Anuncio

El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.

jueves, 13 de febrero de 2025

lola nieto / cf











¿Tú crees que si pienso en algo, algo me percibe de algún modo? ¿Tú crees que pensar así cambia el devenir de las acciones, la fluctuación de las corrientes de una sangre almibarada a pista de un caldo angélico? ¿La posibilidad de hacer que alguien haga algo por pensarlo, por estar ahora mismo en esto, esto sucede? El cuerpo entero lo fruncí de proyección con la mente plegada en cesta sin canal, sin acompañamiento ni estructura. El lapso en solo concentración. Lo llamarías adorar. Pues creo que es adorarte in situ, a divinis, a verbis ad verbera, ab aeterno, confieso que es exageración esto del final, pero me gusta probar la línea frágil. Lo supiste. Y voy a ser sincera. De hecho, lo podías saber desde mucho antes, cuando deambulé con una notita patética y tierna. No sé cómo sabía entonces cuál era tu casa, ¿cómo supe?, ¿dime, cómo fue eso? Me senté en el bar feo de delante con la nota estrujada, tomé café, esperé y nada sucedió. Te da tanta vergüenza como a mí. Por eso escribo. Justo como ahora. Es una prueba. Seguro que fue un aprendimiento de ti, de aprender y prenderme, de lo que aprendí porque yacía sujeta de ti en ti para que por ti me vieras dejándome de ver en ti misma transformada: ad absurdum pero bonito. Como traición y abandono. Trai la ción ya dono a ti tútú et túdemí et medetí. ¿Funciona en la distancia? Solo alguien trabaja. Y otra ampara. Si donde tú estás ahora yo no estoy, sientes la baba de los moluscos que te regalé, ¿estarán aún prendidos en la pared frente a la cama? Tibia un viaje se parece a sopa sin grumos, caldera en abstracción, cardiopatía es coronación porque parte el cardo en cuerdas par et coeur ador ía corta carta acta fabula est: parte es lo que esto í esta no es. Carta debe ser de una a otra, en círculo cerrado. Y en eso la carta reconvierte la ambigüedad en dos acontecimientos concretos y consabidos, tú:yo. El pronombre es lo más cerca. Por eso tú lees esto que es una carta pero se encuentra en un sitio de no ser carta y piensas que tú eres el tú al que escribo. Y quizá sí. Si en algún momento tú que eres el único tú de esta carta lees esta carta, sabrás que eres. O quizá no. Todo el otro tú sabrás que esto no es una carta sino ficción y por eso está en un sitio de no ser carta sino de ficción. ¿Cómo saber entonces quién eres? Es lo único que no puedo saber yo: tú-c / tú-f: tres aristas iguales. Porque carta es círculo cerrado pero no vínculo cerrado. Esta carta es un triángulo y una carta-ficción. En algunas lenguas, letra y carta se dice igual. Si escribo en algunas lenguas esta carta es una letra y muchas. ¿Cuál? Cf: esto. Como aquel día en el cine. Cuando estaba sentada en la sala muy grande en oscuridad y sin personas. Percibí que estaba cerca, de pie, con un bastón. Me dio tal estremecimiento que necesité cambiar de sitio. Pero antes noté que estaba más cerca todavía, muy cerca realmente. Me dijo a la altura del hombro, por estatura no llegó a más, algo que aunque no recuerdo en su literalidad, fue una carta para el futuro. Yo no respondí, como ahora tú no respondes, supongo que es un modo de estar en paz, en letra muerta, ad litteram, ad hoc, ad memoriam rei perpetuam, ad nauseam. Solo trato de ser un tanto irónica, porque ciertamente esto se está poniendo ex ungue leonem, in fine, muy per se. Sucedió en un sueño esta cuestión tratada pero siempre pensé que habías tramado tal modo de conectar. Igual que hice yo: me asusté para siempre. Dices: si quieres escribir una carta deberías hacerlo y acabar con esto. Te imagino ante esta c-f que no te envié y que sí te envié. Enfadada para siempre. Fue por pensar en todas las posibilidades: stellein, stello, apo, epi, poner en orden, mandar, yo envío, yo pongo, aparte, fuera, lejos, sobre, estel, estrela, stea, star, stern, stjärna, seren, sitara. Fue por pensar en: llenar, romper, rodaja, espuela, persona que se dedica a ver, también caballo que lleva la cabeza alta generalmente por tener una en la frente. En esta carta hay tres. Cuando una de las dos muera, ¿qué pasará?, ¿dónde crees que irá toda la energía tan fuerte? Luego crecí. Luego volví a crecer más. Y ahora viene el motivo. Se puede llamar de muchas formas. Yo lo llamo igual. Quiero decir que te traté y en esa imposibilidad traté en lo que envuelve. El caso es que un acontecimiento nunca alberga una necesidad. Ese día era una plaza de noche porque era invierno o casi. Y me lancé a llorar. En una mano sujetaba una bici y en la otra la solapa, a la que me agarré y tuve que agacharme por estatura, como siempre. Alguien mira. Miraban de hecho dos personas, recordarás. Ese día pudo suceder. No entendiste que era algo así como cabernos a la vez. O precisamente. A veces no calibro la fuerza que poseo. Deshacer. Qué exageras. Quién sabe. Igual pasaba todo pero al revés. Tú calibrabas lo mismo y contrario, versus. Quizá perdiste mi fuerza. Estelar, tela, tri. Por creer siempre creí que lo querías todo. Y por querer quería que quisieras esto. Por esto, pensé que nunca te he visto llorar. Como todas, nosotras también. Fuerza, fantasma, futuro, todo va con f. Ave atque ave. Ahora c. Nos sirve para proyectarnos en algo. Acordarnos de adoración o de odio, cor, cordio, cordialmente, lo mismo da: bis. Nunca pierdo cuando juego. Tú tampoco. Sospecho que piensas ahora mismo dos cosas a la vez. Destruir es un buen alimento.

