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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.

lunes, 1 de diciembre de 2025

sharon olds / dos poemas











Las víctimas

*

Cuando Madre se divorció de ti, nos alegramos. Ella aguantó y
aguantó en silencio, todos esos años, y entonces
te pateó, de pronto, y sus
chicos la amamos. Entonces te despidieron, y nosotros
sonreímos burlones, del modo en que la gente sonrió cuando
el helicóptero de Nixon se elevó desde South
Lawn por última vez. Sentimos un cosquilleo
al pensar: tu oficina, fuera,
tus secretarias, fuera,
tus almuerzos con tres bourbons dobles,
tus lapiceras, tus resmas de papel. ¿Te sacarían tus
trajes también, aquellos oscuros
cadáveres colgados en tu placar, y las negras
narices de tus zapatos con sus grandes poros?
Ella nos había enseñado a aceptarlo, a odiarte y aceptarlo,
hasta que empujamos con ella por tu
aniquilación, Padre. Ahora
paso ante vagabundos en las puertas, las blancas
babosas de sus cuerpos relucen a través de los rasgones
de sus trajes de limo, las sucias
aletas de sus manos, el fuego
submarino de sus ojos, barcos hundidos
con sus luces encendidas, y me pregunto
quién los aguantó y los aguantó en silencio,
hasta que entregaron todo, y no les dejó
más que eso.

~

49 ½

*

El primer largo mes, mientras espero y espero
me temo que estoy embarazada. El segundo largo mes
aparece un coágulo, corona de rubí
nido de reyezuelo. Bueno -ya está,
me oigo decir, con asombro desapasionado.
Por un momento, me imagino un vestuario
en una piscina al aire libre -paredes de bloques de cemento
y el olor a cloro- y no hay nadie allí,
no hay nada allí, ni una gorra de baño
ni una horquilla para el pelo. Terminó todo.
Está tan silencioso. Hay un brillo  tenue
como el brillo tenue de la verdad. Voy a morir.
Soy parte de una larga sucesión. No había querido
un bebé por años, pero había asumido
que podría tener uno en cualquier momento. Ahora estoy a salvo,
y noto el alivio en la falta. Y estoy anonadada,
el vacío concreto del cuarto
húmedo. No más óvulos. ¿Cómo puedo ser
yo misma sin óvulos? Y sin embargo
hay alguien aquí, todo el tiempo
había un espíritu aquí. ¡Oh, estoy trascendiendo la materia
y estoy todavía en la materia! Ha pasado tanto tiempo
desde que soy un ser como el que soy.
Cuando estaba en el útero, treinta
años de medias vidas enhebraban su rocío
en mis paredes internas. Ahora las gasté,
y sin embargo respiro, y retozo como si
no estuviera hecha solo para ser una sirvienta;
ahora la cadena de la utilidad se soltó
y voy a ser esa criatura escuálida,
ávida, levemente barbuda, más allá
de dar a luz, lo humano retirándose por el hilo más largo.

***
Sharon Olds (San Francisco, 1942)
Versiones de Jorge Aulicino e Inés Garland respectivamente

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