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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.
Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía mexicana. Mostrar todas las entradas
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martes, 4 de noviembre de 2025

octavio paz / himno entre ruinas













  donde espumoso el mar siciliano…
                                        Góngora

Coronado de sí el día extiende sus plumas.
¡Alto grito amarillo,
caliente surtidor en el centro de un cielo
imparcial y benéfico!
Las apariencias son hermosas en esta su verdad
momentánea.
El mar trepa la costa,
se afianza entre las peñas, araña deslumbrante;
la herida cárdena del monte resplandece;
un puñado de cabras es un rebaño de piedras;
el sol pone su huevo de oro y se derrama sobre el mar.
Todo es dios.
¡Estatua rota,
columnas comidas por la luz,
ruinas vivas en un mundo de muertos en vida!

Cae la noche sobre Teotihuacan.
En lo alto de la pirámide los muchachos fuman marihuana,
suenan guitarras roncas.
¿Qué yerba, qué agua de vida ha de darnos la vida,
dónde desenterrar la palabra,
la proporción que rige al himno y al discurso,
al baile, a la ciudad y a la balanza?
El canto mexicano estalla en un carajo,
estrella de colores que se apaga,
piedra que nos cierra las puertas del contacto.
Sabe la tierra a tierra envejecida.

Los ojos ven, las manos tocan.
Bastan aquí unas cuantas cosas:
tuna, espinoso planeta coral,
higos encapuchados,
uvas con gusto a resurrección,
almejas, virginidades ariscas,
sal, queso, vino, pan solar.
Desde lo alto de su morenía una isleña me mira,
esbelta catedral vestida de luz.
Torres de sal, contra los pinos verdes de la orilla
surgen las velas blancas de las barcas.
La luz crea templos en el mar.

Nueva York, Londres, Moscú.
La sombra cubre al llano con su yedra fantasma,
con su vacilante vegetación de escalofrío,
su vello ralo, su tropel de ratas.
A trechos tirita un sol anémico.
Acodado en montes que ayer fueron ciudades,
Polifemo bosteza.
Abajo, entre los hoyos, se arrastra un rebaño de hombres.
(Bípedos domésticos, su carne
-a pesar de recientes interdicciones religiosas-
es muy gustada por las clases ricas.
Hasta hace poco el vulgo los consideraba animales impuros.)

Ver, tocar formas hermosas, diarias.
Zumba la luz, dardos y alas.
Huele a sangre la mancha de vino en el mantel.
Como el coral sus ramas en el agua
extiendo mis sentidos en la hora viva:
el instante se cumple en una concordancia amarilla,
¡oh mediodía, espiga henchida de minutos,
copa de eternidad!

Mis pensamientos se bifurcan, serpean, se enredan,
recomienzan,
y al fin se inmovilizan, ríos que no desembocan,
delta de sangre bajo un sol sin crepúsculo.
¿Y todo ha de parar en este chapoteo de aguas muertas?

¡Día, redondo día,
luminosa naranja de veinticuatro gajos,
todos atravesados por una misma y amarilla dulzura!
La inteligencia al fin encarna,
se reconcilian las dos mitades enemigas
y la conciencia-espejo se licua,
vuelve a ser fuente, manantial de fábulas:
Hombre, árbol de imágenes,
palabras que son flores que son frutos que son actos.

[1948]

***
Octavio Paz (Ciudad de México, 1914-1998)

sábado, 1 de noviembre de 2025

jaime sabines / algo sobre la muerte del mayor sabines (primera parte)













1. Déjame reposar,
aflojar los músculos del corazón
y poner a dormitar el alma
para poder hablar,
para poder recordar estos días,
los más largos del tiempo.
Convalecemos de la angustia apenas
y estamos débiles, asustadizos,
despertando dos o tres veces de nuestro escaso sueño
para verte en la noche y saber que respiras.
Necesitamos despertar para estar más despiertos
en esta pesadilla llena de gentes y de ruidos.
Tú eres el tronco invulnerable y nosotros las ramas,
por eso es que este hachazo nos sacude.
Nunca frente a tu muerte nos paramos
a pensar en la muerte,
ni te hemos visto nunca sino como la fuerza y la alegría.
No lo sabemos bien, pero de pronto llega
un incesante aviso,
una escapada espada de la boca de Dios
que cae y cae y cae lentamente.
y he aquí que temblamos de miedo,
que nos ahoga el llanto contenido,
que nos aprieta la garganta el miedo.
Nos echamos a andar y no paramos
de andar jamás, después de medianoche,
en ese pasillo del sanatorio silencioso
donde hay una enfermera despierta de ángel.
Esperar que murieras era morir despacio,
estar goteando del tubo de la muerte,
morir poco, a pedazos.
No ha habido hora más larga que cuando no dormías,
ni túnel más espeso de horror y de miseria
que el que llenaban tus lamentos,
tu pobre cuerpo herido.

2. Del mar, también del mar,
de la tela del mar que nos envuelve,
de los golpes del mar y de su boca,
de su vagina oscura,
de su vómito,
de su pureza tétrica y profunda,
vienen la muerte, Dios, el aguacero
golpeando las persianas,
la noche, el viento.
De la tierra también,
de las raíces agudas de las casas,
del pie desnudo y sangrante de los árboles,
de algunas rocas viejas que no pueden moverse,
de lamentables charcos, ataúdes del agua,
de troncos derribados en que ahora duerme el rayo,
y de la yerba, que es la sombra de las ramas del cielo,
viene Dios, el manco de cien manos,
ciego de tantos ojos,
dulcísimo, impotente.
(Omniausente, lleno de amor,
el viejo sordo, sin hijos,
derrama su corazón en la copa de su vientre.)
De los huesos también,
de la sal más entera de la sangre,
del ácido más fiel,
del alma más profunda y verdadera,
del alimento más entusiasmado,
del hígado y del llanto,
viene el oleaje tenso de la muerte,
el frío sudor de la esperanza,
y viene Dios riendo.
Caminan los libros a la hoguera.
Se levanta el telón: aparece el mar.
(Yo no soy el autor del mar.)

