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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.

sábado, 31 de mayo de 2025

blanca wiethüchter / dos poemas













Rapsodia quinta

*

Algo amoroso está ocurriendo.
Las amapolas se desnudan en compañía
y los deleites de los pájaros
encienden cópulas nocturnas.

Algo amoroso sucede, Daniela
y ya no puedo asegurarte
si la que yo fui hace algunos días
tomando jugo de durazno, contigo
existe todavía.
Ya no puedo hacerme cargo del pasado.
No se ha caído la noche al suelo
pero sé decir que algo poderoso
se ha instalado en los vientos
que cruzan por los patios de mi casa.
Y se suceden fuegos en la luz
y una plenitud de flor en mi sangre.

~

Epílogo

*

Me he muerto a mí misma
y eso me conmueve en sobremanera.
Volver a preparar mi desaparición
me consuela y me desgasta.
Pero puedo seguir la curva de mi brazo
lo que me da la medida de mi soledad
y puedo morderme el vientre de nuevo
lo que enciende el sumidero
en el que temo caer para siempre.

Amo este mi cuerpo árido
sin solicitud, con avaricia
mi negro hombro infantil
que se desplaza según el cielo
que diseña todo invierno.

(No conozco otra estación que el despojo).

Todavía no me interrogo
sobre lo que significa para mí
esta nueva derrota en mi historia.
Me pregunto cuántas veces aún
tendré que ofrecer mi cuerpo
para cambiar de nombre
y llamarme solamente a mí
con mi claridad desamparada
y mi oculta herida sin balanza.

Me pienso a veces
con el orgullo de una estrella
y alguien en mí se mofa del algodón
con un canto de sirena entre los senos
no entiende nada de las hormigas
ni del placer de mirarse morir
matando lo harto que todavía hay en mí
de niña tierna y maternal.

Pocos son los que comprenden el fuego que se está quemando
y que puedo morir de verdad morir de verdad
sin un signo de locura.

***
Blanca Wiethüchter (La Paz, 1947-Cochabamba, 2004)

viernes, 30 de mayo de 2025

jorge eduardo eielson / gardalis













                                a Michele, rey de Gardalis 


Camino entre mi sombra
Y la sombra de los pinos. Mi cuerpo
Es un puñado de hierba a la deriva
Y el bosque azul que me rodea
Soy yo mismo que respiro. Y a no distingo
Entre el abeto y mi barba crecida. Camino
Y cada resplandor cada penumbra
Cada cereza esmaltada
Son una sola cosa con mi paladar
Y con mi sexo. Gotas brillantes aparecen
Entre mi pupila y los verdes frutos
Del naranjo. Surgen abanicos
De frescura y diamantes que no duran
Sino el tiempo de un suspiro
La mariposa nace alegremente
Donde el gusano muere y nada crece
Sin haber sido antes otra criatura
Que tal vez soy yo tal vez una ardilla
Que se afana en la espesura. Gritos y silbidos
Acompañan el esqueleto que hace poco
Era una gacela asustada
Y que ahora esplende en la corola
De una flor amarilla. Todo vuela
Todo canta o se arrastra sin remedio
Como el repentino sapo de oro
Que también es parte de mi vida
Llora la hiedra por un lado y por el otro
La fiesta de la alondra y la cigarra
Empieza en el fondo de mi sangre
Mi corazón sigue sin esfuerzo
La marcha misteriosa de una hormiga
Que no veo. No hay lucero
Que no brille en mi cabeza pero también
En un charco de agua sucia. Las viejas ramas
Del olivo se confunden fácilmente
Con mis huesos y no hay sabor más perfecto
Que el milagro encerrado
En una gota de agua
Todo es redondo y perfumado
Y hasta mi propio cuerpo es una jungla
Donde el amor es como la lluvia
Mi pensamiento una tortuga
Que apenas sostiene el cielo
en un pedestal de nada. Un efluvio sagrado
De jazmín y madreselva cruza la floresta
Como una esfera celeste
Todo me hiere y todo me ilumina
Yo soy la flecha que vuela
Y también el animal herido
Me desespero por una frágil criatura
Por un pájaro que muere pero me oculto
Tras de una máscara de flores
Sólo comparto mi tristeza con los sauces
Mi alegría con la liebre
Que ahora corre a mi lado. No beberé jamás
La copa de rocío que amanece
Cada mañana entre el follaje
Ni el rayo de sol que tanto espero
En la palma de la mano. Pero abrazo
El viejo roble como si fuera mi hermano
(¡Qué lejos ya qué lejos
Las débiles casas de los hombres
Las infinitas ruedas del dolor
Y la fatiga la oscura llamarada
Que todo lo llena de ceniza!)
Yo soy tan sólo un árbol
Que camina un animal que florece
Una piedra que sonríe
Y la humilde rana que canta junto al río
Canta también junto a mi pecho.
Se inclina el sol en la floresta
Sube la luna baja el ciervo al arroyo
Como a una cita secreta
Sigo sus huellas su orina luminosa
Hasta su reino de alabastro
Pero en el fondo del agua
En lugar de su belleza
Lleno de felicidad y de pena
Veo sólo mis ojos que lloran
Puesto que yo soy el ciervo
Pero también el arroyo

***
Jorge Eduardo Eielson (Lima, 1924-Milán, 2006)

jueves, 29 de mayo de 2025

rafael bielsa / ars poética


Dijo que todas ellas murieron, sí
lo dijo, que son como ademán de polvo
en las ventanas. Dijo
que ni pupila ni trance ni acróbata:
humilde anillo, en cambio, cabeza
de alfiler. Dijo: mirarlas
como a resplandor. Las palabras -dijo-,
hay grandes verdades en ellas;
caminos vacíos, una ciudad de cal
en donde un puñado de monos melancólicos
busca para refugio los lugares frescos.

***
Rafael Bielsa (Rosario, 1953)

miércoles, 28 de mayo de 2025

josé carlos yrigoyen / tres poemas










Esta mañana con Beatriz Eguren

*

Comparar, yo lo sé bien, nunca ha sido tu estilo,
pero ahora sabes qué cierto es eso que cuando la vista
le comienza a fallar a uno, no queda sino fijarse
en los objetos que se han ido acumulando poco a poco
dentro de esta casa hace más de cincuenta años.
Por ejemplo, el sol. El sol, dices señalando el espacio
gris de la ventana, rueda por el cielo, bruscamente
y sin saber a dónde ir, al igual que mi lengua,
la que se debate en silencio, mientras voy leyendo
mentalmente el poema encontrado en una revista europea,
escrito en un idioma que desconozco,
pero en el que de todos modos algo nuevo podemos
rescatar. Si estamos frente a una declaración que insiste
delante de nuestros ojos en tener algún significado
que no logramos desentrañar, como la canción
interpretada por un desconocido encerrado en el baño,
y nos rendimos a la mitad del intento, somos
dueños de una libertad algo incómoda, que primero
nos mantiene frescos y libres de toda influencia,
como si de pronto fuéramos colores primarios.
Y si estamos comenzando a flotar de esa manera,
a través del humo de los arbustos y los incineradores,
no podremos dejar de reparar en una sensación subterránea
que se separa de sí misma para no correspondernos,
igual al enloquecido capitán de un bote salvavidas
al que rogamos un sitio dentro de su embarcación,
flotando, con nuestros organismos remontando
este mundo tan hermoso como un tumor hermoso.
Por supuesto que no podemos estar así mucho tiempo.
Lo incomprensible —amplios y minuciosos planos
para una boca antigua clamante, digamos, entre las hojas—
no es un goce que se pueda mantener más que unos pocos minutos.
Luego todo se vuelve obvio, como sentir el amanecer
y con él otro día que viene. Cielos siempre azules,
los simples pájaros negros —no los pájaros de la Historia—
como débiles símbolos de algo que conocemos
pero de lo que no estamos muy seguros. En la esquina
oigo cómo una mujer detalla a otra, enseñando la cicatriz,
la mastectomía que le practicaron la semana pasada.
La realidad es un crimen que se comete siempre en nuestro nombre.


