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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.

domingo, 13 de agosto de 2023

louise glück / epílogo











Leyendo lo que acabo de escribir, ahora creo que
que me detuve precipitadamente, por lo que mi historia parece haber sido
ligeramente distorsionada, terminando, como lo hizo, no abruptamente
sino en una especie de niebla artificial del tipo
que se echa en los escenarios para facilitar los cambios de decorado.

¿Por qué me detuve? ¿Algún instinto
discernió una forma, el artista que hay en mí
interviniendo para detener el tráfico, por así decirlo?

Una forma. O el destino, como dicen los poetas,
intuido en esas pocas horas de hace mucho tiempo.

Eso debí pensar una vez.
Y sin embargo, no me gusta el término
que me parece una muletilla, una fase,
la adolescencia de la mente, tal vez.

Aún así, era un término que yo mismo empleaba,
con frecuencia para explicar mis fracasos.
La suerte, el destino, cuyos designios y advertencias
ahora me parecen simplemente
simetrías locales, metonimias
dentro de una inmensa confusión.

Caos era lo que veía.
Mi pincel se congeló, no podía pintarlo.

Oscuridad, silencio: esa era la sensación.

¿Cómo lo llamamos entonces?
Una "crisis de visión" correspondiente, creía yo,
al árbol al que se enfrentaron mis padres,

pero mientras ellos se veían forzados
hacia el obstáculo,
yo retrocedí o huí.

La niebla cubría el escenario (mi vida).
Los personajes iban y venían, los trajes cambiaban,
la mano de mi pincel se movía de lado a lado
lejos del lienzo,
de lado a lado, como un limpiaparabrisas.

Seguramente esto era el desierto, la noche oscura.
(En realidad, una calle abarrotada de Londres,
los turistas ondean sus mapas de colores).

Uno pronuncia una palabra: yo.
De esta corriente
las grandes formas.

Respiré hondo. Y vino a mí
que la persona que respiraba
no era la persona de mi historia, su mano infantil
empuñando confiada el crayón.

¿Había sido yo esa persona? Un niño, pero también
un explorador para quien el camino se despeja de repente, para quien
la vegetación se abre.

Y más allá, ya no oculta a la vista, esa exaltada
soledad que tal vez experimentó Kant
en su camino a los puentes.
(Compartimos un cumpleaños.)

Afuera, las calles festivas
estaban llenas, a finales de enero, de luces navideñas desgastadas.
Una mujer apoyada en el hombro de su amante
cantando Jacques Brel en su fino soprano.

Bravo, la puerta está cerrada.
Ahora nada escapa, nada entra.

Yo no me había movido. Sentía el desierto
extendiéndose hacia delante, extendiéndose (ahora parece)
en todos los lados, cambiando mientras hablo,

de modo que yo estaba constantemente
cara a cara con el vacío, ese
hijastro de lo sublime,

que, por lo visto,
ha sido tanto mi tema como mi soporte.

¿Qué habría dicho mi gemelo, si mis pensamientos
le hubieran llegado?

Tal vez habría dicho
que en mi caso no había obstáculo (por el bien del argumento)
después de lo cual me habría
remitido a la religión, el cementerio donde
se responde a las cuestiones de fe.

La niebla se había disipado. Los lienzos vacíos
estaban vueltos hacia dentro, contra la pared.

El gatito está muerto (así rezaba la canción).

¿Seré resucitado de la muerte?, pregunta el espíritu.
Y el sol dice que sí.
Y el desierto responde
tu voz es arena esparcida por el viento.

***
Louise Glück (Nueva York, 1943)
Versión de Nicolás López-Pérez

/

Afterword

*

Reading what I have just written, I now believe
I stopped precipitously, so that my story seems to have been
slightly distorted, ending, as it did, not abruptly
but in a kind of artificial mist of the sort
sprayed onto stages to allow for difficult set changes.

Why did I stop? Did some instinct
discern a shape, the artist in me
intervening to stop traffic, as it were?

A shape. Or fate, as the poets say,
intuited in those few long ago hours—

I must have thought so once.
And yet I dislike the term
which seems to me a crutch, a phase,
the adolescence of the mind, perhaps—

Still, it was a term I used myself,
frequently to explain my failures.
Fate, destiny, whose designs and warnings
now seem to me simply
local symmetries, metonymic
baubles within immense confusion—

Chaos was what I saw.
My brush froze—I could not paint it.

Darkness, silence: that was the feeling.