3. Siete caídas sufrió el elote de mi mano
antes de que mi hambre lo encontrara,
siete mil veces he muerto
y estoy risueño como en el primer día.
Nadie dirá: no supo de la vida
más que los bueyes, ni menos que las golondrinas.
Yo siempre he sido el hombre, amigo fiel del perro,
hijo de Dios desmemoriado,
hermano del viento.
¡A la chingada las lágrimas!, dije,
y me puse a llorar
como se ponen a parir.
Estoy descalzo, me gusta pisar el agua y las piedras,
las mujeres, el tiempo,
me gusta pisar la yerba que crecerá sobre mi tumba
(si es que tengo tumba algún día).
Me gusta mi rosal de cera
en el jardín que la noche visita.
Me gustan mis abuelos de totomoste
y me gustan mis zapatos vacíos
esperándome como el día de mañana.
¡A la chingada la muerte!, dije,
sombra de mi sueño,
perversión de los ángeles,
y me entregué a morir
como una piedra al río,
como un disparo al vuelo de los pájaros.

4. Vamos a hablar del Príncipe Cáncer,
Señor de los Pulmones, Varón de la Próstata,
que se divierte arrojando dardos
a los ovarios tersos, a las vaginas mustias,
a las ingles multitudinarias.
Mi padre tiene el ganglio más hermoso del cáncer
en la raíz del cuello, sobre la subclavia,
tubérculo del bueno de Dios,
ampolleta de la buena muerte,
y yo mando a la chingada a todos los soles del mundo.
El Señor Cáncer, El Señor Pendejo,
es sólo un instrumento en las manos obscuras
de los dulces personajes que hacen la vida.
En las cuatro gavetas del archivero de madera
guardo los nombres queridos,
la ropa de los fantasmas familiares,
las palabras que rondan
y mis pieles sucesivas.
También están los rostros de algunas mujeres,
los ojos amados y solos
y el beso casto del coito.
Y de las gavetas salen mis hijos.
¡Bien haya la sombra del árbol
llegando a la tierra,
porque es la luz que llega!

5. De las nueve de la noche en adelante
viendo la televisión y conversando
estoy esperando la muerte de mi padre.
Desde hace tres meses, esperando.
En el trabajo y en la borrachera,
en la cama sin nadie y en el cuarto de niños,
en su dolor tan lleno y derramado,
su no dormir, su queja y su protesta,
en el tanque de oxígeno y las muelas
del día que amanece, buscando la esperanza.
Mirando su cadáver en los huesos
que es ahora mi padre,
e introduciendo agujas en las escasas venas,
tratando de meterle la vida, de soplarle
en la boca del aire…
(Me avergüenzo de mí hasta los pelos
por tratar de escribir estas cosas.
¡Maldito el que crea que esto es un poema!)
Quiero decir que no soy enfermero,
padrote de la muerte,
orador de panteones, alcahuete,
pinche de Dios, sacerdote de las penas.
Quiero decir que a mí me sobra el aire…

6. Te enterramos ayer.
Ayer te enterramos.
Te echamos tierra ayer.
Quedaste en la tierra ayer.
Estás rodeado de tierra
desde ayer.
Arriba y abajo y a los lados
por tus pies y por tu cabeza
está la tierra desde ayer.
Te metimos en la tierra,
te tapamos con tierra ayer.
Perteneces a la tierra
desde ayer.
Ayer te enterramos
en la tierra, ayer.

7. Madre generosa
de todos los muertos,
madre tierra, madre,
vagina del frío,
brazos de intemperie,
regazo del viento,
nido de la noche,
madre de la muerte,
recógelo, abrígalo,
desnúdalo, tómalo,
guárdalo, acábalo.

8. No podrás morir.
Debajo de la tierra
no podrás morir.
Sin agua y sin aire
no podrás morir.
Sin azúcar, sin leche,
sin frijoles, sin carne,
sin harina, sin higos,
no podrás morir.
Sin mujer y sin hijos
no podrás morir.
Debajo de la vida
no podrás morir.
En tu tanque de tierra
no podrás morir.
En tu caja de muerto
no podrás morir.
En tus venas sin sangre
no podrás morir.
En tu pecho vacío
no podrás morir.
En tu boca sin fuego
no podrás morir.
En tus ojos sin nadie
no podrás morir.
En tu carne sin llanto
no podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
Enterramos tu traje,
tus zapatos, el cáncer;
no podrás morir.
Tu silencio enterramos.
Tu cuerpo con candados.
Tus canas finas,
tu dolor clausurado.
No podrás morir.

9. Te fuiste no sé a dónde.
Te espera tu cuarto.
Mi mamá, Juan y Jorge
te estamos esperando.
Nos han dado abrazos
de condolencia, y recibimos
cartas, telegramas, noticias
de que te enterramos,
pero tu nieta más pequeña
te busca en el cuarto,
y todos, sin decirlo,
te estamos esperando.

10. Es un mal sueño largo,
una tonta película de espanto,
un túnel que no acaba
lleno de piedras y de charcos.
¡Qué tiempo éste, maldito,
que revuelve las horas y los años,
el sueño y la conciencia,
el ojo abierto y el morir despacio!

11. Recién parido en el lecho de la muerte,
criatura de la paz, inmóvil, tierno,
recién niño del sol de rostro negro,
arrullado en la cuna del silencio,
mamando obscuridad, boca vacía,
ojo apagado, corazón desierto.
Pulmón sin aire, niño mío, viejo,
cielo enterrado y manantial aéreo
voy a volverme un llanto subterráneo
para echarte mis ojos en tu pecho.