Apunte para un poema sobre el matrimonio

*

1 de octubre. Si este amor puede crecer, sólo lo hará
debidamente en el Orden. He dormido hasta muy tarde,
como la primera vez que desperté contigo, hace tres años:
a diferencia de aquellos cuerpos ocasionales que amanecían
a mi lado, desordenados como tablas viejas en la orilla,
recuerdo bien nuestra posición sumisa al abrir los ojos,
que en algunos países pudo ser una forma de rezo.
He dormido hasta muy tarde, he pasado la noche apenas
sostenido en la lectura de la primera oeuvre de Ernst Zundel,
The Hitler we loved and why. Leyéndola puedes encontrar
la gozosa disposición de quienes fueron desnudados en la puerta,
lavados y purificados al igual que los veloces ratones
del sembrío, amontonados sobre el fuego solamente para destruir
el elemento mortal que heredaron de sus antepasados.
Zundel imagina esas almas liberadas escapando por el ducto,
como por una especie de vacío circular. Yo pienso, más bien,
que el exterminio es un río que acepta la perfecta sincronía
de unos muchachos sobresalientes en el manejo de los remos.
El exterminio es mi negativa a respetar lo imperfecto.
(Y si la variación continua es el estado natural de la mente,
Zundel de esa manera convierte las flores en sonido.)
Nada de esto servirá cuando me encuentre frente a ti.
Sólo me salvará llevar el poema hasta sus propios márgenes,
pedirte perdón por todos esos vicios en los que te inicié,
aceptar que se necesitaron dos para hacer de este amor
algo tangible o al menos verificable, que no pude hacerlo solo.
En el interior de la Iglesia aguardan nuestros padres,
nuestros amigos, la nostalgia del guardián de la torre de vigía,
los horribles nombres de los sobrevivientes. Aquí quedan
todas las cosas que para ser definidas deben estar ausentes. Aquí
mi plegaria entre los automóviles estacionados. 1 de octubre.

~

Primicias del mundo
[i.m. John Berryman]


El desastre del cuerpo se sienta a escribir. Toma conciencia
de los demás y decide entrar en comunicación con ellos. Sabe
que la urbe ha sido construida para el prójimo: por eso se recluye,
por eso escribe sobre esta actualidad que, como la talidomida,
desprende brazos, dispone a los médicos al borde del colapso,
desentierra hombres y mujeres para su estudio, se blinda
en una historia inacabada. El desastre del cuerpo lo escuchó alguna vez
y está de acuerdo: la vida es corta, brutal y nunca está de nuestro lado.

Hay contraventanas por donde es posible atisbar la evidencia.
Los drogadictos ocupan un lugar destacado en la trama. Cuidado
con la gente de las alcantarillas: vienen por usted. En Port-Louis
una esposa mata a su marido al encontrarle fotos con otra mujer
más joven que terminó siendo ella misma. Las escolares japonesas
rinden el examen médico en un gimnasio a la vista de todos.
Deben desvestirse ante la ambigua funcionalidad de la justicia.
El encierro nos ha puesto de un humor lascivo.

El presidente de Nauru y sus artilugios complicados y monstruosos.
Dos fundadores del Partido de la Caridad son reconocidos en la calle.
Fueron insultados y agredidos por una multitud de padres de familia
hasta que encontraron refugio en el baño de un restaurante chino.
La foto de unos cazadores desgarrando un okapi en la página seis.
Como los árboles sin hojas, suspendidos sistemas nerviosos,
la ultraderecha crece. Gana los escaños que entorpecen el objetivo.
Los diarios nos dedican titulares que son hornos crematorios.

La Corte Suprema prosigue operando en su tensa resurrección.
A punta de pistola, obligó al violador a desnudarse y procedió.
Ahora los niños están muy tristes por perder a su amigo.
El desastre del cuerpo no puede confirmar eso. Pero lo sospecha.
También percibe y difunde el terror institucional que ahoga la luz,
los depósitos de plasma que se pudren en los puertos paralizados,
los discursos que alimentan la noche de los desórdenes raciales,
y, como una mentira, restituye la forma de un mundo aparte.

***
José Carlos Yrigoyen (Lima, 1976)

martes, 27 de mayo de 2025

gracia morales / bienaventuranza vi










Bienaventuradas sean aquellas mujeres
‒tan siempre madres, esposas,
abuelas o hermanas‒
que aprenden a levantar sus puños
en plazas, autobuses y dormitorios.
Bienaventuradas cuando dejan,
doblados sobre una silla,
el delantal, los suspiros,
la prudencia,
el temor, las cacerolas.
 
(Mujeres malabaristas,
capaces de dividir
entre ocho o quince el arroz,
los colchones y los besos;
mujeres cosidas a la tierra,
con ramas donde aletea un griterío de niños,
piar de niños que piden agua,
que piden, que piden,
cuánto piden,
subiéndose por los hombros y las piernas.)
 
Bienaventuradas
las mujeres que se agarran
bien fuerte las unas a las otras
y salen a recorrer las calles,
con pancartas de letra infantil.
Bienaventuradas ellas,
porque se han atrevido a gritar,
con su voz recién estrenada,
las palabras grandes, paz, respeto,
libertad, justicia, dignidad,
sin haberse cambiado de ropa,
en zapatillas y con pañuelos blancos
cubriéndose la cabeza.

***
Gracia Morales (Motril, 1973)

lunes, 26 de mayo de 2025

andrés neuman / ahora que no estoy













Ahora que no estoy
me gusta más el viento cuando late
y la savia transcurre por los surcos,
me llega su apetito,
sus ondas abultadas
por cada objeto hermoso que atraviesan,
esos tímidos cuerpos musicales.
Pero no es más que un eco,
el eco en los jardines posteriores.
Hará falta alegrar esta canción,
por eso quiero fiesta en vuestro lado.

***
Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977)

domingo, 25 de mayo de 2025

else lasker-schüler / tarde


Pálidas están mis ganas de vivir, ...
Caí tan sola sobre la tierra,
Nunca ha sabido un hombre de dónde vine,
Sólo tú, pues algún día me uniré contigo.

Las bahías me rodean desde lejos,
Todas las cosas las vivo en la espuma.
El hombre que hostil me persigue, se estrella.
Y sé sólo de él en el sueño.

Y así vivo la creación de este mundo,
En la tierra ya liberada de su cáscara.
Y tú, la estrella, que del alto cielo cae,
Se entierra profundamente en el valle de mi corazón.

La tarde oscurece mucho mi sangre,
Vetea atormentada mi alma cansada.
Desnuda asciende de nuevo desde la marea anterior al mundo
Y teme que encarnada aquí en la tierra se equivoque.

Y lo que el día, antes de despertar,
Se perdió de la aurora...
Se lo ofrece el soñador juego de imágenes nocturnas
En tejidos multicolores.

Me traen lejanas manos a casa
Un piadoso ramo de hoces amarillas.
La manecilla anda silenciosa por la esfera
Del reloj de sol, que oro de mi vida tiene.

