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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.

lunes, 14 de octubre de 2024

kim addonizio / cata de vinos













Creo que detecto el cuero cuarteado.
Estoy segura que huelo las cerezas
del Shirley Temple que mi padre me compró

en 1959, en un bar en Orlando, Florida,
y el cloro de la bañera de mi madre.
Y los besos del invierno pasado, como sal en hielo negro,

como la luna alejándose de la tierra.
Cuando Li-Po bebía vino, la luna se zambullía
en el río, y él se tambaleaba.

Probablemente él saboreaba la risa.
Cuando mi amiga Susana bebe
llora porque es irlandesa

y no tiene hijos. Me gustaría saborear,
una vez más, la lluvia que llegó
una tarde y cayó un poco

donde estaba parada, entonces incliné mi rostro
sintiéndome viva en ambos mundos a la vez,
sabiendo que se terminaría y que no importaba.

***
Kim Addonizio (Washington DC, 1954)
Versión de Marina Kohon

/

Wine Tasting

*

I think I detect cracked leather.
I’m pretty sure I smell the cherries
from a Shirley Temple my father bought me

in 1959, in a bar in Orlando, Florida,
and the chlorine from my mother’s bathing cap.
And last winter’s kisses, like salt on black ice,

like the moon slung away from the earth.
When Li Po drank wine, the moon dove
in the river, and he staggered after.

Probably he tasted laughter.
When my friend Susan drinks
she cries because she’s Irish

and childless. I’d like to taste,
one more time, the rain that arrived
one afternoon and fell just short

of where I stood, so I leaned my face in,
alive in both worlds at once,
knowing it would end and not caring.

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