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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.

domingo, 16 de enero de 2022

cherubina de gabriak / dos poemas













Cuando moría de sed,
convertiste agua en vino, 
pero el milagro realizado una vez,
no se pudo realizar de nuevo.

Tu vino no embriagaba,
escondía la amargura del sufrimiento,
su color era el color del ópalo.
¡Me diste de beber fuego!

~

Camino sola por el universo
con mi sueño majestuoso,
con mi odio hacia la vida perecedera,
con mi belleza amarga.
El destino me convirtió
en zarina de un trono ilusorio…
La corona de mis trenzas negras glorifica
la curva orgullosa de mi frente.
Pero en los siglos consumidos duermen
todos los que podrían ser amados,
como yo, atormentados por la tristeza,
como yo, solos en sus sueños.
Moriré en la estepa de una tierra extraña
pero romperé el círculo encantado.
¿Para qué son tan tiernas las manos?
¿Por qué Cherubina es un nombre tan frágil?

***
Cherubina de Gabriak (San Petersburgo, 1887-Taskent, 1928)
Versiones de Natalia Litvinova

sábado, 15 de enero de 2022

alfonso gatto / dos poemas








Las cosas

*

Un día golpearán en cada casa,
quien vive ya es culpable de tener
su vida a solas. Cuando baja oscura
la noche, uno se queda tras los vidrios
aguardando que llegue el vasto absurdo
de la quietud. Está en las mismas cosas
de siempre, siempre en su lugar, la nueva
mirada pétrea: la desierta esquina
pone a salvo al que huye o bien lo embate
de cara al pelotón. Parece un vano
delirio este creer aún en las cosas.

~

Casi un recuerdo

*

Encontrarnos por azar nos pareció
en la hora olvidada.
Era la estación amarilla en el verde.
Un ciclista, extraviado el camino,
bebía recuerdos en el fondo de los ojos.
Pero todo es eterno para quien pasa,
hasta el nombre oído alguna vez.

***
Alfonso Gatto (Salerno, 1909-Orbetello, 1976)
Versiones de Pablo Anadón y Jorge Aulicino

/

Le cose

*

Un giorno busseranno ad ogni casa, 
chi vive è già colpevole d’avere 
la sua vita segreta. Scende il buio 
della notte, si resta dietro ai vetri 
ad aspettare come giunge il vasto 
assurdo della quiete. È nelle cose 
di sempre ferme al loro posto il nuovo 
sguardo impietrito: l’angolo deserto 
mette in salvo il fuggiasco o per lo scarto 
gli affaccia la sua muta. Sembra un vano 
delirio questo credere alle cose.

~

Quasi un ricordo

*

Incontrarci per caso ci parve
nell'ora dimenticata.
Fu la stazione gialla nel verde.
Un ciclista perduta la via
beveva ricordi in fondo agli occhi.
Ma tutto è eterno per chi passa,
anche il nome udito una volta.

viernes, 14 de enero de 2022

mascha kaléko / dos poemas












La pequeña despedida

*

Interviene el Señor Goodwill
un emigrante alemán:
" Sin duda, sigue siendo lo mismo,
ahora digo tierra en lugar de país,
Heimat en vez de patria
y poema para decir poesía.
Sin duda, estoy muy contento:
Pero feliz no soy".

~

Receta

*

Espanta los miedos
Y al miedo antes de los miedos.
Durante un par de años
Todo será más que suficiente.
El pan en la caja
Y el traje en el closet.

No digas la mía.
Todo es un préstamo para ti.
Vivir para el tiempo y ver
Lo poco que necesitas.
Acomódate.
Y ten tu maleta lista.

Es cierto lo que dicen:
Lo que debe venir, vendrá.
No vayas al encuentro del sufrimiento.
Y si está ahí,
Míralo tranquilamente a la cara.
Es fugaz como la felicidad.

No esperes nada.
Y guarda tu secreto con ansiedad.
Incluso el hermano traiciona,
Si es para ti o para él
Toma a tu propia sombra
Como tu compañero.

Barre bien tu habitación.
E intercambia saludos con tu vecino.
Repara alegre la reja
Y también la campana de la puerta.
Mantén despierta la herida que hay en ti
Bajo techo en la calma.

Rompe tus planes. Sé inteligente
Y aférrate a los milagros.
Están registrados desde hace mucho tiempo
En el gran plan.
Espanta los miedos
Y al miedo antes de los miedos.

***
Mascha Kaléko (Chrzanów, 1907-Zúrich, 1975)
Versiones de Nicolás López-Pérez

/

Der kleine Unterschied

*

Es sprach zum Mister Goodwill
ein deutscher Emigrant:
„Gewiß, es bleibt dasselbe,
sag ich nun land statt Land,
sag ich für Heimat homeland
und poem für Gedicht.
Gewiss, ich bin sehr happy:
Doch glücklich bin ich nicht.“

~

Rezept

*

Jage die Ängste fort
Und die Angst vor den Ängsten.
Für die paar Jahre
Wird wohl alles noch reichen.
Das Brot im Kasten
Und der Anzug im Schrank.

