martes, 11 de diciembre de 2018

gilberto owen / desvelo













1. Pureza

¿Nada de amor -¡de nada!- para mí?
Yo buscaba la frase con relieve, la palabra
hecha carne de alma, luz tangible,
y un rayo del sol último, en tanto hacía luz
el confuso piar de mis polluelos.

Ya para entonces se me había vuelto
el diálogo monólogo,
y el río, Amor -el río: espejo que anda-,
llevaba mi mirada al mar sin mí.

¡Qué puro eco tuyo, de tu grito
hundido en el ocaso, Amor, la luna,
espejito celeste, poesía!

* * *

2. Canción

De la última estrella
a la primera
fue para oler las rosas.

Vuelta, al revés, del mundo,
abierta la memoria
de la primera estrella
a ti -mujer, idea-,
¿hasta cuándo la última?

* * *

3. La noche, que me espía por el ojo...

La noche, que me espía por el ojo
de la cerradura del sueño,
gotea estrellas de ruidos inconexos.
¿Para qué este hilo de aire con ecos?
Ya ningún lápiz raya mi memoria
con el número de ningún teléfono.

Mi mensaje cae conmigo
sin mis miradas, cuerdas de un trapecio
suspendido, otros días,
de mi cabeza sobre el cielo.

Y nadie inventa aún al inalámbrico
una aplicación para esto:
uno puede caer cien siglos
-sin una honda agua de sueño,
sin la red salvavidas de una antena-
al silencio.

* * *

4. El agua, entre los álamos...

El agua, entre los álamos,
pinta la hora, no el paisaje;
su rostro desleído entre las manos
copia un aroma, un eco...
(Colgaron al revés
ese cromo borroso de la charca,
con su noche celeste tan caída
y sus álamos hacia abajo,
y yo mismo, la cabeza en el agua
y el pie en la nube negra de la orilla.)

Llega -¿de dónde?- el tren;
corazón -¿de quién?- alargado,
oscuro y próspero, la vía
nos lo plantea = algo
más allá del alcance de los ojos.
Terremoto: llorando demasiado
los sauces salen al camino
como mujeres aterrorizadas.
Incendio: la luna, viento frío,
arrastra el humo de las sombras
hasta detrás del horizonte.

En el bosque, con tantos mármoles,
no queda sitio ya para las ninfas:
sólo Eco, tan menudita,
tan invisible y tan cercana.
Sólo una memoria sin nexo:
"cuéntalas bien
que las once son".

Luego el castigo de la encrucijada
por el afán de haber querido
saber a dónde llevan todos los caminos:
1, al pueblo; 100, a la ciudad; 1000, al cielo;
todos de ti y ninguno a ti,
a tu centro impreciso, alma,
eje de mi abanico de miradas,
surtidor exaltado de caminos.

* * *

5. El recuerdo

Con ser tan gigantesco, el mar, y amargo,
qué delicadamente dejó escrito
-con qué línea tan dulce
y qué pensamiento tan fino,
como con olas niñas de tus años-,
en este caracol, breve, su grito.

* * *

6. Palabras

Sólo tu palabra,
        río, deletreada,
        repetida, agria.

Sólo las estrellas
-solas- en el agua
y despedazadas.

¡Ya viene la luna!
Río, despedázala,
como a tu palabra

el silencio, como
la noche a la amada,
río, por románticas.

* * *

7. Ciudad

Alanceada por tu canal certero,
sangras chorros de luces,
martirizada piel de cocodrilo.
Grito tuyo -a esta hora amordazado
por aquella nube con luna-,
lanza en mí, traspasándome, certera,
con el recuerdo de lo que no ha sido.

Y yo que abrí el balcón sin sospecharlo
también, también espejo de la noche
de mi propio cuarto sin nadie:

estanterías de las calles
llenas de libros conocidos;
y el recuerdo que va enmarcando
sus retratos en las ventanas;
y una plaza para dormir, llovida
por el insomnio de los campanarios
-canción de cuna de los cuartos de hora-,
velándome un sueño alto, frío, eterno.

* * *

8. Desamor

¡Qué bosque -cómo oprime- tan oscuro!
Ganas de sacudir los árboles
para que caiga aquella luz
que se quedó enredada
entre las ramas últimas.

-Ella se quedaría, esclava,
trémula entre los dedos de Josué
detrás del horizonte, sin remedio-.

¡Luz de ayer, luz de ayer,
lluévete, vertical, a mi memorial
¡Rompe las rejas de los troncos,
horizontal luz de mañana!

* * *

9. Adiós

Todo este día corrió
el tren por mi pensamiento.
Toda la noche su sirena
rayará mi desvelo.

Y no poder imaginar
el vértice hipotético
en que se une la vía, tan lejano.
Nunca, nunca podré beber el sueño
en la confluencia amarga de su grito
y mi sollozo, siempre paralelos
y persiguiéndose,
toda la noche, en mi desvelo.

* * *

10. Tierra que la guarda ahora...

Tierra que la guarda ahora
-montoncito de tierra
y un poco de savia en los árboles-.

Ramas sin marzo, sin viento,
metálicas, más de luna
que de árbol, casi de alma.

Esta vez no ha quedado nada
del día en mi mirada.
Noche demasiado lírica.

Ella estará aquí más presente
-viéndome completo-
que yo que la creo sólo
puñadito de tierra
y un poco de savia en los árboles.

* * *

11. Soledad

Soledad imposible conmigo tan aquí
y mi memoria tan despierta.

Y además la plegaria
por la estrella perdida, tan sin luz,
por Blanca de Nieves, dormida
nube con luna en su ataúd de cielo,
y por el campo, ese hospiciano prófugo
que equivocó la senda y se tiró,
ya cansado, a la orilla del camino,
desesperando de llegar al pueblo.

Y hay también las canciones perdidas
que no se sabe nunca quien cantó;
y esta correspondencia sin palabras
de ojos a estrella, de alma a luz de luna.

* * *

12. Adiós

El pañuelo de espumas
del rompeolas me lloraba, ¡adiós!,
y en la noche aquel grito -aquella estrella-,
¡ven! y mi corazón que era sólo
un temblor que cantaba, en medio,
y de mi hondura, hacia la nada,
ya sin mis ojos, yo.

Y mi nombre escrito en la arena,
y tu ascensión, luz, lumbre, sobre el mar;
luego de allá, lejos, la onda,
de aquí, de mí, la sombra
que todo lo borraban.

El mar dormía
como nunca, y como si fuera
ya para siempre, sin mi alma.

* * *

13. El tranvía

A esta hora ese telegrama amarillo
ya sólo trae malas noticias:
un hombre, yo, tan agobiado...

¡Cómo abre -¡qué lívida!-
sus ventanas, leyéndolo, mi casa!

* * *

14. Corolas de papel de estas canciones...

Corolas de papel de estas canciones.
Se abren cuando al alba
nocturna de la lámpara
rompe a cantar ociosa
la ternura enjaulada entre los dedos.

Se cierran cuando Venus matutina
cae desprendida de su rama,
aún no madura y ya picoteada
por el frío del alba verdadera.

* * *

15. Romance

Niño Abril me escribió de un pueblo
por completo silvestre, por completo.
Pero yo con mi sombra estaba
haciendo sube y baja
en balanza de aire, a la ventana,
y el pasado pesaba más,
y se divulgó aquella carta
al caer a pasearse al bulevar.

             Señor policía el cielo,
             yo no hice aquel verso, no,
             que la estrella que veis ahogada
             sola a mi espejo se cayó.

Camino incansable, automóvil
para poetas, siempre a cien
kilómetros, y río que se va;
el cenit viene con nosotros,
el horizonte huye sin fin.

Niño Abril me escribía: "En junio,
ya no flor y no fruto aún,
¿qué prefieres, el pan o el vino?"
-Yo prefiero el vino y el pan,
y ser a la vez yo y mi sombra,
y tener cabal todo el campo
en mi árbol del bulevar.

               Señor policía el viento,
               yo no ando desnudo, no.
               que la sombra que veis llorando
               de un sueño mío se cayó.

* * *

Final

Palabras oscuras, que entonces
me parecían, ¡ay! , tan claras.
Hoy me estaría aquí pensando
hasta el alba, desesperadamente,
sin arrancarles un sentido:
¡tan de otro me suenan,
tan lejanas!

En cambio ésta aún no modulada
que en mí dirá una voz innata,
¡qué desnuda la siento,
qué nueva aún y ya qué conocida!

Está en mí -y en ti, libro,
como un recién nacido en el regazo
frío de este silencio, este cadáver,
hoy, de aquellas palabras.

***
Gilberto Owen (El Rosario, 1904- Filadelfia, 1952)

lunes, 10 de diciembre de 2018

roberto echavarren / el monte nativo











Una muñeca de madera cruda
tallada a cuchillo,
vestido azul celeste,
flores rojas de centro amarillo
y amarillas de centro rojo
y hasta enagua, sobre el peritoneo
un cuadrículo de tela,
una vincha naranja
hoja verde de rama verde,
estrellas que son flores,
chal tejido de pespuntes,
sobre la banda
líneas en zigzag, equis, Y griegas
al cuello suyo y del hijo
un ribete fino verde luz,
un pie en el aire,
la pierna levantada
da un paso.

El arco iris ¿es un signo?
preguntó embelesada
al verlo la viajera inglesa.
Sí, respondió la mujer
tarahumara: es un signo
de que puede llover, o no llover.

La órbita elíptica
estira lo que se ve, distorsiona
hacia el lejano oblicuo
el cerca de un Apolo alejandrino,
gana lo lejano,
esa extrañeza salvaje
que también está aquí,
una hebra de pinocha
resquebraja el hielo,
una luz ciega al mediodía
ensancha las orlas,
circunferencias crecientes
que aparecen al serrar el tronco,
el águila vuela en oblongos,
la voluta, el motivo,
un torbellino nos acerca y nos aparta,
ondea el feeling suave,
el juego manso de un ampo,
o nos devora el maelstrom.
La forma se deforma,
estira, encorva,
una elipse apaisada
chorrea tangente
una lluvia de átomos.
Un termómetro
en el remolino, eso somos,
caras que el viento rompe.

Duermen abrazados
Marte y Venus.
Marte organiza el conflicto,
sitúa los contendientes,
practica a diario el lanzamiento
de la jabalina; estratega
tiene en cuenta
los factores
y actúa en consecuencia,
un juez justo
tónico de las facultades
resuelve el conflicto.
Venus en cambio olvida todo.
Esos momentos “Venus”
nos sacan de la competencia.
Tomamos el tiempo
para nosotros de estar en el suelo
pasar por un agujero
a través de la camiseta.

Los remolinos de la barra,
las volutas, los recorridos
de los flujos, la casa ladeada
del navegante en aguas crecidas,
las crestas de arena,
el paisaje lunar
es en conjunto un arenario.
El viento deposita
oleadas de arena
sobre los macizos donde crecen plantas
que aguantan la sudestada,
se afirman contra el soplo
que quema lo que toca,
el castigo del mar
contra un diente pelado
erecto sobre el promontorio.

La línea de la mano
baja gruesa desde el cielorraso
y se abisma delgadísima
contra el zócalo.
Pájaros supernumerarios
se han posado en cada rama
desglosada de la línea principal,
cada uno lleva un nombre,
conceptos singulares
agarrados a cada nervadura,
el viento levanta las plumas
y escapa por todos lados.
La línea de vida continúa,
desfibra las nervaduras,
se afina en el abismo del zócalo
y ya no sabemos cuál color,
si amarillo encarnado punzó
fuimos en aquel momento.
Un intercambio de aliento,
un teclear parecido a un jadeo
escandido por la luz de la vela,
una vibración lenticular
al borbor de las gotas.