12. Morir es retirarse, hacerse a un lado,
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nado
y estar en todas partes en secreto.
Morir es olvidar, ser olvidado,
refugiarse desnudo en el discreto
calor de Dios, y en su cerrado
puño, crecer igual que un feto.
Morir es encenderse bocabajo
hacia el humo y el hueso y la caliza
y hacerse tierra y tierra con trabajo.
Apagarse es morir, lento y aprisa,
tomar la eternidad como a destajo
y repartir el alma en la ceniza.

13. Padre mío, señor mío, hermano mío,
amigo de mi alma, tierno y fuerte,
saca tu cuerpo viejo, viejo mío,
saca tu cuerpo de la muerte.
Saca tu corazón igual que un río,
tu frente limpia en que aprendí a quererte,
tu brazo como un árbol en el frío,
saca todo tu cuerpo de la muerte.
Amo tus canas, tu mentón austero,
tu boca firme y tu mirada abierta,
tu pecho vasto y sólido y certero.
Estoy llamando, tirándote la puerta.
Parece que yo soy el que me muero:
¡padre mío, despierta!

14. No se ha roto ese vaso en que bebiste,
ni la taza, ni el tubo, ni tu plato.
Ni se quemó la cama en que moriste,
ni sacrificamos un gato.
Te sobrevive todo. Todo existe
a pesar de tu muerte y de mi flato.
Parece que la vida nos embiste
igual que el cáncer sobre tu omoplato.
Te enterramos, te lloramos, te morimos,
te estás bien muerto y bien jodido y yermo
mientras pensamos en la que no hicimos
y queremos tenerte aunque sea enfermo.
Nada de lo que fuiste, fuiste y fuimos
a no ser habitantes de tu infierno.

15. Papá por treinta o por cuarenta años,
amigo de mi vida todo el tiempo,
protector de mi miedo, vaso mío,
palabra clara, corazón resuelto,
te has muerto cuando menos falta hacías,
cuando más falta me haces, padre, abuelo,
hijo y hermano mío, esponja de mi sangre,
pañuelo de mis ojos, almohada de mi sueño.
Te has muerto y me has matado un poco.
Porque no estás, ya no estaremos nunca
completos, en un sitio, de algún modo.
Algo le falta al mundo, y tú te has puesto
a empobrecerlo más, ya hacer a solas
tus gentes tristes y tu Dios contento.

16. (Noviembre 27)
¿Será posible que abras los ojos y nos veas ahora?
¿Podrás oírnos?
¿Podrás sacar tus manos un momento?
Estamos a tu lado. Es nuestra fiesta,
tu cumpleaños, viejo.
Tu mujer y tus hijos, tus nueras y tus nietos
venimos a abrazarte, todos, viejo.
¡Tienes que estar oyendo!
No vayas a llorar como nosotros
porque tu muerte no es sino un pretexto
para llorar por todos,
por los que están viviendo.
Una pared caída nos separa,
sólo el cuerpo de Dios, sólo su cuerpo.

17. Me acostumbré a guardarte, a llevarte lo mismo
que lleva uno su brazo, su cuerpo, su cabeza.
No eras distinto a mí, ni eras lo mismo.
Eras, cuando estoy triste, mi tristeza.
Eras, cuando caía, eras mi abismo,
cuando me levantaba, mi fortaleza.
Eras brisa y sudor y cataclismo
y eras el pan caliente sobre la mesa.
Amputado de ti, a medias hecho
hombre o sombra de ti, sólo tu hijo,
desmantelada el alma, abierto el pecho,
ofrezco a tu dolor un crucifijo:
te doy un palo, una piedra, un helecho,
mis hijos y mis días, y me aflijo.

***
Jaime Sabines (Tuxtla Gutiérrez, 1926-Ciudad de México, 1999)

lunes, 8 de septiembre de 2025

rosario castellanos / falsa elegía









Compartimos sólo un desastre lento. 
Me veo morir en ti, en otro, en todo 
y todavía bostezo o me distraigo 
como ante el espectáculo aburrido. 

Se destejen los días, 
las noches se consumen antes de darnos cuenta; 
así nos acabamos. 

Nada es. Nada está 
entre el alzarse y el caer del párpado. 

Pero si alguno va a nacer (su anuncio, 
la posibilidad de su inminencia 
y su peso de sílaba en el aire), 
trastorna lo existente, 
puede más que lo real 
y desaloja el cuerpo de los vivos. 

***
Rosario Castellanos (Ciudad de México, 1925-Tel Aviv, 1974)

jueves, 19 de junio de 2025

elsa cross / de lejos viene









Cuando lo sepas quisiera ver tu cara.
Por que vas a saberlo
aunque no te lo diga
ni leas estos poemas.
¿Cambiará algo entonces?
Es imposible
que no adviertas aún mi turbación:
tanto desorden de miradas,
tanta avidez
registrando el más breve de tus gestos.
¿Y nada modifica tu indolencia?
Ah, íntegro varón, que Dios te guarde.
Pero voy a aclararte
en nombre de esta cólera
y a manera de agravio,
que si te amo
es seguramente por error.
has de saber
que nunca me gustaron ojos desteñidos
ni maneras solemnes,
menos aún cabello lacio y bien peinado
(y de la solemnidad líbrame Dios, libérame).
También has de saber que eres
demasiado sencillo para mi soledad,
demasiado humano para mi deseo,
demasiado lineal
para la arquitectura de este laberinto.
Pero ya basta: pido una disculpa.
Ocurre tal vez
que sólo seas un poco distraído.
Vendrá entonces de ti
el reconocimiento
o una sincera frase paternal.

