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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.
Mostrando las entradas con la etiqueta Poesía española. Mostrar todas las entradas
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lunes, 3 de noviembre de 2025

federico garcía lorca / fábula y rueda de los tres amigos













Enrique,
Emilio,
Lorenzo.

Estaban los tres helados:
Enrique por el mundo de las camas;
Emilio por el mundo de los ojos y las heridas de las manos,
Lorenzo por el mundo de las universidades sin tejados.

Lorenzo,
Emilio,
Enrique.

Estaban los tres quemados:
Lorenzo por el mundo de las hojas y las bolas de billar;
Emilio por el mundo de la sangre y los alfileres blancos,
Enrique por el mundo de los muertos y los periódicos abandonados.

Lorenzo,
Emilio,
Enrique.

Estaban los tres enterrados.
Lorenzo en un seno de Flora;
Emilio en la yerta ginebra que se olvida en el vaso,
Enrique en la hormiga, en el mar y en los ojos vacíos de los pájaros.

Lorenzo,
Emilio,
Enrique.

Fueron los tres en mis manos
tres montañas chinas,
tres sombras de caballo,
tres paisajes de nieve y una cabaña de azucenas
por los palomares donde la luna se pone plana bajo el gallo.

Uno
y uno
y uno.

Estaban los tres momificados.
Con las moscas del invierno,
con los tinteros que orina el perro y desprecia el vilano,
con la brisa que hiela el corazón de todas las madres,
por los blancos derribos de Júpiter donde meriendan muerte los borrachos.

Tres
y dos
y uno.

Los vi perderse llorando y cantando
por un huevo de gallina,
por la noche que enseñaba su esqueleto de tabaco,
por mi dolor lleno de rostros y punzantes esquirlas de luna,
por mi alegría de ruedas dentadas y látigos,
por mi pecho turbado por las palomas,
por mi muerte desierta con un solo paseante equivocado.

Yo había matado la quinta luna
y bebían agua por las fuentes los abanicos y los aplausos.
Tibia leche encerrada de las recién paridas
agitaba las rosas con un largo dolor blanco.

Enrique,
Emilio,
Lorenzo.

Diana es dura,
pero a veces tiene los pechos nublados.
Puede la piedra blanca latir en la sangre del ciervo
y el ciervo puede soñar por los ojos de un caballo.

Cuando se hundieron las formas puras
bajo el cri cri de las margaritas,
comprendí que me habían asesinado.
Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias,
abrieron los toneles y los armarios,
destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.
Ya no me encontraron.
¿No me encontraron?
No. No me encontraron.
Pero se supo que la sexta luna huyó torrente arriba,
y que el mar recordó ¡de pronto!
los nombres de todos sus ahogados.

***
Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898-Granada, 1936)

Nota de Jorge Aulicino: En varias oportunidades, se señaló este poema como premonitorio. Los tres esqueletos mencionados en el poema serían Lorca y las dos personas con que fue enterrado luego de su fusilamiento sin juicio, al comienzo de la guerra civil española de 1936-1939. Hasta ahora no se hallaron esos cuerpos, y esto también estaría anticipado, en el final del poema.

jueves, 30 de octubre de 2025

maría victoria atencia / dos poemas













Ternura

*

Quizás no sea ternura la palabra precisa
para este cierto modo compartido
de quedar en silencio ante lo bello exacto,
o de hablar yo muy poco y ser tú la belleza
misma, su emblema, aunque tan próxima y latiendo.
Y es también un destino unánime que vuelvan
a idéntico silencio -cuando llegue la hora
de la tregua indecible- mi palabra y tu zarpa.

~

Epitafio para una muchacha

*

Porque te fue negado el tiempo de la dicha
tu corazón descansa tan ajeno a las rosas.
Tu sangre y carne fueron tu vestido más rico
y la tierra no supo lo firme de tu paso.
 
Aquí empieza tu siembra y acaba juntamente
–tal se entierra a un vencido al final del combate–,
donde el agua en noviembre calará tu ternura
y el ladrido de un perro tenga voz de presagio.
 
Quieta tu vida toda al tacto de la muerte,
que a las semillas puede y cercena los brotes,
te quedaste en capullo sin abrir, y ya nunca
sabrás el estallido floral de primavera.

***
María Victoria Atencia (Málaga, 1931)

domingo, 27 de julio de 2025

antonio machado / a líster, jefe en los ejércitos del ebro













Tu carta -oh noble corazón en vela,
español indomable, puño fuerte-,
tu carta, heroico Líster, me consuela,
de esta que pesa en mí, carne de muerte.
Fragores en tu carta me han llegado
de lucha santa sobre el campo ibero;
también mi corazón ha despertado
entre olores de pólvora y romero.
Donde anuncia marina caracola
que llega el Ebro, y en la peña fría
donde brota esa rúbrica española,
de monte a mar, esta palabra mía:
"Si mi pluma valiera tu pistola
de capitán, contento moriría".

***
Antonio Machado (Sevilla, 1875-Collioure, 1939)

martes, 17 de junio de 2025

leopoldo maría panero / tres poemas









Ora et labora

*

Señor, largo tiempo llevo tus restos en el cuello y aún
en mi boca sola, y me arrodillo ante las tardes
y en rezo me evaporo,
como si fuera mi casa la ceniza.
Es
como si no existo, como si el rezo
pidiera a los dioses la limosna de mi nombre
ante la tarde entera.
Nunca supe lo que el cielo era:
quizá la tarde, tal vez
amar más que ninguno
a mi madre, la ceniza.
¡Oh espía!
De mi aparta tu ojo, hice un voto
haz secreta mi muerte.

~

Dedicatoria

*

Más allá de donde
aún se esconde la vida, queda
un reino, queda cultivar
como un rey su agonía,
hacer florecer como un reino
la sucia flor de la agonía:
yo que todo lo prostituí, aún puedo
prostituir mi muerte y hacer
de mi cadáver el último poema.

