombre con caras de tiza
metidos en cajas que se abren
como los tarros de hojalata,
decid: cómo es ese otro mundo.
Es inmundo.
Propio para la rata.
Se sufren hambres.
No digáis más, que el corazón se triza.

“Aiai, aai”, siempre habremos de morir,
somos tan transitorios como las flores,
como los perros, e iremos a dar
a los montones excrementicios o a los hoyos
de donde no se sale aplastados por un dedo
pulgar. Así se cesa.

“No dudo de Dios, no: dudo de mí.”
“Un mundo que es una carroña fofa”
hizo de mí esta baja estofa,
esta calaña, esta ralea, y -
y lo que es peor, me gobernó el gusano.
No tengo un solo hueso sano.
“Fétidas de miseria” mis heridas
que ya no quiero llamar mías (miasmas)

De qué les sirve la poesía.
Ni siquiera la leen.
Creen que es mariposas
efímeras. Sentados en sus comités
arrellanados en sus fosas
cómodos cuidan sus hidropesías

La poesía se mete en la boca
de los tontos, diciendo: “No tenemos
más destino”. Lo dijo el almirante
con vestidura de muerte o de loca.
Los poetas estamos en veremos
Esperando que se saque los guantes.

II

Los asesinos a la espera
de cuerpos del delito.
Ay, no tenemos más destino,
dicen, lavándose las manos
en sangre tinta negra.
Mientras los muertos retuercen sus manos.

III

Nunca se supo del destino
de los muertos botados bajo el signo
de la desolación al agua sucia
de mares, ríos, lagos, ductos
de alcantarillas inconclusas.
Manando seguirán los vestidos de luto.

~

A peor vida

*

Busco en vano la puerta: no hay umbrales
todo el suelo y lugar donde solía
jugar conmigo mismo a juegos tales
que no me atrevo a recordar hoy día.
Golpeo el suelo con el puño, fuerte
y se abre un hoyo cuyo nombre es muerte.

~

Quiero morir no muero
Soy un nudo de nervios 
y de antojos. De anteojos
y angustias. Nicho angosto.
Me angustia el nicho angosto en que me entierran
sin tierra, El tarro de conserva 
de hojalata con larvas.

~

Odio lo que odio rabio como rabio
el sumo amor sumo esplendor se atrofia
atroz el dico vobis amen amen
amén amén amor amor bazofia 
me hago la cruz en la frente y el labio
y sobre el corazón para que me amen
pero en cajón terminaré con cofia.

~

El ataúd no tiene puertas.
Su tapa superior fue condenada 
con tornillos. El nicho en la pared
no tiene puerta. Lo de adentro es nada.
¡Que no fuera verdad! Es cosa cierta.
Juzgada. No golpee en las paredes.

~

Hasta los cementerios mueren, hasta 
sobre los cementerios se hacen casas
y cuando pasa el tiempo se cultiva 
legumbres o más bien no hay alma viva 
en los alrededores y las masas 
de tierra arena y mierda nos devastan.

~

Suelo ser olvidado, quedo solo en mi casa
vestido como noble personaje.
La silla crea entonces su mujer,
seria como emigrante, y una dulce flaqueza
me topa como pájaro en los hombros.

Sigo en venta, cansado,
para perfecto amor de herida prima;
sigo poniendo sangres en las tiendas,
para comprarme un río de temblor.

~

Las muertes, los escándalos apenas
disimulados, la tortura eléctrica,
los sufrimientos y las penas
del corazón, la noche tétrica
de árboles negros, asimétrica,
caben en versos de manera excéntrica.

~

El secreto de su belleza
nunca lo supo ella tampoco.
En cuanto a mí, me volví loco
sin entenderlo, de tristeza.
Medio siglo después, no sé
de qué se trata, si algo fue.

~

El mar en la playa es saliva
empujada por lenguas olas
que se fatigan de estar vivas,
y se tienden porque se inmolan,
se hacen burbujas, se hacen colas
y en las ranuras yacen lívidas.