***
Elsa Cross (Ciudad de México, 1946)

jueves, 12 de junio de 2025

ana franco ortuño / fabulación de los poetas actuales









I
Me muevo en el registro de las oquedades
(o del registro)
Busco la luz
Como quien busca los lentes que trae en la cabeza
siendo que lo mío no fue nunca
   
 ese

situar la latitud del pozo humano
O fábula de una vida llena/vacía
de bestias que sueñan que soñaron
(si soñaron)
Pero que tienen Hambre


II
—No fuimos nosotros quienes nos detuvimos
—No hubo nada que pudiéramos hacer

[Enfrente la construcción avanza: el ruido (voces y máquinas) de quienes construyen. Gritan y silban mientras tejen enormes hiladas de acero con los brazos. Y martillan la sinfónica polvareda de un futuro edificio que por lo pronto conjuga risa y pobreza. Los hombres, que sí cantan].

***
Ana Franco (Ciudad de México, 1969)

jueves, 8 de mayo de 2025

coral bracho / personajes bajo otro tiempo










Lo que no es
comienza a ser con vehemencia.
Abre y enciende escenas,
las echa a andar. Bajan
los personajes y entran con soltura
a los cuartos. Prenden
la estufa y se hacen un té. Jalan sillas,
se sientan
y platican. Afuera la lluvia arrecia.
No hay paraguas
suficientes. Se quedarán.
Bajo este tiempo sin huellas
pasarán otra noche.  Lo que es
ya no es

***
Coral Bracho (Ciudad de México, 1951)

martes, 25 de febrero de 2025

manuel de j. jiménez / la búsqueda del ciudadano ausente (fragmento)









La trayectoria es ligera y suave, forma una línea punteada a partir de la luz de un fósforo. Después se tensa un látigo incendiando los enlaces vitales. El intercambio clave para desvanecerse: reventar por la alta tensión en un espectáculo al aire libre, estallar en el punto más alto, sin riesgo, como las cabezas de los fuegos artificiales. Podría decir que la ausencia viene tras el giro incompleto de la muerte o en un zumbido descarnado a fin de extraviarnos entre todas las cosas. No logro comprender las terminales de este dispositivo que enceguece sin dejar cenizas o restos dactilares en las actas y los libros. En verdad no hay registro ni causa que explique la suerte de mi hermano. Ahora ni siquiera ha nacido y sus documentos fueron borrados por un éxtasis en las palabras.

Hay quienes afirman que la ausencia es un ciclo idílico a través de una elipse virginal: un océano con continentes de humo. Se sabe que las personas mantienen pausas y silencios irrealizables para nosotros; son alcanzadas súbitamente por un paréntesis interior donde lo vívido es un pensamiento nuevo que nunca pasa de largo. ¿Quiénes son ellos? 1) Las matrículas sin cifras de una ciudad, 2) Los ciudadanos vaporizados por hora, 3) Las hileras blancas en el pavimento hecho por los agentes. Sin embargo, sé que siguen allí, en un instante que no logramos hallar por la urgencia de los días. Señales existen, siempre en la misma dirección se pronuncian los testimonios. Escucha sus espaciosos lapsos. Nunca creí a tantos ausentes bajo mi marca.

Busco a uno de ellos, el más luminoso de mis hermanos. Su expediente fue leído entre líneas años atrás, ahora es una pila de hojas blancas que llevo a todas partes. Nadie recuerda su nombre. Pregunté a los amigos y familiares, pero sus rostros disfrazaban el pánico dentro de sus bocas. El silencio como una tapia de apellidos y sellos rojos; las mandíbulas que se trababan ante la luz. Nunca perdí la confianza, aunque la gente enmudecía cada vez que las banderas en mis ojos se doblaron por el sufrimiento, por una dictadura sorda y sus desaparecidos.

Allí en un ademán pude recabar información. Algunas cifras en peritajes y confesiones. Allí en el viraje de un gesto bajo las alturas de la bienaventuranza. El cielo brillando en medio del destino de estas entidades que fueron en algún momento hombres y mujeres. Allí entre los huecos de un monosílabo. Las voces proscritas vibrando en la punta de la lengua. Allí en el dique fracturado por el sobrepeso oficinista. Los expedientes flotando en un firmamento sin estrellas.


Testimonio del C.A.


Yo solía vivir en esta ciudad. Mi felicidad no era real ni ilusoria, simplemente posible o, mejor dicho, probable. Toda mi vida transité con luces intermitentes por estas calles, evadiendo las avenidas reversibles. A veces no lo lograba y, sin darme cuenta, ya conducía en sentido contrario. Siempre me consideré buen ciudadano: no tiraba basura en los parques públicos, acudía a las juntas vecinales y respetaba las luces del semáforo (no sólo como automovilista sino como peatón). Eso, en esta ciudad de condominios anestesiados, ya era bastante con la cantidad de fantasmas que acechan debajo de los puentes peatonales: seres que se frotan las manos por el deseo contenido y se lanzan ávidamente sobre los coches. En fin, era una tarde de cigarrillos o quizás un crepúsculo de colillas de cigarros, no lo recuerdo con claridad. Salí de la oficina descompuesto por el aire tóxico y apestoso de las calles del Centro, con el tufo de comida y mugre estancada. Noté que tres sujetos seguían mis pasos con discreción; medían distancias y trayectorias. Sin más, uno de ellos me alcanzó y me preguntó la hora. Yo contesté, con naturalidad y cortesía, que mi cálculo sería exorbitante porque iba en sentido contrario a causa de las manecillas del reloj y las avenidas reversibles. Al instante otra sombra, con voz chillante y telefónica, dijo que en ese momento se me iniciaba el procedimiento de ausencia. Ellos por razones de seguridad no se identificaron como servidores públicos y me hicieron creer su autoridad: advirtieron que sus facultades como agentes eran amplias y, acto siguiente, abrieron varios vértices tridimensionales con elipsis y pleonasmos. A partir de allí sentí una comezón intensa en el cuello que, en un primer momento, atribuí al nudo seco de la corbata. Grave error. En realidad se trataba de la primera letra que, para ese entonces, ya oscilaba en mi cavidad vertebrada. Entonces se me notificó el estatus de cuasi-existente. Los agentes continuaron silenciosos con la diligencia. A partir de allí tuve que moverme entre paréntesis e intervalos.

