Anuncio

El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.
Mostrando las entradas con la etiqueta Bárbara Délano. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Bárbara Délano. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de diciembre de 2021

bárbara délano / dos poemas













Muñequita de acero

*

No te vayas ahora,
Deja primero tocar tus senos,
Sentir tu sexo
Penetrarte hasta tocar
Agua profunda
Hasta poder anclar mi nave
En tus arenas escondidas
Y calientitas como  tus rodillas.
Vamos, saca tu ropa,
Mueve otro poquito tus caderas
Y desnúdate
Voy a acercarme a ti como a una diosa.
Voy a morder tu sexo con furia
Así como el mar azota por las tardes
En Cartagena.
Y esta noche caerá la lluvia
Muñequita
Como trayendo viejas esencias
Y condensaré mis palabras
En una sonrisa tuya.
Y voy, camino empedrado,
Ojitos temblorosos
Manitas frías
Muñequita de acero.
 

Tiempos de repliegue

*

El Estadio está vacío
Y sin embargo
Hemos permanecido desde hace muchos años
Aquí
Frente a este partido que nos fue postergado
¿Recuerdas?, estábamos en una ronda
Gigante, un carrusel indetenible
Cantando,
Empezando a decirnos adiós.
Las líneas están trazadas a media cancha
A pesar que
Desde mucho tiempo el estadio está vacío
Aquí
Donde  no hay árbitro porque
Murieron los jugadores cansados sudando
Un tiempo ya perdido
Aquí sólo se escucha el ruido de un reloj
Reflejado  en un espejo
(¿Recuerdas cuando cantábamos?: “Ana se irá. Y no
Volver nunca y jamás retornar, y pasar
Porque nunca habrá después
Otro nombre para escribir con sangre
Galopar hasta jamás volver…”).
El estadio está vacío aunque
Desde el fondo
Seguimos en silencio esperando las canciones
Aquí
Donde las voces son todavía un instrumento
Mudo;
(Recuerdas esas voces visionarias,
Intuiciones esperantes
Que cantábamos:
“…Ana, algún día estaremos solos
En la noche, sudando frío
En el rincón del patio donde
Caen fetos de gorriones
Después de las lluvias, y no queremos
Decir palabras
Y queremos recomenzar
Y será tarde. Ana
Olvidar es morir…”
El estadio está vacío y sin embargo
Hemos permanecido obstinadamente
Aquí
Donde esperamos el principio del partido
Para siempre, otra vez
Otra vez
Olvidar efectivamente fue morir.

***
Bárbara Délano (Santiago de Chile, 1961-Perú, 1996) 

martes, 31 de julio de 2018

bárbara délano / de "playas de fuego"













He regresado para sentarme
como una vieja se sienta a la orilla de las lamentaciones
y hunde sus dientes contra una piedra
para no hablar
para no hablar ya más
y dejar que el mar susurre su voz de nieve ardiente



He vuelto a este rincón enfermo
donde me obligan a tragar una hostia mancillada
por las bocas que dijeron todas las mentiras


Entonces veo desfilar en el caleidoscopio del agua
las grandes y pequeñas traiciones
bajo el delirante sol de febrero


Allí están los que osaron aspirar eternidad
sin pedir permiso para entrar en la Historia
comieron carne ajena e invadieron casas
donde alguien oraba en secreto
Luego se sentaron en la sala
pidieron café y cigarrillos


Y allí estamos nosotros
Insomnes        mudos los rostros
sin orillas        flotando sin destino
tratando de ver a Dios en la tierra de nadie


Porque todo lo que se pierde va a dar al mar


me tiendo en el borde
para oír a mis hermanos muertos

(...)


La ciudad          una botella soplada por un viento
                          pútrido
                          se hincha

(...)

Entonces vi la puerta que daba al Jardín
donde mamá y yo mirábamos caer la nieve
sobre los duraznos desnudos mirábamos
caer la nieve sobre los duraznos desnudos



Porque no soy yo la que habla
me he tendido en la colina para que hable el mar


(...)

Fui diosa fui reina



No en vano somos nada mis amigos muertos
y yo


Por ellos me he tendido aquí
para abrazarlos amorosamente
como lame el mar a lo lejos la orilla


(...)

La muerte es otro museo abierto
No hay llanto en mi corazón


(El odio tiene su propia letrina
escondida entre la carne como una joya)



Si por un momento nos dejáramos ir
solo veríamos espuma golpeando las rocas


No habría nada que agregar
apenas la mímica de una canción
los labios silentes de un muchacho
en una esquina en otra ciudad
donde las palabras nombraban a las cosas




La historia es una corona demasiado pesada



El acantilado se despeña frente a nosotros
y va a caer junto a las olas
donde los huiros son cabelleras
de mujeres muertas



Allí la veo
Juana la pecosa duerme
su última siesta bajo el sol




Allí lo veo
Pedro mucho antes de todo
el marinero del tatuaje azul camina a casa
con una sarta de jaivas colgando del hombro

(...)