~

La canción del croupier del Mississipi

*

Canción pirata

Fumo mucho. Demasiado.
Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio,
y oigo pasar la vida como quien pone la radio.
Fumo mucho. En el cenicero hay
ideas y poemas y voces
de amigos que no tengo. Y tengo
la boca llena de sangre,
y sangre que sale de las grietas de mi cráneo
y toda mi alma sabe a sangre,
sangre fresca no sé si de cerdo o de hombre que soy,
en toda mi alma acuchillada por mujeres y niños
que se mueven ingenuos, torpes, en
esta vida que ya sé.
Me palpo el pecho de pronto, nervioso,
y no siento un corazón. No hay,
no existe en nadie esa cosa que llaman corazón
sino quizá en el alcohol, en esa
sangre que yo bebo y que es la sangre de Cristo,
la única sangre en este mundo que no existe
que es como el mal programado, o
como fábrica de vida o un sastre
que ha olvidado quién es y sigue viviendo, o
quizá el reloj y las horas pasan.
Me palpo, nervioso, los ojos y los pies y el dedo gordo
de la mano lo meto en el ojo, y estoy sucio
y mi vida oliendo.
Y sueño que he vivido y que me llamo de algún modo
y que este cuento es cierto, este
absurdo que delatan mis ojos,
este delirio en Veracruz, y que este
país es cierto este lugar parecido al Infierno,
que llaman España, he oído
a los muertos que el Infierno
es mejor que esto y se parece más.
Me digo que soy Pessoa, como Pessoa era Álvaro de Campos,
me digo que estar borracho es no estarlo
toda la vida, es
estar borracho de vida y no de muerte,
es una sangre distinta de esa otra
espesa que se cuela por los tejados y por las paredes
y los agujeros de la vida.
Y es que no hay otra comunión
ni otro espasmo que este del vino
y ningún otro sexo ni mujer
que el vaso de alcohol besándome los labios
que este vaso de alcohol que llevo en el
cerebro, en los pies, en la sangre.
que este vaso de vino oscuro o blanco,
de ginebra o de ron o lo que sea
- ginebra y cerveza, por ejemplo -
que es como la infancia, y no es
huida, ni evasión, ni sueño
sino la única vida real y todo lo posible
y agarro de nuevo la copa como el cuello de la vida y cuento
a algún ser que es probable que esté
ahí la vida de los dioses
y unos días soy Caín, y otros
un jugador de poker que bebe whisky perfectamente y otros
un cazador de dotes que por otra parte he sido
pero lo mío es como en "Dulce pájaro de juventud"
un cazador de dotes hermoso y alcohólico, y otros días,
un asesino tímido y psicótico, y otros
alguien que ha muerto quién sabe hace cuánto,
en qué ciudad, entre marineros ebrios. Algunos me
recuerdan, dicen
con la copa en la mano, hablando mucho,
hablando para poder existir de que
no hay nada mejor que decirse
a sí mismo una proposición de Wittgenstein mientras sube
la marea del vino en la sangre y el alma.
O bien alguien perdido en las galerías del espejo
buscando a su Novia. Y otras veces
soy Abel que tiene un plan perfecto
para rescatar la vida y restaurar a los hombres
y también a veces lloro por no ser un esclavo
negro en el sur, llorando
entre las plantaciones!
Es tan bella la ruina, tan profunda
sé todos sus colores y es
como una sinfonía la música del acabamiento,
como música que tocan en el más allá,
y ya no tengo sangre en las venas, sino alcohol,
tengo sangre en los ojos de borracho
y el alma invadida de sangre como de una vomitona,
y vomito el alma por las mañanas,
después de pasar toda la noche jurando
frente a una muñeca de goma que existe Dios.
Escribir en España no es llorar, es beber,
es beber la rabia del que no se resigna
a morir en las esquinas, es beber y mal
decir, blasfemar contra España
contra este país sin dioses pero con
estatuas de dioses, es
beber en la iglesia con música de órgano
es caerse borracho en los recitales y manchas de vino
tinto y sangre "Le livre des masques" de Rémy de Gourmont
caerse húmedo babeante y tonto y
derrumbarse como un árbol ante los farolillos
de esta verbena cultural. Escribir en España es tener
hasta el borde en la sangre este alcohol de locura que ya
no justifica nada ni nadie, ninguna sombra
de las que allí había al principio.
Y decir al morir, cuando tenga
ya en la boca y cabeza la baba del suicidio
gritarle a las sombras, a las tantas que hay y fantasmas
en este paraíso para espectros
y también a los ciervos que he visto en el bosque,
y a los pájaros y a los lobos en la calle y
acechando en las esquinas

***
Leopoldo María Panero (Madrid, 1948-Las Palmas de Gran Canaria, 2014)

martes, 27 de mayo de 2025

gracia morales / bienaventuranza vi










Bienaventuradas sean aquellas mujeres
‒tan siempre madres, esposas,
abuelas o hermanas‒
que aprenden a levantar sus puños
en plazas, autobuses y dormitorios.
Bienaventuradas cuando dejan,
doblados sobre una silla,
el delantal, los suspiros,
la prudencia,
el temor, las cacerolas.
 
(Mujeres malabaristas,
capaces de dividir
entre ocho o quince el arroz,
los colchones y los besos;
mujeres cosidas a la tierra,
con ramas donde aletea un griterío de niños,
piar de niños que piden agua,
que piden, que piden,
cuánto piden,
subiéndose por los hombros y las piernas.)
 
Bienaventuradas
las mujeres que se agarran
bien fuerte las unas a las otras
y salen a recorrer las calles,
con pancartas de letra infantil.
Bienaventuradas ellas,
porque se han atrevido a gritar,
con su voz recién estrenada,
las palabras grandes, paz, respeto,
libertad, justicia, dignidad,
sin haberse cambiado de ropa,
en zapatillas y con pañuelos blancos
cubriéndose la cabeza.

***
Gracia Morales (Motril, 1973)

viernes, 23 de mayo de 2025

max aub / dos poemas












He aquí la muerte

*

He aquí la muerte
que a nada se parece.
Parece, tú, perece.
Estoy frente a la muerte,
frente a frente en el frente.
¿La tuya? ¿La mía?
¿A qué se parece?
¿A la noche o al día?
¿Cómo es? ¿Qué color tiene?
¿Negra? ¿Por qué ha de serlo?

A lo mejor
es igual al desierto,
pero mayor.
Como la vida misma,
pero más grande.
Tal vez muerta de miedo
viéndose en un espejo,
como yo.

~

Viento loco, tierra seca,
boca sedienta, sediento.
Mundo ciego, arena en el cielo.
Polvo, tormenta, tormento.

Vuela y entierra y aúlla
la arena de duna en duna.
Tierra que aterra y entierra
en cielo vuelto y revuelto.

***
Max Aub (París, 1903-Ciudad de México, 1972)

martes, 13 de mayo de 2025

cristóbal de castillejo / dos poemas













Musas italianas y latinas...

*

Musas italianas y latinas,
gentes en estas partes tan extraña,
¿cómo habéis venido a nuestra España
tan nuevas y hermosas clavellinas?

O ¿quién os ha traído a ser vecinas
del Tajo, de sus montes y campaña?
O ¿quién es el que os guía y acompaña
de tierras tan ajenas peregrinas?-

-Don Diego de Mendoça y Garcilaso
nos truxeron, Boscán y Luis de Raro
por orden y favor del dios Apolo.