El helicóptero sube por el cielo limpio,
todo está en calma,
un cachorro es levantado de la nuca
caliente al resuello de la madre.
Hocico tierno, orejas largas
el conejo es el rey de la pascua,
la cabeza quemada gira arriba,
ojos tranquilos de un lago
en la arena allá abajo,
ojos tranquilos mirándome,
un entorno globular
en el globo del ojo,
tú mirabas en dos direcciones opuestas,
abarcando la circunferencia alrededor
a la manera del pez martillo
sacado esta mañana en la playa,
boca de tragedia inmisericorde,
dientes prácticos en varias filas.
Roces de esfínteres, roces de clítoris,
contagio de olores,
el pez pone huevos y se perpetúa,
le atrae el olor de la pervivencia,
esa persistente nota
y todo lo demás se iguala,
todas las olas se funden en una,
el mundo se va por el caño,
un sonido nos pulsa,
sus ramificaciones nos distraen,
transitamos como extranjeros
nuestra propia duración.

Un pleroma de mantarraya
en el fondo arcilloso
lanza golpes furibundos
con su cola de lanza,
destello azul sobre la arena
levanta un caos
alrededor de sí,
un precipitado browniano,
confunde la presa
desatenta a la sorpresa
de la boca de ventosa.

Las plantas reflexionaron
absorbiendo los cambios.
La garúa empapaba
gratebus, caracoles,
desprolijas barbas de liquen
inocentes de la duración
rebarbativas absorbían
el espectro de la continuidad.
La duración se enrula de repente
en un parpadeo, una devoración,
un robo insospechado,
el tránsito de la distracción al terror,
del sueño a la vigilia,
del dormir a la muerte,
vine a saber eso
al despertar al otro día.

Y qué estocada fina, el espíritu,
a pesar de todo: voy en tranvía
por las calles de Lisboa
estrechas y retorcidas
en el silencio de la madrugada.
Las casas siguen allí,
frente a la mirada
ciega del Atlántico
aunque los habitantes
hayan variado tanto.
Un espasmo de mar,
un espíritu deshabitado
tremola, deforma
todo lo que toca,
trapos al viento
en el embuche de esta boca.

El Volkswagen tiene faros,
frenos, acelerador,
tiene facultades como nosotros,
lo que necesita para funcionar,
por  lo tanto hay un formato
que nos condiciona
pero cada uno es diferente
aunque sean de la misma marca
todos tienen unidad de apercepción,
facultades,  el gato se perfecciona
en todo lo que hace.
Los gorriones repiten
el pío de la edad de piedra.
¿Las almas sensitivas
se elevarán al grado de la razón
y a la capacidad de los espíritus?

Son universos islas
donde todo transcurre, 
tempestades y ríos,
el canto de los meteoros,
el giro de la tromba,
tienen su mundo,
sus rivalidades, sus honores.
Arrollado en espiral creciente
lo turbante y lo violento,
los ciclones escapan,
huyen por todas partes,
sufren sacudidas
y vuelcos de alta mar.
Cada turbulencia
trae sufrimiento y peligro.
No importa cuán mínimo
el ángulo de la circunferencia,
produce una espiral,
una cola de caballo de flujos,
la desmembración y la destrucción.

El tiempo es la interrupción del reposo.
Todo forma parte de un caudal perpetuo.
Somos una máscara de escayola fresca
deformada por un chorro de agua.
Un rayo atraviesa en su trayecto
la densa conjunción de las cosas agregadas,
las líneas oblicuas de la lluvia.

Pero la mala fe no debe tolerarse.
Eso endurece el corazón del hombre.
El enojo debe salir
por la ventana abierta,
no hay que tragarlo,
porque hace mal al hígado.
Descabeza pejerreyes transparentes
disuelto en el aire del verano.

Hice un túnel
entre las espinas de la cruz,
y entré a un claro
del monte nativo
lleno de cuices;
no sé por qué me paro allí
al reparo del viento,
bajo bambalinas de nubes,
el labio superior hinchado
por la picadura de una abeja.
Ladridos lejanos, casi ahogados
en la frecuencia del gas
esta mañana de niebla.
Un caballo desfila
como una teoría de los flecos,
un teorema que camina,
repican los  cascos
entre las piedras y el cemento,
cabecea sin cabestro,
enarcó la cola desnuda
casi como si relinchara
roce esporádico de metal celeste,
la cola de barba azul
ligeramente al costado de su raíz
descubrió el ano pequeño, resaltante,
cerrado herméticamente y plegado en su centro,
de pronto exteriorizó una velocidad instantánea,
dio vuelta como un guante la corola rosa
y húmeda del centro y salieron
bolas de bosta nuevitas, barnizadas,
que rodaron por la rompiente.

Bajé a la playa, descubrí
un cuerno semitrasparente,
una verga de curva puntiaguda,
aguamala, aguaviva, baba de barbas
que matan:
una fragata portuguesa
embarrancada en el sablón.
Pene erecto, traslúcido,
pico curvo, violáceo,
secándose rápido
al sol que lo enturbia y lo derrumba.

La corriente del tallo
hacia abajo se afinaba,
los pájaros se prendían a las ramas,
era un árbol invertido
pero los pájaros no estaban invertidos,
correspondían a nuestra posición.
Manaba hacia ellos desde arriba
el tallo grueso del árbol de la vida
y hacia abajo se afinaba.

En la maroma de los sitios
actuales, pasajeros
por encima de los árboles
el terreno levanta un campo magnético,
un hangar fosforescente,
la cañada, la ensenada,
un grillo verde, un lagarto overo
escondido en el muro,
la mantarraya asciende
en el hangar fosforescente,
por encima un enredo de chispas
a modo de membrana vibratoria,
pinos y eucaliptos
van zafando del lar
en dirección al hotel,
un macizo de presión
ejercido por la luz,
es el evento y el infinitivo también,
ocurre en el presente
y en el tiempo del eón
que siempre fue,
porque ¿cómo el ser
no había de ser?