Sage nicht mein.
Es ist dir alles geliehen.
Lebe auf Zeit und sieh,
Wie wenig du brauchst.
Richte dich ein.
Und halte den Koffer bereit.

Es ist wahr, was sie sagen:
Was kommen muß, kommt.
Geh dem Leid nicht entgegen.
Und ist es da,
Sieh ihm still ins Gesicht.
Es ist vergänglich wie Glück.

Erwarte nichts.
Und hüte besorgt dein Geheimnis.
Auch der Bruder verrät,
Geht es um dich oder ihn.
Den eignen Schatten nimm
Zum Weggefährten.

Feg deine Stube wohl.
Und tausche den Gruß mit dem Nachbarn.
Flicke heiter den Zaun
Und auch die Glocke am Tor.
Die Wunde in dir halte wach
Unter dem Dach im Einstweilen.

Zerreiß deine Pläne. Sei klug
Und halte dich an Wunder.
Sie sind lang schon verzeichnet
Im grossen Plan.
Jage die Ängste fort
Und die Angst vor den Ängsten.

jueves, 13 de enero de 2022

clarice lispector / si yo fuese yo










Cuando no sé dónde guardé un papel importante y la búsqueda se me revela inútil, me pregunto: si yo fuese yo y tuviese un papel importante para guardar, ¿qué lugar escogería? A veces acierto. Aunque muchas veces estoy tan presionada por la frase "si yo fuese yo", que la búsqueda del papel se torna secundaria y comienzo a pensar. Mejor dicho, a sentir.

Y no me siento bien. Pruebe: si usted fuese usted, ¿cómo sería, qué haría? Después de partir, se siente una incomodidad: la mentira en la que nos acomodamos acabó de ser levemente descolocada del lugar donde se acomodó. Sin embargo, he leído biografías de personas que de repente pasaban a ser ellas mismas y cambiaban completamente de vida. Creo que si yo fuese realmente yo, los amigos no me saludarían por la calle, porque hasta mi fisonomía habría cambiado. ¿Cómo? No sé. 

La mitad de las cosas que haría si yo fuese yo, no las puedo contar. Creo, por ejemplo, que por una cierta razón terminaría presa en la cárcel. Y si yo fuese yo, daría todo lo que es mío y confiaría el futuro al futuro.

"Si yo fuese yo" parece representar nuestro mayor peligro de vivir, parece un nuevo acceso a lo desconocido. No obstante, intuyo que, después de los primeros -denominados- delirios de júbilo que serían, por fin tendríamos la experiencia del mundo. Bien sé que experimentaríamos, al fin, en plenitud, el dolor del mundo. Y nuestro dolor, aquel que aprendemos a no sentir. Pero también seríamos, a ratos, tomados por un éxtasis de alegría pura y legítima que apenas puedo adivinar. No, creo que ya estoy de algún modo adivinando porqué me sentí sonriente y también porqué sentí una especie de pudor que se tiene cuando se está frente a lo que es demasiado grande. 

***
Clarice Lispector (Chechelnik, 1920-Río de Janeiro, 1977)
Versión de Nicolás López-Pérez

/

Se eu fosse eu

*

Quando não sei onde guardei um papel importante e a procura se revela inútil, pergunto-me: se eu fosse eu e tivesse um papel importante para guardar, que lugar escolheria? Às vezes dá certo. Mas muitas vezes fico tão pressionada pela frase “se eu fosse eu”, que a procura do papel se torna secundária, e começo a pensar. Diria melhor, sentir. 

E não me sinto bem. Experimente: se você fosse você, como seria e o que faria? Logo de início se sente um constrangimento: a mentira em que nos acomodamos acabou de ser levemente locomovida do lugar onde se acomodara. No entanto já li biografias de pessoas que de repente passavam a ser elas mesmas, e mudavam inteiramente de vida. Acho que se eu fosse realmente eu, os amigos não me cumprimentariam na rua porque até minha fisionomia teria mudado. Como? Não sei.

Metade das coisas que eu faria se eu fosse eu, não posso contar. Acho, por exemplo, que por um certo motivo eu terminaria presa na cadeia. E se eu fosse eu daria tudo o que é meu, e confiaria o futuro ao futuro.

