jueves, 16 de agosto de 2018

basil bunting / de "chomei en toyama"













El rocío de mis sesenta años se evapora,
he construido mi última casa, o casucha,
campamento de cazador, la vieja
crisálida del gusano de seda:
diez pies por diez pies, siete de alto: y yo
tomándolo por habitación de paso, no por domicilio,
me salté las tradiciones ceremonias fundacionales.

He sellado los marcos con greda,
puesto bisagras en las esquinas;
fácil de desarmar y partir a otra parte
cuando me aburra de este lugar.
Dos carretillas de basura
y el costo de un hombre para cargarlo,
ningún problema.

Desde que piso la montaña Hino
el mediodía cae a través del toldo
sobre mi balcón de bambú, el atardecer
brilló sobre Amida.
He puesto mis libros sobre la ventana,
el laúd y la mandolina a mano,
apilado helechos y paja para acostarme,
un buen escritorio donde da la luz, cocina a leña.
Junté y acomodé piedras
para una cisterna, instalé
cañerías de bambú. Sin leñera,
hay madera suficiente en el bosque.

Toyama, ¡cómodo entre las enredaderas!
Toyama, profundo en la densa quebrada, abierta
al oeste donde los muerto salen del Edén
agachados sobre las nubes azules de las glicinas.

(...)

Prisionera de ningún paisaje
de ninguna estación
la mente se mueve en una cosecha
ilimitada.

Vine por un mes
hace cinco años.
Hay musgo en mi techo.

***
Basil Bunting (Benwell and Scotswood, 1900-Hexham, 1985) Chomei en Toyama. Santiago de Chile: Lecturas Ediciones, 2017.
Versiones de Kurt Folch

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Chomei at Toyama

(Kamo-no-Chomei, born at Kamo 1154, died at Toyama on Mount Hino, 24th June 1216)

(...)

The dew evaporates from my sixty years,
I have built my last house, or hovel,
a hunter’s bivouac, an old
silkworm’s cocoon:
ten feet by ten, seven high: and I,
reckoning it a lodging not a dwelling,
omitted the usual foundation ceremony.

I have filled the frames with clay,
set hinges at the corners;
easy to take it down and carry it away
when I get bored with this place.
Two barrowloads of junk
and the cost of a man to shove the barrow,
no trouble at all.

Since I have trodden Hino mountain
noon has beaten through the awning
over my bamboo balcony, evening
shone on Amida.
I have shelved my books above the window,
lute and mandolin near at hand,
piled bracken and a little straw for bedding,
a smooth desk where the light falls, stove for bramblewood.
I have gathered stones, fitted
stones for a cistern, laid bamboo
pipes. No woodstack,
wood enough in the thicket.

Toyama, snug in the creepers!
Toyama, deep in the dense gully, open
westward whence the dead ride out of Eden
squatting on blue clouds of wistaria.

(...)

Neither closed in one landscape
nor in one season
the mind moving in illimitable
recollection.

I came here for a month
five years ago.
There’s moss on the roof.

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