Esta declaración
del proceso indefinido,
la intimidad asordinada
del silencio quedó rebotando,
la nota que no cesa,
la nota nos habita completamente,
aunque nosotros no estuviéramos
siempre estuvo aquí,
el viento la refriega
y no se oye nada más.
Esa crudeza salvaje
nos deja a la intemperie,
montones de tierra removida,
y raíces al aire.
Estoy asomado a la crudeza,
al espíritu químico de las vibraciones,
asomado al orbe crudo
que no es orbe,
esta unidad de apercepción
de repente no sabe
quién le dio
esta crudeza para sí,
esta casa vacía,
un marco de tierra removida
mercurial su apercepción
de lo crudo sin mundo,
aliento hiperventilado
de una quijada sin piel.

Las garzas picotean en el barro,
los cangrejos devoran un pez podrido,
el níquel sobre el mar
eriza sus escoriaciones
y se expande por la playa entera.
Así brusca la emoción
trajo a la conciencia unas palabras
y el pasado tomó cuerpo en el presente,
una ligera conmoción
pretende rescatar el pasado para siempre,
pero este pichón de gorrión
caído en la vereda tras la lluvia
no es el mismo del año anterior,
y por poco que se haya movido
hay no una imagen, sino cien.
Sin embargo el afecto perdura.
Igual, la llegada del pasado
nos hace el efecto de un suceso raro,
condicionados como estamos
a proyectar el futuro.

Oí una especie de bufido,
pasó un hombre sin camisa
el cuerpo tenso, movía los brazos
extendidos hacia dentro y hacia afuera
y todo el cuerpo hacía ese ruido
tra ta rá de expulsar la euforia
en exhalaciones cargadas de adrenalina.
De entretelones, de archivos,
del caos salen las cosas,
sacar las cosas del caos no es recordar
y se bifurca el camino
ante un nuevo campo abierto
que expone la curva terrestre,
un lugar perfecto del afecto
impersonal flotante en el conjunto
la mancha de tinta se expande,
la circunstancia se impregna
de un fluido puro en estado libre
deslizado sobre un cuerpo ajeno.

La vida es una topología dinámica,
nos mantiene sobre ascuas,
modifica el cauce del pasado,
aunque no el modo verdadero
en que suceden para nosotros las cosas del deseo,
un pliegue del inmenso recorrido
ligado a un punto de inflexión,
un punto de vista, un cruce de líneas,
un diseño del precipitado neural
de puntos, un sacudimiento
y lo que se aprende de él,
la formación de algo que llamamos simulacro
o imagen, una conversión de fuerzas
de donde surge el alma, una inmanencia
singularizada que anima
el problema y lo resuelve
al plantearlo, la curiosidad
por explorar esa variante
que será al mismo tiempo
única e imprescindible
para adquirir todo el provecho
que de allí proviene
ante un campo de estrellas
cuando se intensifica un pliegue,
el contorno de un acontecimiento intempestivo,
el alma del punto de vista,
su inflexión en el punto de intersección,
un regalo hecho a nosotros solos
que no navegará más allá de nuestro cráneo.
El mundo repleto en él,
filigrana de temas larvarios,
repliegues que morirán con él,
una zozobra en el límite del campo,
ruido de fondo en la caja vacía,
un idiolecto de nuestra mente,
la velocidad infinita que lleva el cosmos,
saltos y rugidos del mar.
La vida es causa de esas turbulencias,
esos devenires paradojales,

tartamudeo, virazón
del embargo de ser
multiplicantes de lo vivo,
un poder impersonal
que se rebate y se muerde la cola.
¿Es el corazón enterrado en la estación
una pauta del movimiento perpetuo
captado en su centro de engendramiento?

En el cine del universo
esa curiosidad vacante
no pide necesariamente
encarnarse del todo,
nos deja esperar
una dimensión más vasta,
un estrato trascendental
aunque inmanente,
que precede tanto lo virtual
como lo actual,
un irracional caos
en el fondo de todo.
Mucho ingresa de lo invisible,
un arrebato de fosfenos
genera un efecto paralelo
que emana un atractivo original,
un efecto ilusorio de parecido,
un reconocimiento sin par,
sacándonos del hábito
nos enchufa al movimiento,
porque quiere ver más de lo que anticipa,
aparición no subjetivada todavía,
construida sobre una disparidad
de puntos de vista coexistentes.

La punta del vestido color trigo,
una tela de importación,
le pareció ver una punta
del vestido color trigo
desaparecida tras el vano
de la puerta, pensó
que era una costra de pan
caída de la mesa del desayuno.
La joven embarazada
visitaba de incógnito
la casa de verano
a la hora del desayuno.
El verde tras la celosía
era solo presentido.
Esa fresca mañana
yo no estaba allí.
Pero la puerta estaba,
su hermana desayunando en la cama,
la punta del vestido color trigo,
era el vestido de mi madre
que recorría el corredor,
observaba la actividad
en cada uno de los cuartos,
su propia madre en la cocina
inocente aún de su llegada
cortaba el pan,
vertía la leche,
y ella invisible para todos,
aún no descubierta,
estaba allí aunque nadie
supiera que estaba.
Ese punto resumió
todo el afecto
de la casa para mí.
Todo estaba a punto de estar,
los factores concomitantes
ya se habían establecido,
una zona de sombra
a punto de desplegarse,
la emergencia material del lugar,
una casa en la playa,
la carne del éter del eón.

El cuerpo se quebranta,
mientras las palabras parecen eternas
en su infinitivo, crucificadas
para siempre en su apuesta,
como si siempre hubieran
de tener relevancia,
obedecen a la emoción,
quisieran decir algo,
un modo de anudar el lazo,
las migas distribuidas por Pulgarcito
para que coman las aves del cielo.
Emanan el bálsamo, la música de cachoeira,
un perfume sutil que se mantiene,
pétalo aplastado entre las páginas
a modo de memoria viva
en las narinas.