***
Lola Nieto (Barcelona, 1985)

miércoles, 12 de febrero de 2025

chabuca granda / el fúsil del poeta es una rosa









Mientras jugo la guerra de los niños
con un fusil hecho de cualquier cosa
quizá de arroz, quién sabe de una rosa
envejeció de amor cargando furias
y se enroló a morir donde antes quiso
simplemente sucede y como dijo

ese día el fusil era una rosa
rastrillada en el aire, peligrosa
ese día era el sol más sol al río
más río el río y más la guerra era
y más la muerte desde la ribera
contra el leve fusil
que era ese día
solamente una rosa.

Ese día era el sol más sol al río
más río el río y más la guerra era
y más la muerte desde la ribera
y una granada el verso detonado
abierta está la rosa colorada
en la margen del río enraizada
quedó al rocío que
llovió de un río aquel
hundido río en sus venas rotas
abierta está, abierta como entonces
al hombro del poeta.

Abierta está, abierta como entonces
al hombro del poeta
va ganando la guerra con su rosa
la boca desde el río
sus pájaros, sus árboles
y es que jugó la guerra de los hombres
haciéndose un fusil
de cada cosa que no fuera un fusil
ese día se armaba de una rosa
el fusil del poeta sólo es una rosa. 

***
Chabuca Granda (Cotabambas, 1920, Fort Lauderdale, 1983)

martes, 11 de febrero de 2025

natália agra / fuego fátuo









Nada más va a lastimarme​​ 
velé tu cuerpo por tanto tiempo que aún late en​​ mí​​ el polvo secreto ajeno de aquella noche, por doce horas​​ resistimos a la idea de que tú no estarías más allí. Y​​ ese polvo que se vuelve inacción me hace, de nuevo,​​ llorar con toda la claridad que sólo la puerta de la separación​​ exalta- las lágrimas caen como vitrales, como​​ colmenas, como elefantes. Levanto los ojos hacia ti​​ en la pared, sin que tu retrato exista de hecho lo que​​ existe es la memoria de algo desvaneciéndose, que​​ escurre​​ hecho pigmento que rodea algún rostro que vive​​ siempre en lo que nos ancla. ayer intenté tocar tu​​ voz y fui más lejos, intenté tocar también la voz de mi abuela y de mi abuelo (que murieron mucho​​ antes). no lo conseguí.​​ de mi abuelo guardo,​​ lo nasal​​ de la lengua- silencioso, guardaba, en la serenidad, el denso y fuerte humo del cigarro de paja (difícil derramar cualquier​​ palabra más allá de lo necesario– mi abuelo, un desierto). de mi abuela todas las carcajadas,​​ el paseo​​ entre​​ las flores que ella, de sobra, cuidaba– casi​​ tanto​​ ella misma una rosa (era fácil–mi abuela, un jardín). Pensé en mi madre y en mi padre, que nunca oyeron de mi hermana la palabra madre o padre.