What did we call it then?
A “crisis of vision” corresponding, I believed,
to the tree that confronted my parents,

but whereas they were forced
forward into the obstacle,
I retreated or fled—

Mist covered the stage (my life).
Characters came and went, costumes were changed,
my brush hand moved side to side
far from the canvas,
side to side, like a windshield wiper.

Surely this was the desert, the dark night.
(In reality, a crowded street in London,
the tourists waving their colored maps.)

One speaks a word: I.
Out of this stream
the great forms—

I took a deep breath. And it came to me
the person who drew that breath
was not the person in my story, his childish hand
confidently wielding the crayon—

Had I been that person? A child but also
an explorer to whom the path is suddenly clear, for whom
the vegetation parts—

And beyond, no longer screened from view, that exalted
solitude Kant perhaps experienced
on his way to the bridges—
(We share a birthday.)

Outside, the festive streets
were strung, in late January, with exhausted Christmas lights.
A woman leaned against her lover’s shoulder
singing Jacques Brel in her thin soprano—

Bravo! the door is shut.
Now nothing escapes, nothing enters—

I hadn’t moved. I felt the desert
stretching ahead, stretching (it now seems)
on all sides, shifting as I speak,

so that I was constantly
face to face with blankness, that
stepchild of the sublime,

which, it turns out,
has been both my subject and my medium.

What would my twin have said, had my thoughts
reached him?

Perhaps he would have said
in my case there was no obstacle (for the sake of argument)
after which I would have been
referred to religion, the cemetery where
questions of faith are answered.

The mist had cleared. The empty canvases
were turned inward against the wall.

The little cat is dead (so the song went).

Shall I be raised from death, the spirit asks.
And the sun says yes.
And the desert answers
your voice is sand scattered in wind.

sábado, 12 de agosto de 2023

ali chumacero / dos poemas








El pensamiento olvidado

*

Pensar en tu mirada y en mi olvido
dejando el pensamiento dilatado
a través de tus ojos, anegado
de su mismo vivir con tu sentido;

después mirar tu olvido que en mí asoma
como una rosa que al espacio diera
leve prolongación y luego fuera
la propia luz que toca con su aroma,

es entregarme a ti sin más denuedo
que la lucha del cuerpo contra el viento,
y contigo soñando estar tan quedo

como náufrago mar o vano intento:
porque ya que pensarte en mí no puedo,
dejo olvidado en ti mi pensamiento.

~

La forma del vacío

*

Pienso que el sueño existe porque existo;
pero si contra el mundo cruzo rostros
y de ligeros vientos alzo vuelos,
túnicas que no han de vestir estatuas,
y con palabras que después desaparecen,
violadas de improviso,
evoco su mirada y sus palabras: "cielo", "vida"
que eran como un andar a oscuras,
tan tristes como yo y como mi alma,
como cuando la noche se derrumba
y viene hasta mis manos decaída,
pienso que existo porque el sueño existe.
Puedo encontrar las huellas que abandono:
la mujer que una vez amaba,
sus brazos, sus cansancios, su mirada
y su visible pensamiento,
olvidada columna en mi memoria,
y todo lo que puedo enumerar:
la tarde que a su lado había,
la noche de su voz y la desierta
despedida de entonces.

Pienso también: "La tierra es mi enemiga",
mas los seres que habitan su amargura
defienden mi existencia,
luchan con mi tristeza y cada día
presiento que he de hallar diversas tierras,
otras miradas, nuevas formas
hacia mi sueño transportadas,
hechas amor o cándidas caricias
como viajeras que en lo oscuro mueren
sin conocer la tierra donde yacen.

Encontraré también nuevas tristezas,
ojos que ya no miran, cadáveres vacíos
y otra vez el recuerdo de sus ojos,
el anhelar sediento que abandonaba en mí,
su muerta voz, su despedida.
Pero jamás conoceré mi propio sueño,
el alma que pretende defenderme,
mi corazón vacío, ni mi forma.

***
Ali Chumacero (Acaponeta, 1918-Ciudad de México, 2010)

viernes, 11 de agosto de 2023

franco arminio / de "cede la vía a los árboles"













He escrito Postales de los muertos.
Cuando tenía nueve años yo era un tipo extraño.
No he pensado ni siquiera por un momento
de irme de mi pueblo.
Soy un egocéntrico que sabe escuchar.
Las vacas y las hormigas están conmigo.
En Navidad me siento mal.
Mi abuelo era comunista
y emigró a Estados Unidos que eran ya viejos.
Mi padre era un posadero
y mi madre, un puñado de trigo.

