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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.
Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía cubana. Mostrar todas las entradas
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jueves, 21 de noviembre de 2024

serafina núñez / pequeña elegía a mis arrugas













yo miro mis arrugas y sonrío,
ellas son mi evidencia,
el testimonio,
el papiro más fiel testificando
suavemente,
como a huésped largamente esperado.
huéspedes del vivir son ellas
con todo secreto y parsimonia,
me regresan -magdalenas fantásticas-
infancia, juventud, el paisaje del sueño,
la música de la palabra amor, poesía, muerte,
mis amados ausentes girando en la noche;
alguna vez establecen porfía 
con mi piel y mis ojos, con mis viejos cansancios,
hasta imponer su secreto (nostalgia en sangre y alma).
yo miro mis arrugas y sonrío,
ellas son la evidencia, el testimonio,
el papiro más fiel testificando: he vivido.

***
Serafina Núñez (La Habana, 1913-2006)

viernes, 18 de octubre de 2024

eliseo diego / dos poemas










Voy a nombrar las cosas...

*

Voy a nombrar las cosas, los sonoros
altos que ven el festejar del viento,
los portales profundos, las mamparas
cerradas a la sombra y al silencio.

Y el interior sagrado, la penumbra
que surcan los oficios polvorientos,
la madera del hombre, la nocturna
madera de mi cuerpo cuando duermo.

Y la pobreza del lugar, y el polvo
en que testaron las huellas de mi padre,
sitios de piedra decidida y limpia,
despojados de sombra, siempre iguales.

Sin olvidar la compasión del fuego
en la intemperie del solar distante
ni el sacramento gozoso de la lluvia
en el humilde cáliz de mi parque.

Ni el estupendo muro, mediodía,
terso y añil e interminable.

Con la mirada inmóvil del verano
mi cariño sabrá de las veredas
por donde huyen los ávidos domingos
y regresan, ya lunes, cabizbajos.

Y nombraré las cosas, tan despacio
que cuando pierda el Paraíso de mi calle
y mis olvidos me la vuelvan sueño,
pueda llamarla de pronto con el alba.

~

Asombro

*

Me asombran las hormigas que al ir vienen
tan seguras de sí que me dan miedo
porque están donde van sin más preguntas
y aunque asomos de vida son perfectas
si minúsculas máquinas que saben
el dónde y el adónde que les toca
y a la muerte la ignoran como a nada
si no fuese tan útil instrumento
con que hacer de lo inerme nueva vida.

Pero aunque agrande su minucia viva
el azoro redondo en que las miro
y me apena que no se sepan nunca
tal como son en su afanarse oscuro
ya tan inmemorial como la Tierra

más me asombra mi pena y me convence
de que saberse el ser bien que la vale
aun cuando el precio sea tan alto como
el enorme silencio de allá afuera.

***
Eliseo Diego (La Habana, 1920-Ciudad de México, 1994)

domingo, 13 de octubre de 2024

reina maría rodríguez / los frágiles espías













un polvo oscuro me ensombrece la mejilla
la boca el asco cómo cubrir el asco
la fragilidad de sus espías?
un polvo oscuro para cubrirlo todo
y pasar discreta sin que sepan que soy yo misma
con polvo oscuro cubriendo otro fracaso.
porque mis amigos mis buenos amigos también
habían calculado:
estamos hechos de límites no de barcos
y mis buenos y bellos amigos se embellecen
para poner alambres de púas.
pero yo sólo tengo polvo oscuro y va a llover
y se caerá ese embadurnamiento y se pondrán
opacos ellos también.
no soy divina ellos tampoco son divinos
pero los demás esperan encontrar todavía
dentro de nosotros.
de qué te puedo salvar sin un trasplante
de cosas esenciales? cómo relacionar
tu búsqueda conmigo y no ser vendible?
demasiada subasta.
me rompe el asco la boca cuando despierto
y pongo serio polvo oscuro sobre la mejilla
aún inofensiva
polvo oscuro para resbalar gelatinoso
y ellos caen en la trampa mis buenos y fieles
amigos que me hicieron soñar y descubrir sus trucos
frente a este espejo donde me veo y también estoy
mirándoles tan frágiles tan penosamente frágiles.
me lastima la manera de cometer sus crímenes
eran tan inteligentes al principio!

***
Reina María Rodríguez (La Habana, 1952)

viernes, 30 de agosto de 2024

ernesto delgado / dos poemas









Permanencia

*

Yo me dejaría en los otros como un plato o un abrigo.
Porque están enfermos, enfermos de tener uñas y lenguas.
Allí donde jamás me esperan,
donde se agrupan sin conocerme,
donde me conocen y mal,
allí yo iría a entregarme como una noticia.
Miren por los huecos de mis manos, les diría;
examinen el clavicordio de mis huesos,
tiene su humanidad intacta.
Allí donde abunda el pesado idioma de la ceniza,
yo iría a pedirme.
Denme vidas,
denme nombres,
denme sombras, redes,
denme los pies del que ha saltado sobre la luna
como en el colchón de una cama recién comprada;
yo les pido sus oquedades,
sus enterradas noches, sus pedrerías.
Yo soy como un pálpito en medio de las cosas,
alrededor de mí arde lo vivo.

~

Pálpito

*

Mira, abajo la nube negra cubre al relámpago
sumergido,
medidor del magma y los eléctricos minerales.
Encima, tierra acumulada mostrando
la súbita raíz impactante, el esparcimiento
de espigas condensadas.
Tierra y cielo, puños del aire.
Tierra y cielo, dos gemelas intercambiándose vestidos.
Y el aire como un espejo sosteniéndose
en la luz y sus costumbres.
Mira al relámpago rajar el polvo.
Mira a la raíz reventar en comienzos.
Mira al azogue mostrándose en la lejanía.
Raíz y relámpago nos apuntan:
percátate de que llevas el imán del misterio,
de lo creciente como fósforo en la madera.
Mira a los potros sacudirse la noche
como el águila se sacude los espacios.
Entremos a donde se juntan lo inverosímil y lo probable.
Entremos al fósforo para revelarnos.
Desconociendo aún
por qué el todo se reúne en lo impalpable.
Desconociendo el todo
a la vez que me rodea con su tribu de señales.
Y percibo la corrida del fuego hacia el fuego señalando
puertas,
entre los por cuánto y los aquellos y los entonces
que justifican los ahora, los posibles y lo doliente.

***
Ernesto Delgado (Placetas, 1996)

jueves, 8 de agosto de 2024

yuleisy cruz lezcano / dos poemas













El recuerdo

*

Todo tu anhelo del beso amante
tiene ciclones y palabra hipnotizante
pegados en mitad de mi desvelo,
aún vivos sin el vuelo
en el rosado azulado acontecer del tacto.
En cada caricia que aviva el contacto
abierto a resplandores del sentido,
un anhelo, casi loco, empedernido
como un ojo que vigila
y debajo de piel se afila
llama el recuerdo que pide vida 
sucesiva e inventa una nueva vida.