***
Armando Uribe Arce (Santiago de Chile, 1933-2020)

viernes, 22 de octubre de 2021

luis oyarzún / tres poemas


Hyde Park

*

Ah, tu respiración también esta ciudad invade.
No hay soledad, no hay paz sin tu temido aliento.
 que reclamas al fin, invisible, indiscreto?
Asedias mis oídos, mas no logras mudarme
Aunque una a una caigan tus hojas insistentes
O hagas gemir aceros y cabellos eléctricos,
Suspiros tremolantes de un firmamento ebrio,
No atiendo a tu temblor. ¡Por qué te mueves?
Oigo otra vez tus golpes sobre planchas de hielo
Como abiertos espejos que caen sobre el parque.
Eres tú quien trabaja, mas no te escucha nadie.
Vana es la majestad de tus pasos secretos.
También eres llevado como un pastor caído,
Contra tu amor llevado, inhábil peregrino.

~

Punta Arenas

*

Lo mejor no podía ser sino perderse
Por aquel camino cubierto de maderos podridos
Al lado de un mar cuya negrura resplandecía,
Bajo la lluvia que tan bien entendíamos.
Lo mejor era nuestra ignorancia absoluta
Y el extremo furor de una voluntad sin objeto.
Las gaviotas se habrían refugiado en los arrecifes.
Apretadas dormirían las nutrias
En los promontorios de humedad deslumbrante.
Aun para los peces era difícil nadar con esa lluvia,
Con ese viento que raspaba las negras calles.
Nos consoló saber que allí estaba aún la Andalucía,
Velero de cuatro palos declarado inservible.
No podía haber cosa mejor que perderse.
Callar profundamente. Renunciar al sol. 

~

Bajo las nubes, la corona del inca
pleamar sanguinarias docas.
Tertulia matinal de malvarrosas.
En un solo floripondio
despierta el sueño de todo el hospital.
Las altas palmeras se quiebran
con aletazos de palomas
que ponen contra el viento
para sola de gavilanes.
Un jardín de espuelas de galán
enardece sus flores a espaldas del sol.
Miro el interior de un floripondio:
aquí no hay ni invierno ni verano,
ni vida ni muerte ni calor ni frío
pura profundidad lunar,
universo espiral de antimateria.

Arica, 10 de julio, 1966. 

***
Luis Oyarzún (Santa Cruz, 1920-Valdivia, 1972) Necesidad del Arcoíris. Santiago de Chile: LOM Ediciones, 2002.

lunes, 19 de abril de 2021

stella díaz varín / cuatro poemas













Del espacio hacia acá, como dos tiempos

*

La noche,
dislocada como ala de cetáceo herido.
Amortajada siempre que la pupila niegue su orfandad.
Mar ampuloso y de grotesco seno;
cuando la claridad se haga en mí
no necesitaré de vuestra amada boca,
no necesitaré del meloso soliloquio de tu vértigo.

Me tienes, como un pez a su escama
miserablemente uncida a ti,
llevándote como niño caníbal al pecho de su madre.
Y no he de desperdiciar hora, para maldecir
tus pariciones de planetas fosforescentes
que vomitas a mi lado sin ninguna delicadeza…

Olvidada como árbol de desierto,
donde trasplanta el viajero su éxtasis sin experiencia,
feliz de abandonar el barco,
deseando encontrar en la tierra
la veta misteriosa de la felicidad.
¡Navegante audaz,
disociador del mar y de la tierra,
veneno oscuro será tu camino hacia el infinito!

Quién, sino el olvido,
quién sino la medida de una juventud soslayada
viene en mi ayuda ahora.
Ahora que he aprendido a pronunciar palabras
contra Dios y sus signos
y me arrodillo de hipocresía ante los conocidos.
Cuando en ángulo recto junto a una puerta
espero la palabra de bienvenida.
Y sólo escucho dentro, ruidos de vasos
llenos de un vino generoso que jamás probaré…

Hay continentes simples, de un solo país
con ciudades elementales y casas de un piso
donde podría abandonarme,
y a tientas buscar el ocio y sus virtudes.
Pero el recuerdo tan sólo de tan buscado paraje,
me pinta en la cara un gesto de asco.
– Como si penetrara a la habitación del amor
y me encontrara con tres cadáveres
ante una cena inconclusa de ostras descompuestas-.