***
Manuel de J. Jiménez (Antiguo Distrito, 1986)

sábado, 11 de enero de 2025

amaranta caballero prado / de ser posible













Luego de cuatro meses de volver a casa
los pájaros de la mañana siguen
sonando a fresco, a plantas, a cerros de
tierra fértil entre hojarasca y armadura;
Diríase que los barcos siempre pasaron
por aquí en días inciertos de bruma
y querosene, pero nada de eso,
salitre es lo que extraño
con sus curaciones respiratorias y
exfoliantes de la piel porque entre tanta
venda y achicoria entre cortes, tajos y
rebanaditas, las jeringas prominentes
y las gasas vaporosas, ya mis trazos, dibujitos,
no me dicen ni me hablan ni me consienten.
Aguanieve sobre la ciudad, incendios provocados
en los cerros mis vecinos, pulcritud y una extraña
cosa nueva que aún no identifico porque aprendí
a pensar que luego de cierto tiempo y en otro lugar
todo lo raro vuelve y se presenta en su mejor traje
de fiesta. Limpio y sin costuras.
Todavía se siente la alegría de caminar el patio
de la recámara hacia la cocina; el frío del comedor
se cuela entre las sílabas, las letras y palabras
porque es la manera de decir que es tiempo de volver
como hace cuatro meses, habitar un lugar y
cargar con esas dos maletas que ojalá no guarden
ni miedo ni pesadillas. Espanto comprobar
las cargas de cada quién, los vacíos de cada cual;
la hora de la mañana parla puntual desde un reloj
y pinta de oro macizo los recovecos del habla.
Muchos fueron los lugares donde nunca
bebí un café y pocos más fueron los sitios
donde evité llegar porque me di cuenta que
empecé a ser más feliz caminando
y hablando sola, de ser posible en voz alta.

***
Amaranta Caballero Prado (Guanajuato, 1973)

jueves, 9 de enero de 2025

xitlalitl rodríguez mendoza / dos poemas









Para escribir se necesitan recursos. Y los errores son una mina. Marcar fallas en el calendario, de nuevo, breves hilos, días, conjeturas, estirar relaciones, afinar la tensión, la competencia, diría Bourdieu, en el campo. El tiempo sin trabajar escupe, aísla, estimula las formas más diversas de mortificar el cuerpo. Un barbero le hizo una sangría a Santa Teresa de Jesús el 3 de octubre. El 4 murió ella. Al día siguiente se instauró el calendario gregoriano; su muerte nació el 15 de octubre de 1582. Yo, el 15 de octubre de 1982. Un dato estrafalario, sin importancia, que sin embargo, me hace lucir mejor cuando me imagino como Alaska y grito Quiero ser santa ante el aullido y la ovación, al despeñarse contra el suelo de la ducha, de millones de gotitas de agua que debería pagar antes de irme al trabajo y de que corten el suministro.

~

Cuando digo tu nombre, nombro todo lo que está fuera de mí. Combustible. Una penumbra en lentejuelas me abraza hasta el amanecer y te veo, al piano, como un pequeño dios o como la viruta esparcida de un borrador gastado de raspar este garabato que soy, esta errata, esta persona que pudo haber sido un mail o un tuit o un 21 en un boletito del camión. En tus partituras siempre hay nombres, como notas, como si Satie estuviera lamiéndote los dedos. Tarareas algo que me hace sentir que moriré mañana y entonces adelanto lo que pueda de esta traducción que —me dicen— tiene un registro demasiado alto. Debo bajarlo. Igual que el último rastro de lo que me queda, algunas palabras que seguirán sirviendo si les quito el polvo. Palabras como la palabra polvo o Conasupo, palabras datadas entre los años ochenta y noventa y, acaso, tú que aún me sirve para definir algo inabarcable, como un crédito hipotecario: algo a lo que no puedo acceder.

***
Xitlalitl Rodríguez Mendoza (Guadalajara, 1982)

domingo, 17 de noviembre de 2024

gerardo deniz / lámpara maravillosa










El alifrit está frito, nadie frota.
Por el ojo de la lámpara, bajo una marina peor,
atisba
y ve que éste va a ser otro hogar como es debido.
El señor corre al centro del departamento, se llena la boca de
     arena y la escupe por la ventana.
Es que está construyendo el nido.
El alifrit quisiera poner un toque de iniciativa -un mordente,
     digamos- en esta cadena siniestra de actos automáticos
     (dos tonos, un semitono, tres tonos, otro semitono):
un grano de pimienta -digamos- en el lecho ázimo.
Pero es inútil: nadie frota.

***
Gerardo Deniz (Madrid, 1934-Ciudad de México, 2014)

jueves, 17 de octubre de 2024

carmen boullosa / carta al lobo










Querido Lobo:
Llego aquí después de cruzar el mar abierto del bosque,
el mar vegetal que habitas,
el abierto de ira en la oscuridad y la luz que lo cruza
a hurtadillas,

en su densa, inhabitable noche de aullidos que impera
incluso de día o en el silencio

mar de resmas de hojas
que caen y caen y crecen y brotan, todo al mismo tiempo,
de yerbas entrelazadas,
de mareas de pájaros,
de oleadas de animales ocultos.

Llegue aquí cruzando el puente que une al mundo
temeroso con tu casa,

este lugar inhóspito,
inhóspito porque esta la mar de habitado,
habitado como el mar.

En todo hay traición porque todo esta vivo...

Por ejemplo, aquello, si desde aquí parece una sombra,
¿hacia donde caminara cuando despierte?
Como fiera atacara cuando pase junto a él,
cuando furioso conteste el sonido de mis pasos.

Así todo lo que veo.
En todo hay traición

...era el camino, lobo,
la ruta que me llevaba a ti...