“Se eu fosse eu” parece representar o nosso maior perigo de viver, parece a entrada nova no desconhecido. No entanto tenho a intuição de que, passadas as primeiras chamadas loucuras da festa que seria, teríamos enfim a experiência do mundo. Bem sei, experimentaríamos enfim em pleno a dor do mundo. E a nossa dor, aquela que aprendemos a não sentir. Mas também seríamos por vezes tomados de um êxtase de alegria pura e legítima que mal posso adivinhar. Não, acho que já estou de algum modo adivinhando porque me senti sorrindo e também senti uma espécie de pudor que se tem diante do que é grande demais.

miércoles, 12 de enero de 2022

gabriele d'annunzio / tres poemas













Las estirpes canoras

*

Mis cantos son linaje
de los bosques,
otros de las ondas,
otros de las arenas,
otros del Sol,
otros del viento Agreste.
Mis palabras
son profundas
como las raíces
terrenas,
otras serenas
como los firmamentos,
férvidas como las venas
de adolescentes,
híspidas como la hierba,
confusas como los ríos
confusos,
claras como los cristales
del monte,
trémulas como las frondas
del álamo,
túmidas como las narices
de los caballos
al galope,
lábiles como los perfumes
disipados,
vírgenes como los cálices
apenas abiertos,
nocturnas como el rocío
del cielo,
fúnebres como los asfódelos
del Hades,
dóciles como los sauces
de la laguna,
tenues como las telas
que entre dos estelas
teje la araña.

~

El atardecer en Fiesole

*

Frescas mis palabras al atardecer
se escuchan como el rumor que producen las hojas
del moral en las manos de quien las toma
silencioso y aún se retrasa la obra lenta
en la alta escalera que se ennegrece
contra el tronco que se vuelve plateado
con sus ramas desnudas
mientras la Luna se aproxima al umbral
cerúleo y parece que frente a sí extienda un velo
donde nuestro sueño yace
y parece que la campiña se sienta
sumergida por ella en el hielo nocturno
y de ella beba la paz tan anhelada
sin mirarla.

Loado seas por tu rostro de perla,
¡Oh Atardecer! y ¡por tus grandes y húmedos ojos donde calla
el agua del cielo!

Dulces mis palabras en el atardecer
se sienten como lluvia susurrante,
tibia y fugitiva,
reunión lagrimosa de primavera
sobre moras, olmos y vides,
y en los pinos de nuevos y rosáceos dedos
que juegan con el aura que se pierde,
y en el grano que todavía no se torna dorado
y que tampoco es verde,
y sobre el heno que ya sufrió la hoz
y cambia su color,
y en los olivos, en los hermanos olivos
que hacen palidecer de santidad las colinas
sonrientes.

Loado seas por tus vestidos dorados,
¡oh Atardecer! y ¡por el cinto que te ciñe como al sauce
el heno que perfuma!

Yo te diré hacia cuáles reinos
de amor nos llama el río cuyas fuentes
eternas en la sombra de las ramas antiguas
hablan del misterio sagrado de los montes;
y te diré por cuál secreto
las colinas sobre límpidos horizontes
se curvan como labios que guardan un secreto
de clausura, y porque la voluntad de decirlo
los vuelva hermosos
en cada humano deseo
y en el silencio siempre nuevos
consuelos, tal que parece
que cada atardecer el alma pueda amarlas
con amor más fuerte.

Loado seas por tu muerte pura,
¡Oh Atardecer! y ¡por la espera que en ti hace palpitar
las primeras estrellas!

~

La lluvia en el pino

*

Calla. En el umbral
del bosque no escucho
las palabras humanas
que dices, pero escucho
palabras más nuevas
que hablan de gotas y hojas
lejanas.
Escucha. Llueve
desde las nubes esparcidas.
Llueve salobre sobre
tamariscos y arde,
llueve en los pinos
rotos y rectos,
llueve sobre mirtos
divinos,
sobre ginestas relucientes
de flores recogidas,
sobre el enebro espeso
de semillas doradas,
llueve sobre nuestros rostros
silvanos,
llueve sobre nuestras manos
desnudas,
sobre nuestras vestimentas
ligeras,
sobre los frescos pensamientos
que el alma esconde
nueva,
sobre la fábula hermosa
que ayer
te ilusionó, que hoy me ilusiona,
oh Hermione.

¿Escuchas? La lluvia cae
sobre la hierba
solitaria
con un crepitar que dura
y varía en el aire
según la fronda
más espesa, menos espesa.
Escucha. Responde
al llanto el canto
de las cigarras
que el llanto austral
no aterra
ni al cielo cerúleo.
Y el pino
tiene un sonido, y el mirto
otro sonido, y el ciprés
otros instrumentos
distintos
bajo innumerables dedos.
E inmersos
estamos en el espíritu
silvestre
de arbórea vida viviente;
y tu rostro ebrio
está humedecido por la lluvia
como una hoja,
y tu cabellera
brilla como
las claras ginestas,
oh criatura terrestre
que tienes por nombre
Hermione.