Los dos llevó la muerte paso a paso,
Solimán el uno y por amparo
nos queda don Diego, y basta solo.


Soneto II

*

Garcilaso y Boscán siendo llegados
al lugar donde están los trovadores
que en esta nuestra lengua y sus primores
fueron en este siglo señalados,

los unos a los otros alterados
se miran, demudadas las colores,
temiéndose que fuesen corredores
o espías o enemigos desmandados;

y juzgando primero por el traje,
pareciéronles ser, como debía,
gentiles españoles caballeros;

y oyéndoles hablar nuevo lenguaje,
mezclado de extranjera poesía,
con ojos los miraban de extranjeros.

***
Cristóbal de Castillejo (Ciudad Rodrigo, 1491-Viena, 1556)

domingo, 9 de marzo de 2025

isla correyero / tres poemas













Para quien escribo

*

Mi hijo de diez años me ha preguntado para quién escribo.
Mi palabra sale de la afonía de una guardia, de un sufrimiento crónico.
Escúchame, Paolo, yo quisiera escribir para todos los que sufren en esta larga galería de la muerte.
Para los que lloran por el clima y desfallecidamente caen entre las sábanas mojadas.
Para las madres que nunca acaban de perder al hijo estremecido y permanecen a su lado las horas eternas de las tinieblas.
Escribo para los ancianos sin sucesión ni campos de manzanas que llaman solitarios a los timbres temblando por su incontinencia.
Para el bálsamo de su inmovilidad escribo en el lavatorio de sus heces.
Escribo, Paolo, para las alas fosfóricas de la guadaña que pasa cada noche sobre el piso noveno y deja caer su cucharón de palo para comerse al más ausente.
Para los hijos, escribo, los hijos que fuman los cigarros amargos a escondidas y lloran lágrimas nerviosas porque aún no han accedido a la soberanía de la enfermedad.
Para las hermanas levísimas que besan en los labios y en los dedos la amarilla delicia de la fiebre de su hermano.
Dulce niño que no comprenderás ahora estas palabras que levanto:
Para los enfermos atados a las camas que ven las rápidas transformaciones de la luna y las tortugas.
Para las esposas continuas que sólo van a casa a lavarse el olor y la vertiginosa lucidez de los zumbidos.
Escribo, Paolo, para el amante que no podrá entrar a besar a su amado y que sufre llamándolo, sin voces: amor mío, amor mío.
Escribo, Paolo, para valorar el trabajo de las limpiadoras que renuevan el hospital y el ruido de la orina.
Para los delicados y sorprendentes celadores, las voladoras cocineras, los peluqueros ágiles, los dóciles suplentes.
Para las enfermeras azules de la eternidad y sus ayudantes, los médicos humildes.
Para los estudiantes que vienen a devorar la enfermedad con su infantil y entusiasmado volumen de primero.
Para la misericordia y la paciencia, escribo.
Para declarar que el olor de los medicamentos y las deyecciones precipitan las tragedias.
Para los trasplantados, los locos, los quemados, los absortos en el estrabismo de la muerte.
Querido niño azul, yo escribo para los animales que trabajan en el ovillo de la hierba y nunca acaban de vagar por el animalario.
Y sobre todo, sobre todos los seres de este mundo, yo escribo para él, tú ya lo sabes, para él, que se ha ido en esta primavera y se ha llevado todo mi derrumbado diccionario de la medicina.

~

El deseo

*

Ésta es la enfermedad cruel del deseo.
La ruta de los pájaros sonámbulos
en vuelo breve bajo las tormentas.
Conozco sus libreas y sus máculas
Y las motrices ansias eternales,
demasiado bien lo conozco.

Desciende azotándome hasta el cauce
y arranca blancas prendas con su apremio.
Cruza paisajes de escarcha subterránea,
desiertos, lunaciones, parajes en crepúsculo.
Es un huésped simbionte en las dunas más altas.
Es un paraje negro oculto entre la nieve.

Cuando llegan las horas del silencio
se asienta en mí y persiste
balancea mis ancas, las abulta.
Es un impulso espeso y enturbiado
que bordea mis labios
y que en fugaz ración muestra su presencia.

Nada sabe del alma ni sus incubaciones,
nada necesita:
sólo el grueso espejo de otro cuerpo caliente.
Y sólo permanece la sombrilla violeta de mis ojos breñales
cuando en la nublada languidez del vaho
el cristal no devuelve más que su superficie.

Ésta es la enfermedad cruel del deseo
que por ti siento siempre,
hondísimo
quemando,
y no devuelto.

~

Mi retrato a lápiz


Soy melancólica. Melómana. Trapecista en la cuerda de los sueños y el arte. Cumplo con mi destino de guerrera. Canto lo bello y lo perfecto. Bebo, fumo y esnifo. Mi mente es un río caudaloso que nadie ha dominado. Soy perversa, cruel y me bañan las lágrimas a solas. Adoro la justicia y los bienes perdidos. Bramo de odio en lo alto de las cumbres si no consigo lo que busco. Esquizofrénica, locuaz e impertinente. Me gustan los licores y las sedas. Amo el destierro, los bosques y la danza. Mis aventuras escandalizan a los necios y con el dedo me gusta tocar los labios de la noche. Idolatro la luz que expresa Kubrick y el tormento exquisito de Visconti. De mí se dice que no me harto de belleza y que bebo a destiempo de los cuerpos. Vomito internamente ante lo vulgar y lo ridículo y desgarro mi pecho ante lo feo. Me gozo en soledad como un diamante y brillo entre celajes como nutria. De niña coleccionaba tréboles y olores, insectos y lecturas. Nunca mi espada está enfundada y he aprendido el arte de la esgrima. Me gustan las hierbas y la magia y busco el Grial para mi amo. Soy heroica, altanera y distraída. Me cobijo en mansiones de alquiler y no obedezco leyes ni partidos. Me gustan los vaqueros y las pieles, el lino y los trajes ajustados. Mido uno sesenta de estatura y ochenta mal medidos de busto confidente. El tacto de la nieve me subyuga, oír a Bach me iza y me conmueve, oler a piel me excita doblemente; ver una toma en treinta y cinco de Murnau me hace comprender qué es la poesía. Como el Vesubio expulso lava incandescente al recordar la Italia. Llevo siempre carmín rojísimo en los labios y altos zapatos de tacón granate. Tengo arrebatos de amor hacia cualquiera y el sexo para mí es una sombra.

!Y me gusta jugar a lo que sea!