~

Un mundo que no es mundo

*

Esto, muchacha, es el mundo:
una cosa hecha de ecos, insomnios,
algo que queda cuando nos vamos,
un cuerpo celestial separado 
del universo que define 
mundo lo que no es mundo
y es mar que es vida 
en el vago arrugarse de la espuma,
en el brillo de criaturas que saltan
para diferenciarse y ser 
fragmentos de ese buscar
y encontrar ecos,
estrellas que recuerden
los orígenes donde todo 
cae, inicia, se inventa 
por sinónimos y análisis genealógicas,
por analogías que traen 
coincidencias que se acercan 
poco a poco al ojo 
del cielo que besa el mar
y traiciona ese pedazo de tierra 
disfrazado de mundo.

***
Yuleisy Cruz Lezcano (Santa Clara, 1973)

domingo, 30 de junio de 2024

isel rivero / tres poemas










Pacientemente otra cabeza cae
el eje del planeta gira
traspasado por definiciones numéricas
monótona oda siente su curso
alrededor del universo alguien
sonríe niño en agonía eternamente
salvado un mar respira en calma
borrando pasadas memorias.

~

Tu mano parece fuego cuando
se acerca más que gotas de lluvia sobre
hojas más incluso que las torres a los
cielos sigo la línea que
te dibuja contra esta luz
y tu perfil se vuelve espejo
de la antigüedad capturado por blanco
sobre blanco esa cualidad de linterna de
tus movimientos de habitación a habitación
Te atrapo como se atrapa un sueño
y retengo la posible memoria
futura antes de que la disuelva
el embate del tiempo

~

Un nuevo sonido ejecutado en su
perfección única el mundo tañe una
gigantesca campana hojas suavizando la
tierra bailando el viento nuestro propio
descenso un sonido nuevo y perfecto
flota imperceptible en el tiempo hacia
ningún lugar cementerios vacíos
se lamentan diez mil almas
estrangulan la noche

***
Isel Rivero (La Habana, 1941)
Versiones de Benito del Pliego

sábado, 22 de junio de 2024

legna rodríguez iglesias / tres poemas













No se dice

*

Me vengo (fue su voz) puta, cojones. 
Pero no me sonaba repulsivo. 
Palabras son palabras. Sustantivo
se pone como es. ¡Cómo te pones! 

Me vengo (cuarta vez) puta, cojones. 
Su cabeza comiéndoselo vivo. 
Palabras son memorias. Sustantivo 
no sabe traicionar aunque traiciones. 

Memoria sobre mí, bajo de mí,
a mi lado, conmigo en una esquina. 
Palabra que me gusta y aprendí. 

Espérate, cojones. Vaselina. 
Su cabeza comiendo carmesí 
es palabra, semiótica, y espina. 

~

No me flores

*

Si me muero en Miami no me flores. 
Si me muero en Miami carretera. 
¿No recuerdas gentil azucarera
aquel tiempo? Los últimos amores 

ya no vuelven jamás. Días mejores 
que florecen debajo de la acera
por donde yo camino. Que se muera 
el músculo, de penas y dolores. 

Si me muero en Miami dame spray. 
Si se muere mi oreja cómo sigo.
Si se muere en lo oscuro mi mamey.
 
Aquel tiempo dichoso fue contigo 
miel de abeja, pan suave, Camagüey. 
No me flores, gentil, sobre el ombligo.

~

Bienvenido a Whole Food  

*

Está bien. La semilla es la semilla.
Los hongos y las algas, Christian Dior. 
El aceite de sésamo, señor,
para hacer un pescado a la parrilla.
 
Todo encaja. De quinoa la tortilla. 
Fruta y queso. Gusano en coliflor. 
Nada tiene sabor a otro sabor.
Yo brillo porque adentro maíz brilla.
 
No poema. No música. No cine. 
No teatro. Ninguna arquitectura. 
A llenar lo vacío solo vine.
 
Y vacía seré. Porque hermosura
solo habrá cuando inmóvil adivine
la respuesta del hambre en la escritura.

***
Legna Rodríguez Iglesias (Camagüey, 1984)

viernes, 21 de junio de 2024

damaris calderón / instantánea (de mi padre)









No bebía
tenía el renunciamiento de un pez en el Sahara
de una vaca castrada por los banderilleros de la feria.
Comunista, pudo haber sido masón o cuáquero.
Igual le habrían cortado los nudillos,
igual habría partido su tazón con nadie.
En deplorables noches montaba a mi madre
como quien coge un tren equivocadamente.
Ah la pradera donde fue comido por los buitres
(sus hijos).
Ah este sol implacable sobre mis ojos.

***
Damaris Calderón (La Habana, 1967)

sábado, 27 de enero de 2024

legna rodríguez iglesias / querida lluvia









Soy hija de Engels.

También soy escritora. Escribo un libro de cuentos.
Quizá lo lea cualquier gente. La condición es que quiera.

El tío Marx tiene una máquina de escribir. Me
prometió que cuando se quitara la barba sería mía. Aunque el tío Marx
adora su
barba.

Papá tiene otra máquina de escribir. Pero está rota
y arreglarla cuesta al menos un montón de publicaciones.

(... )

Papá y mamá se están separando.

Antes, a mamá le gustaba que papá la llevara a ver
puestas de sol, y a papá le gustaba que mamá le comprara gel para el pelo.

Ahora papá ya no invita a mamá porque dice que es
invierno. Y mamá le responde que siempre ha existido el invierno y las puestas
de sol nunca se han terminado. Y papá continúa con eso de que este invierno es
auténticamente extraño. Entonces mamá resuelve no comprar más gel para el pelo.
En realidad mamá no
puede vivir sin las puestas de sol; y papá no puede vivir sin su gel;
por lo que yo no puedo vivir sin mamá y papá.

Han llegado juntas la noche y Tú.

Papá busca su paraguas. Mamá tiene ganas de llorar.
Papá también tiene ganas de hacerlo, aunque el paraguas le tape la cara.
Entonces mamá se arrepiente y se saca de la manga un gel para el pelo. Papá
guarda el gel en su bolsillo y sonríe asomando una puesta de sol.

***
Legna Rodríguez Iglesias (Camagüey, 1984)

miércoles, 24 de enero de 2024

maría elena blanco / dos poemas













Resaca

*

(soneto con coda)

                                        A Antonio Cisneros,
                                        in memoriam

Vómitos, reflujo, asfixia, atoro.
Cero inspiración. Tos. Depresión.
Seis de octubre, casi estoy que lloro
pero es hora de tomar mi infusión.

Tras la duermevela de resaca
estiro el tiempo y me asalta un cuadro
en lo espeso de la noche flaca.
Esto es crisis. Casi estoy que ladro.

El reto de setentiún sonetos
lanza un jaque mate a la suerte.
Recoge el guante o muere, poeta,

A ver si la escritura es más fuerte
O si las Moiras te tienden una treta
y no garabateas ni un cuarteto.


Coda

Amanece y encuentro en el diario
un artículo de Héctor Manjarrez
sobre el vate desaparecido

cuatro años ha, un seis del diez:
Soy el Cisne Negro y he venido
a salvarte en mi aniversario.