***
Else Lasker-Schüler (Wuppertal, 1869-Jerusalén, 1945)
Versión de Sonia Almau

sábado, 24 de mayo de 2025

ryszard kapuscinski / dos poemas








Mira cómo se marchita la rosa...

*

Mira cómo se marchita la rosa
está desesperada
aún intenta brillar
aún le gustaría relucir
abrirse
despertar admiración

pero los pétalos
son ya alas rotas de un colibrí

cada vez más encerrada en sí misma
ni siquiera habla de su antiguo esplendor
se le cae la cabeza
se marchitan los labios
se extingue
toda ella concentrada únicamente en su languidecer

~

Me he alejado tanto de mí mismo...

*

Me he alejado tanto de mí mismo
que ya no sé decir nada
sobre mí
ni lo que siento
cuando me mojo bajo la lluvia
ni cuando me convierto
en una brizna de hierba seca
quemada por el sol
no sé encontrarme
a mí mismo
describir a este personaje
nombrarlo
asegurar
que                        existe


***
Ryszard Kapuscinski (Pinsk, 1932-Varsovia, 2007)
Versiones de Abel A. Murcia Soriano

viernes, 23 de mayo de 2025

max aub / dos poemas












He aquí la muerte

*

He aquí la muerte
que a nada se parece.
Parece, tú, perece.
Estoy frente a la muerte,
frente a frente en el frente.
¿La tuya? ¿La mía?
¿A qué se parece?
¿A la noche o al día?
¿Cómo es? ¿Qué color tiene?
¿Negra? ¿Por qué ha de serlo?

A lo mejor
es igual al desierto,
pero mayor.
Como la vida misma,
pero más grande.
Tal vez muerta de miedo
viéndose en un espejo,
como yo.

~

Viento loco, tierra seca,
boca sedienta, sediento.
Mundo ciego, arena en el cielo.
Polvo, tormenta, tormento.

Vuela y entierra y aúlla
la arena de duna en duna.
Tierra que aterra y entierra
en cielo vuelto y revuelto.

***
Max Aub (París, 1903-Ciudad de México, 1972)

jueves, 22 de mayo de 2025

matilde alba swann / mañana es siempre









Cómo quisiera despertar cantando.
Pero amanezco, en cambio,
dolorida
de no haberme quedado en ese espacio,
en ese tiempo de morir prestada.
Una isla no inscrita
en ningún mapa,
una célula enferma de ignorancia,
un asfixiado mundo en miniatura,
una avanzada humanidad triunfante,
en clarines y hogueras
homicidas.
Tabla sola, sin náufrago siquiera,
y luchando,
relincho hacia la costa,
y animada no más por el recuerdo
de un aliento mordido a sus astillas.
Cómo quisiera despertar cantando,
y me muero de sed y hambre
de canto
mientras desborda la preñada aurora
en promisorio bermellón de vinos,
y expandida,
hoguera en panes, horneándose a lo alto.
Yo estoy abajo,
debajo de la historia,
sepultada en antorchas apagadas
y estandartes marchitos.
Sumergida en humores subterráneos
y en cenizas de huesos
de bandido,
soy el ser que no fue, lo que no pudo,
la olvidada, desdeñada semilla,
pero existo.
Dentro,
tengo un sauce inclinado que me llora.
Un niño triste me llama, sin nombrarme.
Me doy cuenta,
me doy cuenta, yo existo.
Mañana espero despertar, cantando.

***
Matilde Alba Swann (Burdisso, 1912-La Plata, 2000)

miércoles, 21 de mayo de 2025

margaret atwood / poema nocturno













No hay nada que temer,
es solo el viento
que cambia hacia el este, son solo
tu padre el trueno
tu madre la lluvia

en este país de agua
con su luna marrón, húmeda como un hongo,
con sus ramas ahogadas y sus aves esbeltas
que nadan, donde crece el musgo
cubriendo los árboles,
y tu sombra no es tu sombra
sino tu reflejo,

tus padres verdaderos desaparecen
cuando la cortina oculta tu puerta.
Somos los otros,
los de abajo del lago
quienes permanecemos silenciosos junto a tu cama
con nuestras cabezas de tinieblas.
Vinimos a cubrirte
con lana roja,
con nuestras lágrimas y suspiros lejanos.

En brazos de la lluvia meces
el arca helada de tu sueño,
mientras nosotros esperamos, tu padre
y tu madre nocturnos,
con nuestras manos frías y una linterna muerta,
sabiendo que somos
las vacilantes sombras que una vela arroja,
en este eco
que escucharás veinte años después.

***
Margaret Atwood (Ottawa, 1939)
Versión de Isaías Garde

/

Night Poem

*

There is nothing to be afraid of,
it is only the wind
changing to the east, it is only
your father the thunder
your mother the rain

In this country of water
with its beige moon damp as a mushroom,
its drowned stumps and long birds
that swim, where the moss grows
on all sides of the trees
and your shadow is not your shadow
but your reflection,

your true parents disappear
when the curtain covers your door.
We are the others,
the ones from under the lake
who stand silently beside your bed
with our heads of darkness.
We have come to cover you
with red wool,
with our tears and distant whipers.

You rock in the rain's arms
the chilly ark of your sleep

martes, 20 de mayo de 2025

ezra pound / dos poemas













Portrait d'une femme

*

Vuestra mente y Usted son nuestro mar del Sargasso,
Londres ha soplado sobre Usted esta veintena de años
Y barcos brillantes le han dejado esto o aquello en pago:
Ideas, viejas habladurías, sobrantes de todas layas,
Extraños mástiles del conocimiento y grises mercancías de valor.

Grandes hombres la han buscado -extrañando a otra.
Usted siempre ha sido segundona.  ¿Trágico?
No. Usted lo prefirió a la cosa usual:
Un hombre apagado, aburrido y galante,
Una mente normal -con un pensamiento menos, cada año.
Oh, Usted ha sido paciente, la he visto sentada
Por horas, en donde algo debería haber flotado.
Y ahora Usted paga. Sí, ricamente paga.
Usted es una persona de algún interés, uno se acerca
Y se lleva extrañas semillas:
Trofeos rescatados, alguna curiosa sugerencia;
Hechos que no llevan a ninguna parte; un cuento o dos,
Preñadas de mandrágoras, o con alguna otra cosa
Que podría ser útil y sin embargo nunca lo es,
Que jamás encaja en un rincón o muestra utilidad,
O se encuentra su hora sobre el tejar de los días:
El trabajo deslustrado, cursi, maravilloso, viejo;
ídolos y ámbar gris y los raros embutidos,
Éstas son vuestras riquezas, vuestro gran depósito; y sin embargo,
Por todo este tesoro hundido en cosas momentáneas,
Excéntricas maderas casi empapadas y material nuevo y brillante:
En el lento flotador de luz diferente y profunda:
¡No! ¡No hay nada! Al fin y al cabo,
Nada es suficientemente vuestro.
Y sin embargo es Usted.

~

La tumba de Akr Caar

*

"Yo soy tu alma, Nikoptis. He velado
Estos cinco milenios y tus ojos muertos
No se movieron ni nunca han respondido a mi deseo,
Y tus miembros ligeros, que atravesé en llamas,
No han ardido conmigo ni con azafranada cosa alguna.

Mira, la hierba leve se levantó para hacer tu almohada
Y te besó con una miríada de lenguas vegetales;
Mas tú no me besaste.
De tanto leerlo gasté el oro de la pared
Y fatigué mi pensamiento en los signos.
Y no hay nada nuevo en este sitio.