Escucha, escucha. El acuerdo
de las cigarras aéreas
poco a poco
más sordo
se vuelve bajo el llanto
que crece;
pero un canto se vuelve
más ronco
de allá donde se eleva,
de la húmeda sombra lejana.
Más sordo y más ronco
se aminora, se apaga.
Sólo una nota
todavía tiembla, se apaga,
resurge, tiembla, se apaga.
No se escucha la voz del mar.
Ahora se escucha toda la fronda
crujir con
la lluvia plateada
que inunda
el crujir que varía
según la fronda
más espesa, menos espesa.
Escucha.
La hija del aire
es muda, pero la hija
del limo lejana,
la rana
canta en la sombra más espesa,
¡quién sabe dónde! ¡quién sabe dónde!
Y llueve sobre tus pestañas
Hermione.

Llueve sobre tus pestañas negras
hasta parecer que tú lloras
pero de placer; no de palidez
pero casi arbórea
pareciera que de la corteza surgieras.
Y toda la vida en nosotros es fresca,
reluciente,
el corazón en el pecho es como pesca
intacta,
entre los párpados los ojos
son como polluelos entre la hierba,
los dientes en los alvéolos
son como níveas almendras.
Y andamos de matorral en matorral,
ahora juntos o separados
(y el verde vigor de la maleza
se enreda en los tobillos
se enmaraña en las rodillas)
¡quién sabe dónde! ¡quién sabe dónde!
Y llueve sobre nuestros rostros
silvanos,
llueve sobre nuestras manos
desnudas,
sobre nuestras vestimentas
ligeras,
sobre los frescos pensamientos
que el alma nueva
encierra,
sobre la hermosa fábula
que ayer
me ilusionó, que hoy te ilusiona,
oh Hermione.

***
Gabriele D'Annunzio (Pescara, 1863-Gardone Riviera, 1938)
Versiones de Victoria Montemayor

/

Le stirpi canore

*

I miei carmi son prole
delle foreste,
altri dell’onde,
altri delle arene,
altri del Sole,
altri del vento Argeste.
Le mie parole
sono profonde
come le radici
terrene,
altre serene
come i firmamenti,
fervide come le vene
degli adolescenti,
ispide come i dumi,
confuse come i fumi
confusi,
nette come i cristalli
del monte,
tremule come le fronde
del pioppo,
tumide come le narici
dei cavalli
a galoppo,
labili come i profumi
diffusi,
vergini come i calici
appena schiusi,
notturne come le rugiade
dei cieli,
funebri come gli asfodeli
dell’Ade,
pieghevoli come i salici
dello stagno,
tenui come i teli
che fra due steli
tesse il ragno.

~

La sera fiesolana

*

Fresche le mie parole ne la sera
ti sien come il fruscìo che fan le foglie
del gelso ne la man di chi le coglie
silenzioso e ancor s’attarda a l’opra lenta
su l’alta scala che s’annera
contro il fusto che s’inargenta
con le sue rame spoglie
mentre la Luna è prossima a le soglie
cerule e par che innanzi a sé distenda un velo
ove il nostro sogno si giace
e par che la campagna già si senta
da lei sommersa nel notturno gelo
e da lei beva la sperata pace
senza vederla.

Laudata sii pel tuo viso di perla,
o Sera, e pe’ tuoi grandi umidi occhi ove si tace
l’acqua del cielo!

Dolci le mie parole ne la sera
ti sien come la pioggia che bruiva
tepida e fuggitiva,
commiato lacrimoso de la primavera,
su i gelsi e su gli olmi e su le viti
e su i pini dai novelli rosei diti
che giocano con l’aura che si perde,
e su ’l grano che non è biondo ancóra
e non è verde,
e su ’l fieno che già patì la falce
e trascolora,
e su gli olivi, su i fratelli olivi
che fan di santità pallidi i clivi
e sorridenti.

Laudata sii per le tue vesti aulenti,
o Sera, e pel cinto che ti cinge come il salce
il fien che odora!

Io ti dirò verso quali reami
d’amor ci chiami il fiume, le cui fonti
eterne a l’ombra de gli antichi rami
parlano nel mistero sacro dei monti;
e ti dirò per qual segreto
le colline su i limpidi orizzonti
s’incùrvino come labbra che un divieto
chiuda, e perché la volontà di dire
le faccia belle
oltre ogni uman desire
e nel silenzio lor sempre novelle
consolatrici, sì che pare
che ogni sera l’anima le possa amare
d’amor più forte.

Laudata sii per la tua pura morte,
o Sera, e per l’attesa che in te fa palpitare
le prime stelle!