Escucha mi delgada voz, tan cerca.
Ya estoy aquí.

Escoge de lo que traje lo que te plazca.
Casi no puedes mirarlo,
insignificante como es,
perdido en la espesura que habitas.
Estoy aquí para ofrecerte mi cuello,
mi frágil cuello de virgen,
un trozo pálido de carne con poco, muy poco que roerle,
tenlo, tenlo.
¡Apresura tu ataque!
¿Te deleitaras con el banquete?
(No puedo, no tengo hacia donde escapar
y no se si al clavarme los dientes
me miraras a los ojos).

Reconociéndome presa
y convencida de que no hay mayor grandeza que la del
cuello de virgen entregándose a ti,

ni mayor bondad que aquella inscrita en tu
doloroso,
lento
interminable
y cruel
amoroso ataque,

cierro esta carta.
Sinceramente tuya,

                                   Carmen.

***
Carmen Boullosa (Ciudad de México, 1954)

domingo, 28 de julio de 2024

rodrigo perea / tres poemas













Ventanas

*

Los nenúfares flotan en el fondo del escritorio

Una colina del más intenso verde y el cielo azul
Ninfeáceas y otras flores protectores de pantalla

Todas las preguntas están hechas
Pudimos cruzar calles para cantar canciones
Todos los discos se borran

Seguimos almacenando memorias
parecidas a sueños

Hemos cambiado como un fondo de pantalla
en presentación de diapositivas

~

Nos perderemos en el malestar

*

entre conversaciones binarias
entre violetas flotando como salvapantallas
entre las infinitas listas
entre servidores abandonados como ciudades fantasma
entre los algoritmos que se encargaron de fallar
porque todo apuntaba a que nunca nos conoceríamos

Nos perderemos cuando el capital acabe
sin que quede registro de nuestro encuentro

En la nube donde practicamos el coleccionismo
entre las hojas de cálculo de árboles virtuales
entre poemas plagiados
entre capturas
en modo avión

No habrá manera
de evitar la catástrofe
porque nos habitamos desde realidades con pantalla

~

La noche es un sueño que se lleva la mañana

*

                                                    Eres mi guachita hasta que te lleve el sol
                                                                                                        Tunacola

El día del fin del mundo
nos recostamos en el pasto para tomar vino
todos lloraban y se despedían

Como para decir que había llegado la hora
se encendieron los aspersores

Nosotros también nos abrazamos
Nos despedimos cuando aún estaba oscuro
aunque sabíamos no se trataba del fin
esperamos sentados el amanecer

y a lo lejos un sol de tantos lo quemaba todo

***
Rodrigo Perea (Ciudad de México, 1997) Postales desde el fin del mundo (2017-2022). Ciudad de México: UNAM-SECTEI, 2023.

domingo, 21 de julio de 2024

elena garro / dos poemas










El llano de huizaches

*

¡Elena!
Oigo mi nombre, me busco.
¿Sólo esta oreja queda?
¿Ésta que oye mi nombre en un llano de huizaches?
¿Mi nombre, gritado así, a los cuatro vientos,
de noche, en el llano de la muerte?

¡Elena!
Es raro que descuartizados
mis miembros avancen por el llano de huizaches.
El nombre ya no los une ni los nombra.
Es raro que sigan avanzando
y que en el centro esté la boca del vacío.
Ahora los llama mi nombre:
¡Ven aquí, nariz de Elena!
¡Ven aquí, brazo de Elena!
Sólo la bacinica sigue firme cubriendo la cabeza
que sonámbula rueda en el valle de huizaches.
¿Hay todavía un puntapié sobrante?
¿Ya nadie llega a jugar a la pelota?
¿Nadie olvidó un buen escupitajo de colmillo
para la cabeza que rueda entre huizaches?

¡Elena!
Los llama mi nombre:
¡Vengan aquí, mano pierna pescuezo!
Hace años que bailan separados
en la tierra de los escupitajos.
¿Hay alguien que guarde todavía un gargajo
para ese ojo cerrado a gargajazos?

¡Elena!
La voz viene del centro profundo de mi ombligo.
Hay quien vive adentro del ombligo y me llama.
La voz corre para atrapar los pies que corren
entre huizaches
y las manos que bailan el baile loco de los dedos locos
sin pizarra, sin lápiz, sin niño, sin amante.
Me busco. Me encuentro.
Colgado de una rama seca está uno de mis labios.
Y ahora por allí corre la lengua
que recitaba las lecciones del colegio:
Rosa, rosae… 
¿Qué hará allí, tan lejos del pizarrón,
tirada en el valle de huizaches?

¡Elena!
Me busco. Me encuentro.
Nadie levanta la bacinica que cubre paisajes,
pájaros vistos en deslumbrantes copas,
el pico de la estrella de la cual colgaba yo
y las sílabas de mi nombre meciéndome hacia un pasado
y un futuro los dos de oro
antes de estar aquí, gritándote a ti mismo
en los huizaches.
Tampoco hay que mirar por el agujero de la aorta.
¡Señores, un mecate para ligarlo bien!,
para que nunca más se llegue al centro de ese corazón
que yace luna roja caída en el llano de huizaches
¿Les gustará a las damas y a los caballeros
tumbado, iluminando de rojo a los huizaches
en el valle en el que rueda mi ombligo
como antes rodaron canicas llamándome?
¡Clic! !Clic! !Clic!

¡Elena!
Mi espinazo blanco avanza como víbora
hacia el pozo negro del vacío.
¿Hay algún tacón de raso,
de esos piadosos tacones de raso que llevan las señoras
para que aplaste su cabeza?
¡Rosario y decencia en mano, hubo damas!
¡Chequera y decencia en mano, hubo caballeros!
El llano, este llano, es para los pelados.
Las damas y los caballeros viven en avenidas
de cartón y beben sangre de indio.