~

Piensa que se muere
y que antes de morir todos tienen derecho
a un momento de bien.
Escucha con clemencia.
Mira con admiración a los zorros,
a los buitres, al viento, al trigo.
Aprende a inclinarte ante un mendigo,
cultiva tu rigor y lucha
hasta quedar sin aliento.
No te limites a flotar,
Baja hasta el fondo
incluso a riesgo de ahogarte.
Sonríe a esta humanidad
Que se enreda sobre sí misma.
Cede la vía a los árboles.

~

Carta a los muchachos del Sur

*

Queridos muchachos
vivéis desde hace poco en una tierra antigua
pintada con las tibias de amaneceres griegos
con la sangre de quien murió en Rusia, en Albania.

Tenéis en la sangre el frío de los barcos
que iban a América,
las grises mañanas suizas en las barracas.
Era la tierra de los paletos y de los caballeros,
de las boinas y abrigos negros,
era el Sud del hueso, era un huevo, un puñado de harina,
un pedazo de tocino.
Ahora es una escena desangrada,
Ahora cada uno es el herrero de su soledad
y para estar en compañía se está constreñido a beber
en las grietas que se abrieron entre una calle y otra,
entre una cara y otra.
Todo se ha partido, desgarrado, separado.
Sentimos la indiferencia de los demás
y la enemistad de nosotros mismos.
Salid, contestad con dureza
a ladrones de vuestro futuro:
estoy aquí, en Milán y en Frankfurt,
miradlos bien y hacedle sentir vuestro desprecio.
Sed dulces con los débiles, feroces con los poderosos.
Salid y admirad vuestros paisajes,
tomáis los amaneceres, no solo el llegar tarde.
Vivir es un oficio difícil a cualquier edad,
pero vosotros estáis en un punto del mundo
en el que el dolor se vuelve artes más fácilmente,
y, entonces, toquéis, cantáis, escribáis, fotografiad.
No lo hagáis por daros aires creativos,
hacedlo porque sois la proa del mundo:
delante de vosotros no hay ninguno.
El Sur italiano es un engaño y un prodigio.
Dejad los engaños a los estafadores de vidas pequeñas.
Pensad que la vida es colosal.
Sed los muchachos y las muchachas de la maravilla.

~

Necesitamos campesinos,
poetas, gente que sepa hacer el pan,
que ama los árboles y reconoce el viento.
Más que el año del crecimiento,
se necesitaría el año de la atención.
Atención a quien cae, al sol que nace
y que muere, a los muchachos que crecen,
atención también a una simple lámpara,
a un muro descascarado.
Hoy ser revolucionario significa quitar
más que agregar, ralentizar más que acelerar,
significa dar valor al silencio, a la luz,
a la fragilidad, a la dulzura.

~

La existencia educa las formas
de marchitarse.
De mi nombre cada día
cae una letra.

~

Ciertos pueblos se convierten en ese bar,
donde los campesinos, en polvorientos tableros de vidrio,
viejos bocadillos: los clientes se van a otro lugar
y el barista no renueva la mercancía.
El bar de hoy vende incluso la pasta
la scamorza y el atún.
El barista habla sin tener prisa de nada:
hay uno que pasa la escoba
y excava también las fosas de los muertos,
el último murió en agosto y otro en mayo.
El barista hace cinco cafés al día,
vende una caja de cervezas
y diez vasitos de Vecchia Romagna.
Uno que vive ayudando a los padres
ha pedido recién una scamorza
y veinte caramelos a la menta
e incluso otra cosa que no recuerdo.

~

Carta a Rocco Scotellaro

*

Querido Rocco,
yo he nacido cuando tu mundo
estaba terminando.
Se está más solo en el mundo que ha venido,
pero por fortuna cada tanto

hay algún día de bella luz.
Ahora tu Lucania es un altar
para los devotos de la tierra,
y la piedra que florece en el aire.