~

Estela

*

Esta razón que rige eternamente el hombre no comprende
ni antes de oírla ni una vez oída:
así escribió en Éfeso
Heráclito
el Oscuro
Eurípides (el Trágico) la señaló a Sócrates
que hidalgo
la admiró
y luego legola a nuestros días
Diógenes
el Cínico
(previo erudito comentario de Teofrasto
y hasta de Aristóteles).
La ambigua parábola reza
que el dios es noche y día
guerra y paz
hambre y hartazgo
(uni/rivalidad de los contrarios
inmanente a su ser)
                                   mudable
cual incienso
que al abrasarse en una u otra esencia
deriva su nombre
                                   de la nueva embriaguez
(la identidad es flujo entre dos aguas
soplo
entre brasa y llamarada)
                                   pues el mundo
siempre fue
            es y será
                        fuego
y el alma
rediviva
un tenue
inagotable
hilo
de humo.

***
María Elena Blanco (La Habana, 1947)

sábado, 26 de agosto de 2023

fayad jamís / poema











¿Qué es para usted la poesía además de una piedra horadada por el sol y la lluvia,
Además de un niño que se muere de frío en una mina del Perú,
Además de un caballo muerto en torno al cual las tiñosas describen eternos círculos de humo,
Además de una anciana que sonríe cuando le hablan de una receta nueva para hacer frituras de sesos
(A la anciana, entretanto, le están contando las maravillas de la electrónica, la cibernética y la cosmonáutica),
Además de un revólver llameante, de un puño cerrado, de una hoja de yagruma, de una muchacha triste o alegre,
Además de un río que parte el corazón de un monte?
¿Qué es para usted la poesía además de una fábrica de juguetes,
Además de un libro abierto como las piernas de una mujer,
Además de las manos callosas del obrero,
Además de las sorpresas del lenguaje -ese océano sin fin totalmente creado por el hombre-,
Además de la despedida de los enamorados en la noche asaltada por las bombas enemigas,
Además de las pequeñas cosas sin nombre y sin historia
(un plato, una silla, una tuerca, un pañuelo, un poco de música en el viento de la tarde)?
¿Qué es para usted la poesía además de un vaso de agua en la garganta del sediento,
Además de una montaña de escombros (las ruinas de un viejo mundo abolido por la libertad),
Además de una película de Charles Chaplin,
Además de un pueblo que encuentra a su guía
y de un guía que encuentra a su pueblo
en la encrucijada de la gran batalla,
Además de una ceiba derramando sus flores en el aire
mientras el campesino se sienta a almorzar,
Además de un perro ladrándole a su propia muerte,
Además del retumbar de los aviones al romper la barrera
del sonido (Pienso especialmente en nuestro cielo y
nuestros héroes)?
¿Qué es para usted la poesía además de una lámpara encendida,
Además de una gallina cacareando porque acaba de poner,
Además de un niño que saca una cuenta y compra un helado de mamey,
Además del verdadero amor, compartido como el pan de cada día,
Además del camino que va de la oscuridad a la luz (y no a la inversa),
Además de la cólera de los que son torturados porque
luchan por la equidad y el pan sobre la tierra,
Además del que resbala en la acera mojada y lo están viendo,
Además del cuerpo de una muchacha desnuda bajo la lluvia,
Además de los camiones que pasan repletos de mercancías,
Además de las herramientas que nos recuerdan una araña o un lagarto,
Además de la victoria de los débiles,
Además de los días y las noches,
Además de los sueños del astrónomo,
Además de lo que empuja hacia adelante a la inmensa humanidad?
¿Qué es para usted la poesía?
Conteste con letra muy legible, preferiblemente de imprenta.

***
Fayad Jamís (Ojocaliente, 1938-La Habana, 1988)

domingo, 25 de junio de 2023

rodolfo häsler / souk-el-hamra










Si hubiese creado el mundo abigarrado 
y alguien me exigiese cuentas por ello, 
lo llevaría a oler la fruta aplastada en el suelo. 
Desde el inicio tenía la certeza de que las hormigas 
recorrían continuamente mis piernas, decididas, 
como luna inmóvil en el recuadro de la plaza. 
La mancha verde del gomero, por encima de la puerta, 
hundida en la sombra, es testigo de mis visitas, 
y el joven que soñaba con el cansancio de sus amantes, 
regateando a gritos, como mercadería, 
es vendido ante mis ojos en la impiedad de un gesto, 
casi pornografía. 
Qué alivio que esos aburridos europeos 
hayan dejado de fotografiar la mezquita del viernes. 
Metamorfosis de la vida, así nombro lo que los muros atesoran, 
pues una vez conoces el precio de las manzanas en el zoco 
y qué dátiles transparentan la luz, 
no hay ya modo de olvidar 
ni razón para exaltar mayor encantamiento.

***
Rodolfo Häsler (Santiago de Cuba, 1958)

viernes, 10 de febrero de 2023

jane durán / dos poemas













Batalla de Teruel, Invierno 1937-1938

*

Yo podría escribir sobre los libros de mi padre.
Nunca había polvo en ellos. Los tomaba entre sus manos
como si fuera la última vez. Parecían acolchados,
esperando su momento, deslizados uno por uno
hasta que formaban un muro raso - un solo libro todos ellos.

Se desprendían en dorados, en rojos secretos,
como a fumar un cigarrillo temprano por la mañana
antes de que la neblina se despejase por completo
hacia la crueldad. Podías tocar los títulos
y se volvían importantes.

En su propia oscuridad -fronteras personales,
bordes a los que tanto se había acercado,
la colina helada sobre el valle, los soldados
asidos a sus laderas, costuras de nieve,
la España que él sostenía y que lo sostenía,
cediendo línea tras línea.

~

Hay mujeres

*

Mujeres que se dejan el cabello sin peinar,
largo, gris, que se detienen el pelo
con sus manos rojas, que se mueven confusas.

Que pueden cocinar o bordar.
Que rondan el tiritar de un hombre durante todo el invierno
con su espíritu, respirando el aire de la niebla.

Cuyas ropas siguen descuidadas hasta el día de hoy.
Y que se mueven de lado dentro de sus zapatos.
Parecen hechas para el amor aun así.

Que se mantienen quietas cuando la marea cubre
sus grandes pies desnudos. Que embarullan su sexo,
su lucha. Que se allegan al hombre,

cuyos rostros están tan cerca que no hay dónde ocultarse.
Mujeres por las que me quitaría las peinetas
de los cabellos y lloraría abiertamente, cara a cara.

***
Jane Durán (La Habana, 1944)
Versiones de Carlos López Beltrán y Pedro Serrano

/

Battle of Teruel, Winter 1937-1938

*

I could write books about my father's books.
There was no dust on them. He held them in his hands
as if for the last time. They seemed quilted,
poseid for their moment, shoved in one by one
till they made a smooth wall - one book, all one.

They stole out in golds, in secret reds
as if with a cigarette in early morning
before the mist has clared absolutely
into pitilessness. You could touch the titles
and they would be important.

In the dark of them - personal boundaries,
edges he had stepped so close to,
the icy hill over the valley, soldiers clinging
to the slopes, seams of snow,
the Spain he held and held to,
line after line giving way.

~

There are women

*

Women who let their hair go uncombed,
long, grey, who hold their hair
in their red hands, move in confusion.

Who could cook, or embroider.
Who border the shiver of a man all winter
with their spirit, breathing in the fog air.

Whose clothes are unkempt to this day.
And who move sideways inside their shoes.
Seem meant for love anyways.