He sido amable. Mira, he dejado los cántaros sellados
Por si despertabas y murmurabas por tu vino.
Y he mantenido suaves las túnicas sobre tu cuerpo.

¡Oh despreocupado! ¡Cómo podría olvidar!
-Hasta el río hace tanto tiempo,
¿El río? Eras menos que joven
Y tres almas vinieron sobre Ti
Y yo vine.
Y volé sobre ti, las hice huir;
He sido íntima contigo, te he conocido.
¿Acaso no he tocado tus palmas y las puntas de tus dedos?
¿Acaso no me he deslizado a través tuyo hasta los talones?
¿Cómo entré? ¿Acaso no soy yo tú y Tú?

Y ningún sol viene a socorrerme en este lugar
Y estoy desgarrada contra la oscuridad tenebrosa;
Y ninguna luz me golpea y no dices
Palabra, día tras día.
¡Oh! podría salir, a pesar de las marcas
Y toda su hábil labor sobre la puerta,
Salir a través de los campos de verde cristal...

Mas hay quietud aquí.
No me voy."

***
Ezra Pound (Hailey, 1885-Venecia, 1972) 
Versiones de Marcelo Covian

/

Portrait d'une Femme

*

Your mind and you are our Sargasso Sea,
      London has swept about you this score years
And bright ships left you this or that in fee:
      Ideas, old gossip, oddments of all things,
Strange spars of knowledge and dimmed wares of price.
      Great minds have sought you — lacking someone else.
You have been second always. Tragical?
      No. You preferred it to the usual thing:
One dull man, dulling and uxorious,
      One average mind —   with one thought less, each year.
Oh, you are patient, I have seen you sit
      Hours, where something might have floated up.
And now you pay one.   Yes, you richly pay.
      You are a person of some interest, one comes to you
And takes strange gain away:
      Trophies fished up; some curious suggestion;
Fact that leads nowhere; and a tale for two,
      Pregnant with mandrakes, or with something else
That might prove useful and yet never proves,
      That never fits a corner or shows use,
Or finds its hour upon the loom of days:
      The tarnished, gaudy, wonderful old work;
Idols and ambergris and rare inlays,
      These are your riches, your great store; and yet
For all this sea-hoard of deciduous things,
      Strange woods half sodden, and new brighter stuff:
In the slow float of differing light and deep,
      No! there is nothing! In the whole and all,
Nothing that's quite your own.
                  Yet this is you.

~

The Tomb At Akr Caar

*
 
‘I am thy soul, Nikoptis. I have watched
These five millennia, and thy dead eyes
Moved not, nor ever answer my desire,
And thy light limbs, wherethrough I leapt aflame,
Burn not with me nor any saffron thing.

See, the light grass sprang up to pillow thee,
And kissed thee with a myriad grassy tongues;
But not thou me.
I have read out the gold upon the wall,
And wearied out my thought upon the signs.
And there is no new thing in all this place.

I have been kind. See, I have left the jars sealed,
Lest thou shouldst wake and whimper for thy wine.
And all thy robes I have kept smooth on thee.

O thou unmindful ! How should I forget!
-Even the river many days ago,
The river? thou wast over young.
And three souls came upon Thee-
And I came.
And I flowed in upon thee, beat them off;
1 have been intimate with thee, known thy ways.
Have I not touched thy palms and finger-tips,
Flowed in, and through thee and about thy heels?
How 'came I in'? Was I not thee and Thee?

And no sun comes to rest me in this place,
And I am torn against the jagged dark,
And no light beats upon me, and you say
No word, day after day.

Oh! I could get me out, despite the marks
And all their crafty work upon the door,
Out through the glass-green fields. . . .

Yet it is quiet here:
I do not go.’

lunes, 19 de mayo de 2025

sónia sultuane / cuatro poemas













LUGAR DE SILENCIOS
Lugar de silencios,
las voces suceden,
las historias se repiten,
lo lejano
va en las maletas de los viajeros,
en la ruta de sus almas,
sucede la vida, la nostalgia,
el ahora, el mañana,
ese es el lugar donde
existimos.

~

EL LUGAR DE LAS ISLAS
Parecemos tantas cosas,
pero pocas cosas somos,
el lugar de las islas.
Parecemos tantas cosas,
pero pocas cosas somos,
un lugar de islas.
Parecemos tantas coisas,
pero pocas cosas somos,
en el lugar de las islas.

~

FUENTE
Bebi de tu fuente,
tus márgenes se abrieron,
tus algas saladas,
tenían el gusto de la marea,
aguas cristalinas,
me ahogué,
olvidé el instante,
me perdí al final,
en tu concha menina.

~

SOY EXTRANJERA
Extranjera en esta tierra,
en este país,
en los lugares en mí,
en las miradas perdidas,
certezas dispersas,
soy ajena a la nacionalidad,
soy extranjera,
en un cuerpo tatuado,
con formato de mapa universo,
lecho de nostalgias,
multitud de pensamientos,
en un mundo de sentimientos,
en el cosmos que desconozco.

***
Sónia Sultuane (Maputo, 1971)
Versiones de Raquel Madrigal Martínez

/

LUGAR DE SILÊNCIOS
Lugar de silêncios,
as vozes acontecem,
as histórias repetem-se,
o longe
vem nas malas dos viajantes,
na rota das suas almas,
acontece a vida, a saudade,
o agora, o amanhã,
esse é o lugar onde
existimos.

~

O LUGAR DAS ILHAS
Parecemos tantas coisas,
mas poucas coisas somos,
o lugar das ilhas.
Parecemos tantas coisas,
mas poucas coisas somos,
um lugar de ilhas.
Parecemos tantas coisas,
mas poucas coisas somos,
no lugar das ilhas.

~

FONTE
Bebi da tua fonte,
as tuas margens abriram-se,
as tuas algas salgadas,
tinham o gosto a maresia,
águas cristalinas,
afoguei-me,
esqueci o instante,
perdi-me por fim,
na tua concha menina.

~

SOU ESTRANGEIRA
Estrangeira nesta terra,
neste país,
nos lugares em mim,
nos olhares perdidos,
certezas dispersas,
sou alheia à nacionalidade,
sou estrangeira,
num corpo tatuado,
com formato de mapa universo,
leito de saudades,
multidão de pensamentos,
num mundo de sentimentos,
no cosmos que desconheço.

domingo, 18 de mayo de 2025

han kang / dos poemas










El invierno a través de un espejo

*

1.

Mira la pupila de una llama.
Azulado
ojo
con forma de corazón
lo más caliente y brillante
aquello que la rodea
la llama interior naranja
lo que más parpadea
lo que rodea de nuevo
la llama externa semitransparente
mañana por la mañana, la mañana
que parto a la ciudad más alejada
esta mañana
el ojo azulado de una llama
mira más allá de mis ojos.

2.

Ahora mi ciudad es mañana de primavera, si traspasas el centro de la tierra, taladras recto hasta el centro sin vacilar, aquella ciudad aparece, la diferencia horaria allí exactamente doce horas menos, la estación exactamente medio año atrás, de modo que aquella ciudad es ahora una tarde de otoño, como si siguiera en silencio a alguien aquella ciudad sigue tras la mía, para cruzar la noche para cruzar el invierno espero en silencio, mientras mi ciudad deja atrás a aquella como alguien que te adelantara en silencio

3.