~

Hay días en que mueren muchos.
Son días de grandes desventuras.
Aquel día en esta tierra fue
el veintitrés de noviembre de 1980.
Hoy es domingo, en el cementerio de Conza
son las once de la mañana.
Los muertos del terremoto son casi todos
sobre las mismas filas, un pequeño cementerio
dentro del cementerio. Caras de hombres
y mujeres de cada edad. Caras e historias
con que nunca me he cruzado.
Ahora de cada persona que veo quisiera saber
qué decía, qué hacía.
Del adobe de la lápida a veces se entiende
que se trata de personas de una misma familia.
Ahí Luisa Masini, de nueve años,
con un gato en brazos.
Debajo de ella, Valeria Masini,
de doce años, y luego Maria,
de cuarenta y tres, la madre.
El pensamiento va de inmediato al padre
quizás en qué lugar del mundo
carga con su pena.
~

Trashumancia

*

Se descendía hasta la llanura
y la llanura no venía nunca,
los montes parían otros montes.
Sobre los Apeninos
nuestra carne era dura, como las tejas, como los muros.

El aire de febrero era tan sutil
que se partía como se parte un pelo.
Desde lejos las vacas eran vacas
y los hombres, mariposas.
Despertarse en la paja después de haber soñado
con la casa fresca como una buena mañana
barrida apenas con ramas de romero.
Ir y luego volver, este era el oficio:
coser una tierra a otra con el hilo del aliento.

~

Soy Arminio,
alto y frágil, de aluminio.
De la quietud y del amor,
soy el francotirador.

~

Soy un poeta, no soy un hombre.
    No sé bien qué significa esta frase, pero siento que en mi caso es verdad y me parece justo proferirla. En el decir que me siento más poeta que hombre no me refiero a un don de más, sino a algo de menos. El poeta no es un hombre más acabado, sino a una suerte de prehombre, un borrador, un intento no logrado de acceder al humano y a la realidad.
    Me encuentro en una suerte de limbo, siento delante de mí la frontera de lo humano, pero todavía no logro cruzarlo, como si del otro lado hubiese un peligro que no me siento de correr. Pero es peligroso incluso quedarse donde se está, permanecer, hacer del útero simbólico en el que me encuentro un fresco.
    La realidad no es mi lugar, tal vez por esto logro a ver de ella algunos rasgos: por esto la rotación de intimidad y distancia.

~

La poesía es una amputación.
Escribir es oler
la rosa que no está.

***
Franco Arminio (Bisaccia, 1960) Cedi la strada agli alberi. Milán: Chiarelettere, 2017.
Versiones de Nicolás López-Pérez

jueves, 10 de agosto de 2023

blanca varela / a media voz








la lentitud es belleza
copio estas líneas ajenas
respiro
           acepto la luz

bajo el aire ralo de noviembre
bajo la hierba sin color
bajo el cielo cascado y gris
          acepto el duelo y la fiesta
 
no he llegado
no llegaré jamás
en el centro de todo esta el poema
intacto sol
          ineludible noche 
sin volver la cabeza
merodeo su luz
          su sombra 
animal de palabras
husmeo su esplendor
su huella
          sus restos

todo para decir
que alguna vez estuve 
atenta desarmada
          sola 

casi en la muerte
casi en el fuego

***
Blanca Varela (Lima, 1926-2009)

miércoles, 9 de agosto de 2023

jorge eduardo adoum / de "hiroshima, mon amour"









1. La inscripción del cenotafio

Hacia la segunda noche de ese día recogí a mi familia en el cuenco de la mano
sedimento de lo acariciado hasta la víspera
hombros en polvo cabellos machacados
ni siquiera trozos de la novia o una mitad de hijo
ni siquiera esqueleto al que le averigüen los dientes los zapatos
reconociendo cómo se llamaba solo por el sabor
adivinando en qué calle
Perdóname
no sé por qué no me tocó la quemadura
por qué mi sombra no incrustó el resplandor junto a la tuya
en la piedra carta a las generaciones más felices
y no puedo pedirte Pósate asiéntate deposítate
serrín del aserradero feroz del estallido
sino que el viento desordene tus sílabas de hueso
y hasta el saludo hasta la voz hasta el aliento
y te empuje la tos por los caminos
y te disuelva el llanto con los años y el llanto de los ríos
boquiabierta lejía del espanto
Sin paz por la última vez Tal vez así el error tal vez
tal vez no habrá de repetirse


