sábado, 13 de enero de 2018

maximiliano andrade / las fábricas de humo









han acumulado todos los peces de este río
y de aquel otro
han puesto precio a la cabeza de los sapos
y si acaso se acercasen a las fábricas del humo
sus versos se derramarán por escritura automática

la advertencia está hecha
nadie tocará las fábricas del humo
pues la grandilocuencia de la obra
es más importante que cualquier aire o respiro

si han de venir esos que dicen que vienen con pancartas
soltarán a los perros que no ladran
para comer incipientes armas poéticas
que planteasen terminar con el humo en cadena

si bien es sólo una hipótesis
“los humos caerán por su propio peso”
es poco probable que ocurra
con todo esto de las leyes físicas
el humo pesa menos que un paquete de cabritas

este recorrido me está agotando un poco
parecía oír en cada rincón de la sala
no sé si es humo lo que cubre las paredes
o son orejas
lo cierto es que ambas se ensamblan donde mismo

primero llegó un niño
(sin ninguna pancarta alusiva)
se sentó en la parte de atrás de la micro
y comenzó a leer unos cuantos poemas
era como encender la tele
y ver “La realidad de la población”
ver gritos y peleas y risas y las drogas
y todas esas cositas clichés que vienen a romper con la
literatura
y después se calló
dijo basura
las piedras duelen más que los textos
y en algo así como un acto paranoico
lleno de vigor e ironía
se comió los papelitos escritos a impresora
sonrió
como si el hambre se fuera

entonces dijo
perdón si causé algún inconveniente en su viaje
dama caballero
dejemos de aspirar el humo
una moneda regaló a cada pasajero que miraba a la
ventana
y a todos terminó por ver a los ojos

y yo aquí
una bomba en mi mochila
y menos ímpetu que el niño

la gran columna de humo
salía a un lado del sol
nunca lo tapó
para eso existían los dedos

nos quedó absolutamente claro
cuando lo vimos en un spot de 30 segundos
esa columna es el progreso

mira como avanza el progreso
mira como avanza la poesía
nos decíamos para caernos bien
y hacernos un huequito en la fila
y la poesía venía a nosotros

en esa extensa y angosta faja de humo
era como si la vida se nos sirviese en bandeja como si la pelota entrara sin patear el penal como si los pacos nos pegaran por lindos como si los narcos nos regalaran la primera para hacerse uno adicto como en las películas de bandoleros cibernéticos que navegaban en porno y otras canciones de bob Marley como los perritos que murieron en el sur por ser plaga como esa vida que siempre quisimos tener de justiciero rebelde en una moto como el che guevara o el renegado como la espada o el cavernícola de los monitos gringos o las metralletas y los vaqueros chinos como el pan tostado con la cara de Jesucristo que salía de forma recurrente en las noticias de relleno (para mi las más importantes) como los peluches coleccionados con las esquelas y cartitas de pequeñas compañeras que no habían ensangrentado sus calzones como el viento tibio que viene antes de ponerse a llover y la pelota hecha de papel y scotch posterior a la pelota que era un mapamundi como la pizarra cuando quedaba blanca y uno sabía que ahí alguna vez hubo una pizarra negra rayada con tiza como las oraciones del mes de maría y los mariscos carísimos de semana santa como la marea roja y la contaminación como los periodistas con acentos extraños diciendo que hubo un asalto en el barrio alto o la ropa americana cuando uno se preguntaba si existía una vida que usó antes ese mismo pantalón como las modas pasajeras que bailamos y reímos o como las otras que duraron un tiempo más como los resúmenes de los libros que jamás quisimos leer o las trenzas apretadas para marchar un 21 de mayo como los alcaldes de pequeños municipios que soñaron con ser presidentes y sus esposas machistas que soñaron con ser primeras damas como los campos y montañas que vimos por la tele en documentales o los mamíferos que ponía mi abuelo para dormir toda la tarde como el auxilio que prestó carabineros a una mujer parturienta que escuché una vez en un relato de mi tía o las historias de terror los viernes por la noche como los lápices mordidos las tapas perdidas o esos lápices que nunca se devolvieron como los perros que caminan a un lado de las personas que vuelven muy tarde a sus casas o las otras que eligen no volver jamás como los niños delincuentes del juzgado de menores como el tiempo pasado que siempre fue mejor o el recuerdo de las cosas que imaginamos para el futuro como las piedras que rompieron vidrios de vecinos iracundos o las piedras que romperán bancos y plazas públicas como las tormentas que vendrán una vez estemos muertos o como los muertos que nunca conoceremos como el gusto por las golosinas de cumpleaños y las tortas del supermercado hechas con las sobras de otros productos como el porcentaje de impuestos que nunca nadie supo calcular como los niños que esperan una respuesta completa y no un porque sí como historias de kinder que uno no recuerda ni recordará nunca o esos compañeros que nunca fueron tus amigos o esos amigos que se fueron como el humo

yo aquí
una bomba en la mochila
                                       y el recuerdo de mi fábrica de humo
                                                                                           ***

***
Maximiliano Andrade (Santiago de Chile, 1990) Sangre de pájaro I, [Viaje al centro de las cosas]. Zürich: 89plus/LUMA Foundation, 2014.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario