sábado, 15 de septiembre de 2018

verónica zondek / cuatro poemas








Biografía

*

Un ventanal calado respira en verde.
Sin consuelo el lago duerme y traga su sal.
Antumalal.
Antumalal muerde implacable el declive.
Respira.
Marca sus piedras inmunes al tiempo
y no entrega su hechura.
De garras y pezuñas se afirma a la ladera.
Llueve en quietud.
Es
digo
la loca que busca su nombre en algún brote
la que escarba en los pliegues ancianos del agua
y en las aguas que caen del cielo
y en las que reposan en el plano cuencal
y en las que a veces escurren por los cristales del ojo.

Digo y dice ella...

¿De qué aguas nos venimos viniendo?
Y ancestral se derrumba la respuesta:

de la nube que estalla en llamas
de la incandescente lava que se llora
de la última estación cuando aún eran las ventanas
del viaje que casi no fue
de ellos que nos engendraron
y de esas
las almas en pena que nunca nos supieron.

Y aquí
en el mismo Antumalal de sombras bajo el sol
se sienten los latires del diluvio
el desciendo en pasmo 
el pulso
el toque
y las bocas que se abren de fauces por doquier
y buscan perdidas los nombres de antes
y a los huérfanos en su deambulo entre los mares
los lloros de lloros
y la paz

nec unas.

~~~

Abuela

*

No erguí mis pies más allá del fantasma de tu cuerpo.
Una carne blanca sobre una blanca cama de colchón inclinado.
Baila la presencia de tu aura sobre un almohadón ajado.
Tu esqueleto es esplendoroso 
y tu sonrisa o boca aplastada esconde un castañeteo constante.
Hueso antiguo con hueso antiguo pegados en la articulación.
Pendo
pendes
penderás para siempre de un deseo entero mío
y carne serás en ellos que por fuerza vendrán
en el fragor ay de estas vidas que vuelven a ser aquí y ahora
después de los despueses  hambrientos de la lombriz
que huye y sin salida por el angosto túnel que le deparó el destino.

Qué ángel comunicante puedo encontrar
qué saldo a crédito para mí
abuela
abuela tan abuela de carne en mi regazo tibio
tenida por propia en ese cuarto ahora sólo blanco
y las sábanas estiradísimas para evitar la llaga 
y la comida mascada mil veces en boca de pajarillo para entrar a la tuya
y la encía roja que impone cautela obligada
en el desierto sin sombras que es el silencio de tu boca
porque aunque las palabras se te escondieron para siempre
sé que gritas
y porque también el ojo te huye como un criminal a la justicia
es que no hay tropiezo que valga ante esa luz que escapa a los otros
y tus oídos dormidos escuchan, por qué no, el zumbido de las moscas
y las palabras solícitas e inútiles con las que te envuelven el día
porque intocable princesa
al fin habitas tu isla querida
y eres
la más importante.

Carcasa y capullo vacío
a la deriva sobre un tablón que te sostiene el aire
que aquí en tu cuerpo ya no estás ni volverás,
ni tus hombros serán bajo la mañanita vaporosa y tejida
y aunque ausente y capitana en desuso
veo en tu puño derecho y apretado
la rabia latiendo por derrumbar al primer impertinente
y nada en el aire
y nada en la nada
y locuras de pequeñas vueltas
porque bien viviste desencajada
en otro lado
con el pie en el silencio y presto en el vano de tu puerta
por si imperioso fuese armar una maleta.

Y escucho tu palabra silente:
aunque me nieguen las veces que me nieguen
hablo la lengua
soy la lengua
y me orgullo del culto
porque hice a una que hizo a dos que hicieron a siete
y a todos conocí.

~~~

Retraso del exterminio

*

Ahora
que con imágenes armo un pasado
es que inenarrable
se me yergue un callado de voces.

Esta peona mía decisión
coloca en jaque un amanecer
y se huele oliendo un cuidado
una mucha cautela al abrir la boca
y lanzar el ojo hacia atrás.

Cómo construir entonces un cuerpo
con qué carne y qué manos
cuando sucia es jabón la caricia
y ocupa el tiempo en lavar sangre de otros
con un dedo en el verdor
y otro
embadurnado en el carmesí de la carne.
Ya absueltos 
dicen del trueno áfono y la mentira del ojo ciego en el suyo abierto
que inmerso en la música enmarchada que con afán avanza
ataca y lude a los carne de cañón
esa rama carniza de Celán el poeta
que en intento gestual por salvar un habla
traba su vida y se encarama por el umlaut
hasta dictarle al verso la ardicia
y enquistársele la joroba tan pesada bajo el hombro
y los silencios peso muerto de túmulos en boca
para  excomunicado restarle el deseo 
con ese modo tartamudo con que el dolor se le adhiere
con aire
con aliento todavía y a pesar suyo.
Ya gotea el sudor de las lágrimas con las que no puede
y gatea entre los restos perplejos de la destrucción.

Qué le dan
con qué vive dices
dónde
ahora
ahora que todo es rojo
rojo
rojo y albo
y el habla no aprovecha
y el ahora es solo ayer para él y para mí
digo y vuelvo a decir
y escarbo entre las fotos
y pataleo en aguas que se me vienen
e inundo el plano que me afirma
porque así no sé
ni puedo saber.

Hurgo
hurgo y monto
instalo este algo que me derrumba ahora
en un uno a uno de ladrillos faraónicos
en cada lágrima que abrazo 
que éste
este es el silencio

y retrasa el exterminio.

~~~

Olvido

*

En esa mi pequeña torsión de cuerpo
vi llamas lamer su carne huidiza
vi cómo ciega arrojaba sentidos
cómo tomaba el número para dárselo a otra
posta
interminable posta de cadáveres vivos
cómo el pelo
las muelas
esa
mi piel de uso eficiente
y también el cuento del velo
de cómo caía
de las trampas
del follaje dicen sostén
y de en cómo hallé mi fuerte miedo.

Es así
y encuentro cauce en el retorno
en persecuciones de olvido y huevo
hasta que plena de sangre fresca
arropada
en sed y flor abierta de vampiro 
le profano la oscura boca
el acecho azul 
la tiniebla
los jadeos tras la esquina
y muertos los veo
muertos muertos de placer
con un ojo fijo en aquesa extrañísima misión:

eternidad dizque hay.

Un cuchillo perfora la espalda.

Atorrante y ya sin duda:
que estando Dios de su lado
es cajón caído pues
y del decir popular
que del mío
no ha de estar.

***
Verónica Zondek (Santiago de Chile, 1953)

No hay comentarios.:

Publicar un comentario