​​ Pensé en​​ qué tan cruel fue no poder oír lo que esperaron por​​ tanto tiempo e imagino como fue aún más difícil​​ oírlo​​ de mí, que, por ironía, guardé y dije sus​​ primeras palabras. poco, muy poco​​ me encontré en la voz que estampaba en el retrato, una vida entera y malograda, estoy perdiendo tu voz. la voz exacta, intacta. la voz​​ que, momentos antes de tu muerte, ya parecía tan​​ diferente de la que yo conocía, a veces, ella reaparece​​ por una milésima de segundo en mi mente, para​​ después ocultarse nuevamente. tengo una película, en la cual tu voz está allá– estalla, expresiva, melancólica,​​ cansada de perseguir los mismos planos. estalla. Está​​ allá, pero soy yo la que no consigo atravesar la finísima película de la voz que ya no existe. La dejo allá,​​ perdida en las nubes de la computadora, en su finitud​​ maquinal. la idea del olvido me aterroriza. delante de eso, intentamos protegernos de alguna forma en las​​ reminiscencias,​​ aunque el tacto esté a kilómetros del cuerpo, el hipocampo extiende sus largas notas​​ que quedan planeando, registrando cada instante. el hipocampo y su orquesta afinadísima. Cada nota un​​ recuerdo esbozando el espacio en una música antigua.​​ estamos todos inexistiendo en esta fábula inquietante​​ por el desierto. revivir trae de vuelta la inmutable condición de​​ ser​​ llaga, herida. ​​ necesito rememorar el segundo final​​ en la tentativa de abrazar lo que está inmerso. dedico varias horas de los días al diálogo áfono con cada uno​​ de mis muertos. fantasmas presos eternamente en​​ el suelo de la memoria. si pudiera, engulliría la voz que​​ entra por la puerta sin ningún contraste. el espacio y​​ el tiempo presentes en el canto de la gaviota perdida. Para​​ siempre.​​ un río en sus ruinas, la gaviota– un ser pequeñito como su muerte dentro ¿soy yo, también, pequeña​​ muriendo a cada paso? Percibo, ahora, que, durante​​ aquellas doce horas en que observé tu última​​ pesadilla, en aquel laberinto insuperable, donde, si observara bien, podría verlo corriendo, en busca de la​​ salida más próxima, a través del oído​​ de acero que​​ escuchaba mi desesperación: no logro detener mis​​ lágrimas del mismo modo en que tú lo haces.​​ y tú ya oías al pájaro​​ que nadie más oía. al pájaro indiferente a​​ todos​​ los otros– antípoda a los pájaros de mi infancia, que tú tan pacientemente​​ esperabas los primeros​​ sonidos deslizándose por tantas horas incomprendidas.​​ ¿oímos tantas veces al mismo pájaro, no es así, papá? Y​​ tuve que ser yo la que cerró la última puerta entre nosotros.​​ parece atinado decir, en repetidas ocasiones, que hay en​​ toda muerte un poco de nuestra propia muerte, una​​ dualidad terrible. un espejo fantasmal. y real. la gente​​ contempla, en la figura de otro (estática), el inicio de​​ nuestro fin. hoy, pasados tantos años, de aquellas horas​​ definitivas y por horas infinitas, en​​ las​​ que guardé de tu rostro las últimas hojas, reflexiono sobre el río que​​ ahora nos distancia: somos mi padre y yo: un río​​ inmenso, que nos atraviesa​​ 

