viernes, 3 de febrero de 2023

kenneth patchen / cuatro poemas











Sobre la estructura

*

A últimas fechas se han escrito tantas tonterías acerca de "la estructura" (y generalmente las han escrito los poetas académicos), que mucha gente ha olvidado ya que la mejor manera de construir una casa es construirla. Todos aquellos que trabajan con las manos saben bien que el método preciso para mover una roca pesada consiste en tomarla firmemente con las manos, apuntalar los pies, poner la roca en movimiento con ambas palmas, y hacerla rodar hacia donde uno quiere que vaya. Hay que hacer que trabaje la piedra. (No quiero escupir sobre los huesos de los críticos; sus huesos polvorientos no me interesan; a mí denme medio kilo de carne con hueso de Melville; no quiero perder el tiempo con el aserrín que sacan de la cabeza de poetas de ínfima categoría, casi todos ellos fallecidos hayan muerto ya o no.) Creo que El puente de Hart Crane falló porque no meditó lo suficiente en su estructura, quiero decir, en su propia estructura como hombre.

Si de algo estoy seguro, es que toda nuestra concepción de los versos como líneas está equivocada. Las palabras tienen valores de relación característicos que nada tienen que ver con la relación que guarda una línea con otra; si se toma esto en consideración tendremos, a final de cuentas, una relación perfecta línea por línea en el poema como una totalidad. Existe un peso específico para cada palabra. Un ritmo que se siente es un ritmo que tiene sus propias leyes. Es un error garrafal distribuir los acentos como quien mide los ingredientes de un pastel. Tenemos un país lleno de poetas-pasteleros, y resulta imposible distinguirlos: tan malo es uno como otro.

La poesía es escritura. Tal vez ni siquiera estoy hablando de poesía (al menos no de aquélla sobre la que tanto cacarean los críticos.) ¿Qué en quién pienso cuando digo todo esto? En Dante, creo yo, en Dostoievski. Ellos sí que fueron escritores. Y escribieron.

~

Aceptemos el placer

*

Aceptemos la locura abiertamente, hombres
De mi generación. Sigamos
Los pasos de esta edad destrozada:
Mirémosla cruzar la tierra opaca del Tiempo
Hacia la casa cerrada de la eternidad
Con el ruido que la muerte tiene,
Con el rostro de las cosas muertas y que no se diga:

Que queríamos más; buscamos para encontrar
Una puerta abierta, una hazaña absoluta del amor
Que transformara la aciaga oscuridad del día;
pero
Encontramos infierno y niebla
Sobre la tierra, y en nosotros mismos
Un pantano descompuesto de tumbas descomunales.

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El amor visto como una búsqueda de lo perdido

*

Tú, la mujer; yo, el hombre; éste, el mundo:
Y cada uno la obra de los demás.

He allí el paso silencioso en la nieve; el forastero;
El pájaro lisiado; la monja; la bailarina; el ala de Jesús
Sobre los peregrinos de la villa; y he allí
Bellos brazos a nuestro alrededor y alrededor de todo
lo que sabemos.

Ve cómo las estrellas deambulan por el cielo en sus
varitas
De antigua luz: con qué simplicidad ese azul
Conduce a la eternidad a la cueva de Dios, allí donde el
César
Y Sócrates, como pinturas primitivas en los muros
Miran, con ojos estupefactos, este mundo donde tú y yo
vivimos.

Tú, lo que se busca; yo, el buscador; ésta, la búsqueda:
Y cada uno la misión, de los demás.

Pues la inmensidad no es sino el caballo de tiro que saca
A la carreta del atolladero; y vamos hacia la razón.
Pero el genio es una inmensa pequeñez, unas gotas
Del corazón que amparan lo mismo a la liebre que al
cazador.

¡Cuán suavemente, amor, como en el sueño de una rosa,
El viento se desliza sobre la tensa pradera de la noche!
Ve cómo los grandes ojos de madera de los bosques
Observan la arquitectura de nuestra inocencia.

Tú, la ciudad; yo, el forastero; éste, el camino:
Y cada uno la obra de los demás.
Y no es que el hombre tenga que esforzarse más, ni cesar la
compasión; sino que
Ha de vivir más libremente; que en todas sus ciudades ondee
limpia una bandera…
Hemos estado demasiado tiempo solos, amor, y se ha hecho
terriblemente tarde
Para los pies traspasados en el agua, y no debemos morir en
este instante.
¿Te has preguntado por qué todas las ventanas del cielo
estaban rotas?
¿Has visto acaso a los desposeídos en la tumba abierta de la
mano de Dios?
¿O es que quieres poner de acuerdo a la alondra con la
música fatua de la guerra?

He allí el paso silencioso en la nieve; el forastero;
El reyezuelo lisiado; la monja; la bailarina; el ala de Jesús
Sobre los peregrinos de la villa; y he allí
Muchos brazos desesperados a nuestro alrededor y
alrededor de todo lo que sabemos.

~

El origen del béisbol

*

Alguien ha estado entrando y saliendo
Del mundo sin llegar al fin
A ninguna conclusión.
El sol estaba fuerte casi todo el tiempo.
No había suficientes pájaros
Y las colinas se veían ridículas
Cuando se subió al montículo.
Las chicas en el cielo, sin embargo,
No quisieron preguntar la hora,
Como cuando alguien quiere que le cuenten
Un chiste — "El tiempo"; decían, "¿qué quiere
Decir eso del tiempo?" riéndose
De lado con sus bocas blancas, como alas
De papel en un manicomio. Y él tropezando
Con el general Sherman o con Elizabeth B.
Browning, refunfuñaba: "¿Qué no pueden
Quitar sus alotas del pasillo?" Pero allá abajo
De nueva cuenta millones de personas sin
Comida suficiente y hombres armados
Disparando a diestra y siniestra.

Así que quiso tirar algo
Y agarró una pelota de beisbol.

***
Kenneth Patchen (Niles, 1911-Palo Alto, 1972)
Versiones de Alberto Blanco

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