domingo, 12 de agosto de 2018

damaris calderón / de la dignidad de los oficios










El jardinero corta flores
el verdugo cabezas.
El cerrajero hace llaves maestras
el ladrón prueba su ganzúa.
La madre carga a su hijo
los sepultureros cargan muertos.
Los marineros atraviesan mares
las balas atraviesan corazones.
El dentista hace abrir la boca
la prostituta abre las piernas.
Los herreros aherrojan las bestias
para que no se vayan
por el camino equivocado.
Y dijo Pep:
-Cuando algo te duela, no lo apartes,
húndelo en ti, cantando,
como se hunde la moneda en el fondo del río.
-A las deidades del cielo se les inmolan animales
con la cabeza mirando a lo alto,
a las del infierno,
con la cabeza mirando hacia abajo.
Eso dijo.
Y le hizo (me hizo)
doblar la cabeza.
Emiliano, el tercero de nosotros,
cuando éramos tres (si llegábamos a ser tres)
tocaba la flauta como una navaja.
Por eso dicen que se hizo asesino.
Cuando a Pep le levantan el vestido
yo puedo oír los ruidos
y las fricciones más amargas
que sobadas de abuela.
Y cuando el vestido se queda solo
yo sé que sufre de cosas
que ni siquiera el viento se atreve a repetir.
Con zumo de naranja
con ramas de albahaca
con miel y cascarilla
con el sagrado corazón de Jesús
se limpian los males
de esta casa
........CERRADA
........SIN ESPÍRITU
Rayan el cielo
lo podan
lo recortan.
Pero entre los barrotes
el cielo crece como pasto.
Se expande sin pudor
mancha las sábanas
........Azul Azul
para pavor de las enfermeras.
-Igualita a su padre- me dicen-
Con los mismos hermosos
dientes de caballo.
Y al río nadie
(ni mi padre)
lo puede sujetar.
Y trae botellas, corchos,
juramentos de amantes,
cartas, ahogados,
y otros desperdicios
que esperamos con júbilo.
En esta tierra
tubérculos y hombres nos sembramos
en espera de la resurrección el milagro.
Así morirnos.
Así nos levantamos cada mañana.
La cabeza inclinada.
El torso adelante.
Y las piernas que marchan
en dirección contraria.
HÚSAR:
algo que ni Pep ni yo llegaremos a ser.
Y cuando seamos tres
(si llegamos a serlo)
Emiliano andará por las azoteas.
Y encontramos la cabeza de la vaca muerta
la astuta vaca sabina que nos hizo creer
que aquí podía levantarse un imperio.
¿Lo viste?
No.
Noneo.
Ninguno.
Nacido.
Nonato.
Vaciado.
Cayendo.
Golpeando
ras
con
ras.
¿Quién frota estos cristales y no es el invierno?
¿Quién se aleja con pequeñas pisadas?
Natividad, Natividad,
¿qué nombre dije?
Pulsión
de la
hoja que cae
febrilmente
amarilla
y
todavía
no
alcanza
el
temblor
de
una
mano.
Las palomas picotean el tendido eléctrico
cables de alta tensión
huesos que duelen
......juntura
..........con
........ .............juntura.
Y las cotorras pasan hablando en lengua
Y el Ecuador cayó
los polos giraron.
Ahora mismo está nevando en la calle San Lázaro
y mi madre se sobrecoge.
Y yo busco una lámpara.
Ninguna
como esos ojos de mi madre.
Los ojos de mi madre
no vieron el horror de las guerras mundiales,
otras pequeñas, íntimas,
la amarraron al horcón de la casa.
¿Con qué partes del cuerpo
sedujiste a mi padre,
que habrá temblado como yo?
Te amordazamos con las sábanas
te envenenamos con el agua
que nos traías del pozo,
Raquel.
Me alejé de mi casa.
PERDÓNAME.
Me alejé del corazón del hombre.
PERDÓNAME.
Olvidé la respiración de mi hermana.
PERDÓNAME.
La parra de mi abuelo, el sillón de mimbre.
PERDÓNAME.
........Ya no soy digno.
A los mares les faltan afluentes,
a mis manos les sobran ríos.
Y vi que era hermosa vida aquella
la que se sostiene sobre dos patas.
Como los flamencos.
Pep apenas se apoya en un pie
y danza inmóvil
Como los flamencos.
A Pep la despojaron
hasta de los pronombres posesivos.
Fui
.....lo
.....perdiendo
............todo
............poco
............a
...................poco.
Las cosas pierden su peso.
Las puertas pierden los goznes.
Las ventanas ya no se apoyan en lo marcos.
Los rostros no se apoyan en las ventanas.
El campanero toca las campanas
y el pie que apunta a la eternidad
cuelga como un badajo.
El campanero, como el mulo,
su misión no siente.
Cuando sacaban los muertos en carreta
era como una fiesta de domingo:
repicar de campanas, rechinar de las ruedas.
Y la cara jovial del cochero,
que avanza, pese a todo.
Por mí se va a la ciudad doliente.
Por mí se va al eterno tormento.
Por mí se va
tras la maldita gente.
Escucho a los insectos
y a los hombres
con la misma
perfecta
indiferencia.
Cuando yo me hundo en tierra,
Pep brota.
No somos avestruces
aunque pasamos todo el día con la cabeza metida en la arena.
Hacer agujeros es nuestra forma de avanzar.
Avanza, avanza el pie.
Para que yo escriba
Pep enloquece en círculos.
La verdad no es redonda.
La poesía no comunica.
Las palabras
no comunican.
El lenguaje
es una tercera persona.
Extinguirse.
Hacer las maletas
-rápido-
antes de que la noche
te sobreviva.
Envenenarse con los mares del Sur.
Y ser un extranjero
que no busca otra cosa
sino un lugar donde poner los pies.
Pero cuando se ponen los pies desaparecen los caminos.El tiempo escribe en ti sus pequeños apuntes.
Cuando la explanada se cierra
vacía
sin excremento de caballo
sin yerba para enmudecer
ni relincho humano
nadie podrá indicarte el camino de regreso a casa.
-¿Decías?
Yo me saqué a mi país de una costilla
y desde entonces ando con las manos vacías.

***
Damaris Calderón (La Habana, 1967)

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