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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.

jueves, 30 de enero de 2025

richard gwyn / lección de historia










No todo el mundo en el país estaba feliz con las noticias de la
decapitación del rey. Para muchos, el rey representaba algo de valor
supremo, aun cuando no pudiesen recordar exactamente qué. Se
declaraban poco dispuestos a vivir en una república, a la que
asimilaban a un estado de anarquía. Pintaban consignas que decían:
¡DEVUÉLVANNOS A NUESTRO REY! Eso, en sí mismo, era claramente
imposible. Pero, a pesar de que los monárquicos estaban en minoría,
eran poderosos. Un día encontraron a un nuevo rey y montaron un golpe
de estado. Pusieron al nuevo rey en el trono y todos los generales que
previamente juraron lealtad a la república ahora juraron lealtad al
rey. Era un día soleado de mayo. Había un feriado y tortas gratis. La
gente bailaba en las calles. Varios prominentes republicanos fueron
ejecutados en el patio de la cárcel. Algunos meses más tarde empezaron
a aparecer consignas en las paredes. Decían: ¡LARGA VIDA A LA
REPÚBLICA! Otra imposibilidad. Otro sueño fugitivo

***
Richard Gwyn (Pontypool, 1956)
Versión de Jorge Fondebrider

/

History Lesson

*

Not every one in the country was happy with the news of the king’s
beheading. There were many for whom the king represented something of
supreme value, even if they could not remember exactly what it was.
They declared themselves unwilling to live in a republic, which they
likened to a state of anarchy. They painted slogans that read: GIVE US
BACK OUR KING! This in itself was clearly impossible. But, although
the monarchist were in the minority, they were powerful. One day they
found a new king and staged a coup. They put the new king on the
throne and all the generals who had previously sworn loyalty to the
republic now swore loyalty to the king. It was a sunny day in May.
There was a public holiday and free cakes. People danced in the
streets. Several leading republicans were executed in the prison
courtyard. Some months later slogans began appearing on the walls.
They said: LONG LIVE THE REPUBLIC! Another impossibility. Another
fugitive dream.

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