lunes, 2 de enero de 2023

julio barco / de "el nuevo fuego"













(El amor era un día girando como un jazz sobre tus cabellos negritos)

Aunque necesariamente la compañía del otro me brinde otras alternativas de conocimiento; sea por el raciocinio de su mirada, por la dulzura de su encanto, por la compañía histórica y sentimental de su ser, por la tibieza de su mirada: mi soledades éxtasis. ¿Para qué oír al político de turno si puedo oír a los siglos cantando dentro de mis páginas?¿Cómo poder juntar el yo que soy con el yo mundo en una sola pieza de jazz jaspeada como la sonrisa de tu vieja, tierna como tus hermanas y el pan y el sol cuando todo es claro como una buena pieza de jazz jaspeada como la sonrisa del etcétera? Pero, finalmente qué es el otro sino su soledad. Compartimos ese resquicio. & dentro de la posibilidad de tu ser como sentir dentro de hojas organizadas dentro de un texto tú, mi bellísimo amor, sabías de mi soledad de barrios, cuartos maltrechos, calles con gente boba, incomprensión en los caminos de los días y flores como chairas aniquilando tu dulzura bajo la destreza de mi joven sapiencia, oh-diosa 

(El amor era un vecindario donde no caen bombas destrozando a todos los niños de un país)

Y yo puedo decir silenciosamente que mi escritura es viento sobre tu desnudez, que desnudez -según Donne- es perfecta simetría como tu ser en sí dulcemente envuelto en flores que son gramática de labios, o el deseo idóneo de conocer en tu ser las flores y los labios son películas que se abren donde no soy esta escritura sino cuartos con desnudos jóvenes besándose y el mar sigue siendo los ojos de Martín Adán & Martín Adán es un muchacho sencillo que se sienta a ver como un sol amarillo rojo bermejo se inunda de frenesí al caer silencioso como una patineta por tus labios y tengo tantos libros por leer y tantos proyectos cultuales y de libros que puedo vivir unos tres mil años sin siquiera llegar a la mitad de todos. 

(El amor era el vacío que dejaba el saberse literatura dentro de horas derruidas por los días pixelados)

Tengo, siempre tuve eterna sed literaria, de armar libros de verdad, de hacer grandes proyectos, armar y zurcir el cielo de la poesía peruana, como una fragua que destruye a otra empezar a develar misterios: abrir la naturaleza de la poesía hasta su renacimiento. Y estoy en una pequeña casa, cerca de Evitamiento, carretera que lleva hasta el Sur y el Norte, Barranco y Miraflores al frente, a los costados San Juan de Lurigancho y Santa Anita. La carretera de Evitamiento es marina, como marino es la lógica de la escritura. La lógica de la escritura es el mar. El que ondula su ser canta, escribe, conversa, inventa nuevas formas de danzaren el fuego del verbo, en el deshacimiento de la luz. En el aire, roncan los helicópteros, y ulula el tren de madrugada, y la carretera carga un eterno y ubicuo sonido de avispa, de canto marino. 

(El amor era saborear exquisitamente la sapiencia de Gonzales Prada al aclararle tres o cuatro versos a Juan Valera)

Hay mucho qué decir sobre la poesía en el Perú. Y yo pienso en todos los libros que deseo silenciosamente hacer, sigiloso como el sol queda vida a los seres de la tierra, o como el que vende en la bodega cuando silba pesando el kilo de comida para gato. Todo esto es raro y normal. Y natural como el aire. Y todo lo que hice o dije o me pasó me trajo de nuevo a este idioma con el que verso sentir y sensaciones: como una sola piscina blanca en la que soy devorado por este deseo. Todo resplandece aquí en Huauco y soledad fue tu piel aquella noche cuando te sentaste a mi lado y yo vislumbré tu soledad como tus labios perfectamente pintados, la piel pálida de tu sentir, la inquietud de una noche que se abre frente a nosotros como el resplandor de un caballo yendo y viniendo de lo que ha sido a lo que nunca será. En eso, se me acabó la poesía y la noche fue tu piel sobre mi escritura. 

(Y has juntando tu exploración sobre la lírica contemporánea con algunas noches con camas y catres, algunas historias bajo la luz de los postes comiendo dulce salchipapa)

Sobre cada línea y cada verso y la combustión que generan en nosotros hay mucho que decir, joven Dylan Tomás, o Bob Dylan, o Dylan Bob, o Dylan Dylan, sobre cada verso y cada línea -mientras por encima de tu gramática pasa el cursos del mouse y por encima de tus ojos la voz de un viejo simio meditando explica la soledad fundamental de cada escritura, pieza de jazz, papel que se dobla con un sol dentro y palitroques- delirio que provoca la tempestad o compañía que nos brinda un rostro, el idioma de la poesía es un detenerse ante los ruidos del mundo. Eso permite mejor claridad, supongo; lo intuyo, lo penetro en los labios, como una copa de vino tinto, lo intuyo, tampoco estoy seguro de nada. Y no saber es claridad en los días que preludian el invierno. Tengo una chompa negra y pronto saldré a la calle, es decir, a comprar y tomar sopas raras de japoneses, a ver y saber cómo se hace o deshace el viento, los charcos de esta enorme ciudad que no comprenderé jamás, como tatuó tu hermoso pelaje dentro de mi ser. Lo cierto es que prefiero la soledad, con su ansiedad y su café, y su ventana con luz a cualquier hora para detenerse no ser siempre una letanía. 