~

La pioggia nel pineto

*

Taci. Su le soglie
del bosco non odo
parole che dici
umane; ma odo
parole più nuove
che parlano gocciole e foglie
lontane.
Ascolta. Piove
dalle nuvole sparse.
Piove su le tamerici
salmastre ed arse,
piove su i pini
scagliosi ed irti,
piove su i mirti
divini,
su le ginestre fulgenti
di fiori accolti,
su i ginepri folti
di coccole aulenti,
piove su i nostri vólti
silvani,
piove su le nostre mani
ignude,
su i nostri vestimenti
leggieri,
su i freschi pensieri
che l’anima schiude
novella,
su la favola bella
che ieri
t’illuse, che oggi m’illude,
o Ermione.

Odi? La pioggia cade
su la solitaria
verdura
con un crepitìo che dura
e varia nell’aria
secondo le fronde
più rade, men rade.
Ascolta. Risponde
al pianto il canto
delle cicale
che il pianto australe
non impaura,
né il ciel cinerino.
E il pino
ha un suono, e il mirto
altro suono, e il ginepro
altro ancóra, stromenti
diversi
sotto innumerevoli dita.
E immersi
noi siam nello spirto
silvestre,
d’arborea vita viventi;
e il tuo vólto ebro
è molle di pioggia
come una foglia,
e le tue chiome
auliscono come
le chiare ginestre,
o creatura terrestre
che hai nome
Ermione.

Ascolta, ascolta. L’accordo
delle aeree cicale
a poco a poco
più sordo
si fa sotto il pianto
che cresce;
ma un canto vi si mesce
più roco
che di laggiù sale,
dall’umida ombra remota.
Più sordo e più fioco
s’allenta, si spegne.
Sola una nota
ancor trema, si spegne,
risorge, trema, si spegne.
Non s’ode voce del mare.
Or s’ode su tutta la fronda
crosciare
l’argentea pioggia
che monda,
il croscio che varia
secondo la fronda
più folta, men folta.
Ascolta.
La figlia dell’aria
è muta; ma la figlia
del limo lontana,
la rana,
canta nell’ombra più fonda,
chi sa dove, chi sa dove!
E piove su le tue ciglia,
Ermione.

Piove su le tue ciglia nere
sì che par tu pianga
ma di piacere; non bianca
ma quasi fatta virente,
par da scorza tu esca.
E tutta la vita è in noi fresca
aulente,
il cuor nel petto è come pèsca
intatta,
tra le pàlpebre gli occhi
son come polle tra l’erbe,
i denti negli alvèoli
son come mandorle acerbe.
E andiam di fratta in fratta,
or congiunti or disciolti
(e il verde vigor rude
ci allaccia i mallèoli
c’intrica i ginocchi)
chi sa dove, chi sa dove!
E piove su i nostri vólti
silvani,
piove su le nostre mani
ignude,
su i nostri vestimenti
leggieri,
su i freschi pensieri
che l’anima schiude
novella,
su la favola bella
che ieri
m’illuse, che oggi t’illude,
o Ermione.

martes, 11 de enero de 2022

fátima maldonado / cuatro poemas













Ceremonia funesta

*

El cuerpo no responde
a las voces de mando,
como un perro mutilado
ya desdeña las llamadas
los antiguos convites
a las funestas moradas,
se olvidó del punto
va extraviando señas
los códigos de las grutas
acumulando basuras
las servidumbres austeras
se diluyen en una esquina
el cuerpo no atiende llamadas
no estremece al ruido de la llave
no soporta
ninguna intromisión
se secó en un terraplén,
los restos a la vista
la memoria excava
del recuerdo los rastros
ávidamente chupa
de tan fausto los huesos,
de tan vitales ceremonias
en los tan secretos barcos
incluso lo poco que resta
todavía se mastica.

~

Campo de refugiados

*

Algunos no los veíamos hace años
hacían parte de nuestra más salubre
juventud
en el trabajo todavía había escape
en el amor todavía había peligro
banquetes celebraban extorsiones
compromisos sagrados derrumbaban
amores más indelebles
sucumbían a los aullidos
en los cotos
frente a la horda no había defesa
aquel virus joven no cedía
pisaba amenazas ignoraba llamadas
cualquier moderación nos parecía funesta.
(...) Los pocos resistentes engordaron
sufren del corazón beben cerveza
tienen la pasta zurrada de disgustos
otros se alistan en el sótano del comercio
merman en el polvo las colas movidas
a la cintura los cuchillos de la carnicería,
sabuesos escriben cosas irrisorias
mientras la tierra se torna combustible.