Quejidos, bufidos,
gritos de amenaza, ululaciones,
terrores, castañeteos,
el cuerpo no tiene palabras
pero se da a entender.
Las glándulas conocen su trabajo,
se enfrían los dedos de los pies,
el corazón, vital volante,
a mil raicillas da señales,
la garganta se alarma de sed
y pide agua en el umbral de la conciencia.
Ignoramos los tobillos que nos llevan,
pies callados sin callos,
las pantorrillas torneadas de músculo,
las rodillas no dan molestia.
El chevrón azul se extiende
a modo de falda, un matojo tejido,
cuelgan los brazos de mono,
el lomo del tigre se enarca,
aspergeo gotas de agua
sobre la lengua caliente
de una serpiente.
Es lo que es. Da noticia.
Mi cara es un jardín de piedras.
Las redondas nalgas,
cada articulación agradece
la diseminación en oleadas
y paga con disfrute.
¿Tus pies son desconocidos lejanos?
Nunca tendrás otros.
Ejercitamos miembros y torso
y no hay distinción
entre el cuerpo y nosotros.
El cuerpo sale mojado de la ducha,
deja charcos en el piso,
desvía las ruminaciones
tras la ventana mirando la lluvia.

Me acuerdo, cuando era niño
cada vez que llovía,
el detalle que me gustaba
eran los medio globos
cuando las gotas 
caían en el charco.
Si llueve desaparece el mundo.
Desde el desagüe
el agua corre frente a mi casa,
viajan las burbujas,
¿cuánto se aguantan
antes de desaparecer?
A veces la corriente
se vuelve al revés.
Eso es cuando empieza
la inundación. Muchas veces,
cuando pasa,
no llega a entrar en la casa.
Igual me acuerdo bien
de la casa inundada
cuando se mojaron
las fotos antiguas de mi familia…
Ah, no sabes qué linda esa época.
La lluvia es la puerta que nos lleva
adonde nuestro corazón quiere ir.
Una y otra vez llama
a volver a nuestro ser,
aquel redondelito de burbujas
calma el alma,
tranquiliza la máquina.
Y bajo los brazos suaves
de un viajero del tiempo
no existe ni ayer ni hoy.
Nos liberamos
de la vida mundana que hipnotiza. 
Canta la lluvia, vemos más lejos.

Las aves vuelan,
algunas plumas caen,
sirven para los bailes.
La oruga “gato peludo”
entre las glicinas,
el viento a quemarropa
sobre la duna,
constante e inconstante
la mar constante.
Una zona clara,
una zona oscura
en el mismo paquete,
en la misma tela
encerrada en el cráneo
al fin de febrero,
las moscas creen que están en verano.

La mantarraya clava el aguijón,
el pico dorsal venenoso.
La piñata está a punto de reventar.
Unos dicen ah! Otros uh!
El universo entero está clamando.
En la bola clara una cochambre fósil,
la proboscis de una araña,
bajo el pelo cada ceja
depilada del muchacho,
esa circunstancia cabal
de la expectativa
que llamamos deseo,
un manjar sincrético,
un manjar sintético
esposado en la pupila,
una corbata de pelo
le bate el rostro,
llegan aromas intranquilos
y la fórmula está, de repente,
la inquietud del día
el milagro imbatible
la promesa plena
de una pelusilla impalpable.
Todo se contagia de lo que siempre fue,
un deber que nadie encargó.
La bola rueda
hasta el confín del universo.
La historia del mundo
está en una mónada simple,
una zona clara, una zona oscura.

La musitación
el zumbido de los insectos,
el arroyo entre sombras verdes,
la emoción en las inflexiones,
las contracciones de los meandros,
el mundo insiste
mientras el alma existe,
un feeling del espeso calor
traduce el goteo como temblor
y pasa del ruido al espressivo.
Armónicos quedan en el aire
casi como rayos de luz,
cristalizaciones en ciernes,
suspensiones de vidrio
tocan su armónico y resuenan
con impulso sostenido y calmo,
inoculan su interrogación
espiritual, no menos vibratoria.

Una hojita lanceolada:
su tamaño hace pensar
en un juguete, una maqueta,
un vehículo de aprendizaje.
El autito descascarado avanza
por una pista de zinc.
Las cosas dañadas,
el modelo infantil de las cosas,
una versión de tamaño reducido
en colisiones innumerables.
Un campo de inmanencia
recorrido en bici, casi un baile,
un corte expresivo superior
de clave vibrante y metálico.
La hojita lanceolada
sobre la mesa,
bajo la luz de la lámpara
es casi dorada.
El infinito dentro del mundo
muere con nosotros,
un reservorio nos alberga
y nos disuelve,
el mar detrás del nombre
en sí y no en otra cosa.
Y cuando se hace silencio
en el oído queda el chisporroteo
rotundo del silencio.

Un alfajor de salitre y yodo,
una tras otra, frías salpicaduras,
olas se levantan desde la negrura,
ahuecadas se derrumban tambaleantes
bajo tupidas tropas de nubes negras.
Cada pocos segundos una arremetida
de viento, un espolvoreo de nieve
y el ojo de la serpiente,
la boca abierta a punto de morder
tan próxima que puede tragarnos.
Y ya dentro de la serpiente
viajamos en vagones crujientes
a lo largo del vientre dividido
en escenas o etapas 
construidas en bajorrelieve.
Se pueden tocar con la mano.
De cada grieta nos habla
una voz subterránea,
nos pone en vilo.
Nuestro lugar es la separación.
Nuestro corazón es el restaurador.
La alegría es la vida nueva.
Así la tierra se carga de sentido,
atraviesa la noche y el tiempo,
transporta claridad
en su vientre sexual
una semilla del árbol de la paciencia,
un motivo endócrino
en los pedazos de ser celeste.

Somos seres lentos
pero el universo es raudo.
Todo huye a fuerza de aparecer.
La aspiradora recoge los pelos del perro.
La lluvia chorrea por las grietas,
el río subterráneo entre cavernas
basura y zafiro, los patios de la cárcel,
la alberca donde lavan la ropa,
hasta que un incendio toma cuenta de todo
y todo se hace visible a la luz de las llamas.