***
Isla Correyero (Miajadas, 1957)

jueves, 13 de febrero de 2025

lola nieto / cf











¿Tú crees que si pienso en algo, algo me percibe de algún modo? ¿Tú crees que pensar así cambia el devenir de las acciones, la fluctuación de las corrientes de una sangre almibarada a pista de un caldo angélico? ¿La posibilidad de hacer que alguien haga algo por pensarlo, por estar ahora mismo en esto, esto sucede? El cuerpo entero lo fruncí de proyección con la mente plegada en cesta sin canal, sin acompañamiento ni estructura. El lapso en solo concentración. Lo llamarías adorar. Pues creo que es adorarte in situ, a divinis, a verbis ad verbera, ab aeterno, confieso que es exageración esto del final, pero me gusta probar la línea frágil. Lo supiste. Y voy a ser sincera. De hecho, lo podías saber desde mucho antes, cuando deambulé con una notita patética y tierna. No sé cómo sabía entonces cuál era tu casa, ¿cómo supe?, ¿dime, cómo fue eso? Me senté en el bar feo de delante con la nota estrujada, tomé café, esperé y nada sucedió. Te da tanta vergüenza como a mí. Por eso escribo. Justo como ahora. Es una prueba. Seguro que fue un aprendimiento de ti, de aprender y prenderme, de lo que aprendí porque yacía sujeta de ti en ti para que por ti me vieras dejándome de ver en ti misma transformada: ad absurdum pero bonito. Como traición y abandono. Trai la ción ya dono a ti tútú et túdemí et medetí. ¿Funciona en la distancia? Solo alguien trabaja. Y otra ampara. Si donde tú estás ahora yo no estoy, sientes la baba de los moluscos que te regalé, ¿estarán aún prendidos en la pared frente a la cama? Tibia un viaje se parece a sopa sin grumos, caldera en abstracción, cardiopatía es coronación porque parte el cardo en cuerdas par et coeur ador ía corta carta acta fabula est: parte es lo que esto í esta no es. Carta debe ser de una a otra, en círculo cerrado. Y en eso la carta reconvierte la ambigüedad en dos acontecimientos concretos y consabidos, tú:yo. El pronombre es lo más cerca. Por eso tú lees esto que es una carta pero se encuentra en un sitio de no ser carta y piensas que tú eres el tú al que escribo. Y quizá sí. Si en algún momento tú que eres el único tú de esta carta lees esta carta, sabrás que eres. O quizá no. Todo el otro tú sabrás que esto no es una carta sino ficción y por eso está en un sitio de no ser carta sino de ficción. ¿Cómo saber entonces quién eres? Es lo único que no puedo saber yo: tú-c / tú-f: tres aristas iguales. Porque carta es círculo cerrado pero no vínculo cerrado. Esta carta es un triángulo y una carta-ficción. En algunas lenguas, letra y carta se dice igual. Si escribo en algunas lenguas esta carta es una letra y muchas. ¿Cuál? Cf: esto. Como aquel día en el cine. Cuando estaba sentada en la sala muy grande en oscuridad y sin personas. Percibí que estaba cerca, de pie, con un bastón. Me dio tal estremecimiento que necesité cambiar de sitio. Pero antes noté que estaba más cerca todavía, muy cerca realmente. Me dijo a la altura del hombro, por estatura no llegó a más, algo que aunque no recuerdo en su literalidad, fue una carta para el futuro. Yo no respondí, como ahora tú no respondes, supongo que es un modo de estar en paz, en letra muerta, ad litteram, ad hoc, ad memoriam rei perpetuam, ad nauseam. Solo trato de ser un tanto irónica, porque ciertamente esto se está poniendo ex ungue leonem, in fine, muy per se. Sucedió en un sueño esta cuestión tratada pero siempre pensé que habías tramado tal modo de conectar. Igual que hice yo: me asusté para siempre. Dices: si quieres escribir una carta deberías hacerlo y acabar con esto. Te imagino ante esta c-f que no te envié y que sí te envié. Enfadada para siempre. Fue por pensar en todas las posibilidades: stellein, stello, apo, epi, poner en orden, mandar, yo envío, yo pongo, aparte, fuera, lejos, sobre, estel, estrela, stea, star, stern, stjärna, seren, sitara. Fue por pensar en: llenar, romper, rodaja, espuela, persona que se dedica a ver, también caballo que lleva la cabeza alta generalmente por tener una en la frente. En esta carta hay tres. Cuando una de las dos muera, ¿qué pasará?, ¿dónde crees que irá toda la energía tan fuerte? Luego crecí. Luego volví a crecer más. Y ahora viene el motivo. Se puede llamar de muchas formas. Yo lo llamo igual. Quiero decir que te traté y en esa imposibilidad traté en lo que envuelve. El caso es que un acontecimiento nunca alberga una necesidad. Ese día era una plaza de noche porque era invierno o casi. Y me lancé a llorar. En una mano sujetaba una bici y en la otra la solapa, a la que me agarré y tuve que agacharme por estatura, como siempre. Alguien mira. Miraban de hecho dos personas, recordarás. Ese día pudo suceder. No entendiste que era algo así como cabernos a la vez. O precisamente. A veces no calibro la fuerza que poseo. Deshacer. Qué exageras. Quién sabe. Igual pasaba todo pero al revés. Tú calibrabas lo mismo y contrario, versus. Quizá perdiste mi fuerza. Estelar, tela, tri. Por creer siempre creí que lo querías todo. Y por querer quería que quisieras esto. Por esto, pensé que nunca te he visto llorar. Como todas, nosotras también. Fuerza, fantasma, futuro, todo va con f. Ave atque ave. Ahora c. Nos sirve para proyectarnos en algo. Acordarnos de adoración o de odio, cor, cordio, cordialmente, lo mismo da: bis. Nunca pierdo cuando juego. Tú tampoco. Sospecho que piensas ahora mismo dos cosas a la vez. Destruir es un buen alimento.