~

La adoración de los magos

*

Aquella noche a tres
fue como dibujar con soplete
en una chapa de hierro
un viento fósil, un vítreo monograma,
el rastro al exceder el vuelo de un chochín
cautivo flota en el vidrio de una jarra.
Suspendidos recorrían en la pulpa del vértigo
leguas sobre el abismo.
Pendientes del zinc de la mañana
Esperando el inicio
del siguiente espectáculo
dispersaron el semen
en las chimeneas de la noche leprosa.
En las azoteas de la lucha recorrieron
las danzas más funestas de la ternura.
En un combinar astuto de referencias
se abrieron los portales
y despidieron galopes penitentes
los animales libertados
de las tejidas mansiones.
El unicornio blanco depuso su cabeza
en los brazos de la señora,
compadecida dama,
y le tocó hilando sus lanas
entre las uñas cribadas por metralla.
Les siento el asedio,
en cada rodilla posan
una barbilla minada,
la barba ya creció desde la cena.
«Es la adoración de los magos» –murmullas tú–
quedando en el barranco los dedos imantados
mientras el tronco enviste
la piel recorrida por venosas nacientes.
Miro sobre un hombro
y sorprendo a la tiniebla
ofendida desviándose
entre los dedos de la puerta.
El noctívago galgo
devora la escuridad a ciegas en el recinto.
En breve la luz envuelve
de opalinas unciones las cabelleras.
Inminentes se dibujan las salidas,
el croissant en el plato, el café en el vaso,
el revestir la piel de otros trajes
la tragedia yazente en los horarios.
Aquella noche a tres se fue sin remedio.

~

Antilírica

*

Se baja la calle
en la esperanza de olvidar
el aullido de la manada,
la belleza que resta
nos acude a las heridas
ungüentos depone
en las zonas infectadas.
Querellas vicentinas,
empleos, sordidez,
«batidas» se declaran,
Se arriman poleas
a la crispación de los nervios,
la sombra de las noticias
atiza expedientes, afirma torniquetes.
Academia de las Ciencias,
el hierro trasplanta
un resto de harmonía,
argollas y linternas
a la sombra de desbastes.
Lisboa de las encomiendas
que reyes de cartón
invierten en los sirvientes
languidece en los ritmos
con cadenas a la muela
y empaña en la mirada
va moliendo salvado.
Parroquial,
los puños bajo el traje,
se exime al remordimiento
de haber desamparado
la tierra de Timor

***
Fátima Maldonado (Santo-Amaro Sousel, 1941)
Versiones de Raquel Madrigal Martínez

/

Cerimónia funesta

*

O corpo não responde
às vozes de comando,
como um cão estropiado
já desdenha os apelos
os antigos convites
às funestas moradas,
esqueceu-se do ponto
vai olvidando senhas
os códigos das grutas
acumulando lixos
as servidões austeras
diluem-se num canto
o corpo não atende chamadas
não estremece ao ruído da chave
não suporta
qualquer intromissão
secou num aterro,
os restos à vista
a memória escava
da lembrança os rastos
avidamente suga
de tal fausto os ossos,
de tão vitais cerimónias
nos tão secretos barcos
mesmo o pouco que resta
ainda se mastiga.

~

Campo de refugiados

*

Alguns não os víamos há anos
faziam parte da nossa mais salubre
juventude
no trabalho ainda havia escape
no amor ainda havia perigo
banquetes celebravam extorsões
compromissos sagrados aluíam
amores mais indeléveis
sucumbiam aos uivos
nas coutadas
frente à horda não havia defesa
aquele vírus jovem não cedia
pisava ameaças ignorava apelos
qualquer moderação nos parecia funesta.
(...) Os poucos resistentes engordaram
sofrem do coração bebem cerveja
têm a pasta surrada de desgostos
outros alistam-se na cave do comércio
mirram no pó as caudas abanadas
à cintura as facas do açougue,
sabujos escrevem coisas irrisórias
enquanto a terra se torna combustível.

~

A adoração dos magos

*

Aquela noite a três
foi como desenhar a maçarico
numa chapa de ferro
um vento fóssil, um vítreo monograma,
o rasto ao exceder o voo de uma carriça
cativo flutua no vidro de uma jarra.
Suspensos percorriam na polpa da vertigem
léguas sobre o abismo.
Pendentes do zinco da manhã
à espera do início
do seguinte espectáculo
dispersaram o sémen
nas chaminés da noite leprosa.
Nos terraços da luta percorreram
as danças mais funestas da ternura.
Num combinar astuto de referências
abriram-se os portais
e despediram galopes penitentes
os animais libertos
das tecidas mansões.
O unicórnio branco depôs sua cabeça
nos braços da senhora,
compadecida dama,
e lhe tocou fiando suas lãs
entre as unhas crivadas por metralha.
Sinto-lhes o assédio,
em cada joelho poisam
um queixo armadilhado,
a barba já cresceu desde o jantar.
«É a adoração dos magos» –murmuras tu–
fincando na ravina os dedos imanados
enquanto o tronco investe
a pele percorrida por venosas nascentes.
Olho por sobre um ombro
e surpreendo a treva
ofendida esgueirar-se
entre os dedos da porta.
O noctívago galgo
devora a escuridão às cegas no recinto.
Em breve a luz envolve
de opalinas unções as cabeleiras.
Iminentes desenham-se as saídas,
o croissant no prato, o garoto no copo,
o revestir a pele doutros fatos
a tragédia jazente nos horários.
Aquela noite a três foi sem remédio.

