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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.

viernes, 16 de enero de 2026

cristina peri rossi / para qué sirve la lectura













Me llaman de una editorial
y me piden que escriba
cinco folios sobre la necesidad de la lectura

No pagan muy bien
¿quién podría pagar bien por un tema así?
pero de todos modos
necesito el dinero

así que enciendo el ordenador y me pongo a pensar
sobre la necesidad de la lectura
pero no se me ocurre nada

es algo que seguramente sabía cuando era joven
y leía sin parar
leía en la Biblioteca Nacional
y en las bibliotecas públicas

leía en las cafeterías
y en la consulta del dentista

leía en el autobús y en el metro

siempre andaba mirando libros

y me pasaba las tardes en las librerías de usados
hasta quedarme sin un duro en el bolsillo

tenía que volver a pie a casa

por haberme comprado un Saroyan o una Virginia Woolf

Entonces los libros parecían la cosa más importante de la vida

fundamental

y no tenía zapatos nuevos
pero no me faltaba un Faulkner o un Onetti 
una Katherine Mansfield o una Juana de Ibarbourou

ahora la gente joven está en las discotecas
no en las bibliotecas

yo me hice una buena colección de libros
ocupaban toda la casa

había libros en todas partes
menos en el retrete

que es el lugar donde están los libros
de la gente que no lee

a veces tenía que seguirle durante mucho tiempo
las huellas a un libro que había salido en México
o en París

una larga pesquisa hasta conseguirlo

No todos valían la pena
es verdad
pero pocas veces me equivoqué
tuve mis Pavese mis Salinger mis Sartre mis Heidegger
mis Saroyan mis Michaux mis Camus mis Baudelaire
mis Neruda mis Vallejo mis Huidobro
para no hablar de los Cortázar o de los Borges
siempre andaba con papelitos en los bolsillos
con los libros que quería leer y no encontraba
por allí andaban los Pedro Salinas y los Ambrose Bierce
la infame turba de Dante

pero ahora no sabía decir para qué maldita cosa
servía haber leído todo eso

más que para saber que la vida es triste
cosa que hubiera podido saber sin necesidad de leerlos

Cuando habían pasado cinco horas yo todavía no había escrito
una sola línea
así que me puse a escribir este poema
Llamé a los de la editorial
y les dije creo que para lo único que sirve
la lectura
es para escribir poemas

no puedo decirles más que eso

entonces me dijeron que un poema no servía
que necesitaban otra cosa.

***
Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941)

jueves, 8 de enero de 2026

renée nicole macklin / sobre aprender a diseccionar fetos de cerdo











Quiero recuperar mis mecedoras,

las puestas de sol solipsistas,
y los sonidos de la selva costera que son tercetos de cigarras y pentámetros de las patas peludas de las cucarachas.
 
He donado Biblias a negocios de caridad
(las aplasté en bolsas plásticas de basura con una lámpara de sal del Himalaya ácida:
las Biblias postbautismo, las que arranqué de las esquinas de las calles de las manos carnosas de los zelotas, las simplificadas, fáciles de leer, parasitarias):

recuerdo más el olor a goma resbaladiza de las imágenes de los libros de texto de biología de alto brillo; me quemaban los pelos del interior de las fosas nasales,
y la sal y la tinta que se me quedaban en las palmas de las manos.
Bajo los recortes de la luna a las dos y cuarenta y cinco de la madrugada estudio y repito
               ribosoma
               endoplásmico—
               ácido láctico
               estambre
 
en el IHOP de la esquina de Powers y Stetson Hills—

repetí y apunté hasta que encontró su camino y se estancó en algún lugar que ya no puedo señalar, tal vez en mis entrañas,
tal vez allí, entre el páncreas y el intestino grueso, está el insignificante arroyo de mi alma.

Es la regla con la que ahora reduzco todas las cosas; dura y astillada por el conocimiento que solía reposar, un paño contra la frente febril.
¿Puedo dejar que ambos sean? Esta fe voluble y esta ciencia universitaria que interrumpen desde el fondo del aula.

               Ahora no puedo creer
que la Biblia, el Corán y el Bhagavad Gita me acaricien la oreja con sus largos cabellos, como solía hacer mamá, y exhalen por la boca «deja espacio para la maravilla».
Toda mi comprensión se derrama por el mentón hasta el pecho y se resume en:

la vida es solo
óvulos y espermatozoides
y dónde se encuentran esos dos
y con qué frecuencia y qué tan bien
y qué es lo que muere allí.

***
Renée Nicole Macklin (Colorado, 1988-Minneapolis, 2026)
Versión de Nicolás López-Pérez

/

On Learning to Dissect Fetal Pigs

*

i want back my rocking chairs,

solipsist sunsets,
& coastal jungle sounds that are tercets from cicadas and pentameter from the hairy legs of cockroaches.
 
i’ve donated bibles to thrift stores
(mashed them in plastic trash bags with an acidic himalayan salt lamp—
the post-baptism bibles, the ones plucked from street corners from the meaty hands of zealots, the dumbed-down, easy-to-read, parasitic kind):

remember more the slick rubber smell of high gloss biology textbook pictures; they burned the hairs inside my nostrils,
& salt & ink that rubbed off on my palms.
under clippings of the moon at two forty five AM I study&repeat
               ribosome
               endoplasmic—
               lactic acid
               stamen
 
at the IHOP on the corner of powers and stetson hills—

i repeated & scribbled until it picked its way & stagnated somewhere i can’t point to anymore, maybe my gut—
maybe there in-between my pancreas & large intestine is the piddly brook of my soul.

it’s the ruler by which i reduce all things now; hard-edged & splintering from knowledge that used to sit, a cloth against fevered forehead.
can i let them both be? this fickle faith and this college science that heckles from the back of the classroom

               now i can’t believe—
               that the bible and qur’an and bhagavad gita are sliding long hairs behind my ear like mom used to & exhaling from their mouths “make room for wonder”—
all my understanding dribbles down the chin onto the chest & is summarized as:

life is merely
to ovum and sperm
and where those two meet
and how often and how well
and what dies there.