¡Elena!
Me busco. Hay tiempo, el pozo está lejos todavía.
Los dientes separados de la encía avanzan a saltitos.
Hasta que caiga el último de ellos,
hasta que caiga la solemne campanilla que presidió
al paladar y a la palabra, no podré responderte.

¡Elena!
Te digo que me busco, que me encuentro.
Espera hasta que llegue al pozo negro la última de las uñas.
¡Es largo el llano de huizaches!
¡Es ancho el llano de huizaches!
¡Se tarda uno siglos en cruzarlo!

~

El extranjero

*

Allá donde encontramos lo perdido
Allá donde se va lo que se tuvo
Allá donde los muertos están muertos
y hay días en que renacen y repiten
los actos anteriores a su muerte
Allá donde lloradas lágrimas se vuelven
a llorar sin llanto
y en donde labios intangibles se buscan
y se encuentran ya sin cuerpo
Allá donde pronto somos niños
y tenemos casa
y en donde las ciudades son fotografías
y sus monumentos residen en el aire
y hay pedazos de jardines atados a unos ojos
Allá donde los árboles están en el vacío
donde hay amores y parientes mezclados
con objetos familiares
Allá donde las fiestas suceden a los duelos
los nacimientos a las muertes
los días de lluvia
a los días de sol
Allá, solitario, sin tiempo, sin infancia,
cometa sin orígenes, extranjero al paisaje
paseándote entre extraños
Allá resides tú,
donde reside la memoria.

                                                                            París, 1951

***
Elena Garro (Puebla de Zaragoza, 1916-Cuernavaca, 1998)

viernes, 19 de julio de 2024

helena paz garro / un poema










En mi jaula de vidrio
cercada por miradas alfileres
y cabezas desmedradas, 
los dedos de otro cielo que el nuestro, 
los misericordiosos dedos de la Santa virgen, 
rozan mis llagas
y de ellas surgen fuentes de agua clara, 
las velloritas de los bosques. 
Un relámpago azul, profundo, 
desgarra mi noche, 
un río de luces
entra en mi corazón en harapos.
Harapos hechos con las mezquinerías burocráticas.
Una inefable sonrisa
se borra dulcemente.
Un aire llegado de los bosques de la infancia
sopla ahora en la jaula de vidrio.

***
Helena Paz Garro (Ciudad de México, 1939-Cuernavaca, 2014)

lunes, 1 de julio de 2024

verónica volkow / dos poemas










Rosagrama para Víctor Toledo

*

Desde un interno hablar a paraíso
supo el poeta a la rosa sin espinas
dar sonido al color y una memoria
encendida y honda a su fragancia.

Revelado el Edén de los jardines,
nimbada fue la rosa allí, súbitamente,
con su pureza de luz y una añoranza
de sumergida alba que despunta.

Busco un hilo de luz para esa rosa
que en laberinto vegetal o escrito
desentrañe al oído el ser más puro;



busco un hilo de luz que la desande,
por su honda intimidad, en la belleza
del amante jardín que nos espera. 

~

Chastity

*

Desde hondo extrae la rosa su fragancia
buscando adentro de sí esa belleza
que nos llama en lo interno a procurarla
con los ojos cerrados… sin tocarla.

Y tomarla sin piel, vestida en sueño,
poseerla en lo interno suspendida
con su intangible ser venido lejos
de geometría perfecta e inconclusa.

Efusiva espiral que se deshoja,
su aroma es un amor que va a nimbarnos
desde un centro aún inmerso en su radiancia.

Amor como el de un santo es esta rosa
que nos lleva al interior mudo a buscarnos
en la honda claridad que hay en las fuentes. 

***
Verónica Volkow (Ciudad de México, 1955)

lunes, 20 de mayo de 2024

david huerta / dos poemas











Aguas iluminadas

*

1

El espíritu de las aguas iluminadas
brilla ante la raspadura de la muerte.

2

Detrás de aguas inundadas
por el esplendor de los dioses,
anillos de humo cruzan
delgadas vasijas
repletas de savia.

3

En la delgada noche los antílopes
huelen fantasmas luminosos, vacíos:
el holograma erizado en la encrucijada,
la silueta evanescente de Faustine
que surge de la novela de Bioy,
el claroscuro
de la mala conciencia: un niño calvo,
el estupor alucinatorio
de la deriva alcohólica: dieciocho niños calvos,
la navaja que nunca
llegó al pecho
de la furia vengativa
y es ahora una obsesión
de malas noches,
de madrugadas lentas.

4

El amor cruza
relampagueando
la memoria
de la isla.
Faustine se despierta
en los brazos
del náufrago.
El mar brilla
bajo el amanecer unánime.

5

Las aguas iluminadas sueltan el fuego del espíritu.


Cruce

*

Una mujer cruza de un punto a otro esta habitación.
La nieve de sus manos y el lirio de sus ojos
forman un arco sobre su paso.
Un pie adelante, luego el otro. Caminar
sobre la arena del tiempo o sobre
la arena de la playa o sobre el mármol
de una mansión junto al lago verde o azul. Caminar
así, como esta mujer de un ejemplaridad misteriosa:
como si en el mundo no pudiera hallarse
una actividad de mayor eficacia y densidad
metafísica. Un paso en el tiempo y en el espacio,
como cualquier otro paso –pero aquí, en este acto
de una diafanidad incomparable, con una agonía
de cumplimiento último, de voluntad fatal,
de una belleza hecha de serenidad y recogimiento.
Pasa la mujer de aquí a allá: es su propio fantasma.
Labios en el aire, cejas en la intimidad
de un recuerdo que va formándose. La mujer
habita esta estancia y otros espacios, simultáneamente.
 
El frío la cruza de parte a parte. Va enfriándose
a cada paso: es como si muriera, como si
su vestidura fuese una túnica de quietas llamas.

