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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.

jueves, 5 de diciembre de 2024

anna toscano / dos poemas













Cuántas veces he almorzado
con la muerte sobre la mesa
botaba el tenedor a mi padre
derramaba el agua a mi madre
no nos mirábamos
sabiendo sus señales
no la miramos
pero su aliento nos tocaba

*

He dejado
mi vieja piel
en la barandilla muerta
de un viejo living
con papel tapiz
rojo damasco
y una pequeño sillín
para piano.

Las paredes desdentadas tres cuadros sí
y uno no, marcos vacíos
marcas de relojes de pared.

El telefax sobre la silla
los destellos de luz
dan la fibra hacia abajo.

La muerte, sentada en un escalón
se lima las uñas pensando
que bonito sería trabajar aquí.

***
Anna Toscano (Italia, 1970)
Versión de Nicolás López-Pérez
Fotografía de Grazia Fiore

/

Quante volte ho pranzato
con la morte stesa sul tavolo
faceva cadere la forchetta a mio padre
rovesciava l’acqua a mia madre,
non ci guardavamo
sapendoli suoi segnali
non la guardavamo
ma il suo alito ci toccava.

*

Ho lasciato
la mia vecchia pelle
sul binario morto
di un vecchio salotto
con carta da parati
rosso damascato
e un seggiolino
per pianoforte.

Le pareti sdentate tre quadri sì
e uno no, cornici vuote
segni di orologi a muro.

Il telefax sulla sedia
la spia lampeggia
danno la fibra al ribasso.

La morte, seduta su un gradino,
si lima le unghie pensando
a come fosse bello lavorare qui.

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