Who stand still when the tide overcomes
their large bare feet. Who muddle their sex,
their struggle. Who come in close to him,

whose faces are so close there is nowhere to hide.
Women for whom I would take the combs
from my hair and weep openly, face to face.

jueves, 3 de febrero de 2022

severo sarduy / tres poemas












Que se quede el infinito sin estrellas...

*

Que se quede el infinito sin estrellas,
que la curva del tiempo se enderece.
Y pierda su fulgor, cuando se mece
un planeta en su abismo y en las huellas

del estallido primordial. Aquellas
noticias recibidas del comienzo
de las galaxias, del vacío inmenso,
hoy son luz fósil. Paradojas bellas

que anuncian por venir lo transcurrido
y postulan pasado lo futuro.
Universo del pensamiento puro:

un espacio que fluye como un río
y un tiempo sin presente, opaco y frío.
El tiempo de la espera y del olvido.

~


No porfíes. No rememores...

*

No porfíes. No rememores
que no se olvida el olvido
ni su embriaguez: lo que ha sido,
es y será. Sinsabores,
dramas discretos y amores
sin nombre, van a la quema
final, como un torpe emblema
de eternidad. No perdura
más que el goce y la textura
de un instante: ése es mi lema.

~

L'enfant a l'oie

*

La menta y las alhajas funerarias, el gallo blanco y
            los últimos children pets. Combate cernido:
la música del río respirante, arrastrando hierros;
de las grúas mohosas el estrépito y el verde de la herrumbre
van creciendo entre cacharros y laterío.

Ya donde el sueño de los hermafroditas y el coro.
El niño le retuerce el cuello. El agua sube.

Cada uno en su río.

***
Severo Sarduy (Camagüey, 1937-París, 1993)

domingo, 30 de enero de 2022

octavio armand / cuatro poemas









La destrucción del presente

*

                                                                    Algo inmortal hay en nosotros que
                                                                    quisiera morir con lo que muere.
                                                                                                    Antonio Machado

Sabor, sonido, imagen.

Absorben, contienen, secuestran.

La sensaciόn se intensifica, se profundiza. Lo inmediato se prolonga hasta anular lo inmediato.

El presente no transcurre, escasea, desaparece en pasados que no pasan, que suceden ahora mismo, y siguen y seguirán sucediendo, como sueño o memoria.

Despertar hacia dentro en el cual me demoro, como si deseara fijarlo, recordarlo, tratando de recuperar sus redondeces y sus vueltas para permanecer en él, reconstruyendo otro y otro pasado, metiéndome en su ahora como en un sobre para dirigirme a la luz o al ruido de la calle, hasta llegar poco a poco a mi propio cuerpo, donde de repente me siento anclado, donde acaso podré diluirme como un puñado de sal en las palabras que me dejarán quieto aquí, abajo, rodeado ya no de luz y ruidos sino de algas y corales, entre agallas que respiran, reduciéndome, filtrándome, adivinando gota a gota el rumbo caudal. 

Sensaciόn de pesar en el fondo de la página, donde he caído, y donde reposo como en una superficie profunda, tras haberme demorado en algún recuerdo que rueda sobre sí mismo, alejándome del punto de partida que es el presente, o que fue el presente, pues desde hace tiempo ha permanecido fijo, como la punta de un compás que da vueltas y más vueltas, trazando innumerables círculos de radios que se estiran o se encogen desde un centro idéntico.

Entonces no queda más remedio que hacer algún apunte, garabatos engavetados en tiras de papel que por azar descubro meses o años después para volver a perderme en la maraña de letras y sílabas con la esperanza de levarlas, comenzar en blanco, zarpar rumbo a no sé dόnde.
     
Mientras tanto, aquí estoy. 

~

Diario que comienza

*

1. El silencio es mayor que la verdad. 1a. Mi silencio es mayor que tu verdad. 1b. Cualquier silencio es mayor que cualquier verdad.

2. La inmovilidad es una negación de la distancia. 2a. Ante lo inmóvil, el espacio se contrae. 2b. El movimiento remite siempre a una creciente elasticidad espacial. Si camino, la ruta es más larga; si me muevo, el mundo crece.

3. El futuro no existe sino como (posible) proyección de una visión retrospectiva. 3a. El futuro será repetición o al máximo multiplicación de posibilidades del pasado ya que (históricamente) sólo es concebible como proyección, sombra. 3b. Sorprende que no existan historias, museos y arqueologías del futuro salvo como función de planteamientos probabilísticos: la profecía como documento es aún patrimonio del mundo religioso.

4. Otra configuración del futuro basamentada en consideraciones no-históricas permitiría la coexistencia de los tres tiempos como dimensiones simultáneas no como manifestaciones de la direccionalidad del pasado. 4a. No es posible percibir el mundo como orden ni vivirlo como desorden. 4b. La memoria fracasa como sistema regulador y el sueño se da como memoria. 

5. La ortodoxia remite a un modelo: el futuro como puzzle armado con piezas del pasado. 5a. La heterodoxia propone la construcción del más allá en base a lo que está más allá aun. 5b. La abolición de la memoria (historia) constituye una posibilitación del sueño.

~

Llamas

*

Llamas cuando llueve y las calles se levantan cantando. Llamas. Conoces mi nombre. Lo cubres de babosas, lo sacudes. Lo repites con tu espejo abierto. Porque me quieres, me llevas en la boca y con la misma boca me buscas. Llamándome, me tocas. Me disuelves. Para ti soy imán, imagen, pues dejo que las palabras me interrumpan y crezcan hasta borrarme, hasta negarme. El que conoces vive delante de mí. ¿Comprendes? Pero llamas. Soy el amigo o el enemigo, el amante que razona con la piel como un pequeño sol. Llamas. Recoges tus labios de mi carne. Para ti seré siempre este 18 de junio de entonces. La historia es una sola fecha, y al fin comprendimos la tarea. Somos los héroes, confesamos. Y entre gotas de lluvia hemos preparado esta fuga, escondiendo los labios, estrujándonos.

~

Ruina

*

Se me cayó la máscara.
Se me cayó la cara.
De la boca cerrada,
una a una,
se me cayeron las palabras.
Soy todo lo que queda
de mí mismo.

***
Octavio Armand (Guantánamo, 1946)
Fotografía por Roberto Mata

martes, 28 de septiembre de 2021

josé lezama lima / dos poemas










Pensamientos en La Habana

*

Porque habito un susurro como un velamen,
una tierra donde el hielo es una reminiscencia,
el fuego no puede izar un pájaro
y quemarlo en una conversación de estilo calmo.
Aunque ese estilo no me dicte un sollozo
y un brinco tenue me deje vivir malhumorado,
no he de reconocer la inútil marcha
de una máscara flotando donde yo no pueda,
donde yo no pueda transportar el picapedrero o el picaporte
a los museos donde se empapelan asesinatos
mientras los visitadores señalan la ardilla
que con el rabo se ajusta las medias.
Si un estilo anterior sacude el árbol,
decide el sollozo de dos cabellos y exclama:
my soul is not in an ashtray.