***
Natália Agra (Maceió, 1987)
Versión de Indira Díaz Hernández

/

Fogo-fátuo

*

Nada mais vai me ferir. 
velei teu corpo por tanto tempo que ainda bate em​​ mim o pó secreto alheio àquela noite. por doze horas​​ resistimos à ideia de que você não mais estaria ali. e​​ esse pó que se reverte em torpor me faz, de novo,​​ chorar com toda a clareza que só a porta da separação​​ nos inflama – as lágrimas descem como vitrais, como​​ colmeias, como elefantes. ergo os olhos para você​​ na parede, sem que teu retrato exista, de fato. o que​​ existe é a memória de algo desbotando, que escorre​​ feito pigmento que contorna algum rosto que mora​​ sempre no que nos ancora. ontem tentava tocar tua​​ voz e fui mais longe, tentei tocar também a voz de​​ minha avó e de meu avô (que morreram tanto tempo​​ antes). não consegui. de meu avô, guardo o fanho da​​ língua – silencioso, guardava, no sereno, a densa e forte fumaça do cigarro de palha (difícil verter qualquer​​ palavra para além do​​ necessário – meu avô, um deserto). de minha avó, quase toda a gargalhada, o passeio​​ pelas flores que ela, em sobejo, cuidava – quase tanto​​ ela mesma uma rosa (era fácil – minha avó, um jardim). pensei em minha mãe e em meu pai, que nunca​​ ouviram de minha irmã a palavra mãe ou pai. pensei o​​ quão cruel foi não poder ouvir o que esperaram por​​ muito tempo e imagino como foi ainda mais difícil​​ ouvir de mim, que, por ironia, guardei e falei suas​​ primeiras palavras. pouco, muito pouco esbarrei na​​ voz que estampava no retrato, uma vida inteira malograda. estou perdendo tua voz. a voz exata, intacta. a​​ voz que, momentos antes da tua morte, já parecia tão​​ diferente da que eu conhecia. às vezes, ela reaparece​​ por um milésimo de segundo em minha mente, para​​ depois ocultar-se novamente. tenho um filme, no​​ qual tua voz está lá – estala, expressiva, melancólica,​​ cansada de perseguir os mesmos planos. estala. está​​ lá, mas sou eu que não consigo atravessar a finíssima película da voz que já não existe. deixo-a por lá,​​ perdida nas nuvens do computador, em sua finitude​​ maquinal. a ideia do esquecimento apavora. diante​​ disso, tentamos nos proteger de alguma forma nas​​ reminiscências, mesmo que o toque esteja a quilômetros do corpo, o hipocampo espalha suas longas notas​​ que ficam planando, registrando cada instante. o hipocampo e sua orquestra afinadíssima. cada nota uma​​ lembrança esboçando o espaço numa música antiga.​​ estamos todos inexistindo nesta fábula inquietante​​ pelo deserto. reviver traz de volta a imutável condição de​​ ser fonte e ser ferida. é preciso rememorar o segundo final​​ na tentativa de abraçar o que está submerso.​​ Dedico​​ várias horas dos dias ao diálogo áfono com cada um​​ dos meus mortos. fantasmas presos eternamente no​​ assoalho da memória. se pudesse, engoliria a voz que​​ entra pela porta sem nenhum contraste. o espaço e​​ o tempo presentes no canto da gaivota perdida. para​​ sempre. um rio em suas ruínas, a gaivota – um pequenino ser com a sua morte dentro. sou eu, também,​​ pequena​​ morrendo a cada passo? percebo, agora, que, durante​​ aquelas doze horas em que observava teu último​​ pesadelo, naquele labirinto insuperável, onde, se observasse bem, dava para vê-lo correndo, em busca da​​ saída mais próxima, através do ouvido acerado que​​ escutava de mim o desespero: não consigo segurar minhas​​ lágrimas do mesmo jeito que você. e​​ você já ouvia o pássaro​​ que ninguém mais ouvia. o pássaro indiferente a todos​​ os outros – antípoda aos pássaros da minha infância,​​ que você tão pacientemente aguardava os primeiros​​ sons deslizando por tantas horas incompreendidas.​​ ouvimos tantas vezes o mesmo pássaro, não é, pai? e​​ teve que ser eu a fechar a última porta entre nós.​​ parece certo dizer, por repetidas vezes, que há em​​ toda morte um pouco da nossa própria morte. um​​ duplo terrível. um espelho fantasmal. e real. a gente​​ contempla, na figura do outro (estática), o início do​​ nosso fim. hoje, passados tantos anos, daquelas horas​​ derradeiras e por horas infinitas, em que guardei do​​ teu rosto as últimas folhas, reflito sobre o rio que​​ agora nos distancia: somos meu pai e eu: um rio​​ imenso, que nos atravessa