Dentro del espejo espera el invierno
Un lugar frío
Un lugar totalmente frío
tan frío
que los objetos no pueden temblar
tu cara (congelada una vez)
no puede hacerse añicos
No extiendo mi mano
tú tampoco
quieres extender tu mano
Un lugar frío
Un lugar que se mantiene frío
tan frío
que las pupilas no pueden vacilar
los párpados
no saben cómo cerrarse (juntos)
Dentro del espejo
espera el invierno y
dentro del espejo
no puedo evitar tus ojos y
tú no quieres extender la mano

4.

Dijeron que volaríamos durante todo un día.
Dobla bien veinticuatro horas métetelas en la boca y
entra en el espejo dijeron.
Cuando haya deshecho la maleta en una habitación de esa ciudad
debería aprovechar para lavarme la cara.
Si el sufrimiento de esta ciudad en silencio se me apodera
me quedaré rezagada en silencio y
cuando no estés mirándolo me apoyaré
un momento en la espalda escarchada del espejo
y canturrearé despreocupada.
Hasta que, habiendo doblado bien veinticuatro horas
y habiéndolas escupido empujadas por tu lengua caliente,
vuelvas y me observes

5.

Mis ojos son dos cabos de vela que gotean cera mientras agotan la mecha, no es abrasador ni doloroso, dicen que el temblor del núcleo de la llama azulada es el advenimiento de las almas, las almas se sientan en mis ojos y tiemblan, canturrean, la llama externa que se balancea en la distancia oscila para llegar más lejos, mañana partes hacia la ciudad más lejana, aquí estoy yo ardiendo, ahora pones las manos en la tumba del vacío y esperas, la memoria te muerde los dedos como una serpiente, no te abrasas ni te duele, tu inquebrantable rostro no se quema ni se hace añicos.

~

Mark Rothko y yo — Muerte en febrero

*

Sin nada que declarar por adelantado,
no existe relación alguna entre Mark Rothko y yo.

Él nació el 25 de septiembre de 1903,
murió el 25 de febrero de 1970.
Yo nací el 27 de noviembre de 1970
y sigo viva.
Es sólo que
a veces pienso en el espacio de nueve meses
que separa mi nacimiento de su muerte.

Sólo unos pocos días
después de aquella mañana temprano en que se cortó las venas
en la cocina aneja a su estudio,
mis padres unieron sus cuerpos
y poco después una mota de vida
se debió quedar alojada en el tibio útero.
Mientras en el invierno tardío de Nueva York
su cuerpo aún no se habría descompuesto.

Eso no es algo maravilloso,
es algo solitario.

Me debí quedar alojada como una mota
cuyo corazón aún no había empezado a latir,
sin saber nada del lenguaje,
sin saber nada de la luz,
sin saber nada de las lágrimas,
dentro de un útero rosado.

Entre la vida y la muerte,
febrero como una brecha
que perdura,
perdura y finalmente sana.

En la tierra a medio derretir, todavía más fría,
su mano aún no se habría descompuesto.

***
Han Kang (Gwangju, 1970)
Versiones de Eva Gallud y Ángel Salguero respectivamente desde traducciones al inglés

sábado, 17 de mayo de 2025

nicolás lópez-pérez / la casa de la poesía no tiene tamaño


                        In memoriam Carmen Berenguer

Exacto, eran voces edulcoradas
y roncas de tanto fumar puchos:
cantos versallescos de novelas tristes.
Así, mirar atrás es ver esas vidas
ya escombros, deslizándose como aluviones
hacia otras vidas dentro de otras vidas
Solo tenemos una vida que se fragmenta
y se compone de episodios variopinto:
llantos, glorias, fluidos, errores y personas.
Ante todo, encuentros futuros sobre el gusto
y el disgusto, el mejor material para tejer
amistades a prueba de acero e invierno
a prueba de coral y julepe o quizás
de mutualismos mal entendidos, a prueba
de noche. Encuentros hechos de neón
y otras yerbas que la crónica roja se lleva.
Nadie dice Santiago otra vez
ni Prosit ni Venezia ni Plaza Baquedano.
La palabra queda en la punta de la lengua
en flor: sale, se abre, se marchita y muere.
Santiago Punk, de vieja salud y lejano.
La noche es de los maniquíes, sonríen 
cuando nos ven pasar, exhaustos, furtivos
una alegoría de alguien que se apaga
después de arder, impregnado de bencina.
No nos quedan formas, viene el amanecer
y hemos llegado tarde, demasiado temprano
cuando el sol explotó en mil esquirlas
el día en que escapamos a la pálida
En el fin del mundo elevamos volantín con hilo curado

***
Nicolás López-Pérez (Rancagua, 1990)
Fotografía por Fer Olivares

viernes, 16 de mayo de 2025

carmen berenguer / tres poemas









Estimadas amigas

*

No pienses que anido la nostalgia
solo reverberaciones,
eco
de algunas notas
algún aroma
o recorte memorial
donde fugazmente devolvemos la mirada
melancolía virtual
de mi segundo viaje a Nueva York
Ingresé por el aeropuerto J. F. K.
gobernaba Ronald Reagan
Mis amigos de pelo largo
usaban pelucas para trabajar en la Esso
Los corpiños volvieron a apretar
Y el refajo emuló aquella silueta díscola del ser
Reagan hacía el recorte social del budgest estatal
Y yo quería arrancar de Chile

                                                    Clifton, New Jersey, 1979

~

La soñaba de retorno

*

un mesón con objetos preciosos:
un collar de fantasías y un florero de cristal
y cosas viejas por la pátina del tiempo
Hinda en el mismo sueño al alba dijo:
—es un regalo—
en el velador había un panal de abejas
cerré la puerta para que no se asustaran

en un recuadro con haces de cristal
está el collar de piedras del estero de Vilches y de mi madre
y todo la soñaba
la ensoñaba la atmósfera la veía retornar
como una exiliada de Chile
fue el sueño de ayer
la sueño ahora
la sigo soñando

mi madre lúcida y su lengua nenúfar
y huilles tallados en sus rocas de esteros de piedras
trasparentes
—no! me dijo en el corral
—mamá nos nace al habla
—la rabia no sirve a las mujeres
—tampoco la lengua floja
—la lengua sin tregua nos apacigua
—sí mamá

~

EL PERSONAJE TENÍA UNA AMIGA Y, COMO EN TODA TRAMA, era la antagonista. Después de oscuros sucesos fingían odiarse, dirigiéndose dardos lancerosos, como odian las pequeñas mujercitas.
(Un tumulto de obviedades las dejaron hablar). 
Era una muchacha cuya posesión fue haber creado una lengua sucia. Su amiga, en cambio, se crió en un pueblo rural y se vino a estudiar servicio social. Esta visitadora era buena para conversar con la gente. Ella mantenía una correspondencia entre su vida pública y privada muy coherente.
En su vida privada era limpia, recatada y buena, “era una chica servicial” y todo lo planteaba funcional a la comunidad.
Este personaje narrativo creció en los barrios urbanos y, como en la era moderna el barrio se ha convertido en bloques y villas, vivió en sus aledaños. Como ya dije, poseía una crudeza en el filo de la lengua, más bien su lengua era ruda. Además poseía un cuerpo voluptuoso. Todos la miraban cuando caminaba acentuando su expresión en las caderas como bailarina urbana.
Según ella, el baile burgués pertenecía a las academias. Y ella aprendió a bailar en las quintas de recreo, donde se baila por rito. Fue en uno de esos lugares donde se conocieron y se odiaron. Su amiga trataba de convencerla de que había bondad en las gentes de buen corazón y, a este personaje, eso le sonó familiar. Tal vez un eco de sus viejas. La apodó “sentimiento dulzón”. Su amiga redobló su odio y, aunque su propósito fuera malearse, no le resultaba defendiendo su derecho a ser una mujer buena. Soñaba con un tierno amor, hacer pareja y tener hijos a quien entregarle todo el amor que a ella le faltó. Y aunque fracasara, por último sería foco de las narrativas sentimentales para la clase media.