2. El caballo de Robert Junk

Se daba contra huesos y metales en los muros
contra piedras y muertos desleídos agua de estatua
se maldecía el cráneo ensayando el relincho que aprendió para este siglo
buscándose los ojos que tuvo hasta que la temperatura le detuvo el galope
templándole la crin
y pisándose los látigos que colgaban de su propio cuero
olía a paso triste el casco la hierba o el establo
que ya no estaban más sobre la tierra
Habría que matarlo para que no sufra pero quién puede
matar ahora hartos de muerte hasta vomitarla
y nosotros quién dijo que habíamos sufrido tanto
para que nos borraran la forma de golpe y antes de hora
para que viniera el héroe con sus hélices compasivas
qué pájaro más humano que el norteamericano nos devoraría
Amado fuera hoy el asesino más aún el soldado
porque eso es más fácil que el olvido
Hurgué debajo del escombro y no hay nada sino escombro
restos de palabrotas como humanismo dios hasta pronto te quiero
con que jugamos en la infancia (¿Dónde está la ternura? Se hizo ceniza
¿Y el amor? Se fue en el agua ¿Qué es de mi hermano? Se secó)
No queda sino este coágulo de asombro al trote
exterminándose desenfrenadamente
sin saber con qué lomo por dónde se equivocó de infierno
se regresó al futuro
golpeándose contra hoy contra los miedos


3. La carta del Reverendo Kiyoshi Tanimoto, Pastor de la Iglesia Metodista

Ayer 15 de agosto fue el día más feliz de nuestra historia.
Nos dijeron que debíamos oír importantes noticias.
Fuimos las ruinas a la estación en ruinas donde se había colocado un altavoz.
Cementerio en marcha momias conciudadanas cuyas vendas abría
la necesidad animal de saber qué es lo que pasa por qué se resucita.
Apoyándose en las hijas los que se quedaron sin ojos
en muletas los que no tuvieron hijas.
Entonces escuchamos.
Era la voz del Emperador él mismo hablándonos
a hombres tan comunes como nosotros
tan increíblemente comunes que nunca la habíamos escuchado.
Podíamos oírlo voz en persona por primera vez en cuatro dinastías.
Cuando nos dimos cuenta estábamos llorando.
Creo que nunca volveremos a tener tanta alegría.
Hablaba de lo que nos había sucedido y ya sabíamos
pero gracias a tanta destrucción lo estábamos oyendo.
Oh maravillosa bendición haberlo merecido.
Estamos satisfechos de tan voraz sacrificio.


