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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.

domingo, 16 de abril de 2023

cesare pavese / mujeres perdidas











Tienen razón en tratarlas así.
Y es mejor que compadecerlas
con el corazón y después gozarlas en la cama.
“Es una necesidad más fuerte que la vida entera”,
digan, más bien, “y estamos condenados a ese paso;
pero si mi chica hiciese ese trabajo,
me ahogaría de rabia o sabría vengarme”.

Siempre compadecerse fue tiempo perdido,
la existencia es tremenda y no cambia,
mejor apretar los dientes y callar.

                                                  Un atardecer
viajaba en un tren en el que iba una chica,
sobria en el vestir, pintada, la cara muy seria.
Afuera, las luces un poco pálidas y el verde un poco gris
borraban el mundo. Estábamos solos
en el vagón de tercera la mujer y el muchacho.
No sabía en ese tiempo empezar un discurso
y lloraba al pensar en las mujeres. Así que
hice todo el viaje mirando nervioso y la desconocida 
me miró una que otra vez y fumaba. No dije,
no pensé nada, es cierto, pero llevo en la sangre
aquella mirada directa, aquella sonrisa de un instante
de quien ha trabajado bien y ha tomado la vida
como se debe, en silencio.

                                          Un amigo, de aquellos
que tienen en la mente palabras, querría salvar
a una mujer, enjugarle las lágrimas y alegrarla.
“No, es una necesidad más fuerte que la vida entera.
Y nosotros somos condenados cuya única fuerza
es un alma dura que no sirve de nada”.
Podrán salvar a miles de mujeres,
pero las muchas que vi fumar y mirar
con cara desdeñosa o sonreír cansadas
-mis buenas compañeras- estarán siempre vivas
para sufrir en silencio y pagar por todos.

***
Cesare Pavese (Santo Stefano Belbo, 1908-Turín, 1950)
Versión de Jorge Aulicino

/

Donne perdute 

*

Hanno proprio ragione a trattarle così. 
E certo è meglio che compassionarle 
col cuore e poi godersele nel letto. 
“E un bisogno più forte di tutta la vita” 
di’ piuttosto “e siam tutti dannati a quel passo; 
ma se mai la ragazza mi facesse il mestiere, 
soffocherei di rabbia o saprei vendicarmi”. 

Sempre compassionare fu tempo perduto, 
l’esistenza è tremenda e non muta per questo, 
meglio stringere i denti e tacere. 

                                   Una sera 
ho viaggiato su un treno che c’era una donna, 
vesti sobrie, dipinta, serissima in faccia. 
Fuori i lumi un po’ pallidi e il verde un po’ grigio 
cancellavano il mondo. Eravamo isolati 
nel vagone -una terza- la donna ed io giovane. 
Non sapevo a quei tempi attaccare discorso 
e piangevo pensando alle donne. Cosi 
feci il viaggio osservando nervoso e quell’altra 
mi guardò qualche volta e fumava. Non dissi, 
non pensai certo nulla, ma ancora ho nel sangue 
quello sguardo diretto, quel riso di un attimo 
di chi ha ben lavorato ed ha preso la vita 
come occorre, in silenzio. 

                                  Un amico, di quelli 
che hanno in mente parole, vorrebbe salvare 
una donna e asciugarle le lacrime e darle le gioie.
“No, è un bisogno più forte di tutta la vita. 
E noi, siamo dannati che han l’unica forza 
in un’anima dura, che non serve a nulla”.
Le potete salvare a migliaia le donne 
ma le tante che ho visto fumare e guardare 
colla faccia sdegnosa o sorridere stanche 
-le mie buone compagne- saran sempre vive 
a soffrire in silenzio e pagare per tutti.

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