***
Lola Nieto (Barcelona, 1985)

jueves, 6 de febrero de 2025

chantal maillard / dos poemas









Conjuro para decir mentiras y construir verdades

*

«Si a alguien es lícito faltar a la verdad será únicamente
a los que gobiernan la ciudad, autorizados para hacerlo con respecto
a sus enemigos y conciudadanos. Nadie más podrá hacerlo.»
(Platón, República, III)

Cuando cumplí seis años, a cambio de su amor,
mi madre me arrancó la terrible promesa
de no mentir jamás.
Así, igual que un soberano controla al pueblo al que gobierna,
ella me dio la libertad que al necio se le otorga:
actuarás dentro del margen que yo-mis leyes establecen.
No había escapatoria: su ministro de asuntos interiores
tenía su despacho montado en mi conciencia.
Yo la echaba de menos, por eso no traicioné su confianza;
fui fiel a mi promesa.
Pero también, y con el tiempo, quise ser fiel a mis instintos
y extensiva se hizo la verdad al deseo que impulsaba mis actos.
Creo que confundí el orden imperioso del deseo
con el orden común de los Estados,
pues provoqué una guerra.
Después del gran naufragio, ella me preguntó:
¿no podías acaso haber mentido?
En ese instante, entonces, usurpé la corona.
Ser libre no es un don, es una reconquista,
y a menudo es preciso callar y conducir
las palabras al cauce más amable;
es preciso callar para construir
aquella historia que habrá de guardarse
como un largo secreto del que nadie es testigo. Ser libre
es cuidar de un misterio
sobre el que el alma se moldea.
Hay seres que comprenden temprano este principio;
me produce ternura descubrir sus engaños
y comprobar la paz que de ellos resulta;
admiro las mentiras bien trabadas,
la coherencia del engarce, el arte dirigido
hacia un fin; me conmueve
la soledad de aquel que las inventa
y consiente al imperio de su lógica.
El que miente edifica el mundo que conviene
para salvaguardar la ficción de los otros, la legítima
ficción que necesitan contra
la angustia de sentirse
tan solos
sin leyes, sin verdades,
sin ese amor que creen recibir
a cambio de su alma.
Aprendo del que calla, del que miente y engaña
el fuego soterrado que aún gime en mi pecho,
aprendo a dirigir su lava en mis infiernos
para el mejor gobierno de los mundos.
Desde ahora mi mano es la que guía
el fiel de la balanza: la verdad y su opuesto
son las onzas que pongo en los platillos
según el juego lo requiera.

~

Todos tienen algún objeto precioso que ofrecer...

*

Todos tienen algún objeto precioso que ofrecer:
un cuenco de agua negra en que mirarse,
la piel recién curtida de un leopardo,
un hijo o un potro amado por los vientos.
Pero yo nada tengo:
cuando quiero mostrar tu reflejo en mis manos
te pierdo, y otra noche infinita
comienza, pues al perderte ni siquiera yo
me pertenezco.

***
Chantal Maillard (Bruselas, 1951)

sábado, 28 de diciembre de 2024

julio césar galán / dos poemas









Sobre el nivel del mar

*

Ansío toda luz porque un día fijé el mundo
con mi dedo índice,
                                         y amo
el correr de los ríos porque de algunos peces
                                                        aprendí hondura.
Fueron mis ojos quienes miraron
               por primera vez
que en la caída de los astros se escondían
               un niño y una rueda.
Siempre me hice invisible cuando los hombres
pusieron sus manos
                                      sobre mi fingida presencia,
y cuando tuve un brazo que parecía un ala,
las flores que brotaban
            en los tejados me otorgaron
                                       las dádivas de un vientre,
ésta es la única verdad que he conocido.

A dos mil pies sobre el nivel del mar
la marcha de los pasos deja de orbitar,
           el frío aumenta toda lucidez,
y la respiración es lenta
           como la vida en las montañas
y en las ermitas, el corazón renuncia
a cualquier renuncia,
y la única doctrina es la fecundidad.

Nuestro propósito es crecer cuando creamos
            y amar a cuanto no desgarre,
nutrirnos de nosotros mismos y no golpearnos             
                          en soledad
y que cada vez que el mundo sea la primavera
nos despojemos de cuanto fuimos
                   y seremos, formando
la columna que une nubes, espacios y semillas.

El truco no es difícil ni complejo,
tan sólo se necesitan
algunas dosis de serenidad,
concentración y sencillez.                                                                                                   

A seis mil pies sobre el nivel del mar
-y subiendo-
los ojos van perdiendo su nostalgia
y para no cegarnos tengo que demostrar
mi destreza en las diferentes artes
            de la distancia
y para que no se dilaten las venas
el oxígeno tiene que ser lo más escaso posible.

Se aligeran,
se aligeran las manos, los pies, el pecho,
los lastres se reducen:
las personas que un día me nombraron
hacen el mismo ruido que las hormigas.

Sigo el rastro de los cometas,
de las galaxias que comienzan
cuando un huevo se rompe,
de esa gracia tan tuya de armonizar
            mis extremos.

Sólo me he dado opción a mudarme en un hoy,
en un hoy que renace, confirma y desprecia.
Poco importa la muerte ahora.
Poco importan las palabras ahora.
Poco importa que el mar
haya expulsado a quien movía su repetición.

Los restos de la fiesta quedan aún en mi boca,
aún me ofrecen mucho juego,
aún relucen como miel secreta.

A diez mil pies sobre el nivel del mar
            sólo quedan los labios,
el nacimiento de unas risas entre las sábanas
y las luces que como gotas de rocío resbalan
            sobre este mármol.

~

Saludos de la golondrina

*

De esas observaciones se puede deducir que de la palabra aire revive la golondrina: el poso de los libros infantiles desde las tardes de verano y aquella casa…el horizonte en la cerca de octubre donde repongo saludos, bienvenidas, extravíos:
¿por qué volvemos?
      Al despertar nos asomábamos limpios 
desde aquella golondrina
y me empujaba por el aire,
y mi cuerpo giraba como
un derviche danzante
y algún rayo nos enganchaba el cuello
¿hasta subir amados?

Volvíamos a pisar la hierba, amasar el verde lo llamaba el abuelo y aquella sensación telúrica  nos envolvía como burbuja de jabón[1], las que mi madre alzaba para hacerme asombro. De la palabra aire revive una golondrina:

                                    ¿revive? ¿Para qué volvemos?[2]

[1] Convergencia: “El caballito de mar expulsa sus huevos” = “los chicos soplan sus pompas de jabón”.

[2] Este poema, además de este final, tiene otros dos posibles cierres:

“Volvíamos: Nada más lejos de las calles cuando se escribe. Solo se ha concentrado en donde se produce la vida. Accede sin cambiar de forma, pero tiembla y describe el vuelo invisible del ave invisible: Golondrina. Tanto por decir en tan poco tiempo: el deporte de trazar círculos. Nadie aquí es realmente nadie. La gran Maleta y el columpio mortal. El gozo de las esferas. Mi familia: tu amor y mis libros (algunas alas). Me encontré en un libro y seguí viviendo en tus ojos. Nada más he sido. He soldado la vibración de las rosas y la del abejorro. Si supieras cuántas veces quise suic… Si supieras cuántas veces he sido feliz, feliz hasta erguirme por encima de mi frente. El silencio de la llanura pulsa sin ti el ritmo del sueño. Sin mí: como si fuera la primera vez”.
Volvíamos: “Hasta salir del rostro. / Se hundieron en el iris/él y los otros. // Conocerá: y en quiebro. /Quebrar las lejanías. / Desapego para morir mejor. / Y celebrarse sin posibilidad de regreso. / Para que el alba suene en una rosa. / – ¿El alba en una rosa? / ¿La golondrina? / Para empezar todo de nuevo. /Para empezar todo de nuevo. / Para empezar todo de nuevo”.