(Y vuelvo a mi diario a diarizarme)

De nuevo en Lima, mi barrio, mi casa, la escritura que termina en el sentarse y empieza entre los dedos, teclados, envueltos, rabiosamente listo, tirando en un sistema de sonidos de plástico sobre el inicio del día la luz de los días. Hoy desperté tarde e inicié mi día de animal limpiando mi cama de la pipa de vidrio que ayer compré en el centro de la ciudad. Caminar por Lima luego de muchos días sin verla. Ver las peluquerías con las señoras de pelo pintado de amarillo y rayitas negras. En las esquinas, los eternos enamorados, la señorita con camisa y mandil con el logo del bar donde trabaja, y el cabello arremangado. El humo del anticucho, eterno amor de carne, con rachí, con papita y ají. Sigues bajando: las palomas cagando sobre la estatua de Vallejo, pero el sol es hermoso y triste todo y deseas escribir sobre tu piel, sobre estos días. 

(como moléculas perfectamente resplandecientes flotando a toda velocidad en el aire)

Por ejemplo, cuando llegaste a Cajamarca llovía y tomaste una combi lenta como una computadora con excesivos programas abiertos, más música en youtube y todo eso fue un bello poema tornasolado que dibujó tu desmesura frente a las tristes y hermosas avenidas + tu mente + la realidad que se escribía como epifanía entre tus dedos + una carpa azul de plástico. El café es tu paraíso. Fue bajando por calles que nunca habías visto. Nunca es rara una ciudad si te apasiona caminar. Perderte, conocer. Con letreros de internet y señoras andando encorvadas llevando a sus hijos en la espalda por las veredas. Lo cierto es que llegaste por un mercado. Bajaste, tomaste un caldo de cerdo. Te dieron la pata del cerdo y chupaste la carne como gelatina deliciosa. Luego pagaste, el corazón caliente. Un jugo de naranja. Ver las peluquerías me hace pensar en ti, muy triste en ti. Voy después por la calle buscando un internet. Me siento y escribo un discurso sobre la necesidad de escribir a pesar de todo en el Perú, la necesidad de ser escritor: dedicarse a eso como un trabajo de sacar y poner ejes temáticos/tuercas/ dinteles/pinceles dibujando casas, sucesos, mente. Sobre esa necesidad, hablo, me demoró dos horas. Veo mi chat de facebook y luego adiós. Imprimo las hojas, regreso a la calle. Llamó al nuevo número. Me veo con el ganador de los cuentos, junto a su hijo. Tomamos un taxi fuera del hotel donde se quedó. No sé de qué se tiene que hablar en estas circunstancias, por ende, expresó mis gustos literarios, novelas peruanas del siglo xx1 caen a mi retina. Yo he viajado por la noche. Oscuro, intentando leer algo de Sartre mientras los demás clavaban su cargador de celular a la luz azulada encima de sus cabezas, en el bus. Y solo me devoré un ceviche antes de partir. Nada más, entrando a otra cabina de internet me topé por casualidad–entre teclas, calles, inka kola- o descuido con cabinas donde los hombres miraban porno: negros metiéndole el falo a muchachas como bambúes. Y yo pensé que todo esto era una mierda pero yo podía sentarme y escribir “todo esto es una mierda” y esa escritura sería una pausa dentro de la realidad, como este instante, donde cruzamos en un taxi con el ganador de los cuentos, su hijo, la ciudad, hablando de libros imprescindibles o prescindibles de la literatura peruana. Y yo sé lo que es vivir en el Perú, ser escritor, comprarse libros, no comer a veces, tener que enfrentarse contra la risa de la familia, contra el dedo de tu hermana señalándote, porque una noche te oscureciste y decidiste treparte al árbol de tu escritura como una serpiente se trepa por cada uno de los huesitos de tu columna vertebral y en cada huesito forma un campus de flores liliáceas / con suave tierna & absoluta luz/ textura de verde limón abriéndose mágicamente como un poder sobre tu huesito de la columna vertebral, y así juré crecer dentro de todos los huesitos hasta llegar al cerebro, mi cerebro que explosiona de combustión y energía como una vieja locomotora andando a toda velocidad por cada ciudad, viendo cada historia, conociendo cada suceso, investigando, leyendo el lenguaje subrepticio de cada barrio, país, calle, ciudad, cama, cuerpo, bar/ barrio calles, país ciudades, cama ojos, cuerpo esquinas, bardes vaídos, tiempo bar, calles, cuerpo, bar, barrio, calles ,país, ciudades…

(y has resuelto que la lírica contemporánea sea una muchacha desnuda/ la historia vigilando nuestro cosmos inmediatamente después de la llovizna)

Pero ahora estás en un taxi y eres simplemente un hombre, -con su sigiloso y secreto sentido, con su ondulada canción, un ser hecho de cosas, que arden y se apagan, de silencio, de paz, de una canción contrita-, nada respetable para la sociedad que germina, pero tu luz es pura y resplandeciente como el ángel que te canta la parábola de la paz al oído y sed ha sido el juicio en el que mi saliva viaja para cantar desde la pulpa de las flores el idioma del cardo y la ceniza...

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Julio Barco (Lima, 1991) El nuevo fuego. Lima: Editorial Higuerilla, 2023.

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