La lámpara de Aladino es pura fricción,
chispas brotan al rasparla.
A la luz del tacto, al color del oído
el deseo nace al tiempo que se satisface.
El tacto hace la noche
donde aparece la imagen,
desprende una lasca
sostenida por el disfrute
que se lleva la corriente.
La imagen es flotante,
la intensidad se repite
pero la imagen cambia.
El coito da alas,
desprende, más que crea,
el tronco que se lleva la corriente
se hace legible al desprenderse.

Una espalda de cuero duro,
un costillar para tirarse encima,
el afecto recorre la vida entera,
un poco de tiempo y no apenas un presente,
harmalina de bardos tegumentos
un bosque va marchando
para hacer algún tipo de justicia.
Desde el bosque de acacias
una oruga verde se desliza,
el lomo hecho de pinos verde luz,
la oruga entró a la casa
un bosque marchando.
Un ladrón la pisó
y se quemó la planta del pie.
Salió gritando en una pata sola.
A la oruga no le pasó nada.

El pozo de tierra fresca,
las semillas, el ojo de agua,
el sol calentó cada una de sus fibras.
Con su ola, nuestra vida está aquí,
contornea polos que no coinciden
con ninguna identidad,
plumas géiseres de Antártida,
y tú de viaje hacia el sur.
Saber que la historia del mundo
está en una mónada simple
sin ventanas encerrada en el cráneo,
saber, si te place,
que el cambio está trocado,
y si se cuentan los años
unos dicen ah! Otros uh!

La cebada y el té caliente
me repusieron,
un filtro irisado de pelos,
el mundo concomitante:
“Allí me fue conocida la vida.”
Toda cosa es una contemplación
porque contempla a otro,
una chicharra en el entresijo
eso hace su alegría.
Contempla a otro,
tensa el arco de cada criatura
tocar es ciego aunque emana color,
tocar es placer en acción
elicita vistas al roce,
las vistas salen de la fricción,
las vemos a la luz del tacto.

Todo está quieto,
recogido en sí mismo,
murmurando, raciocinando,
esparciendo inminencias,
ese molino anónimo
entre sombras verdes,
los campos de maíz,
la madrugada se quiebra
con las primeras luces.
Tu camiseta se seca
con el calor que despediste.

El perro ladra,
recorre las habitaciones alarmado,
no concibe abandonar la vigilancia.
Deberíamos agradecerle
esa preservación obstinada del territorio.

Al caer las fichas
se oye un campaneo regular,
la corriente desprende la choza,
vuelan las garzas.
Si ajustamos el lente
veremos los pormenores de la ribera,
un arco iris completo,
cada extremo donde se posa.
Muslos de pachoulí
el bailarín pasa en equilibrio
hojas de bambú en el pecho
en la boca peces de coral.
El caos sigue allí,
renace a cada anochecer.
Quien estuvo en el campo sabe
cómo todo no cesa de crecer.
Una flauta de madera
avanza la noche de verano,
ganancia creciente,
de madera trabajada a cuchillo.

***
Roberto Echavarren (Montevideo, 1944)

domingo, 9 de diciembre de 2018

malú urriola / la poesía es una ilusión óptica









Al lado del carril de la vida pasa el futuro alocado
Los sueños que vimos naufragar florecerán para otros,
y caminarán como nosotros entre la jauría,
y postes esqueléticos de luces que se apagan
y conocerán de esperanzas tratadas a puntas de pies,
y la flor de la pregunta
cuando llueva y haga frío,
les florecerá de pena
y en el aire se dejará oler fresco
el aroma de las murallas mojadas del alma
La vieja historia de nacer soñando y morir
con el rabo pelado
¿Te acuerdas de cuando el horror se apoderó de nosotros,
y el silencio tenía un sonido de botas miserables?
Escuchábamos a Charlie Parker,
recitábamos de memoria a la Mistral
y nos reíamos de nuestros necios congéneres.
La vida que pasa segura sabe que sobrevivimos,
Por eso nos sentamos a ver brillar el cielo
y toda su orquesta de vidrios

***
Malú Urriola (Santiago de Chile, 1967)

sábado, 8 de diciembre de 2018

pedro salinas / dos poemas













Ayer te besé en los labios

*

Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto,
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más. El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada ya,
para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no…
-¿Adónde se me ha escapado?-.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos.

~~~

No rechaces los sueños por ser sueños

*

No rechaces los sueños por ser sueños.
Todos los sueños pueden
ser realidad, si el sueño no se acaba.
La realidad es un sueño. Si soñamos
que la piedra es la piedra, eso es la piedra.
Lo que corre en los ríos no es un agua,
es un soñar, el agua, cristalino.
La realidad disfraza
su propio sueño, y dice:
”Yo soy el sol, los cielos, el amor.”
Pero nunca se va, nunca se pasa,
si fingimos creer que es más que un sueño.
Y vivimos soñándola. Soñar
es el modo que el alma
tiene para que nunca se le escape
lo que se escaparía si dejamos
de soñar que es verdad lo que no existe.
Sólo muere
un amor que ha dejado de soñarse
hecho materia y que se busca en tierra.

***
Pedro Salinas (Madrid, 1891-Boston, 1951)

viernes, 7 de diciembre de 2018

martín adán / dos poemas













Pianissimo
(III op. 28)


(Cortot: “Chopin: Troisième Prélude: Le chant du ruisseau”) 
Quien este consejo quisiera fazer non avrá 
miedo jamás de morir, más traspasará de muerte 
a bevir vida por siempre sin le fallescer
Sánchez Calavera

Par délicatesse J’ai perdu ma vie 
Rimbaud


((‒Cuando nació la diosa, de la mano
Del hombre, con ombligo y con natura,
En mí vino a mirarse la Hermosura...
Y yo, su sombra, me hui... humano.))

((‒La fuente aún mana de donde dimano,
La vez sedienta de mi coyuntura;
Empero sigo en trazo y estrechura,
Como riego de lloro y caz de piano.))

((‒Corrí a espuma de Venus Verdadera,
Y no quiero que agobie mi destino
Flor u hojarasca, otoño, primavera...))

((‒Quiero irme lustral hasta mi sino!!...
¡¡Que mi copia enjugúese en la vera!!...
¡¡Que mi curso desagüe en lo divino!!...))