***
Julio César Galán (Cáceres, 1978)

miércoles, 25 de diciembre de 2024

félix lope de vega / las pajas del pesebre













Las pajas del pesebre,
Niño de Belén, 
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.

Lloráis entre las pajas
de frío que tenéis,
hermoso Niño mío, 
y de calor también.

Dormid, Cordero santo;
mi vida, no lloréis;
que si os escucha el lobo,
vendrá por Vos, mi bien.

Dormid entre las pajas,
que aunque frías las veis,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.

Las que para abrigaros
tan blandas hoy se ven,
serán mañana espinas
en corona cruel.

Mas no quiero deciros,
aunque vos lo sabéis,
palabras de pesar
en días de placer;

que aunque tan grandes deudas
en pajas las cobréis,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.

Dejad el tierno llanto,
divino Enmanuel,
que perlas entre pajas,
se pierden sin por qué.

No piense vuestra Madre
que ya Jerusalén
previene sus dolores
y llore con José;

que aunque pajas no sean
corona para rey,
hoy son flores y rosas,
mañana serán hiel.

***
Félix Lope de Vega (Madrid, 1562-1635)

sábado, 7 de diciembre de 2024

carlos marzal / los países nocturnos











                                                 a Manuel A. Benítez Reyes

Hay una geografía de la mente.
Hay paisajes nocturnos, igual que hay territorios
en donde un sol dichoso se eterniza.
Hay países de sombra que regresan
en el maldito tren de largo recorrido
con parada en nosotros.
Hay un desierto de la inteligencia,
y he navegado océanos sin luz
al fondo de unos ojos
que no tenían fondo.

No es una nueva dimensión del mundo.
El primer hombre ya exploró la tierra
en su vastedad negra; le bastó un instante
de auténtico dolor, para haber fatigado
los trenes, los desiertos, las selvas y los ojos.

Estas desordenadas palabras en la niebla
no pretenden servir, ahora ni nunca,
de acta fundacional de ninguna ciudad.
Estas ciudades han sido desde siempre
y viven en el alma,
alzadas en un aire enrarecido,
callejón neblinoso por donde ya anduvimos,
extrarradio feroz al que nos condenaron.

Explorador sin suerte,
viajero del mundo que has perdido
el Sur y el Norte, y el avión de regreso
hacia una patria un poco más amable.
Hermano equivocado que estuviste
el día equivocado
en el equivocado centro de tu vida,
equivocando el modo de escaparte.

Hay una geografía de la mente.
Hay un teatro donde se representa
nuestro viaje hacia nosotros,
desde nosotros mismos.
Y en la escena final del acto último
hay un barco que se hunde en un hielo brumoso,
mientras en los salones
una orquesta fantasma
acomete un vals para los muertos.

Adivina quién fue invitado a los salones,
adivina quién baila la música fantasma,
y adivina quién
se hundió con ese barco.

***
Carlos Marzal (Valencia, 1961)

lunes, 2 de diciembre de 2024

chus pato / tumba del buceador, paestum









Si el cielo
es una roca de cal muy blanca
y en él, una vez abandonada la viudad,
tomamos impulso para romper la tela de las aguas
en el que habitan las sombras
Si queremos volver a caminar entre los álamos
-tal vez por nostalgia de la Osa Mayor
o bañar la mirada en la Estrella del Norte-
lo que tenemos que mover es el cielo
"La fractura
no sabría explicarte cómo sucedió,
abrí la cama, tú dormías
y el pensamiento me golpeó con total intensidad:
era la indigencia celestial
un mendigo, el cielo
la exposición de su totalidad inabarcable
la ceniza y el fulgor de los astros
la pobreza de los límites
Fue mi único consuelo
la imaginación de los átomos
cayendo al vacío como una lluvia eterna 
la idea de desviación
los dados rodando de nuevo en el tablero del azar"

Caen como nieve
oblicuos en el arenal del corazón
rojos como las olas
cuando arponáis y les dais caza
a las ballenas.

Una vez abandonada la ciudad
mover el cielo
sí, podré hacerlo.

***
Chus Pato (Ourense, 1955)
Versión del original en gallego por la autora.

/

Tumba do mergullador, Paestum

*

Se o ceo
é unha rocha de cal moi branca
e nel, unha vez abandonada a cidade,
collemos impulso para esgazar a tona das augas
na que habitan sombras
Se queremos volver camiñar entre os álamos
-se cadra por saudade da Osa Maior
ou bañar a ollada na Estrela do Norte-
o que temos que mover é o ceo.
"A fractura,
non sabería darche conta de como sucedeu,
abrín o leito, ti durmias
e o pensamento bateu en min con totale intensidade:
era a indixencia celeste
un mendigo, o ceo
a exposición da súa totalidade inabarcable
a cinza e o fulgor dos astros
a pobreza dos límites.
Foi o meu único consolo
a imaxinación dos átomos
caendo no baleiro coma unha chuvia eterna
a idea da desviación
os dados rulando de novo no taboleiro do azar"
Caen coma neve
oblicuos no areal do corazón
vermellos coma as ondas
cando arpoades e dades caza
ás baleas.

Unha vez abandonada a cidade
mover o ceo
si, poderei facelo.

domingo, 1 de diciembre de 2024

josé ángel valente / il tuffatore











No estamos en la superficie más que para hacer una inspiración profunda que nos permita regresar al fondo. Nostalgia de las branquias.

***
José Ángel Valente (Ourense, 1929-Ginebra, 2000)

domingo, 24 de noviembre de 2024

xuan bello / la inquietud que nos quema










Al principio estaba muy solo. Mi alma era
una isla rodeada por mujeres y yo quería
hablar con mi padre. A los catorce años
el mar es algo importante; suéñese ser
grumete o capitán, lo que se quiere,
las manos en el timón que tiembla,
es oír el canto de la sirena. Presentimiento
de Nausicaa acaso; pero sobre todo
la seguridad de tener un cómplice
ante la perplejidad. Te hablaría
de las interminables noches mirando la luna
de la literatura. Pero no buscaba, padre,
que a mi soledad le diesen la razón.
Te buscaba a ti, que estabas solo, y sólo quería
un gesto que nos hiciese iguales. Muerto
ya sabes lo que es mirarse en el espejo de la nada
y tus manos de viña crecen en el secreto
que nos consume. Padre, te lo voy a contar todo:
te quería y a huir aprendí por veredas
que aún no acierto.
Tenía catorce años cuando dejé
de hablarte. Tampoco tú a mí te dirigiste
con la reverencia que se debe a quien de si depende.
O tal vez sí, y no te entendí, y esta carta,
que le envío al silencio de tu ausencia,
sea una torpeza más de un niño consentido.

Padre: nunca hemos hablado.
Padre: te lo voy a contar todo.

Al principio, ¿recuerdas?, estaba muy solo:
el resquicio de la puerta donde el ojo acechaba,
la caricia brusca y la seguridad de que no había
donde agarrarse. Escuchaba a Janis Joplin
como si comulgara con un Dios que creía en mí.
Aprendí a pasar desapercibido escribiendo
y pronto comprobé que nada hay más efectivo
para ocultar un secreto que escribirlo en un libro.
Escribir, escribir: fingir que tengo
una vida más alta. Eso ha sido mi vida
en estos años últimos. Y sin embargo, Padre,
te tengo que confiar dos cosas:
la primera es que muchas veces la vida se parece
a lo que he escrito; la segunda, cosa extraña,
es que el pasado escrito, finalmente, florece en la memoria
y el rosal que no se marchita araña
con su tela de araña la realidad.
Padre,
padre mío: cómo me duele que te hayas muerto
sin decirte que era lunes y agosto y París encendida;
cómo me duele no haberte dicho,
en el rincón oscuro de la bodega,
cuánto me gustan las mujeres.
Padre, ten paciencia:
éste es el cuento que le cuento a tus huesos calcinados.
A no oírnos ya estamos acostumbrados
pero qué quieres que te diga:
no me basta con soñar contigo a veces
en la noche que aúlla como un lobo.
No me basta con tenerte cerca, aquí, por dentro.
Quiero estrecharte la mano; quiero que me abraces
y me lleves al mar, al mar que se reserva
al primogénito. Mar de viñas
los de tu tierra, mar quemado
los de tus ojos.
Llévame allí, Padre, y dime
lo que ahora sé y entonces ni intuía:

hermanos somos en la inquietud que nos quema.

***
Xuan Bello (Tineo, 1965)
Abajo original en asturiano

/

La inquietú que nos quema

*

Al principiu taba mui solu. Mio alma yera
una isla arredolada de muyeres y yo quería
falar con mio padre. A los catorce años
el mar ye daque importante; qué más dará
se suañes ser grumete o capitán: lo que se quier,
les manes nel timón que cimbla na tembleca,
ye sentir el cantar de la serena. Xingladura
de Nausicaa acaso; pero más que nada
la seguranza de tener un cómpliz
énte la perplexidá. Diba falate en pudiendo
de les interminables nueches mirando la lluna
de la lliteratura. Pero nun buscaba, padre,
qu’a la mio soledá-y dieran la razón.
Buscábate a ti, que tabes solu, y namás quería
un xestu que nos fixera iguales. Muertu
yá sabes lo que ye mirase nel espeyu de la nada
y les tos manes de viña medren nel secretu
que nos ambura. Padre, voi contátelo too:
queríate y a afuxir deprendí per atayos
qu’inda nun acierto de tan emprunos y ermos.
Tenía catorce años cuando dexé de falate.
Tampoco tu a mi te dirixisti
cola reverencia que se debe a quien de si depende.
O seique sí y nun t’entendí y esta carta,
que-y únvio al silenciu de la to ausencia,
sía una toscada más d’un nenu consentíu.

Padre: nunca falemos.
Padre: voi contátelo too.

Al principiu, ¿alcuérdeste?, taba mui solu:
la resquebra de la puerta onde’l güeyu escucaba,
la caricia brusca y la seguranza de que nun había
onde se garrar. Escuchaba a Janis Joplin
como se comulgara con un Dios que creía en mi.
Deprendí a pasar desapercibíu escribiendo
y llueu comprobé que nada nun hai más efectivo
pa esconder un secretu qu’escribilu nun llibru.
Escribir, escribir: finxir que tengo
una vida más alta. Y, así qu’así, Padre,
tengo de confesate dos coses:
la primera ye que munches veces la vida asoméyase
a lo qu’escribí; la segunda, cosa raro,
ye que’l pasáu escritu, finalmente, espalma na alcordanza
y el rosal qu’arremostia sele rabuña inda
col so rabu ensin zusme la realidá.

Padre,
padre míu: cómo me manca que morrieras
ensin dicite que yera llunes y agostu y París enceso;
cómo me manca nun tenete dicho,
nel requexu escuru de la bodega,
cuánto me presten les muyeres.

Padre, ten pacencia comigo:
ésti ye’l cuentu que-y cuento a los tos güesos calcinaos.
A nun oyenos cuantayá que nos avecemos
pero qué quieres que te diga:
nun m’abasta con suañar contigo a les veces
na nueche que berra como un llobu con fame.
Nun m’abasta con tenete cerca, equí, per dientro.
Quiero estrechate la mano; quiero que m’abraces
y me lleves al mar, al mar que se-y acuta
al primoxénitu. Mar de viñes
lo de to tierra, mar quemao
lo de los tos güeyos.
Llévame aende, padre, y dime
lo qu’agora sé y entós nin intuía:
hermanos somos na inquietú que nos quema.

viernes, 22 de noviembre de 2024

laura casielles / aljibe










El agua lleva ahí todo este tiempo.
He reflejado rostros
de los conquistadores portugueses,
de los hermanos andaluces, 
de los piadosos árabes, 
de los tristes judíos,
de los siempre apartados bereberes.
De las hordas de turisras
que invaden la ciudad cada verano.

El agua lleva ahí todo est tiempo. No ha cambiado
tampoco el ángulo en que la clave de la bóveda
tiembla en su supericie
en el momento exacto en que lo rompe una mano.

Tanta gente ha venido a beber...

El agua lleva ahí todo este tiempo.
No ha hecho distinciones
entre una sed y otra.

Un aleve avispa
se posa en la baranda de piedra.

El agua lleva ahí todo este tiempo.