~

Antilírica

*

Desce-se a rua
na esperança de esquecer
o uivo da matilha,
a beleza que resta
acorre-nos às feridas
unguentos depõe
nas zonas infectadas.
Querelas vicentinas,
empregos, sordidez,
«razias» declaram-se,
encostam-se polés
à crispação dos nervos,
a sombra das notícias
atiça expedientes, afirma torniquetes.
Academia das Ciências,
o ferro transplanta
um resto de harmonia,
argolas e lanternas
à sombra de desbastes.
Lisboa das comendas
que reis de papelão
investem nos serventes
elanguesce nos ritmos
com correntes à mó
e vasa no olhar
vai moendo farelo.
Paroquial,
os punhos sob a véstea,
exime-se ao remorso
de ter desamparado
a terra de Timor.

lunes, 10 de enero de 2022

vicente huidobro / tres poemas








La poesía es un atentado celeste

*

Yo estoy ausente pero en el fondo de esta ausencia
Hay la espera de mí mismo
Y esta espera es otro modo de presencia
La espera de mi retorno
Yo estoy en otros objetos
Ando en viaje dando un poco de mi vida
A ciertos árboles y a ciertas piedras
Que me han esperado muchos años
Se cansaron de esperarme y se sentaron

Yo no estoy y estoy
Estoy ausente y estoy presente en estado de espera
Ellos querrían mi lenguaje para expresarse
Y yo querría el de ellos para expresarlos
He aquí el equívoco el atroz equívoco

Angustioso lamentable
Me voy adentrando en estas plantas
Voy dejando mis ropas
Se me van cayendo las carnes
Y mi esqueleto se va revistiendo de cortezas
Me estoy haciendo árbol Cuántas cosas me he ido convirtiendo en
                                                                                    [otras  cosas...
Es doloroso y lleno de ternura

Podría dar un grito pero se espantaría la transubstanciación
Hay que guardar silencio Esperar en silencio

~

El paso del retorno

*

                            A Raquel que me dijo
                            un día cuando tú te 
                            alejas un solo instante,
                            el tiempo y yo lloramos

Yo soy ese que salió hace un año de su tierra
Buscando lejanías de vida y muerte
Su propio corazón y el corazón del mundo
Cuando el viento silbaba entrañas
En un crepúsculo gigante y sin recuerdos

Guiado por mi estrella
Con el pecho vacío
Y los ojos clavados en la altura
Salí hacia mi destino

Oh mis buenos amigos
¿Me habéis reconocido?
He vivido una vida que no puede vivirse
Pero tú Poesía no me has abandonado un solo instante

Oh mis amigos aquí estoy
Vosotros sabéis acaso lo que yo era
Pero nadie sabe lo que soy
El viento me hizo viento
La sombra me hizo sombra
El horizonte me hizo horizonte preparado a todo

La tarde me hizo tarde
Y el alba me hizo alba para cantar de nuevo

Oh poeta esos tremendos ojos
Ese andar de alma de acero y de bondad de mármol
Este es aquel que llegó al final del último camino
Y que vuelve quizás con otro paso
Hago al andar el ruido de la muerte
Y si mis ojos os dicen
Cuánta vida he vivido y cuánta muerte he muerto
Ellos podrían también deciros
Cuánta vida he muerto y cuánta muerte he vivido

¡Oh mis fantasmas! ¡Oh mis queridos espectros!
La noche ha dejado noche en mis cabellos
¿En dónde estuve? ¿Por dónde he andado?
¿Pero era ausencia aquélla o era mayor presencia?

Cuando las piedras oyen mi paso
Sienten una ternura que les ensancha el alma
Se hacen señas furtivas y hablan bajo:
Allí se acerca el buen amigo
El hombre de las distancias
Que viene fatigado de tanta muerte al hombro
De tanta vida en el pecho
Y busca donde pasar la noche

Heme aquí ante vuestros limpios ojos
Heme aquí vestido de lejanías
Atrás quedaron los negros nubarrones
Los años de tinieblas en el antro olvidado
Traigo un alma lavada por el fuego
Vosotros me llamáis sin saber a quién llamáis
Traigo un cristal sin sombra un corazón que no decae
La imagen de la nada y un rostro que sonríe
Traigo un amor muy parecido al universo
La Poesía me despejó el camino
Ya no hay banalidades en mi vida
¿Quién guió mis pasos de modo tan certero?