~~~

Allegro vivace
(Op. 51)


Aus tiefem Traum bin ich erwacht.
Die Lust wil Ewigkeit!
Nietzsche

...mais rendre la lumière 
Suppose d’ombre une morne mottié
Valéry


    ‒Ninguno aspira más que a noche y fuego;
Que el Poeta se engañaba o te mentía;
No quiere ser eterna tu alegría,
Sino besar la boca, y nada luego.

    ‒Es por tiniebla y tino de tu ciego...
Ninguna luz y dios... y así echa el día,
Cual vitre que refracta en la ardentía,
O ríe que refringe en el aniego.

    ‒Tiento y tierra... no neón que el mundo labra
De eterna luz... ni pasmo ni palabra
Es... medido marfil, mujer o piano...

    ‒Es pos, noctívaga, de temple a sueño,
Y en tu solera, soledad de humano
Combusto, enciende de hembra, lar y leño...

***
Martín Adán (Lima, 1908-1985)

jueves, 6 de diciembre de 2018

luis correa-díaz / tres poemas











> poema-drone

lanzar he a los aires este poema
con la esperanza de que entre
mis manos y la altura convertido
sea en un drone, huidobriano
el gesto, lo admito, un volantín
con ojos, sí, para verte mejor,
con un estéreo potentísimo
para dejarte caer sobre el pelo
y en papel picado ese canto II,
que ahora reescribo exacto,
pensando en tus uñas de pies,
confundiendo con ello a ángeles
y terrícolas por igual…; cuatro
brazos con sus tantas hélices
para no dejarte ir jamás de mí

[…]

una gota plástica llena de gas
eléctrico y digitalizado, globo
inflado de un sereno amor ígneo
que te mirara dormir y despertar
como quien contempla la luna
en el agua y el sol en el cielo,
pero que en órbita no lo pondría
para abducirte como un ovni
ni te mandaría este poema-
juguete aéreo, que nunca ha sido
ni será, para querer proyectarte
una película como Cloverfield
Lane, no importa que el final
tenga su punto, arriba lo mío
sería algo más nupcial, palomo
mensajero de mis tecno-verbo
remotas prestidigitaciones

https://www.ted.com/talks/raffaello_d_andrea_meet_the_dazzling_flying_machines_of_the_future#t-46455

~~

> impresos en 3D

me pregunto cómo quedarían,
en serio, los clickable poem@s
impresos en 3D (o bien cómo
se oirían con immersive 3D
audio headphones, eso daría
para otro texto), por ejemplo:
si el segundo, el cuarto, sexto,
décimosegundo o penúltimo…,
pero, sobretodo y por verdadero,
si cuando termine ese scanning
de solitario de amor no more
y viera el resultado encontraría
en el preciso lugar de tu nombre
una de tus orejas, tus hombros,
el diseño maestro de tu nariz,
la huella de tus pies en la arena,
lágrimas mías en tu ombligo,
tus verdes senderos venosos
hacia todos los alegres rincones
de tu biología, las espirales
que te hacen un velo de novia
dorado a veces y carménère
otras, la curvatura impaciente
por la luz del mundo en tus ojos
cuando duermes, la sábana
pecosa de tu piel…, en fin y
para no caer en latinas letanías:
la húmeda comisura superior
de tu vertical sonrisa, la argolla
cordial de nuestro compromiso,
el contorno inédito de tus senos,
nuestro inner fish, según Shubin,
revelado en tu espalda jónica…;
… si te veré levantarte del papel,
de esa pantalla en su ley propia,
con la misma cara de mañanas
y noches que no vio Leonardo
ni en sus más wildest dreams
-y en ello y muy de pasada, casi
sin buscarlo, así anunciaremos
una rudimentaria versión de
la resurrección de los cuerpos,
aunque tal triunfo irrelevante
nos sea, la gloria nuestra simple-
mente es de índole quevediana-,
… me pregunto si te veré toda
enterita y hacerte esta confesión:
I got a secret secret and just
keep me alive, arigato gozaimasu
https://www.dailymotion.com/video/x7kxo_styx-mr-roboto_music,
pues ya que le he presentado
mis credenciales a tu sonrisa
https://m.youtube.com/watch?v=EMwYrLh6G70,
no me voy para el olvido quedar
en ti ni tú en mí ya más en 2D,
eso está prometido popping up
the question en vallenato mode
(como lo han hecho millones):
https://m.youtube.com/watch?v=HDWEuZn0Lgw

~~

> a little time machine

our eyes are a little time machine
-lo leí o escuché en alguna parte,
no recordar el dónde ni el quién
paréceme ser la más saludable
de las misfortunes-, en cuanto
todo lo que vemos y creemos ver,
cual sino perpetuo, obstruso
de telescopio y esto y no más
son nuestros ojos hacia afuera
-cosa indicada y muy ilustrativa
para comprender de un viaje
esa condición cyborg tan nuestra
como de lo vivo sin excepción
desde siempre y no de ayeres-,
todo lo visto ya fue y para este
simple mirar alrededor apenas
ha sido, en la comarca fugaz
de un nanosecond, paradoja es
que sea lo mismo que millones
de años luz y tal o cual estrella
reventó y recién lo registramos,
ah lo definitivo del caso ‘ya fue’,
> porque cuando tú me sonríes
desde tu irrefutable presente
a ese momento llego tarde, y
sólo te puedo amar habiendo
sido: cada vez que te miro, que
te oigo incluso, no eres ya quien
me cantaba un ‘hey soul brother’
con la letra fílmica en su cuerpo,
ni yo obviamente que almendro
te correspondía con su lente
en un instagrámico parpadeo
https://m.youtube.com/watch?v=kVpv8-5XWOI…;
todo esto te lo digo no por nada
sino para que sepas que cuando
mi ser óptico se enfocan en ti
te veo siempre en un después y
es en ese breve espacio-tiempo
where my heart truly resides,
donde deseo se vuelve devoción
y ésta, como tajamar del olvido,
en un doble rezo por nosotros
https://m.youtube.com/watch?v=4PN5JJDh78I,
que sé que al amarme también
amas lo que yo amo y vicevers@