Abrimos la ventana
desde donde se ven las gigantescas grúas
las tiendas y las madres y los escolares
van y regresan todavía


Porque esa palabra no está aquí en la ciudad
ni en la colina
ni en el fondo marino de las visiones
caminamos al fin por las calles como niños
como salvajes          sí            como salvajes      adorando
adorados una vez más bajo el aire salobre


(...)

"Va a caer"    gritó un joven azotándonos La Nación
en el rostro
"Va a caer"    gritaba


Y cayó y tuvimos que marchar
como marcharon los judíos


-Al fin nuestra historia se parecía a la de Europa"


(...)

La generación perdida nos llamaron
y fuimos carne de cañón



Nos juntábamos en el Jaque Mate o en la Unión Chica
a conversar de poemas de la Frontera
y a tomar vino
Al principio creíamos que alguien nos oiría
que alguien vendría a buscarnos


Sólo nos buscó la muerte
la enfermedad        el éxodo


A veces íbamos al mar y comíamos almejas
en algún boliche barato del puerto
Dejábamos que el sol pegara sobre nuestras piernas
y al salir escribíamos en las paredes
frases heroicas que he olvidado




para después correr y perdernos en las callejuelas
para volver a sentirnos tristes
porque es la tristeza la que salva
la rotunda melancolía de no saber
de no tener destino

***
Bárbara Délano (Santiago de Chile, 1961-Perú, 1996) Playas de Fuego. Santiago de Chile: Alquimia, 2018.

sábado, 1 de julio de 2017

bárbara délano / o'higgins












Para el doctor Walter

Odio tener que hablar de O’Higgins
como el padre de la patria
porque sé que no es padre de nada
porque no sé si mi patria tiene padres
porque patria es un nombre feo
En cambio me gusta la palabra pueblo
porque es ancha ancha y ruidosa

Al doblar la esquina
me asaltan los perros tras las rejas
mientras pienso en qué diré sobre un muerto

Odio tu vieja cara inmóvil O’Higgins
detesto el horario que me imponen
cuando solo quiero escribir
y salir a la calle
con mis caballos rojos
quemándose por dentro

Acuso a las construcciones
a las fortalezas
que se levantan en mis pesadillas
desde donde asoman rostros obscuros
manuales textos
desde donde cuelgan
tus retratos tricolores

Odio la sala de clases donde babean eunucos
Vanagloriando incluso tus derrotas
Odio las viejas ideas sobre estandartes
y monumentos
porque los monumentos deben hacerse
a la hora del desayuno
quizás a la de almuerzo
porque los monumentos se hacen
sin discursos y no se exhiben en las plazas

Odio al que pasa por alto
se hace el que no sabe
que también fuiste hijo natural

Odio el odio que te tengo
abuelo Bernardo
por culpa de ellos
y aunque te tienen adornando las oficinas
públicas
yo creo en el parque que lleva tu nombre
y creo en la micro del recorrido O’Higgins 2 A
con gente colgando
por las tristes calles de Santiago

***

Bárbara Délano (Santiago de Chile, 1961-Perú, 1996)

domingo, 30 de abril de 2017

bárbara délano / hay calles











Hay calles y gentes y barrios
que me penan como campanarios
hay esquinas con olor a ti
(porque cuando los arboles
se levantaron en tu frente como un bosque
yo fui la primera en oler a guayabas en tu pelo)
cuando el espacio dio a luz tu voz sonora
entre las guitarras enmudecidas.
Hay barrios llenos de luz y de artesas
de comidas metódicas
y casas que huelen a caldillo
calles floridas de piñas y colores
calles pobladas por las marías
(mujeres vírgenes con vestidos de barro)
rincones oscuros de oficinas
tiendas llenas de azafrán y vainilla
casas calientes y húmedas
hay gente aborrecida por las calles
gente que deambula por tus calles
como sombis
como medusas
dejándose querer por los ruidos
hay estampidos de frutas y paraguas
y ferreterías hediondas a pintura
hay edificios poblados de parásitos
y escaleras gastadas
y plazas de estatuas que viven
enamorando al polvo
(pedazos de rutina cristalizada en las ventanas)
o caras enternecidas por el tiempo
como condimentos suaves a la hora del pan
hoy las calles tienen olor a ti.

***

Bárbara Délano (Santiago de Chile, 1961-Perú, 1996)
Poema extractado de VV.AA. Poesía para el camino. Antología. Santiago de Chile: Ediciones Nueva Universidad, 1977.