lunes, 10 de febrero de 2025

polina barskova / atardecer en el palacio de verano











Ajmátova y Nedovrovo
Paseaban al atardecer por el parque
Para quienes exigen una nota al pie
(Puede ser por ejemplo: “Parque Septiembre”)
Las preocupaciones de él
Son los rumores que llegan desde el frente,
Y su último artículo.
Ella se preocupa por el horizonte
Por el ángulo del banco
Bajo el roble enfermo
Por los versos sin resolver
Él dice: Mañana iré a
“Sobaka”. ¿Vienes conmigo? Y entonces
Él espera la respuesta, Anna mira
Su propia sombra casi cristalina
Y le dice claramente:
“Hoy ha sido un día innecesario”
Ahora a él le preocupa dejarla
Ella sabe, que no la dejará.
Bancos de neblina densa
Se elevan al cielo
Como piedras muertas
Se lanzan al aire
Desobedientes, pérfidas esferas.
Nedobrovo  se quita la bufanda.
¡Él quiere saber! Ella no quiere
Ella susurra ahora
La resolución de este verso ridículo
Y de pronto ¡Dios mío! ella se ríe
La noche se desliza bajo sus pies.

***
Polina Barskova (Leningrado, 1976)
Versión de Indira Díaz Hernández

/

Вечер в Царском Селе

*

Ахматова с Недоброво
Гуляют в сумерках по парку,
Который просится в ремарку
(Допустим: “Парк. Сентябрь.”). Его
Волнуют сплетни, вести с фронта,
Его последняя статья.
Её волнует горизонта
Косая линия, скамья,
Приросшая к больному дубу,
Неразрешённая строка.
Он говорит: “Я завтра буду
В “Собаке”. Ты со мной?” Пока
Он ждёт ответа, Анна смотрит
На стекленеющую тень
Свою и чётко произносит:
“Сегодня был ненужный день.”
Его волнует, даст ли Анна.
Она-то знает, что не даст.
Куски тяжёлого тумана
Бросает небо, как балласт
Бросает гибнущий воздушный,
Коварно непослушный, шар.
Недоброво срывает душный,
Колючий, неуместный шарф.
Он хочет знать! Она – не хочет.
Она уже полубормочет
Решенье той смешной строки
И вдруг, о Господи! – хохочет…
А ночь им лижет башмаки.

domingo, 9 de febrero de 2025

antonio cisneros / la tricomona










Petroperú y yo nos ignoramos,
paso por el zanjón (de sur a norte)
y miro al cielo (azul de flamencos surcado),
en sus 3.000 ventanas no hay humano
que guarde rosa o sapo para mí,
estamos a mano, babalú,
ni pío, ni qué tal, ni por tu casa,
y yo como las huevas,
bonzo sin gasolina (tricomona)
por la escondida senda
de los pocos sabios
que en el mundo han sido
(jacarandá poblado de unicornios,
crepúsculo de almendras
a un cuarto pa las cuatro
en Lima Town).