~

Dos de noviembre

*

No quiero
Que mis muertos descansen en paz
Tienen la obligación
De estar presentes
Vivientes en cada flor que me robo
A escondidas
Al filo de la medianoche
Cuando los vivos al borde del insomnio
Juegan a los dados
Y enhebran su amargura.

Los conmino a estar presentes
En cada pensamiento que desvelo

No quiero que los míos
Se me olviden bajo tierra
Los que allí los acostaron
No resolvieron la eternidad

No quiero
Que mis muertos me los hundan
Me los ignoren
Me los hagan olvidar
Aquí o allá
En cualquier hemisferio

Los obligo a mis muertos
En su día
Los descubro, los trasplanto
Los desnudo
Los llevo a la superficie
A flor de tierra
Donde está esperándolos
El nido de la acústica.

~

Del pecado y su símbolo

*

Amor,
Yo he mancillado las entrañas del árbol.
Las golondrinas volaron del alero
hacia extraños veranos.
Amor,
no repitas la plegaria del árbol
ni me digas amante.

El silencio del agua, desde el límite
de tu absurda presencia,
desparramó la ausencia de mis huecas palabras.

Maldigo entre las sombras, el espejo
que copia de mi boca su mueca descarnada,
y el polvo de mis huesos se mece en tus trigales
y de insomnio, ríe el alma.

Si he mancillado el árbol en su efigie
y bebo del licor de la amapola en su cráneo de mieles
si he hundido mi violento meditar inaudito
en el cielo de brumas que me cubre las sienes
si el huerto se estremece de mi propio cadáver
si el fuego me circunda,
si he bebido el venero de mi celeste arteria
¿Qué podría ofrecerte?

Después que fui contigo al Apocalipsis,.
se trastocó de hieles mi copa rebosante,
y después el andar, y el andar y después.
la muerte con su muerte…

No. Ya no podría serte.
¿No ves que la muralla, y el abismo y la hoguera
me separan del alma?

Amor, no repitas la plegaria del árbol
que me quema los ojos una lagrima tuya
y he de vencer la absurda fortaleza del llanto.

Amor,
no repitas la plegaria del árbol
ni me digas amante.

~

La palabra

*

Una sola será mi lucha
Y mi triunfo;
Encontrar la palabra escondida
aquella vez de nuestro pacto secreto
a pocos días de terminar la infancia.
Debes recordar
dónde la guardaste
Debiste pronunciarla siquiera una vez…
Ya la habría encontrado
Pero tienes razón ese era el pacto.
Mira cómo está mi casa, desarmada.
Hoja por hoja mi casa, de pies a cabeza.
Y mi huerto, forado permanente
Y mis libros cómo mi huerto,
Hojeado hasta el deshilache
Sin dar con la palabra.
Se termina la búsqueda y el tiempo.
Vencida y condenada
Por no hallar la palabra que escondiste.

***
Stella Díaz Varín (La Serena, 1926-Santiago de Chile, 2006)

sábado, 19 de septiembre de 2020

efraín barquero / de "bandos marciales"













Bando 88

*

Comunicamos que pueden retornar a su patria
todos los despojados por el gobierno de Allende:
La Kennecott, la Anaconda, la ITT, la Petroquímica Dow
los compatriotas a quienes robaron provincias enteras,
la familia Edwards diezmada por el mundo,
Viaux, Enrique Marshall, Pablo Rodríguez,
la Empresa Zig-Zag, la Colonia Chilena de Colombia,
los heroicos grupos de Patria y Libertad
y los patriotas que eliminaron a Schneider.

~

Bando 103

*

Hemos encontrado la fórmula
para despolitizar las universidades:
expulsando la mitad del alumnado,
expulsando la mitad del profesorado
y acortando los estudios a la mitad.
Mens sana in corpore sano.

~

Bando 118

*

Cúmplenos expresar nuestra sincera aflicción
por el desaparecimiento de Pablo Neruda,
autor este de varios libros sobre los pájaros
y gran cultor de nuestras bellezas patrias.

~

Bando 202

*

Se exagera el número de muertos
en esta operación de limpieza de nuestro país.
Son muy pocos. Los justos, los necesarios,
cuando están en juego cosas tan importantes
como Dios, la Patria y Libertad.

~

Bando 217

*

Atención, atención, comuníquese y transcríbase:
la Junta ha resuelto desde ahora
no perseguir más las ideas sino a los delincuentes.

~

Bando 295

*

Se nos acusa injustamente de ser xenófobos,
delicado término que se puede confundir con hidrófobo.
Por tanto, expresamos que no somos ni lo uno ni lo otro.

~

Bando 331

*

Hay una serie de organismos internacionales
que están metiendo mucho ruido con algo tan abstracto
como los derechos humanos de gente que no conocen.

~

Bando 371

*

Se comunica a todos los buenos chilenos,
aquellos que se han quedado en el país,
a entregar sus libros, los propios y ajenos.
Los poseedores que traigan sus volúmenes
con notas al margen o frasecitas marcadas,
deberán explicar, ante nuestros calígrafos,
por qué lo hicieron e identificarse políticamente.
Se hará un censo de lectores en la población
atendido por cabos y damas del Rotary Club.

~

Bando 400

*

Denunciamos que estamos muy infiltrados.
Nos quejaremos inmediatamente a la CIA.

~

Bando 528

*

Informamos que, ante la fuga de cerebros,
el Gobierno dará la oportunidad
a muchos coroneles en retiro para ocupar el cargo.

~

Bando 595

*

Cúmplenos expresar que el advenimiento de la Junta
demuestra que Dios
aún no se ha retirado a sus cuarteles de invierno

***
Efraín Barquero (Piedra Blanca, 1931-Santiago de Chile, 2020)

martes, 15 de septiembre de 2020

enrique lihn / jonás









Todo lo podría condenar igualmente, no se me pregunte en nombre de qué.
En nombre de Isaías, el profeta, pero con el grotesco gesto inconcluso de su colega Jonás
que nunca llegó a cumplir su pequeña comisión sujeto a los altos y bajos
del bien y del mal, a las variables circunstancias históricas
que lo hundieron en la incertidumbre de un vientre de ballena.
Como Jonás, el bufón del cielo, siempre obstinado en cumplir su pequeña comisión, el porta—documentos incendiario bajo la axila sudorosa, el paraguas raído a modo de pararrayos.
Y la incertidumbre de Jehová sobre él, indeciso entre el perdón y la cólera, tomándolo y arrojándolo, a ese viejo instrumento de utilidad dudosa
caído, por fin, en definitivo desuso.

Yo también terminaré mis días bajo un árbol
pero como esos viejos vagabundos ebrios que abominan de todo por igual, no me pregunten
nada, yo sólo sé que seremos destruidos.
Veo a ciegas la mano del señor cuyo nombre no recuerdo,
los frágiles dedos torpemente crispados. Otra cosa, de nuevo, que nada tiene que ver. Recuerdo algo así como...
no, no era más que eso. Una ocurrencia, lo mismo da. Ya no sé a dónde voy otra vez.
Asísteme señor en tu abandono.

***
Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1929-1988)

domingo, 14 de junio de 2020

matilde ladrón de guevara / el crepúsculo













a mi esposo Marcial Arredondo Lillo

Fuego dormido, pausa del ocaso.
Dorada miel del trabajo vuelo.
Vencida sangre, enternecido celo,
vino de abismo en el profundo vaso.

Sabia desesperanza en el fracaso,
pupila firme en el activo cielo,
frente a la noche, desprendido vuelo
que hacia la muerte nos incita el paso.

Y esperanza también o despedida
que se prende a los soles de la vida
con garras de naufragio y de delirio.

Besas en el crepúsculo la rosa.
Quemas la frente en la ebriedad fogosa,
y alzas en llama el último martirio.

***
Matilde Ladrón de Guevara (Santiago, 1910-2009)

lunes, 24 de septiembre de 2018

enrique lihn / nunca salí del horroroso chile











Nunca salí del horroroso Chile
mis viajes, que no son imaginarios
tardíos, sí -momentos de un momento-
no me desarraigaron del eriazo
remoto y presuntuoso
Nunca salí del habla que el Liceo Alemán
me infligió en sus dos patios como en un regimiento
mordiendo con ella el polvo de un exilio imposible
Otras lenguas me inspiran un sagrado rencor:
el miedo de perder con la lengua materna
toda la realidad. Nunca salí de nada.

***
Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1929-1988)