Mis ojos dicen a aquellos que cayeron
Disparad contra mí vuestros dardos
Vengad en mí vuestras angustias
Vengad en mí vuestros fracasos
Yo soy invulnerable
He tomado mi sitio en el cielo como el silencio

Los siglos de la tierra me caen en los brazos
Yo soy amigos el viajero sin fin
Las alas de la enorme aventura
Batían entre inviernos y veranos
Mirad cómo suben estrellas en mi alma
Desde que he expulsado las serpientes del tiempo oscurecido

¿Cómo podremos entendernos?
Heme aquí de regreso de donde no se vuelve
Compasión de las olas y piedad de los astros
¡Cuánto tiempo perdido! Este es el hombre de las lejanías
El que daba vuelta las páginas de los muertos
Sin tiempo sin espacio sin corazón sin sangre
El que andaba de un lado para otro
Desesperado y solo en las tinieblas
Solo en el vacío
Como un perro que ladra hacia el fondo de un abismo

¡Oh vosotros! ¡Oh mis buenos amigos!
Los que habéis tocado mis manos
¿Qué habéis tocado?
Y vosotros que habéis escuchado mi voz
¿Qué habéis escuchado?
Y los que habéis contemplado mis ojos
¿Qué habéis contemplado?

Lo he perdido todo y todo lo he ganado
Y ni siquiera pido
La parte de la vida que me corresponde
Ni montañas de fuego ni mares cultivados
Es tanto más lo que he ganado que lo que he perdido
Así es el viaje al fin del mundo
Y ésta es la corona de sangre de la gran experiencia
La corona regalo de mi estrella
¿En dónde estuve en dónde estoy?

Los árboles lloran un pájaro canta inconsolable
Decid ¿quién es el muerto?
El viento me solloza
¡Qué inquietudes me has dado!
Algunas flores exclaman
¿Estás vivo aún?
¿Quién es el muerto entonces?
Las aguas gimen tristemente
¿Quién ha muerto en estas tierras?
Ahora sé lo que soy y lo que era
Conozco la distancia que va del hombre a la verdad
Conozco la palabra que aman los muertos
Este es el que ha llorado el mundo el que ha llorado resplandores

Las lágrimas se hinchan se dilatan
Y empiezan a girar sobre su eje.
Heme aquí ante vosotros
Cómo podremos entendernos Cómo saber lo que decimos
Hay tantos muertos que me llaman
Allí donde la tierra pierde su ruido
Allí donde me esperan mis queridos fantasmas
Mis queridos espectros
Miradme os amo tanto pero soy extranjero
¿Quién salió de su tierra
Sin saber el hondor de su aventura?
Al desplegar las alas
Él mismo no sabía qué vuelo era su vuelo

Vuestro tiempo y vuestro espacio
No son mi espacio ni mí tiempo
¿Quién es el extranjero? ¿Reconocéis su andar?
Es el que vuelve con un sabor de eternidad en la garganta
Con un olor de olvido en los cabellos
Con un sonar de venas misteriosas
Es este que está llorando el universo
Que sobrepasó la muerte y el rumor de la selva secreta
Soy impalpable ahora como ciertas semillas
Que el viento mismo que las lleva no las siente
Oh Poesía nuestro reino empieza

Este es aquel que durmió muchas veces
Allí donde hay que estar alerta
Donde las rocas prohíben la palabra
Allí donde se confunde la muerte con el canto del mar
Ahora vengo a saber que fui a buscar las llaves
He aquí las llaves
¿Quién las había perdido?
¿Cuánto tiempo ha que se perdieron?
Nadie encontró las llaves perdidas en el tiempo y en las brumas
¡Cuántos siglos perdidas!

Al fondo de las tumbas
Al fondo de los mares
Al fondo del murmullo de los vientos
Al fondo del silencio
He aquí los signos
¡Cuánto tiempo olvidados!
Pero entonces amigo ¿qué vas a decirnos?
¿Quién ha de comprenderte? ¿De dónde vienes?
¿En dónde estabas? ¿En qué alturas en qué profundidades?
Andaba por la Historia del brazo con la muerte

Oh hermano, nada voy a decirte
Cuando hayas tocado lo que nadie puede tocar
Más que el árbol te gustará callar.

~

Éramos los elegidos del sol

*

Éramos los elegidos del sol
Y no nos dimos cuenta
Fuimos los elegidos de la más alta estrella
Y no supimos responder a su regalo
Angustia de impotencia
El agua nos amaba
La tierra nos amaba
Las selvas eran nuestras
El éxtasis era nuestro espacio propio
Tu mirada era el universo frente a frente
Tu belleza era el sonido del amanecer
La primavera amada por los árboles
Ahora somos una tristeza contagiosa
Una muerte antes de tiempo
El alma que no sabe en qué sitio se encuentra
El invierno en los huesos sin un relámpago
Y todo esto porque tú no supiste lo que es la eternidad
Ni comprendiste el alma de mi alma en su barco de
tinieblas
En su trono de águila herida de infinito

***
Vicente Huidobro (Santiago de Chile, 1893-Cartagena, 1948)