***
Carmen Berenguer (Santiago de Chile, 1946-2024)

jueves, 15 de mayo de 2025

antonia pozzi / dos poemas










Fuegos de S. Antonio
 
*

Siento arder mi nombre en las llamas
de la tarde a la orilla
de una costa oscura –
y a lo largo del puerto estallan hogueras
de cosas antiguas,
de algas y de barcos
naufragados.
Y en mí ya nada puede arder;
sin embargo, en cada hora de mi vida,
aún –con el peso indestructible
del presente–
el corazón apagado de la noche
me persigue.

17 de enero de 1935
 
~

Más tarde
 
*

Cuando tu voz
haya salido de mi casa
volverán de la pared
palabras ásperas de viejos
que nombran en la oscuridad
montañas invisibles.
Escucharé rebaños
cruzar la noche:
el viento –arqueado
sobre el lecho del arroyo–
cavará
valles en el insalvable silencio.

25 de junio de 1935

***
Antonia Pozzi (Milán, 1912-1938)
Versiones de Roberto Bernal

miércoles, 14 de mayo de 2025

pablo neruda / dos poemas










La pasajera de Capri 

*

De dónde, planta o rayo,
de dónde rayo negro o planta dura,
venías y viniste
 hasta el rincón marino?
 
Sombra del continente más lejano
hay en tus ojos, la luna abierta
en tu boca salvaje,
y tu rostro es el párpado de una fruta dormida.
El pezón satinado de una estrella es tu forma,
sangre y fuego de antiguas lanzas hay en tus labios.
 
De dónde recogiste
pétalos transparentes
de manantial, de dónde
trajiste la semilla
que reconozco? Y luego
el mar de Capri en ti, mar extranjero,
detrás de ti las rocas, el aceite,
la recta claridad bien construida,
pero tú, yo conozco,
yo conozco esa rosa,
yo conozco la sangre de esa rosa,
yo sé que la conozco,
yo sé de dónde viene,
y huelo el aire libre de ríos y caballos
que tu presencia trae a mi memoria.
Tu cabellera es una carta roja
llena de bruscos besos y noticias,
tu afirmación, tu investidura clara
me hablan a mediodía,
a medianoche llaman a mi puerta
como si adivinaran
adonde quieren regresar mis pasos.
 
Tal vez, desconocida,
la sal de Maracaibo
suena en tu voz llenándola de sueño,
o el frío viento de Valparaíso
sacudió tu razón cuando crecías.
Lo cierto es que hoy, mirándote al pasar
entre las aves de pecho rosado
de los farellones de Capri,
la llamarada de tus ojos, algo
que vi volar desde tu pecho, el aire
que rodea tu piel, la luz nocturna
que de tu corazón sin duda sale,
algo llegó a mi boca
con un sabor de flor que conocía,
algo tiñó mis labios con el licor oscuro
de las plantas silvestres de mi infancia,
y yo pensé: Esta dama,
aunque el clásico azul derrame todos
los racimos del cielo en su garganta,
aunque detrás de ella los templos
nimben con su blancura coronada
tanta hermosura,
ella no es, ella es otra,
algo crepita en ella que me llama:
toda la tierra que me dio la vida
está en esta mirada, y estas manos sutiles
recogieron el agua en la vertiente
y estos menudos pies fueron midiendo
las volcánicas islas de mi patria.
 
Oh tú, desconocida, dulce y dura,
cuando ya tu paso
descendió hasta perderse,
y sólo las columnas
del templo roto y el zafiro verde
del mar que canta en mi destierro
quedaron solos, solos
conmigo y con tu sombra,
mi corazón dio un gran latido,
como si una gran piedra sostenida
en la invisible altura
cayera de repente
sobre el agua y saltaran las espumas.
 
Y desperté de tu presencia entonces
con el rostro regado
por tu salpicadura,
agua y aroma y sueño,
distancia y tierra y ola!

~

Cabellera de Capri

*

Capri, reina de rocas,
en tu vestido
de color amaranto y azucena
viví desarrollando
la dicha y el dolor, la viña llena
de radiantes racimos
que conquisté en la tierra,
el trémulo tesoro
de aromay cabellera,
lámpara cenital, rosa extendida,
panal de mi planeta.
Desembarqué en invierno.
Su traje de zafiro
la isla en sus pies guardaba,
y desnuda surgía en su vapor
de catedral marina.
Era de piedra su hermosura. En cada
fragmento de su piel reverdecía
la primavera pura
que escondía en las grietas su tesoro.
Un relámpago rojo y amarillo
bajo la luz delgada
yacía soñoliento
esperando la hora
de desencadenar su poderío.
En la orilla de pájaros inmóviles,
en mitad de del cielo,
un ronco grito, el viento
y la indecible espuma.
De plata y piedra tu vestido, apenas
la flor azul estalla
bordando el manto hirsuto
con su sangre celeste.
Oh soledad de Capri, vino
de las uvas de plata,
copa de invierno, plena
de ejercicio invisible,
levanté tu firmeza,
tu delecada luz, tus estructuras,
y tu alcohol de estrella
bebí como si fuera
naciendo en mí la vida.
Isla, de tus paredes
desprendí la pequeña flor nocturna
y la guardo en mi pecho.
Y desde el mar girando en tu contorno
hice un anillo de agua
que allí quedó en las olas,
encerrando las torres orgullosas
de piedra florecida,
las cumbres agrietadas
que mi amor sostuvieron
y guardarán con manos implacables
la huella de mis besos.

***
Pablo Neruda (Parral, 1904-Santiago de Chile, 1973)

martes, 13 de mayo de 2025

cristóbal de castillejo / dos poemas













Musas italianas y latinas...

*

Musas italianas y latinas,
gentes en estas partes tan extraña,
¿cómo habéis venido a nuestra España
tan nuevas y hermosas clavellinas?

O ¿quién os ha traído a ser vecinas
del Tajo, de sus montes y campaña?
O ¿quién es el que os guía y acompaña
de tierras tan ajenas peregrinas?-

-Don Diego de Mendoça y Garcilaso
nos truxeron, Boscán y Luis de Raro
por orden y favor del dios Apolo.

Los dos llevó la muerte paso a paso,
Solimán el uno y por amparo
nos queda don Diego, y basta solo.


Soneto II

*

Garcilaso y Boscán siendo llegados
al lugar donde están los trovadores
que en esta nuestra lengua y sus primores
fueron en este siglo señalados,

los unos a los otros alterados
se miran, demudadas las colores,
temiéndose que fuesen corredores
o espías o enemigos desmandados;

y juzgando primero por el traje,
pareciéronles ser, como debía,
gentiles españoles caballeros;

y oyéndoles hablar nuevo lenguaje,
mezclado de extranjera poesía,
con ojos los miraban de extranjeros.

***
Cristóbal de Castillejo (Ciudad Rodrigo, 1491-Viena, 1556)

lunes, 12 de mayo de 2025

odette da silva / mea culpa










Todavía no he leído a Proust
ni La náusea de Sartre.
No recuerdo con nitidez
ningún capítulo de Don Quijote.
Tardé demasiado en encontrarme con Camus.

