sábado, 8 de agosto de 2020

valerie mejer / tres poemas










Ojo del cielo

*

En verdes laderas como vientres,
en alguna provincia de China, a ti te hablo.
Alguien compra un perfume sabiendo
que los huesos de su amor son pequeños.
Cuando escribe la nota, cuando envuelve
la pequeña botella lo toma en cuenta. Así yo.

La más suave textura mental cubre tu espalda
como una piel verdadera. Y yo me arrimo a ti.
Escucho el firme teclear de tu máquina, la clave de un corazón
prestado. ¡Y qué importa que sea prestado!
Yo lo uso un rato y tú otro y el verdadero dueño
es el hijo del cielo que tiene muchos.

Algún día te sumergirás en el lago
helado donde los barcos de papel incendian el nombre
de los ausentes. Algunos muertos, algunos idos.
Las llamas se consumen apenas,
tanto como para que el humo arme una sola palabra
y a las demás las lame el agua. Así nos libra de un peso.
Perennemente tus laderas se llenan de pájaros.
Laderas verdes como el musgoso cimiento de tus templos.
Ellos, los pájaros, son tus fieles.
Y yo, naturalmente.
Fiel a un mundo desconocido
que existe sólo para nosotros y que desaparece al hablar.

~

Trayectorias

*

Sin herencia, apenas acomodado
entre una constelación de sillas
el hombre que sobrevivió desgaja
una naranja,
una de esas con la que alguna vez le explicaron la ruta
que sigue
nuestro planeta:
dulce y jugosa elipse.

Sé que mi interior no está dentro de mí,
sino que sigue
la vertical que se aleja,
la de los gatos que suben al tejado.

Me duele un sitio fuera de mí.

Estoy cruzando la línea donde el pecho
que se asienta en mis costillas piensa por sí mismo
y en todos los sitios donde tus miembros se doblan.

Avergonzada de mis hambres
como lo están los más hambrientos
dejo que la humedad agriete
aún más el muro
donde están escritas las oraciones formando trayectorias
y con mi dedo índice
trazo en el polvo algo
que se desligó del círculo para unirse al curso
que sigue el flujo de la sangre.

~

En el cine

*

                 a voluntad
                 un sueño recurrente
emancipa a la boa de luz
                            abre una puerta
y él le dice a ella que el piano llegó antes del tiempo
de la cosecha
y en ese momento los créditos descienden.

Otra tarde, en una película donde la protagonista
sabe que va a morir
y por eso amenaza a su amante
en un Ford de los setenta, llueve, es de noche
y lo amenaza -si no me besas me pondré a gritar-
y se pone a gritar (como en un sueño)

Hace poco un poeta irlandés me dijo
“yo no me acuerdo de mis sueños,
mis sueños, son mis poemas”
sueños mejorados en poemas o sueños de celuloide
como cuando el profesor hace una parada en el invernadero
(el pie mordido por un perro que ya muerto viaja en su cajuela)
y responde a su alumno -voy a casa por el camino largo-

Vi a un asesino a sueldo enseñarle a su nieto a matar ardillas,
vi la lista de pendientes de una mujer moribunda
vi una góndola llevando a un ángel a su tumba
vi el sitio donde paso de mi sueño al tuyo
y me quito los zapatos y tomo agua
y revelo una película que no es mía
    y veo en tus fotos (entre letras) que estás a salvo y que tienes un amigo,
que en el sueño es un hermano necesario
                              y
vi a mi madre entrar y salir de “La Rosa Púrpura del Cairo”
y poder decir por primera vez “yo soy esa”
“yo quisiera entrar en la pantalla”
y en ese parpadeo vuelvo a ver una cara que sólo conozco por foto:
ella esquiando con un brazo libre
partiendo el agua
                        en dos
                                  a voluntad
en la calle
combatimos por retener las escenas
que la luz
diurna y maquinal de la calle
                                          desbarata
hasta que cae un sapo
y algo menos terrenal se levanta
                                          y ruge un león.

***
Valerie Mejer (Ciudad de México, 1966)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario