domingo, 21 de enero de 2018

martín torres miranda / a los animales atropellados en la calle













Preferir dejarlos ahí
es una opción

Ver cada día una nueva marca de la putrefacción
se nota primero la piel
que comienza a soltarse
los ojos reduciéndose a cuencas
de a poco
día tras día
el cuerpo más aplanado contra el asfalto
un abandono que carcome casi a caricias

El rigor mortis de las palomas
todo parte con una pluma que se desprende
o un ala
luego, un día u otro
el cuerpo irreconocible
solo trozos de cartílago y rastrojos plumíferos por aquí
y por allá

Aparece un papel arrugado
¿un confort
o una bolsa?
¿qué es ese bulto?

Pero justo antes
justo antes de que tu mente defina
la figura definitiva de un cuerpo aplastado
así, puro amasijo de pelos
das vuelta la mirada
y prefieres haber visto una bolsa de basura
o una caja de cartón mojada

Un día en el Río Mapocho
un perro que parece que se fuera a levantar

-está moviéndose, mira-
flota entre los destellos fúnebres del agua

-está vivo- repite

e  s  t  á    m  u  e  r  t  o
acostado en el sedimento del fondo del río
grande aún, vivaz como nunca
pero date cuenta

el río lo arrastra de a poco
todo es de a poco
metro a metro se va alejando
metro a metro hasta unirse con el comienzo de las aguas
allá lejos, donde vive ese relámpago que se lleva las almas de los olvidados
(manteniéndolos así… olvidados)

Y es aún más
en la realidad más real
esa que no censura ningún acto
y es por eso mismo más real
y más dolorosa aún
a los perros atropellados los recoge el camión de la basura
que luego los abraza
entre los grandes labios metálicos de la compactadora
y los sella como un secreto cruel

Hay un animal muerto en medio de la calle
las ruedas le pasan por encima
y parece no importarle
la muerte nos hace más impenetrables, el dolor más incoherentes
Un día o dos
un año o dos
el animal se transforma en una mancha oscura
que destiñe en medio de la calle
un día o dos
un año o dos
el cuerpo en sepultura
fundido al pavimento
invisible
atrapado célula a célula entre las ruedas de los autos
que lo reparten por la ciudad entera

Su cuerpo en reservada sepultura
esperando, porque
Todo sucede de a poco
espera un día o dos
un año o dos
para los sacramentos de las veredas
en el camposanto de la calle

***
Martín Torres Miranda (Santiago de Chile, 1996)

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