Cualquier recuerdo que sea transportado,
recibido como una galantina de los obesos embajadores de antaño,
no nos hará vivir como la silla rota
de la existencia solitaria que anota la marea
y estornuda en otoño.
Y el tamaño de una carcajada,
rota por decir que sus recuerdos están recordados,
y sus estilos los fragmentos de una serpiente
que queremos soldar
sin preocuparnos de la intensidad de sus ojos.
Si alguien nos recuerda que nuestros estilos
están ya recordados;
que por nuestras narices no escogita un aire sutil,
sino que el Eolo de las fuentes elaboradas
por las que decidieron que el ser
habitase en el hombre,
sin que ninguno de nosotros
dejase caer la saliva de una decisión bailable,
aunque presumimos como las demás hombres
que nuestras narices lanzan un aire sutil. 
Como sueñan humillarnos,
repitiendo día y noche con el ritmo de la tortuga
que oculta el tiempo en su espaldar:
ustedes no decidieron que el ser habitase en el hombre;
vuestro Dios es la luna
contemplando como una balaustrada
al ser entrando en el hombre.
Como quieren humillarnos, le decimos
the chief of the tribe descended the staircase.

Ellos tienen unas vitrinas y usan unos zapatos.
En esas vitrinas alternan el maniquí con el quebrantahuesos disecado,
y todo lo que ha pasado por la frente del hastío
del búfalo solitario.
Si no miramos la vitrinas charlan
de nuestra insuficiente desnudez que no vale una estatuilla de Nápoles.

Si la atravesamos y no rompemos los cristales,
no subrayan con gracia que nuestro hastío puede quebrar el fuego
y nos hablan del modelo viviente y de la parábola del quebrantahuesos.
Ellos que cargan con sus maniquíes a todos los puertos
y que hunden en sus baúles un chirriar
de vultúridos disecados.
Ellos no quieren saber que trepamos por las raíces húmedas del helecho
-donde hay dos hombres frente a una mesa; a la derecha, la jarra
y el pan acariciado-,
y que aunque mastiquemos su estilo,
we don't choose our shoes in a show-window.

El caballo relincha cuando hay un bulto
que se interpone como un buey de peluche,
que impide que el río le pegue en el costado
y se bese con las espuelas regaladas
por una sonrosada adúltera neoyorquina.
El caballo no relincha de noche;
los cristales que exhala por su nariz,
una escarcha tibia, de papel;
la digestión de las espuelas
después de recorrer sus músculos encristalados
por un sudor de sartén.
El buey de peluche y el caballo
oyen el violín, pero el fruto no cae 
reventado en su lomo frotado
con un almíbar que no es nunca el alquitrán.

El caballo resbala por el musgo donde hay una mesa que exhibe las espuelas,
pero la oreja erizada de la bestia no descifra.

La calma con música traspiés
y ebrios caballos de circo enrevesados,
donde la aguja muerde porque no hay un leopardo
y la crecida del acordeón
elabora una malla de tafetán gastado.
Aunque el hombre no salte, suenan
bultos divididos en cada estación indivisible,
porque el violín salta como un ojo.
Las inmóviles jarras remueven un eco cartilaginoso:
el vientre azul del pastor
se muestra en una bandeja de ostiones.
En ese eco del hueso y de la carne, brotan unos bufidos
cubiertos por un disfraz de telaraña,
para el deleite al que se le abre una boca,
como la flauta de bambú elaborada
por los garzones pedigüeños.
Piden una cóncava oscuridad
donde dormir, rajando insensibles
el estilo del vientre de su madre.
Pero mientras afilan un suspiro de telaraña
dentro de una jarra de mano en mano,
el rasguño en la tiorba no descifra.

Indicaba unas molduras
que mi carne prefiere a las almendras.
Unas molduras ricas y agujereadas
por la mano que las envuelve
y le riega los insectos que la han de acompañar.
Y esa espera, esperada en la madera
por su absorción que no detiene al jinete,
mientras no unas máscaras, los hachazos
que no llegan a las molduras, 
que no esperan como un hacha, o una máscara,
sino como el hombre que espera en una casa de hojas.
Pero al trazar las grietas de la moldura
y al perejil y al canario haciendo gloria,
l'etranger nous demande le garçon maudit.

El mismo almizclero conocía la entrada,
el hilo de tres secretos
se continuaba hasta llegar a la terraza
sin ver el incendio del palacio grotesco.
¿Una puerta se derrumba porque el ebrio
sin las botas puestas le abandona su sueño?
Un sudor fangoso caía de los fustes
y las columnas se deshacían en un suspiro
que rodaba sus piedras hasta el arroyo.
Las azoteas y las barcazas
resguardan el líquido calmo y el aire escogido;
las azoteas amigas de los trompos
y las barcazas que anclan en un monte truncado,
ruedan confundidas por una galantería disecada que sorprende
a la hilandería y al reverso del ojo enmascarados tiritando juntos.

Pensar que unos ballesteros
disparan a una urna cineraria
y que de la urna saltan
unos pálidos cantando,
porque nuestros recuerdos están ya recordados
y rumiamos con una dignidad muy atolondrada
unas molduras salidas de la siesta picoteada del cazador.
Para saber si la canción es nuestra o de la noche,
quieren darnos un hacha elaborada en las fuentes de Eolo.
Quieren que saltemos de esa urna
y quieren también vernos desnudos.
Quieren que esa muerte que nos han regalado
sea la fuente de nuestro nacimiento,
y que nuestro oscuro tejer y deshacerse 
esté recordado por el hilo de la pretendida.
Sabemos que el canario y el perejil hacen gloria
y que la primera flauta se hizo de una rama robada.

Nos recorremos
y ya detenidos señalamos la urna y a las palomas
grabadas en el aire escogido.
Nos recorremos
y la nueva sorpresa nos da los amigos
y el nacimiento de una dialéctica:
mientras dos diedros giran mordisqueándose,
el agua paseando por los canales de los huesos
lleva nuestro cuerpo hacia el flujo calmoso
de la tierra que no está navegada,
donde un alga despierta digiere incansablemente a un pájaro dormido.

Nos da los amigos que una luz redescubre
y la plaza donde conversan sin ser despertados.
De aquella urna maliciosamente donada,
saltaban parejas, contrastes y la fiebre
injertada en los cuerpos de imán
del paje loco sutilizando el suplicio lamido.
Mi vergüenza, los cuernos de imán untados de luna fría,
pero el desprecio paría una cifra
y ya sin conciencia columpiaba una rama.
Pero después de ofrecer sus respetos,
cuando bicéfalos, mañosos correctos
golpean con martillos algosos el androide tenorino,
el jefe de la tribu descendió la escalinata.

Los abalorios que nos han regalado
han fortalecido nuestra propia miseria,
pero como nos sabemos desnudos
el ser se posará en nuestros pasos cruzados.
Y mientras nos pintarrajeaban
para que saltásemos de la urna cineraria, 
sabíamos que como siempre el viento rizaba las aguas
y unos pasos seguían con fruición nuestra propia miseria.
Los pasos huían con las primeras preguntas del sueño.
Pero el perro mordido por luz y por sombra,
por rabo y cabeza;
de luz tenebrosa que no logra grabarlo
y de sombra apestosa; la luz no lo afina
ni lo nutre la sombra; y así muerde
la luz y el fruto, la madera y la sombra,
la mansión y el hijo, rompiendo el zumbido
cuando los pasos se alejan y él toca en el pórtico.
Pobre río bobo que no encuentra salida,
ni las puertas y hojas hinchando su música.
Escogió, doble contra sencillo, los terrones malditos,
pero yo no escojo mis zapatos en una vitrina.

Al perderse el contorno en la hoja
el gusano revisaba oliscón su vieja morada;
al morder las aguas llegadas al río definido,
el colibrí tocaba las viejas molduras.

El violín de hielo amortajado en la reminiscencia.
El pájaro mosca destrenza una música y ata una música.
Nuestros bosques no obligan el hombre a perderse,
el bosque es para nosotros una serafina en la reminiscencia.
Cada hombre desnudo que viene por el río,
en la corriente o el huevo hialino,
nada en el aire si suspende el aliento
y extiende indefinidamente las piernas.
La boca de la carne de nuestras maderas
quema las gotas rizadas.
El aire escogido es como un hacha
para la carne de nuestras maderas,
y el colibrí las traspasa.
Mi espalda se irrita surcada por las orugas
que mastican un mimbre trocado en pez centurión,
pero yo continúo trabajando la madera,
como una uña despierta, 
como una serafina que ata y destrenza en la reminiscencia.
El bosque soplado
desprende el colibrí del instante
y las viejas molduras.
Nuestra madera es un buey de peluche;
el estado ciudad es hoy el estado y un bosque pequeño.
El huésped sopla el caballo y las lluvias también.
El caballo pasa su belfo y su cola por la serafina del bosque;
el hombre desnudo entona su propia miseria,
el pájaro mosca lo mancha y traspasa.
Mi alma no está en un cenicero.

~

Llamado del deseoso

*

Deseoso es aquel que huye de su madre.
Despedirse es cultivar un rocío para unirlo con la secularidad de la saliva.
La hondura del deseo no va por el secuestro del fruto.
Deseoso es dejar de ver a su madre.
Es la ausencia del sucedido de un día que se prolonga
y es la noche que esa ausencia se va ahondando como un cuchillo.
Es esa ausencia se abre una torre, en esa torre baila un fuego hueco.
y así se ensancha y la ausencia de la madre es un mar en calma.
Pero el huidizo no ve el cuchillo que le pregunta,
es la madre, de los postigos asegurados, de quien se huye.
Lo descendido en vieja sangre suena vacío.
La sangre es fría cuando desciende y cuando se esparce circulizada.
la madre es fría y está cumplida.
Si es por la muerte, su peso es doble y ya no nos suelta.
No es por las puertas donde se asoma nuestro abandono.
Es por un claro donde la madre sigue marchando, pero ya no nos sigue.
Es por un claro, allí se ciega y bien nos deja.
Ay del que no marcha esa marcha donde la madre ya no le sigue, ay.
No es desconocerse, el conocerse sigue furioso como en sus días,
pero el seguirlo sería quemarse dos en un árbol,
y ella apetece mirar el árbol como una piedra,
como una piedra con la inscripción de ancianos juegos.
Nuestro deseo no es alcanzar o incorporar un fruto ácido.
El deseoso es el huidizo.
Y de los cabezazos con nuestras madres cae el planeta centro de mesa
y ¿de dónde huimos, si no es de nuestras madres de quien huimos
que nunca quieren recomenzar el mismo naipe, la misma
noche de igual ijada descomunal?

***
José Lezama Lima (La Habana, 1910-1976) Llamado del deseoso. Buenos Aires: Ediciones Colihue, 2013.

martes, 6 de julio de 2021

elaine vilar madruga / dos poemas













Safo abandonada

*

Ella abrazó la disonancia.

Sus huesos rugían en la incredulidad.
No supo cómo,
pero todas las playas del mundo se le convirtieron
en un cuenco vacío.
Debajo de ella:
                               las legiones de mi signo,
mi nuca diluviante.
Pero había buscado la disonancia
en esas otras leyendas
de los huesos,
y lamió todo el fango y la violencia,
y los nidos de los insectos que jadeaban.
Había buscado las pandemias desmedidas.
Prefirió todo a estar junto a mí
en esta costa de Lesbos donde yo
                                                         (sólo yo)
fui la incrédula,
tonta mujer de poesías
que escribió sobre el escorzo de sus huesos,
una mañana antes de dios:
                            ella abrazó la disonancia y los escudos.

Sobre el polvo escribí mis torceduras,
pero qué puedo saber yo de la leyenda:
soy sólo esa mujer que se esconde
en los huecos de las costas siempre iguales,
todavía tengo la ingenuidad entre los párpados
para escribir del aliento de bestias fabulosas.
Ella eligió la incoherencia.
Eligió amar los telones desconocidos
donde se extendió como una sombra sin mesura.
Escogió la blasfemia y el desorden,
—tenía los dedos más hermosos de esta tierra—
pero qué puedo saber yo,
                                                mujer que canta
                                a ese nombre que todos olvidaron,
qué puedo saber yo
si cargo con una ignorancia de diez milenios,
si fue suya otra costa, y otros hijos, y otra manera de ver el mar,
y un signo para desnudar los ojos de los monstruos.
A mí me tocó quedarme entre estas piedras
con una taza de polvo en los dedos:
                                                      escribiendo.

Ella eligió por mí, por lo imposible.

Hoy, amante mía,
                            diluvias
en la raíz acorralada de las hambres.
Yo también escogí ser la mujer,
la esclava de Lesbos y la espada,
la Reina que atrapó las melenas de la muerte
con un peine ancho como la tierra.

A veces soy todavía Safo.
Otras,
                       la noche.
Casi siempre el silencio,
                                la gota jadeante.
A veces soy Safo.
                            Poeta.
                                           Y Maldita.
Mujer que llora.
Cuándo dejaré de ser yo.

                                                                             24 de diciembre, 2011

~

Tigres de Blake

*

William Blake hablaba sobre un tigre.
Se me adelantó más de un centenar de años.
A mí, los tigres me fascinan,
sobre todo aquellos que describió Willie
con minuciosa lengua sobre las páginas.
La asimetría me parece cosa inconstante,
pero aun así siento la perversidad del tigre de Blake,
su doble llamado en el desgarro,
las manos colocadas en la boca.
Willie gritaba esas cosas que son el privilegio de los dóciles,
el tigre se abría de panza para enseñarle las entrañas marchitas.
Qué podría saber Blake de los tigres.
Imaginaba hambres oscuras,
arrodillarse ante sus ubres y mamar la leche delatada,
qué podría saber Blake de los mamíferos rayados,
aunque los llamaba como nadie más supo,
como quien le grita al vecino por un pedazo de pan,
un gramo de azúcar,
la sal necesaria para implicarse los dedos.
Willie llamaba a los tigres
con extrañas ramificaciones de hambre.
Se me adelantó dos siglos y tantos años más.
Tomó una distancia intolerante,
me escupió la ignorancia de no saber,
                                                               hasta hoy,
con cuánta verdad llamaba a los tigres,
les cerraba los ojos,
les limpiaba los colmillos.
Blake sabía tantas cosas:
me obligó a amar a los animales desnudos,
a temer a dios,
a besar los ojos de la bestia.

                                                                                  22 de junio, 2011

***
Elaine Vilar Madruga (La Habana, 1989)

miércoles, 21 de abril de 2021

reinaldo arenas / voluntad de vivir manifestándose













Ahora me comen.
Ahora siento cómo suben y me tiran de las uñas.
Oigo su roer llegarme hasta los testículos.
Tierra, me echan tierra.
Bailan, bailan sobre este montón de tierra
Y piedra
Que me cubre.
Me aplastan y vituperan
Repitiendo no dé qué aberrante resolución que me atañe.
Me han sepultado.
Han danzado sobre mí.
Han apisonado bien el suelo.
Se han ido, se han ido dejándome bien muerto y enterrado.
Este es mi momento.

***
Reinaldo Arenas (Aguas Claras, 1943-Nueva York, 1990)

jueves, 1 de abril de 2021

josé lezama lima / muerte de narciso













Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo,
envolviendo los labios que pasaban
entre labios y vuelos desligados.
La mano o el labio o el pájaro nevaban.
Era el círculo en nieve que se abría.
Mano era sin sangre la seda que borraba
la perfección que muere de rodillas
y en su celo se esconde y se divierte.

Vertical desde el mármol no miraba
la frente que se abría en loto húmedo.
En chillido sin fin se abría la floresta
al airado redoble en flecha y muerte.
¿No se apresura tal vez su fría mirada
sobre la garza real y el frío tan débil
del poniente, grito que ayuda la fuga
del dormir, llama fría y lengua alfilereada?

Rostro absoluto, firmeza mentída del espejo.
El espejo se olvida del sonido y de la noche
y su puerta al cambiante pontífice entreabre.
Máscara y río, grifo de los sueños.
Frío muerto y cabellera desterrada del aire
que la crea, del aire que le miente son
de vida arrastrada a la nube y a la abierta
boca negada en sangre que se mueve.

Ascendiendo en el pecho sólo blanda,
olvidada por un aliento que olvida y desentraña.
Olvidado papel, fresco agujero al corazón
saltante se apresura y la sonrisa al caracol.
La mano que por el aire líneas impulsaba,
seca, sonrisas caminando por la nieve.
Ahora llevaba el oído al caracol, el caracol
enterrando firme oído en la seda del estanque.

Granizados toronjiles y ríos de velamen congelados,
aguardan la señal de una mustia hoja de oro,
alzada en espiral, sobre el otoño de aguas tan hirvientes.
Dócil rubí queda suspirando en su fuga ya ascendiendo.
Ya el otoño recorre las islas no cuidadas, guarnecidas
islas y aislada paloma muda entre dos hojas enterradas.
El río en la suma de sus ojos anunciaba
lo que pesa la luna en sus espaldas y el aliento que en halo convertía.

Antorchas como peces, flaco garzón trabaja noche y cielo,
arco y cestillo y sierpes encendidos, carámbano y lebrel.
Pluma morada, no mojada, pez mirándome, sepulcro.
Ecuestres faisanes ya no advierten mano sin eco, pulso desdoblado:
los dedos en inmóvil calendario y el hastío en su trono cejijunto.
Lenta se forma ola en la marmórea cavidad que mira 
por espaldas que nunca me preguntan, en veneno
que nunca se pervierte y en su escudo ni potros ni faisanes.

Como se derrama la ausencia en la flecha que se aísla
y como la fresa respira hilando su cristal,
así el otoño en que su labio muere, así el granizo
en blando espejo destroza la mirada que le ciñe,
que le miente la pluma por los labios, laberinto y halago
le recorre junto a la fuente que humedece el sueño.
La ausencia, el espejo ya en el cabello que en la playa
extiende y al aislado cabello pregunta y se divierte.

Fronda leve vierte la ascensión que asume.
¿No es la curva corintia traición de confitados mirabeles,
que el espejo reúne o navega, ciego desterrado?
¿Ya se siente temblar el pájaro en mano terrenal?
Ya sólo cae el pájaro, la mano que la cárcel mueve,
los dioses hundidos entre la piedra, el carbunclo y la doncella.
Si la ausencia pregunta con la nieve desmayada,
forma en la pluma, no círculos que la pulpa abandona sumergida.

Triste recorre -curva ceñida en ceniciento airón-
el espacio que manos desalojan, timbre ausente
y avivado azafrán, tiernos redobles sus extremos.
Convocados se agitan los durmientes, fruncen las olas
batiendo en torno de ajedrez dormido, su insepulta tiara.
Su insepulta madera blanda el frío pico del hirviente cisne.
Reluce muelle: falsos diamantes; pluma cambiante: terso atlas.
Verdes chillidos: juegan las olas, blanda muerte el relámpago en sus venas.

Ahogadas cintas mudo el labio las ofrece.
Orientales cestillos cuelan agua de luna.
Los más dormidos son los que más se apresuran,
se entierran, pluma en el grito, silbo enmascarado, entre frentes y garfios.
Estirado mármol como un río que recurva o aprisiona
los labios destrozados, pero los ciegos no oscilan.
Espirales de heroicos tenores caen en el pecho de una paloma
y allí se agitan hasta relucir como flechas en su abrigo de noche.

Una flecha destaca, una espalda se ausenta.
Relámpago es violeta si alfiler en la nieve y terco rostro.
Tierra húmeda ascendiendo hasta el rostro, flecha cerrada.
Polvos de luna y húmeda tierra, el perfil desgajado en la nube que es espejo.
Frescas las valvas de la noche y límite airado de las conchas
en su cárcel sin sed se destacan los brazos,
no preguntan corales en estrías de abejas y en secretos
confusos despiertan recordando curvos brazos y engaste de la frente.

Desde ayer las preguntas se divierten o se cierran
al impulso de frutos polvorosos o de islas donde acampan
los tesoros que la rabia esparce, adula o reconviene.
Los donceles trabajan en las nueces y el surtidor de frente a su sonido
en la llama fabrica sus raíces y su mansión de gritos soterrados.
Si se aleja, recta abeja, el espejo destroza el río mudo.
Si se hunde, media sirena al fuego, las hilachas que surcan el invierno
tejen blanco cuerpo en preguntas de estatua polvorienta.

Cuerpo del sonido el enjambre que mudos pinos claman,
despertando el oleaje en lisas llamaradas y vuelos sosegados,
guiados por la paloma que sin ojos chifla,
que sin clavel la frente espejo es de ondas, no recuerdos.
Van reuniendo en ojos, hilando en el clavel no siempre ardido
el abismo de nieve alquitarada o gimiendo en el cielo apuntalado.
Los corceles si nieve o si cobre guiados por miradas la súplica
destilan o más firmes recurvan a la mudez primera ya sin cielo.

La nieve que en los sistros no penetran, arguye
en hojas, recta destroza vidrio en el oído,
nidos blancos, en su centro ya encienden tibios los corales,
huidos los donceles en sus ciervos de hastío, en sus bosques rosados.
Convierten si coral y doncel rizo las voces, nieve los caminos,
donde el cuerpo sonoro se mece con los pinos, delgado cabecea.
Más esforzado pino, ya columna de humo tan agudo
que canario es su aguja y surtidor en viento desrizado.

Narciso, Narciso. Las astas del ciervo asesinado
son peces, son llamas, son flautas, son dedos mordisqueados.
Narciso, Narciso. Los cabellos guiando florentinos reptan perfiles,
labios sus rutas, llamas tristes las olas mordiendo sus caderas.
Pez del frío verde el aire en el espejo sin estrías, racimo de palomas
ocultas en la garganta muerta: hija de la flecha y de los cisnes.
Garza divaga, concha en la ola, nube en el desgaire, 
espuma colgaba de los ojos, gota marmórea y dulce plinto 
no ofreciendo.

Chillidos frutados en la nieve, el secreto en geranio convertido.
La blancura seda es ascendiendo en labio derramada,
abre un olvido en las islas, espadas y pestañas vienen
a entregar el sueño, a rendir espejo en litoral de tierra y roca impura.
Húmedos labios no en la concha que busca recto hilo,
esclavos del perfil y del velamen secos el aire muerden
al tornasol que cambia su sonido en rubio tornasol de cal salada,
busca en lo rubio espejo de la muerte, concha del sonido.
Si atraviesa el espejo hierven las aguas que agitan el oído.
Sí se sienta en su borde o en su frente el centurión pulsa en su costado.
Si declama penetra en la mirada y se fruncen las letras en el sueño.
Ola de aire envuelve secreto albino, piel arponeada,
que coloreado espejo sombra es del recuerdo y minuto del silencio.
Ya traspasa blancura recto sinfín en llamas secas y hojas lloviznadas.
Chorro de abejas increadas muerden la estela, pídenle el costado.
Así el espejo averiguó callado, así Narciso en pleamar fugó sin alas.

***
José Lezama Lima (La Habana, 1910-1976)

viernes, 26 de marzo de 2021

lizabel mónica / selección de textos













Voz



Entrada

Hay palabras vulva. Se esconden y se arrastran por los agujeros.

De hilo a hilo no va nada, sólo nudos. Amarres productos, amarres dimensionales, amarres bala.

La aguja adquiere la relevancia de su paso por los agujeros.

La aguja es su paso por los agujeros.

La aguja es una historia potencial. Aún antes de horadar espacio alguno.

La aguja no es, sino los agujeros.


Aguja

Laurie dice: “No mata la bala, es el agujero”.

Había un agujero antes de dispararse bala alguna.

Hay un agujero. No mata la bala.

(No mata el agujero o la bala.)

No existe el agujero receptor. El agujero fluye, es una zona cóncava, plana o elástica a conveniencia. No a conveniencia del portador de agujero –un portador de agujero es siempre y antes un portador de aguja(s)–; no a conveniencia del canalizador de bala(s)… A conveniencia de una confluencia dada tal vez, del encuentro acontecido en otra parte (no en el cuerpo del portador de agujero, no en el cuerpo bala), no se sabe bien dónde –no se sabe dónde por lo general–, porque la sustancia del encuentro es siempre el elemento –¿la baraja?– menos visible.

No mata el agujero o la bala.

Entonces pues, lo que mata es la visita.

 
Entrada

El recorrido. A través de los agujeros. Es lo que irá describiendo direcciones o no, pero que dejará defunciones y/o nacimientos a su paso. A la manera en que cualquier forma de vida describe una trayectoria.

Habría que ocuparse pues, de los sucesos, no de la sucesión. Habría que particularizar en los agujeros.

Y hay palabras vulva. Diseminadas. Por doquier.

Tienen la intuición y la condición del agujero. En este y muchos otros sentidos, se podría convenir con Sartre cuando dice: “Semi-víctimas, semi-cómplices, como todo el mundo”. (Frase colocada por Simone en su libro El segundo sexo. La experiencia vivida). La incisión fría de nuestra lectura –una aguja, cual herramienta usada para el análisis ginecostétrico, es siempre pieza de metal– es llevada a cabo en la segunda zona de la frase: “…como todo el mundo”, dice Simone que Sartre dice. Es nuestro cuerpo, nuestra experiencia, quien se coloca en tela de juicio. Simone habla (de) Simone desde Sartre. Sartre habla (de) Simone desde Sartre. Simone utiliza la referencia para autoenunciarse desde el otro. Hay un juego de máscaras, pero en definitiva, un zurcido. Hay un incidir sobre lo propio con la frialdad aparente y siempre extraña de una tercera mirada. Ni Sartre ni Simone. Tampoco el tercer ojo. Horadar a través de la aguja/ realizar la tensión del hueco produciendo otro hueco: el hilo no es un puente ni es nada. El hilo es la sustancia finita que aparenta sostener la ausencia.

El hilo una excusa.

Una vestidura para engañar al ojo.

Ni siquiera como mapa, el destejido es inútil desde el hilo. Ha sido el hilo, pero han sido también los engañosos nudos, la huida. El empate. La emergencia. Se teje desde una estancia inmóvil pero ilocalizable. Se teje. Allí el tránsito es imprescindible, de hueco a hueco, como a horcajadas: sobre nuestras cabezas, las armas vacilantes de los hombres. Sobre nuestras cabezas. Sobre nuestras cabezas. (Mi cabeza no es la cabeza de más nadie, sin embargo. Pequeñísima cabeza de alfiler.) Es la aguja la visita. (La aguja no arroja líneas, sino cortes.) La aguja, como de hermana a hermana, incita. Las hermanas perdonan, hacen vista gorda. Para las faltas. Ortográficas y silábicas, táctiles y enunciadas. Y la aguja corta entonces. Para terminar ellas mismas, parcas, el destino, otra vez y falazmente. Librarse por un segundo, con un nudo, con un tijeretazo, con un cambio de tela, con el murmullo reconocible y seco de la superposición de texturas, de la incertidumbre.

Simone horada el cuerpo femenino de Simone desde la boca (de) Sartre. Y no sabemos bien –¿acaso Simone podía / quería saber?– cuál es la naturaleza de la visita. Sin embargo, la marca ha sido hecha. Otra vez ha sido “hecho”, a través de la aguja y su frialdad convenientemente antiséptica, convenientemente presentable, la reiteración del agujero. Como un antifaz tras el antifaz tras el antifaz, la persistencia de la costura, su obstinación, consiste en salir del encasillamiento de superficie poniendo en práctica la polisemia del encasillamiento. La costura es invisible para el que no ha hecho uso de la aguja sobre las vestiduras. Quedan entre las manos, en el tejido de la piel que hizo contacto con la pequeñísima herramienta metálica, las historias del cosido, las ilaciones abortadas, las rupturas, el entrecruzarse, el azar descrito por los nudos. La aguja calla más que dice. La aguja juega a ocultar. Y sobre todo juega a que desconoce el agujero y sus entradas.


Nudo

una mujer
una mujer es una mujer es una mujer es un blumer es una sayasosa babosa planta sobre piernas cúbicas y destituidas líneas del frente englobo hinchados poticocos es una baticasa es un campo heredado para cosechas de hijos es una santa es una apalea da da y todo se lo debemos a ella 


Nudo

Cariño, ¿ya diste de comer a los niños? Cariño, ¿ya diste de comer a los niños? Cariño, ¿ya diste de comer a los niños? Cariño, ¿ya diste de comer a los niños? Cariño, ¿ya diste de comer a los niños? Cariño, ¿ya diste de comer a los niños?

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Lizabel Mónica (La Habana, 1981)