4. El monumento a los niños

Pesa -dijo la niña sosteniendo el trocito de papel entre los dedos- demasiado
Si haces mil pajaritas te sanas (empirismo de quien no tuvo sino sarampión o
angina)
Es tan duro doblarlo pájara de palo pájara de lata pajarita mala
Rodeándola de rodillas reunían sus tablas de sumar
añadiéndole unidades a la certidumbre pongo el cinco y llevo el veinte a la
columna de la credulidad.
En un rincón uno hizo una paloma y la arrojó al montón donde aumentaba la
bandada
para hacerla vivir aunque fuese con trampas
ayudándole al proyecto de mujer a saber cómo será ser grande
atropellando cifras como en la escuela años edades
Cuando el coro iba a cantar "quinientos ocho" se tragaron el número con un
sorbo de espanto
No pudo terminar la otra ala
Entonces los niños que quedaban fueron a llamar a los carbones apagados de
las puertas
entraron en las piedras deshechas de las habitaciones
limpiándose con el dorso de la mano la primera duda
removieron huesos recogieron papeles envolturas del destrozo
periódicos en los que todavía no había sucedido nada
y en las calles de la ciudad suprimida junto a los muros donde quedó la sombra
del que iba a su empleo
las manos pequeñitas plegaban día y noche
mientras lloraban plegaban mientras crecían
pajaritas rosadas amarillas verdes celestes blancas
para que nadie se muera así antes de morirse buenamente
para que cada uno tenga su cuota asegurada varias veces mil palomas varias
veces mil días
Porque el asesino va a todas partes tourist tour vendiendo a tiros su zanahoria
vuelve al sitio pateando al gato para que no lo reconozcan los fantasmas
sesos médula luces lilas en el bar entre los tímidos pechos japoneses de la
sobreviviente how many dollars
a admirar el monumento a las cenizas
a poner su firma de autor al pie de los cuarenta mil identificados y de los
ochenta mil que nunca se llamaron nada
a fotografiar smile niñas truncas
como si pudiéramos olvidar como si pudiéramos dormir yes
Souvenirs from Hiroshima Souvenirs from la época maravillosa de la infancia
A quién mierda pueden importarle ahora el amor o la poesía si ya no se usan
Adiós estatua griega ciencias del hombre proporción dorada
Good-bye Dios
La muchacha de Tokio
"I'm not a professional, I work
in an office of the American Army."
Sus pies dentro del charco de su enagua.
"I'm always short of money
but I do this very seldom."
Mi sombra era demasiado grande en su cama,
balsa seca de soltera en el suelo.
Me preguntó si mi país quedaba en Africa
mientras yo les preguntaba a mis manos por su cuerpo
desganado y anguloso al revés y al derecho.
"Don't tell anybody what happened tonight,
keep it secret, it's shameful."
Pero lo cuento porque se pareció a la ternura:
animalito equivocado de honra entre semana,
asustado el sábado de noche cuando era más honesto.
Y tampoco puedo callar lo verdaderamente
vergonzoso. Aunque fue en otro idioma
y hace tiempo.
It was the lark, Bichito, no nightingale*
No es fácil injertarse en ti, ísima mía.
Me doy cuenta de que fue risa y no tos
lo que te dije, y debo despensar las cosas
que puse en tu silencio, y salir de tus bocas de ganosa
y dejarte, mitad sola, gastada por mis vellos.
Es el día consuetudinario, conozco su censura.
Se diría que el agua usada del llanto desbordara
de anteojos, baúles, bodegas, por mi culpa,
que todas las guerras que pacen amarradas
se fueran galopando a comer, solo porque
me olvidé de sufrir anoche, y fuera el centinela,
o me hubiera ido a volver, descuidando la tierra.
No es fácil ser feliz: primero, no nos dejan
y, quién sabe, será también la falta de costumbre
o tal vez haya que aprender, pero cómo, desterrado.
Metí amor en esa habitación de cejijunto,
en esta sólida soledad que debo hacer a un lado
pues no cabemos ya los dos al mismo tiempo,
mas parece que hubiera que aguantar toda la vida,
hacer cola en el mundo, esperar que los demás
pasen primero a casarse o comer o a sus negocios,
para empezar a vivir sin sentirse culpable,
conmutándome a tu lado la pena de durar.
Tarea y vacaciones
ser ser -pero de fondo- y encontrarnos la huella
de los propios pulgares de la propia pisada
y no esconderse en el otro que nos hicieron
por partes con letreros
cédula de identidad 251/99/7
muertodehambre que vota
el qué-se-habrá-creído
tipo pobretipo
el que ha cambiado tanto
poder ser -si se pudiera- honesto e intacto como un animal
o por lo menos no incurrir en ciudadano respetable
el que tiene todo en orden (los cachivaches
del corazón en el cajón de abajo)
o ése que no reclama sino lo que le toca
o el que no ama más de lo que debe
o el que con todas sus mitades jamás ha estado solo
y descansar de uno amanecer de pronto
ocupando su nada metido en su deshombre
como si fuera hindú y hubiera muerto y fuera cierto
que uno vuelve a nacer lagarto araña enano
normal-como-los-otros bieneducado adefesioso
desvalijadores de cadáveres por teléfono
que hablan de unos huesos enviados por correo
y ser el destinatario recibirlos completos como los tenía
con todas las astillas de mis cavilaciones
con mis queridos clavos problemáticos
y entonces perdonarme (aunque me reí muchísimo)
haberme ido y dejarme esperando
Entonces ¿no hay olvido?
y no podré jamás confundirme de puerta
ya nunca equivocarme de rostro de tranvía
comenzar el destino en la otra mano
con una llave o un sombrero diferentes
sin recorrer la misma duda y a la misma hora
la misma calle con el mismo pie?
no entrar de nuevo al cuarto de uno
donde uno se espera y nunca sale
esperando al teléfono llamadas de una voz
que antes se escuchaba con el vientre
noticias de ojalá