***
David Huerta (Ciudad de México, 1949-2022)

domingo, 5 de mayo de 2024

enriqueta ochoa / la sequía













Para Óscar Flores Tapia 


Acuclillado está el hombre 
en largo cordón que aplasta las aceras. 
Un crespón de silencio baja a su cuerpo terroso, 
al rostro encandecido de sol; 
al febril remolino de sus brazos 
que la sequía ha arrebujado. 

Si alguien partiera su alma, 
exhalaría del centro cálido, no un gemido, 
sino esa tibia resignación de los cielos de octubre 
que mansamente se arquean sobre las llanadas 
como un ojo de leche dulce. 

De sus labios no sube la blasfemia, 
está la quijada firme, el fervor de gigante 
                                                    [llamarada,
la obstinación del telar invisible de Penélope, 
el sosegado pudor… 

II 

Un río es una criatura viva 
por donde Dios hace correr el temblor maravillado 
de su esencia. 

Aquí es la configuración de nuestros semblantes, 
y desde hace años no ha sido 
sino un regazo de lumbre oscura. 

San Isidro, escucha el latido de los músculos
                                                            [tensos, 
esos muslos empotrillados que desde el amanecer, 
en los atrios, golpean la tierra 
con un eco invariable. 
Humedece las lenguas jadeantes de himnos 
en los sembradíos. 
Cierra esa herida, 
ese palpitar que ahoga, dales tregua. 
Yo me quedaré velando, cavando, 
porque hay que llegar 
al bermejo raudal de su corazón,
para que el río nos abra el cristal de sus pupilas 
y se desparrame, y se venga desagotando 
de parcela en parcela. 

III 

Y cuando el río se abre, 
estremeciendo la pulpa oscura de los surcos, 
qué ávida jauría se desata 
tras los escritorios, exprimiendo, 
alumbrándose con el aceite 
de las manos del campo. 
Trastocando la embriaguez de los corazones
                                                            [vírgenes; 
acosando con su marea de arenas movedizas 
al hombre acuclillado... 

Como ves, padecemos una doble sequía. 
Puedo seguir hollando hasta que el agua brote, 
pero, ¿cómo hendir la cuchilla 
para que despierte la conciencia y el amor nos
                                                            [ampare?

***
Enriqueta Ochoa (Torreón, 1928-Ciudad de México, 2008)

jueves, 14 de marzo de 2024

rosario castellanos / dos poemas











Lo cotidiano

*

Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día;
este cabello triste que se cae
cuando te estás peinando ante el espejo.
Esos túneles largos
que se atraviesan con jadeo y asfixia,
las paredes sin ojos,
el hueco que resuena
de alguna voz oculta y sin sentido.
Para el amor no hay tregua, amor. La noche
no se vuelve, de pronto, respirable.
Y cuando un astro rompe sus cadenas
y lo ves zigzaguear, loco, y perderse,
no por ello la ley suelta sus garfios.
El encuentro es a oscuras. En el beso se mezcla
el sabor de las lágrimas.
Y en el abrazo ciñes
el recuerdo de aquella orfandad, de aquella muerte.

~

El otro

*

¿Por qué decir nombres de dioses, astros
espumas de un océano invisible,
polen de los jardines más remotos?
Si nos duele la vida, si cada día llega
desgarrando la entraña, si cada noche cae
convulsa, asesinada.
Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre
al que no conocemos, pero está
presente a todas horas y es la víctima
y el enemigo y el amor y todo
lo que nos falta para ser enteros.
Nunca digas que es tuya la tiniebla,
no te bebas de un sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu hambre.
Muere con la mitad más pura de tu muerte.

***
Rosario Castellanos (Ciudad de México, 1925-Tel-Aviv, 1974)

viernes, 2 de febrero de 2024

marisa trejo sirvent / dos poemas











La palabra palabra

*

Ya no podemos poetas
fingir demencia
inventar frases célebres,
tratar de ser auténticos,
taladrar las palabras
cada vez más vacías,
sin la fuerza que tiene
la palabra palabra.
Palabra que es inútil
terror, araña, bomba,
siglo veinte.

~

Río abajo

*

                 a José Luis Ruiz Abreu, Efraín Bartolomé y Oscar Wong.


Naturaleza muerta entre los lirios
donde asoma el lagarto
que extingue su nostalgia
de flora sepultada
en aras del progreso.
Las pinturas murales,
testimonios ahogados
con zonas arqueológicas
donde el faisán escapa a otras montañas,
lejos del ruido de los motores
que transitan ahora ahuyentando la fauna.
Corriente calculada para volverse luz,
energía que lleva un cauce nuevo
donde el rumor del agua
es tan sólo un recuerdo
y el río se vuelve lago
donde antes se rompían
mil cristales de agua entre las rocas.
Sólo la iguana quieta
contempla el árbol seco
en la mitad del río.

***
Marisa Trejo Sirvent (Tuxtla Gutiérrez, 1956)
Envío de la autora

viernes, 29 de diciembre de 2023

rosario castellanos / meditación en el umbral









No, no es la solución
tirarse bajo un tren como la Ana de Tolstoy
ni apurar el arsénico de Madame Bovary
ni aguardar en los páramos de Ávila la visita
del ángel con venablo
antes de liarse el manto a la cabeza
y comenzar a actuar.

Ni concluir las leyes geométricas, contando
las vigas de la celda de castigo
como lo hizo Sor Juana. No es la solución
escribir, mientras llegan las visitas,
en la sala de estar de la familia Austen
ni encerrarse en el ático
de alguna residencia de la Nueva Inglaterra
y soñar, con la Biblia de los Dickinson,
debajo de una almohada de soltera.

Debe haber otro modo que no se llame Safo
ni Mesalina ni María Egipciaca
ni Magdalena ni Clemencia Isaura.

Otro modo de ser humano y libre.

Otro modo de ser.

***
Rosario Castellanos (Ciudad de México, 1925-Tel-Aviv, 1974)