***
Laura Casielles (Pola de Siero, 1986)

lunes, 11 de noviembre de 2024

ada salas / tuffatore










Toda la noche me entretuve en recoger
las moras una a una ya todas
en sazón. A la luz
de la luna. Recorriendo
el camino
que se hundía en el monte.
Oí primero puro al ruiseñor.
Oí después hozar
al jabalí. Toda la noche un viento acompañaba
dulce
la
recolección. Después ya muy cansado cuando
amanecía
comí junto al arroyo.
Moras.
Después busqué el rumor de la cascada.
Y me lancé a la poza cuando el sol
nacía. Solitario y desnudo. No supe
si caía
era
vivificante el agua
eran
el verdor y la sombra
lo húmedo y el limo
el lomo
de los peces profundos. Debía
regresar
–ya casi daba el sol
sobre las cosas–.
Pero solo pensaba en lo poco
que pesa
un cuerpo entre lo ingrávido. Y creo
que no quise
despertar de esa noche
–te digo
si preguntas
lejano y extranjero
de pie frente a mi tumba–.

***
Ada Salas (Cáceres, 1965)

sábado, 29 de junio de 2024

benito del pliego / dos poemas













Túnez legalizará a todos los partidos y liberará a los presos políticos

Túnez se libera no sabemos muy bien de quién porque no somos Túnez si fuéramos Túnez nos liberaríamos y Túnez legalizaría todos los partidos y libera a todos los presos políticos y legalizaría a sus presos y subiría después la colina y vería después de quién ha estado escapando Túnez legalizaría el alcohol y legalizaría en alcohol y los presos políticos y sentaría ejemplo para otras dictaduras del Magreb y aún más allá del Magreb incluso en Yemen y todo lo que costó fue una cerilla lo llaman bonzo style pero la realidad es menos poética no he visto muchos quemados pero morir quemado no debe de ser una liberación 78 según el último recuento y las calles en la fotografía los hombres (casi todos son hombres en las fotografías que publica El País que publica el New York Times) me recuerdan a mi padre me recuerdan también a Pedro a mi tío murió de cáncer pero vivió vivió alegre tenía algo en el decir o tal vez yo le atribuía algo que no sé si tenía pero me gustaba su decir me gustaba su mujer me gustaba su generosidad su cariño y con él vi por primera vez el mar qué grande dije y todavía hoy creo que no se puede decir nada mejor qué liberación su parecido y la gente clamando que les dejen trabajar no quieren autoinmolarse o inmolar los autos y los comercios en esas avenidas que Pedro no conocerá pero que a mí me recuerdan a las calles de El Cairo.

~

“Yo no me voy a ir. Moriré como un mártir”

Nací en Madrid y soy poeta. Vivo en un lugar de los Apalaches. Tengo una hija. El coronel Gadafi dice que si es necesario utilizará la fuerza. En algunas ciudades de Libia se cuentan los muertos por miles, los cuerpos están tirados en la calle, sobrevuelan los helicópteros la ciudad y los cazas bombardean, no sabemos si depósitos de municiones u hospitales. Población civil, muertos desarmados, la decisión del coronel Gadafi. Aparece ante las cámaras de televisión, como trasfondo el palacio bombardeado por Reagan, y levanta el dedo para indicar que extranjeros y terroristas, drogadictos y borrachos quieren destruir el país de sus abuelos. Mientras tanto mercenarios que deambulan disparando al que ofrece resistencia. Ha presidido el destino de 6 millones de personas durante 40 años. Mi padre se sorprende de ver a su nieta en Skype y me dice: no la baquetees. Baqueta: Vara delgada de hierro o madera, con casquillo de cuerno o metal, que servía para atacar las armas de fuego. A mi madre le jode que le tire de las orejas. Yo lo hago, precisamente porque hablamos a distancia. Se llama Carmen, nació un tres de febrero. Libia. Los Apalaches.

***
Benito del Pliego (Madrid, 1970)
Fotografía de Manu Granadero

domingo, 2 de junio de 2024

ángela figuera aymerich / dos poemas













Sobramos

*

Está tan lleno el mundo. Terriblemente lleno.
De montañas, de árboles, de cuarteles, de fábricas.
De casas con vecinos y blancos sanatorios.

(De vez en cuando hay flores. No las cortéis, amigos.
De vez en cuando hay ríos como venas sin brújula.)

Hay tantos trenes, cárceles, torpederos, aviones,
motores, cines, bancos, quirófanos, tabernas.

Tantas lindas estrellas y anuncios luminosos.
(Coñac Barbier, Calzados Eureka y así, muchos.)

(También hay automóviles más veloces y bellos
que arcángeles de acero con las alas plegadas.)

Hay mujeres que ríen. (Rouge aux lèvres. Pitillos.)
Hay niños que sollozan detrás de las paredes
junto a madres dormidas con una piedra al cuello.
Y bebés custodiados en cunitas cromadas
que engordan entre leche condensada y puntillas.
Hay dulces solteronas que cuidan un perrito.
Muchachas con los ojos divinamente tontos.
Y adolescentes rubios con el vello erizado
por extraños deseos.

El mundo, sobre todo, está lleno de hombres.
Cuántas manos inútiles, camisas remendadas,
zapatos descosidos lamiendo los asfaltos.
Cuántos ojos y bocas acechando voraces.
Cuántos cerebros blancos con pensamientos peces
girando entre benéficas pastillas de aspirina.
No olvidemos los sabios. Esos sabios atroces
que trasnochan jugando con palabras difíciles:
Ciclotrón, supersónico, cibernética y otras.

Está tan lleno el mundo, que yo, palabra, amigos,
no sé dónde ponerme.
No sé si tengo sitio.
Los poetas sobramos.

~

Poeta

*

Más de un día me duele ser poeta. Me duele
tener labios, garganta, que se ordenan al canto.

Es tan fácil vivir cuando sólo se vive
mudo y simple, esquivando la pesquisa y el vértigo.

Pero aquel que es poeta ni en mitad del tumulto
ni emboscado en la orilla logrará su descanso.

Porque el ojo sin párpado no consigue la noche
y en acecho infinito se le enciende y afila.
Porque todo el misterio, despeñada gaviota,
le golpea el cantil de las sienes desnudas
y, en la boca, transidas de belleza imposible,
las enormes palabras se le agolpan y enredan.

Porque vive y lo sabe. Porque muere y lo sabe.
Pero el grito convulso de su vida y su muerte
es halcón insumiso que las nubes devoran.

Océanos, ciclones, bosques, astros habitan
en el ámbito estrecho que su cráneo circunda.
Olas, aves, raíces, pulsaciones, acordes,
por la red de los nervios se le enroscan vibrando.

¡Qué avidez de contornos le agudiza los dedos!
¡Qué avidez de caminos le estremece las plantas!
En el pecho le crece su imperioso destino.

Y, ni dentro ni fuera, en la fina tangente
que tan sólo en un punto a lo cierto se ajusta,
solitario y alerta, desvelado o sonámbulo,
el poeta mantiene su equilibrio difícil.

***
Ángela Figuera Aymerich (Bilbao, 1902-Madrid, 1984)