A veces, no estoy de humor para Bergman.
Nunca he terminado de ver Metrópolis
ni ninguna película de Chaplin.
He abandonado las salas de cine
sólo para ir al baño.

No oigo a Malher con frecuencia
ni soy capaz de distinguir
los movimientos de una sinfonía.
Creo que detesto la ópera
y que Schönberg me hace daño.
He subestimado a Mozart.

Prefiero dormir una siesta
antes que ir al teatro.
Lo mismo me da Stanislavski o Grotowski.
La peste de Artaud
me produce jaqueca.

No siento suficiente respeto por Rembrant.
He encontrado a Rodin despreciable.
Me gusta el urinario de Duchamp
más que todo el academicismo,
pero desconfío del arte conceptual.

No acabo de entender a Hegel,
soy platónica sólo a ratos.
Y hay siempre una hora del día en la que cambiaría
-sin duda y sin remordimiento-
la Crítica de la razón pura
por un buen plato de sopa.

***
Odette Da Silva (Caracas, 1978)

domingo, 11 de mayo de 2025

mirko lauer / sobrevivir ocho estrofas de comentario a las palabras del buda


La realidad entera está en llamas, y no puedes mejorarla como frase. En los límites de la pérdida la realidad completa se aglomera en un hacinamiento volátil. Lo tuyo y lo de otro se consumen reclinadas contra la retina, puesto sobre la lisa palma de tu mano. Sólo el amor es la cosa grave, la gravedad la gravitación universal
del mundo,
en que con peso igual se queman Isaac Newton y una manzana. Nadie se baña dos veces en el mismo río, y tampoco puedes
mejorarlo como frase.
El mundo carece de sombra propia, la realidad es aceite en el que
flota tu corazón.
Hay puertas que se abren en el agua hirviendo: sales de un río
y entras a un río;
tus huesos tiritan de ignorancia bajo todos los umbrales, mientras
tu alma incauta
navega sustentada por desconocimientos y por plumas.
El silencio reúne elocuencia y peligrosidades del primer grado, con posibilidades de palabras que son florecimientos de la epidermis, llagas y colores varios apilados formando una torre negra. Tus
hermanos
los cadáveres se calcinan en ese silencio, y las estalagmitas
atraen relámpagos babeantes que nadie osa empuñar para el
sacrificio
de la realidad que se precipita sobre sí misma, con sus crepitaciones
y sus llamas.
Una playa de toallas secas a la orilla de la ducha rememora
crujiente
el paso de agua en que la realidad entera se comprime y entrega al enmugrecido inmóvil la ablusión de existir en dos instantes: en alabastro y en ónix, en la onomatopeya y en el miráculo, en la vida metafórica y en la muerte literal, en la cuna y en la cuja, llenas sus orejas del encajado frufrú de esas combinaciones. Las aves vuelan con las plumas encendidas, perforadoras del aire
combustible,
por cuyo sesgo cruzan sus demorados cuerpos hexagonales.
En los desiertos del sur la luz horada el polvo y levanta columnas
frágiles
que el viento se lleva en llamaradas. Y aun lo irreal apoya la cabeza contra la de un fósforo que estalla ante la fisión de la mirada,
presa también ella en un fuego inextinguible.
Perdonado por lo imperdonable, blasonado tu pecho con las
húmedas flores,
clorofilas y cadmios de tu ramo: agua que eres y que empuñas, fluir en que te miras y eres, impecablemente a la deriva,
conculcado.
Y sales absorto de la bacanal, con las manos lavadas y un velero rotando contra el viento de tu sueño. Esponjas que son dardos
buscan tu pecho,
y encuentran tu pecho, y cruzan tu pecho, y olvidan tu pecho en
sus huidas.
Nadie se ríe dos veces en el mismo baño, ni frota un cuerpo con
otro
sin multiplicarlo. La conclusión banal y trágica es que la soledad es imposible sin la ayuda de un espejo. Y sales perplejo de la
ermita, con las sienes heladas:
y sales del escritorio anonadado, con los fémures calados;
y sales del río y entras al río y sales del río,
por un abismo de expiación compuesto de trampolines y de pórticos.
Hay una hoguera en las doradas vísceras del cuy, la realidad
entera sufre
la mancha caliente de esa inacariciable mansedumbre. Tu casa
arde mientras duermes,
el mundo grita mientras reflexionas, los hornos gimen con las
bocas abiertas
agobiados por una ceniza que lacera tu frente perpleja, y flota
hacia el suelo verde
donde un millón de briznas se consumen para hacer una pradera.

***
Mirko Lauer (Žatec, 1947)

sábado, 10 de mayo de 2025

gloria bird / dos poemas










La resiliencia del corazón

*

El sol matutino roza el aire frío y seco
calcina los ojos soñolientos arrancados del borde del sueño
mientras arañas construyen sus redes a través de nuestras puertas, grillos
entran por las grietas del alféizar de la ventana, y ratones bailan atrevidamente
en el pasillo que predice la llegada del temprano invierno.
Un campo de chamizos en la cercanía inmediata templa
el recuerdo empobrecido de la mano que retiene el desierto,
alimenta mi espíritu hambriento. El arroyo vacío de estelas de agua lluvia
se despierta con lagartos de buena suerte que dejan su impronta en la arena
arremolinada. Cactus guardan los parámetros de nuestra existencia, corren
la cerca. Los pináculos de formaciones de tierra suben al nivel del ojo
en la distancia, cambian nuestros sentidos.
He vuelto aquí veinte años más tarde con dos hijos jóvenes,
aún no un fragmento del recuerdo del nacimiento de mi hija en esta tierra,
cuya presencia sentimos aún como flores silvestres nativas que brotan libremente
ocupando cada campo de visión en amarillos abigarrados
contra la tierra siena, el color de sus pieles.
Temprano en la mañana, nos sentamos en nuestra terraza sobre ramas congeladas
frente al sol naciente, el aire pulverizado áspero con el polen. A nuestras espaldas
la vertiente occidental, surcada por lluvias oscuras y sombras de nubes lentas.
En algún lugar, casi escuchando un cachorro solitario que grita para que lo dejen entrar.
Olores de basura quemándose en el camino sobre el viento viviente.
Me planto a mí misma, yuca endurecida, para esta tierra milagrosa.
Mis hijos, como brotes, se inclinan ante el sol de la mañana para crecer, bendecidos con la juventud suficiente para tomar el camino de la resiliencia del corazón.

~

Historia de la creación

*

Despierto en la mañana sombría de principios de invierno
dentro del anhelo de lluvia de fuera de temporada,
pensamientos de ti miran desde el borde de una cueva
oscura. La pregunta es ¿descenderás?
¿Te inclinarás ante una mujer
que sueña tu lengua enterrada en el extendido
corazón del amor? Hoy soy irrazonable
y necesito impulso, cariño,
por favor perdóname.
Cuando el olor a almizcle se eleva desde el cuerpo cálido,
sé que es el ritmo de la desesperación del amor
que nos separa mediante una quemadura
y sólo la afirmación del cuerpo
puede juntar de nuevo las
piezas rotas. Y para mí,
digo, sólo tus palabras suaves pueden calmar
el frenesí de mi nueva enfermedad de sal.
Luego sucede. Te materializas
en la sala devastada, me cubres como piel.
Oh, bebé, este es el final del mundo
razonable, un quiebre psíquico, y las mil
millas rígidas entre el sentido y perderlo
para siempre significan nada.

