lunes, 16 de octubre de 2017

alejandra del río / dos poemas











¡Hay una niña en un pozo!

*

Una línea corta el horizonte en dos.
No es necesario que alguien diga uno y otro lado
ya la niña se ha puesto a lamer la huella
y a confundir con sus saltos y sus vítores y su ahínco
las distintas lunas del espejo.

Una línea divide el horizonte en dos.
La niña sigue el paso del conejo y bebe del pozo
como quien bebe de su propia caída.

Una línea fija el horizonte en dos.
Dentro de la línea una niña cae y cae preguntándose a viva voz
la duración de su caída.
No causará extrañeza el llanto de la niña cuando tope fondo
-pero no topa fondo-
y no será raro tampoco que el horizonte recupere su unidad
si la niña lograra mirarse en lo hondo de su llanto.

Pero la caída trae como consecuencia
anverso y reverso de un único horizonte.

~~

Samariterstraße resiste

*

La tribu universal ensaya sus acaloradas discusiones de licor y yerba
característica debilidad en los sentidos
reflejos dormidos
la lengua pastosa arrastrando el ocio productivo de la conversación
la reflexión es el zumo de todo vacío
yo también intoxico mi identidad con la identidad ajena
me pierdo en el vaho y en el duro repiquetear de los tambores.
Los bravos mancebos de las botellas exhiben sus tatuajes y eructan con sofisticadas maneras
las altas muchachas se abandonan en el raído pantalón y mueven sus ombligos como sirenas
en mares turquesa
el tarro donde crepita el fuego del infierno cobija a elefantes rubios, al cadáver melenudo y al ángel infaltable
yo nado en los sudores generales
me acomodo al hueco de las rodillas
dudo de aquello que me es otorgado
pero no dudo del siguiente trago.
Es que aquí estamos, aquí estamos
viendo pasar las horas
menos solos que solos en nosotros mismos
los oráculos tremebundos vaticinando las próximas tormentas
yo doy gracias porque el techo humano nos sostiene
al menos por esta noche
la ceremonia del brindis traerá actividad al vidrio
ojalá deje entrever la luz de los corazones
la profundidad de la vana celebración
la labia prendida del chiste
la caída de los ídolos de la buena presencia
todo sea por ver amanecer
el hachich odia mi lápiz
enormidad de litros olvidados
montículos de colillas
una poca de luz todavía testifica
como resistimos en Babilonia los inviernos.

***
Alejandra del Río (Santiago de Chile, 1972)

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