***
Luis Correa-Díaz (Santiago de Chile)

miércoles, 5 de diciembre de 2018

salvador dalí / dos poemas











Poema

*

A Lydia de Cadaqués

Una oreja quieta encima un pequeño humo derecho indicando lluvia
[de hormigas sobre el mar.
Al lado de la roca fría hay un pelo de pestaña.
Un pedazo de carne desgarrada señalando el mal tiempo.
Hay seis pechos extraviados dentro un agua cuadrada.
Un burro podrido zumbante de pequeñas minuteras representando el
[principio de la primavera.
Hay un ombligo puesto en un sitio con su pequeñísima dentadura
[blanca de espina de pez.
Un cangrejo seco sobre un corcho indicando la crecida del mar.
Hay un desnudo color de luna y lleva su nariz.
Una botella de anís del mono horizontal sobre una madera vacía,
[simulando el sueño.
Hay una sombra de aceituna en una arruga.

~~~

Con el sol

*

Con el sol me nace un pequeño cornetín de un puñado de más de
[mil fotografías de asnitos secos.
Con el sol, cerca de un sitio vacío y mojado cantan 6 babas y
[una pequeña sardina roncadora.
Con el sol hay una pequeña leche derecha encima del ano de una
[caracola.
Con el sol me nacen dos pequeños tiburones, desdentados, por
[debajo del brazo.
Con el sol hay un moco, de pie, al borde de un canto de acera
y otro moco, de pie, en la cumbre de mi dedo a punto de volar
y otro moco derecho a 20 m. encima una piedra que parece un
[monumento a los loros,
y otro moco quieto encima una arna a 40 m, que es un alegre canción,
y otro moco seco, que es un viraje,
y otro moco volador, que es un traje sastre,
y otro moco enrampado, que es la historia de una nuez,
y otro moco, dado a la bebida, que es los ruidos de la guerra europea.
Cuando hace sol, cuando hace sol, cuando hace sol, cuando hace
[sol, cuando hace sol, cuando hace sol!
Cuando hace sol, hago bonitos castillos
Con corchos pintados de rojo.
Con plumas de colores.
Con saliva.
Con los pelos de las orejas de mi familia.
Con el vómito de los felices animalitos.
Con los hermosos marcos de los cuadros artísticos.
Con los excrementos de las cantantes, de las bailantes, de las cabras, de los
                                                          [aficionados a la grisantema, de las bestias secas.
Este castillo lo hago expresamente para que lo habite un curioso matrimonio
compuesto de un saltamontes viejo y una cenicita de cigarro. El saltamontes
está formado por más de 100/000.000 diminutos peces espada; si
se sopla, los diminutos peces espada se esparcen por el aire y sólo queda de
él una antigua y delgadísima pluma estilográfica peluda.
En cuanto a la cenicita, ¿tendré que insinuar aún que se trata de un simple
MOCO?

UNA PLUMA, que no es tal PLUMA, sino una diminuta HIERBA, representando
un caballito de mar, mis encías sobre la colina y al mismo tiempo un
hermoso paisaje primaveral
* * *
Hay una cabeza de ciervo seca puesta sobre el musgo,
de la cabeza del ciervo sale un pequeño puerco
después otro pequeño puerco
después otro pequeño puerco
después otro pequeño puerco
después un pequeño ciervo verde como una rana
después otro pequeño puerco
después otro pequeño ciervo, verde como el perejil
después aún tres pequeño puercos
y después otro ciervo
y a este pequeño ciervo se le enredan los cuernos
pero hace andar las patas
las patas hacen rodar un tonel de paja tierna
pero el tonel de paja rueda porque debajo hay un río que pasa
y la corriente se lleva el tonel
al llegar a la cascada cae encima de unas ramas y le nace borra
a la mañana siguiente el tonel queda anidado por infinidad de
[diminutas fotografías que representan
sombrillitas de colores
en las que están pintadas los famosos lagos.
Río abajo vive un moco en una cabaña
no quiere más adorno
que una pequeña pero clarísima fotografía de una ardilla
y en vez de lavabo y como único mueble
tiene una almendra recién mondada suspendida de un hilo del
[centro del techo.


* * *

Es la época de los bonitos paisajes
de los bonitos paisajes consistentes
en 10.000 pequeños jarrones artísticos de cristal
con raíces de espuma
de los bonitos paisajes consistentes
en 3 caballos rabiosos confitados dentro de una botella
de los bonitos paisajes consistentes
en un mochuelo helado dentro de una piedra
de los bonitos paisajes consistentes
en lejanas montañas que son 3 caracolas altas como la torre
[Eiffel
y que se esfuerzan en representar una hojita de menta.

* * *

Por qué tanta altura caracolas de nácar?
Por qué las manos que caen de vuestra cumbre quedan dormidas?
por qué me han crecido uñas en la punta de los dedos?
es también esto un secreto?
tengo bastantes pelos...
es esto un motivo para estar triste?
debo quizás arrancar mis pelos?
estaría bien que bailara un bonito baile?
Un baile no muy cansado?

* * *

Por qué esperar que la espuma se pose sobre las rocas lisas
si precisamente las nubes viven
dentro las plumas de dentro las rocas lisas
pero las nubes, la espuma y las rocas lisas
no forman otra cosa que un antiguo y conocido paisaje
donde viví mi adolescencia
mis labios, mis ojos perdidos entre los guijarros...
mis cabellos imitando los gestos de las piedras
y vigilado únicamente
por una aceitunita vigiladora
alegre
como un violento puntapié en medio del culo.

***
Salvador Felipe Jacinto Dalí i Domènech,​ marqués de Dalí de Púbol (Figueras, 1904-1989)