La memoria del desierto ancestral fluye
por tus venas donde pequeñas cosas tienen que ser
arañadas desde la superficie de la tierra agrietada.
Mía es la montañosa maderera
invadida por fauna silvestre. Juntos, debemos
encontrar un terreno a salvo de hambre
y desperdicio, construir nuestra casa
de equilibrio en el mundo inclinado
donde incluso los fragmentos humeantes
arderán rojos en el ojo de Dios.

***
Gloria Bird (Sunnyside, 1951)
Traductor/a no identificado/a

/

The Heart's Resilience

*

Morning sun skims through the cool, dry air
sears the sleepy eyes torn from the rim of dream
as spiders build their webs across our doorways, crickets
come in through the cracks of windowsill, and mice dance boldly
in the hallway predicting the coming of an early winter.
A field of chamisal in the foreground tempers
the impoverished memory of the desert's withholding hand
feeds my hungry spirit. The arroyo empty of rainwater wakes
alive with good luck lizards leaving their imprint in swirled
sand. Cactus plants guard the parameters of our existence, run
the fenceline. The pinnacles of earth formations rise eyelevel
in the distance, shift our senses.
I am returned here twenty years later with two young sons
not yet a part of the memory of my daughter's birth in this land,
whose presence we feel still as native wildflowers bloom freely
occupying each field of vision in variegated yellows
against the sienna earth, the color of their skins.
In the early morning, we sit on our verandah on freezing benches
facing the rising sun, the powdered air rough with pollens. At our backs
the western slope is streaked by dark rains and slow cloud shadows.
Somewhere on the edge of hearing a lonely puppy yelps to be let in.
Whiffs of burning trash trail in on the living wind.
I plant myself, a toughened yucca, to this miraculous land.
My sons, like shoots, lean into the morning sun to grow, blessed
with youth enough to take the path of the heart's resilience.

~

Creation Story

*

I awaken in the shadowed morning of early winter
within the yearning of unseasonal rain,
thoughts of you peering from the edge of a dim
cave. The question is, will you come down,
will you bend before a woman
who dreams your tongue buried in the spread
eagled heart of love? Today I am unreasonable
and need driven, sweetheart,
please forgive me.
When the musky scent rises from heated body,
I know it is the rhythm of love's desperation
that sears us apart, and that only the body's
affirmation can pull the broken pieces
back together again. And that for me,
I say, only your soft words can soothe
the frenzy of my new salt sickness.
Then it happens. You materialize
in the wasted room, cover me like skin.
Oh, baby, this is the end of the reasoning
world, a psychic break, and the thousand
rigid miles between sense and losing it
for good mean nothing.

The ancestral desert memory flows
in your veins where small things must be
scratched from the surface of cracked earth.
Mine is mountainous timberland
overrun with wildlife. Together, we must
find safe ground from both famine
and profusion, build our house
of balance in the tilted world
where even the smoldering fragments
will burn red in the eye of God.

viernes, 9 de mayo de 2025

koleka putuma / insomnio










Anoche
guardaste cadáveres en tu garganta,
demasiado asustada para abrir la boca
y derramar a los muertos.
Cómo los echas de menos.
Qué injusto es. Cómo ninguna de nosotras lo comprende.
Vas pasando fotos de gente que estaba aquí
y ya no está.
Vaya broma. Vaya broma más pesada.
Pensaste.
La música está demasiado alta dónde estás.
Al menos la gente parece feliz.
Te preguntas cuántos de ellos guardan cadáveres en la garganta,
Tratando de ahogar las penas con veneno y bailes.
Estás ahí y no estás.
Vuelves a leer los artículos.
Vuelves a pasar las fotos.
Estás en un punto a medias entre torturarte
y tratar de encontrarle el sentido a cosas que no puedes cambiar.
Te sientes enferma y desestabilizada.
Los cadáveres pesan demasiado.
Esto es lo que supone vivir en una morgue
con un felpudo que dice
“alegría”.

***
Koleka Putuma (Port Elizabeth, 1993)
Versión de Lawrence Schimel y Arrate Hidalgo

jueves, 8 de mayo de 2025

coral bracho / personajes bajo otro tiempo










Lo que no es
comienza a ser con vehemencia.
Abre y enciende escenas,
las echa a andar. Bajan
los personajes y entran con soltura
a los cuartos. Prenden
la estufa y se hacen un té. Jalan sillas,
se sientan
y platican. Afuera la lluvia arrecia.
No hay paraguas
suficientes. Se quedarán.
Bajo este tiempo sin huellas
pasarán otra noche.  Lo que es
ya no es

***
Coral Bracho (Ciudad de México, 1951)

miércoles, 7 de mayo de 2025

julio barco / un poema













A Seremsa

Barrio mío del que no he huido 
Y del que ya no podré escapar jamás.
Atardeceres de verano con el viento fresco
¡Noches Inmensas! ¡Parque del Colegio 1047!
Reciban la canción de su poeta.

Vivir quisiera siempre y ver desde aquí
sabrosa entonación de los rituales del fuego.
Eternamente vivo de poema y belleza
arrancar dientes de león de El Verde
Y sentarme en El Cañito a ver la carretera Prialé.

Cerros, Jardines, Muchachas, Armonía,
Avenida los Puquiales y Río Surco. 
Puentes peatonales, altas torres eléctricas 
y perros flacos, yo los amo con ternura.  

La flora y fauna de mis células son la sombra de
Los árboles de la avenida Principal Atarjea. 
Yo aquí me dediqué a destejer el universo
y a tornar plastilina la realidad perfectamente visible.

Yo no quiero partir a un edificio con rejas y control,
yo no quiero abandonar los arenales de mi casa,
yo no quiero despertar en un lugar pulido,
quiero crecer desde aquí y no ser vencido. 

Yo quiero sembrar mi pequeña esperanza
entre mi gente, mis amigos, las esquinas y mototaxis.
Entre chibolos achorados, albañiles, 
Entre señoras que venden salchipapa,
Entre niños maltratados y abandonados por sus padres
y bodegueras, panaderas, y más eras
y entre tantas eras, sentir el corazón de todos
y cantarlo en mi pequeña sílaba ardiente. 

Por la cruz de Sagrado Madero
celebramos en mayo las plurales verbenas.
Se recuerda entonces el peregrinaje 
de la Atarjea a Seremsa. 

Seamos bienvenidos 
a la noche de las fiestas y cebadas
Y al solidario plato delicioso 
de carapulca con sopa seca. 

Barrio mío, te miro desde la sombra 
de mis libros libres
Y sin ápice de tedio, 
aún respiro y ardo
y entrego para siempre mi fresco corazón
a tu gente, tu tierra, tu futuro
como una semilla cósmica
en la vasta arquitectura,
Seremsa, lila del Perú.

***
Julio Barco (Lima, 1991). Inédito.

martes, 6 de mayo de 2025

graciela huinao / la máscara del hambre










Mi cuerpo no se acostumbra
a este conviviente
que golpea hoy mi cuerpo
y mañana
abre la puerta de mi casa
ultraja en mi mesa
la última dignidad que poseía.

Yo te denuncio
porque de cerca te conozco
tienes la cara desgarrante de la tristeza.
Fue el peor enemigo que llegó a mi pueblo
y nos robaron las armas al defendernos.

Arrancamos
perseguidos por una fiera
nos dio alcance en el sur
y con sus colmillos nos trituró la pobreza.

Hoy
en mi pueblo
el hambre es rebeldía
y la poesía una máscara
donde oculto el verso amargo
alimento de este canto
y en la boca de mi pueblo
la tortura de cada día.

***
Graciela Huinao (Osorno, 1956)