***
Antonio Cisneros (Lima, 1942-2012)

sábado, 8 de febrero de 2025

djuna barnes / la soñadora









Cae la noche, en oscurecidas formas que parecen-
Tantear, con misteriosos dedos hacia la ventana -luego-
Descansan en el dormir, envolviéndome, como en un sueño
Fe mía -¡que yo pueda despertar!

Y gotea la lluvia con el mismo triste, insistente ritmo.
Temblando a través del vidrio, inclinándose lacrimosa,
Y suave golpetea, como pequeños pies temerosos.
Fe mía -¡qué tiempo este!

El plumoso fresno aletea; allí sobre el vidrio,-
El fuego moribundo lanza un parpadeante rayo fantasmal,-
Y luego se cierra en la noche y la lluvia cae suave.
Fe mía -¡qué oscuridad!

(Harper’s Weekly, 1911)

***
Djuna Barnes (Storm King Mountain, 1892-Nueva York, 1982) Poesía reunida 1911-1982. Barcelona: Igitur, 2004.
Versión de Osias Stulman y Rosa Lentini

/

The Dreamer

*

The night comes down, in ever-darkening shapes that seem-
To grope, with eerie fingers for the window –the-
To rest to sleep, enfolding me, as in a dream
Faith –might I waken!

And drips the rain with seeming sad, insistent beat.
Shivering across the pane, drooping tear-wise,
And softly patters by, like little fearing feet.
Faith –this weather!

The feathery ash is fluttered; there upon the pane,
The dying fire casts a flickering ghostly beam,-
Then closes in the night and gently falling rain.
Faith –what darkness!

viernes, 7 de febrero de 2025

lord byron / líneas inscritas sobre una calavera que formaba una copa










No te asustes -ni juzgues mi espíritu acabado:
contempla en mí la calavera única,
desde la que, a diferencia de una cabeza viva,
nada de lo que fluye es aburrido.

Viví, amé, bebí, como tú;
morí: la tierra renunció a mis huesos.
Lléname, no puedes injuriarme;
labios más repugnantes tiene el gusano.

Mejor sostener la uva chispeante
que acunar una nidada viscosa;
y rodear con la forma de una copa
el trago de Dios, que alimentar reptiles.

Donde un vez, quizá, brilló mi ingenio,
para servir a otros deja que brille;
y cuando, ay, nuestros cerebros ya se han ido,
¿qué más noble sustituto que el vino?

Puedes beber, entonces: otra raza,
cuando tú y los tuyos, como yo, hayan pasado,
podrá rescatarte del abrazo de la tierra
y con los muertos rimar y deleitarse.

¿Por qué no? Ya que en el breve día de la vida
nuestras cabezas efectos tan malos causan,
redimidas de gusanos y limpias de arcilla,
esta chance les queda: ser bien usadas.

***
Lord Byron (Londres, 1788–Missolonghi, 1824)
Versión de Jorge Aulicino
Pintura de Giacomo Trecourt

/

Lines Inscribed Upon a Cup Formed from a Skull

*

Start not—nor deem my spirit fled:
   In me behold the only skull
From which, unlike a living head,
   Whatever flows is never dull.

I lived, I loved, I quaff'd, like thee:
   I died: let earth my bones resign;
Fill up—thou canst not injure me;
   The worm hath fouler lips than thine.

Better to hold the sparkling grape,
   Than nurse the earth-worm's slimy brood;
And circle in the goblet's shape
   The drink of Gods, than reptiles' food.

Where once my wit, perchance, hath shone,
   In aid of others' let me shine;
And when, alas! our brains are gone,
   What nobler substitute than wine?

Quaff while thou canst—another race,
   When thou and thine like me are sped,
May rescue thee from earth's embrace,
   And rhyme and revel with the dead.

Why not? since through life's little day
   Our heads such sad effects produce;
Redeem'd from worms and wasting clay,
   This chance is theirs, to be of use.