el horóscopo para ayer que no acierta tampoco
y se mira crecerle los adioses en la cara
y no hay gillette para el recuerdo
no hay jabón para lo sido lo cernido
de las ruinas de uno mismo argamasa de la edad
como un templo donde ya no sucede nada cierto
y tantas moscas rondándome
simple muñón de ti mi antes
y en la mirada también queda lo sucio de estos dolores
puesto su sucio a remojar a fondo
por lo menos con esto me distraigo
me corrijo la vida como debió haber sido
hago cuentas de cuánto debo irme
para no estar conmigo en otra parte
escondiendo analgésicas teorías
olvidando soluciones criminalmente justas
manuscritos de la tempestad al fin y al cabo
con lo demás no hay cómo son las piedras honestas
del que no fui y seguí siendo otras veces
del que quise nacerme sin mancha de pasado
y si remueven un poco me verían debajo
echando una lagrimita por aquello
El Maharajá y las salamandras
plaza del gentío taciturno lo meloso de su res antigua abierto en la sequía
el puente monumento a la memoria del río
derrotado por las últimas escuadras de la lluvia
maldad del polvo sus telas vagabundas
van atrapando niños envolviendo la gran mosca de su vientre
recolectando moscas es la pobreza rascándose sus moscas
cuerpos en éxodo a la tarde restos de la batalla contra el mediodía
buscando sombra como quien se busca tumba
más fácil que el negro paladar de los paraguas
mercado de palitos pedazos pétalos de cosas de algún día
piedras de un país que se acabó que no hubo nunca
las carretas del vacío tiradas por esqueletos de vacas de otra profecía
mil años vacas flacas mil años la piel mordida en las junturas de la historia
(pero en algún sitio de la tierra yo protesto porque está tibia la cerveza)
en la feria sin compradores ni curiosos viandas de carbón cereal de feldespato
y mica bebidas mucilaginosas
y las aves que gritan sílabas más humanas que los instrumentos de soplo del
desierto
loros misericordiosos descoloridos en su caja con predicciones de
buenafortuna
encantadores de serpientes a las que arrancaron el colmillo
mordidos hace tiempo por amigos y discípulos
todo mendigo es un sobreviviente de la filosofía
todo hombre es intocable y zumba letanías de epidemias
en este monasterio de la llaga o terraza de la pústula
paralíticos y escrofulosos
tísicos que la fiebre dora desde adentro
sifilíticos sarnosos hemipléjicos
mujeres con ataxia y gonorrea
mujeres con hidrocefalia y cólera
atónitos con melanosis
santos retorcidos por la sabiduría
equilibristas con espasmo y catalepsia
raquíticos hipertróficos enfisematosos
lánguidos místicos agónicos
esqueletos forrados de pergamino pardo
esqueletos envueltos con mosquitero
dos rodillas recuerdo de otra pierna dos dientes
reliquia de la vieja religión en la mejilla
y la mujer a la que la viudez lavó la frente trata de preservar lo que el difunto le
dejó de pecho para la nueva boda
masca una hoja de betel que la adorna e inquieta
su rojo escupitajo araña que se traga el escorpión del suelo
y sus furiosos pies de amor ahuyentan a los perros mitológicos
que rozan su amapola sexual y humedecen su edad debajo de sus vellos
(pero en algún lugar de la tierra la inglesa me pregunta cuánta azúcar y yo le
digo 32 el número de mi pieza)
junto al cielo en la colina el palacio del maharajá y el pabellón de caza del
maharajá y el jardín zoológico del maharajá y los establos del maharajá y la
residencia de verano del maharajá y los cuarteles de la guardia del maharajá y
el lugar de descanso del maharajá y la casa de huéspedes del maharajá
el templo está cerca de yo no sé qué siglo
inacabado por los arquitectos profetas del destrozo
los últimos dioses representantes de la roca contentos en su escultura
sus cuerpos arracimados de deseo la cambiante flor barroca de su cópula
dando audiencia a las duraderas delegaciones del olvido
procesión de los baldados del verano su tartamudez en otra lengua los dedos
sobre una llama de sebo
que no quema su antigüedad ni la costra de antigüedad de su pobreza ni sus
bacilos de pobreza
dejando una limosna precio de una marca de ceniza entre las cejas
que el viento se llevará como anuncio del escombro que le sigue
y las concubinas y los elefantes del maharajá
(y en algún lugar de la tierra a esta hora otras delegaciones sin rencor juntan
sus centavitos de memoria
para otro dios menos contento solitario en su madera
y otro maharajá de pacotilla en su caballo)
esto será también un día especie humana creo
La bailarina de Aurangabad
Estarías así consciente de tu perennidad
sujeta por la incompleta espalda al muro
No hay como retroceder hay otro muro
que me instiga a que te vea con el cuerpo
exactitud imposible carne de roca loca
geometría corporal que no existe en la tierra
y alguien se la inventó a martillazos para querer vivir
Carnicero oblicuángulo el triángulo de la grupa
con los pies detenidos en dos golpes de címbalo
permanentes tus piernas bajo la transparencia
de ese velo agua de piedra que cae del ombligo
y el capitel tibio de las ingles Allí descansa el templo
Eso es lo que toqué volúmenes de tiempo
las formas hembras de la eternidad
copa llena de silencio el codo roto
y la incorruptible soledad de tu cadera
manoseada por el masturbador y los idólatras
ennegrecida por su aceite sórdido
Ahora atada a la pared de mi memoria
cuál de los dos es el rehén del otro
en esta urgencia de comprobarte con las manos
vertical entre la mueca pervertida y el talón en delirio
a la luz visitante que te lame el tobillo por la tarde
desesperación de ciego en el acto del amor
de hambriento
no solitario
tampoco respondido

***
Jorge Eduardo Adoum (Ambato, 1926-Quito, 2009)
Fotografía de Danilo De Marco

martes, 8 de agosto de 2023

halina poświatowska / tres poemas










un recuerdo más
acabo de escribir una palabra

soy una palabra mayor
dos
tres
un poema

mayor -qué significa ser mayor-

en la abstracción llamada historia
me han asignado un rango estrecho
de allí – hasta ahora
crezco

en la abstracción llamada economía
me han ordenado vivir

en la abstracción llamada tiempo:
yerro
me pierdo
e yerro

en el Museo Metropolitano
en el departamento de escultura egipcia
una piedra sonríe con labios de mujer

~

¿Morirá un poco el mundo
cuando yo me muera?

Miro y miro
ahí va el mundo
con el cuello de piel de zorro

nunca pensé
que yo era un pelo en su piel

siempre estuve aquí
y él -allí-

y sin embargo
me complace pensar
que el mundo morirá un poco
cuando yo me muera

~

Quiero escribir sobre ti
sostener con tu nombre una valla torcida
un cerezo helado
sobre tus labios componer estrofas arqueadas
sobre tus pestañas mentir qué oscuras
quiero
enredar los dedos en tu pelo
encontrar un hueco en tu cuello
donde con un susurro apagado
el corazón contradiga a los labios
quiero
tu nombre mezclar con las estrellas
con sangre
estar dentro de ti
y no estar contigo
desaparecer
como una gota de lluvia absorbida por la noche.

***
Halina Poświatowska (Częstochowa, 1935-Varsovia, 1967)
Versiones de Ada Trzeciakowska

/

jeszcze jedno wspomnienie
przed chwilą napisałam słowo

jestem starsza o słowo
o dwa
o trzy
o wiersz

starsza – co to znaczy starsza

w abstrakcji którą nazwano historia
wyznaczono mi wąski przedział
stąd – dotąd
rosnę

w abstrakcji którą nazwano ekonomia
nakazano mi żyć

w abstrakcji którą nazwano czas –
błądzę
gubię się
i błądzę

w Metropolitan Museum
w dziale egipskiej rzeźby
kamień uśmiecha się kobiecymi ustami

~

czy świat umrze trochę
kiedy ja umrę

patrzę patrzę
ubrany w lisi kołnierz
idzie świat

nigdy nie myślałam
że jestem włosem w jego futrze

zawsze byłam tu
on – tam

a jednak
miło jest pomyśleć
że świat umrze trochę
kiedy ja umrę

~

chcę pisać o tobie
twoim imieniem wesprzeć skrzywiony płot
zmarzłą czereśnię
o twoich ustach
składać strofy wygięte
o twoich rzęsach kłamać że ciemne
chcę
wplątać palce w twoje włosy
znaleźć wgłębienie w szyi
gdzie stłumionym szeptem
serce zaprzecza ustom
chcę
twoje imię z gwiazdami zmieszać
z krwią
być w tobie
nie być z tobą
zniknąć
jak kropla deszczu którą wchłonęła noc

lunes, 7 de agosto de 2023

inger christensen / de "alfabeto"










La bomba de cobalto existe
envuelta en su capa
de isótopos de cobalto 60

cuyo periodo de semidesintegración
garantiza un efecto
extremadamente dañino

al garantizar
que todo
puede ser transformado
en nada, perdemos
la capacidad de
pensar en nada, en ninguna de las cosas
del mundo como nosotros
decimos, cuando nosotros
simplemente existimos; no hay más
que decir; nosotros
garantizamos
que aniquilamos
todo, destruimos
todo, de manera que
a la primera nada
la decisiva
no se le dará permiso
para escribir poesía
como escribe el viento
en aire o agua
no hay más que
decir; matamos
más de lo que creemos
más de lo que sabemos
más de lo que sentimos;
no hay más que
decir
 odiamos;
no hay más

***
Inger Christensen (Vejle, 1935-Copenhague, 2009)
Versión de Francisco J. Uriz 
Fotografía de Gregers Nielsen