mediateca de poesía personal-universal del ayer y del mañana desde MMXVII/
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El 11 de diciembre de 2025, la comparecencia infinita terminó su fase de actualizaciones diarias. Agradecemos a todxs lxs lectorxs e colaboradorxs. Sin su apoyo no habría seguido adelante este proyecto que nació en abril de 2017 y que vivió un período de inactividad desde el 12 de diciembre de 2018 hasta el 10 de febrero de 2020. Este año homenajeamos también a Jorge Aulicino, escritor y poeta argentino que nos ha dejado el pasado julio, sin el cual no habríamos llegado al formato de actualizaciones diarias. La siguiente fase de la comparecencia infinita será de actualizaciones inusitadas, destellos e intermitencias en la bandeja de correo de cientos de suscriptorxs y de miles de lectorxs. A lxs colaboradorxs pedimos que sigan enviando material, será, como siempre, bien recibido. Volveremos, pero a pequeñas dosis esporádicas. Hasta cuando sea, gracias totales.
domingo, 16 de agosto de 2020
césar vallejo / trilce, lxv
Madre, me voy mañana a Santiago,
a mojarme en tu bendición y en tu llanto.
Acomodando estoy mis desengaños y el rosado
de llaga de mis falsos trajines.
Me esperará tu arco de asombro,
las tonsuradas columnas de tus ansias
que se acaban la vida. Me esperará el patio,
el corredor de abajo con sus tondos y repulgos
de fiesta. Me esperará mi sillón ayo,
aquel buen quijarudo trasto de dinástico
cuero, que para no más rezongando a las nalgas
tataranietas, de correa a correhuela.
Estoy cribando mis cariños más puros.
Estoy ejeando ¿no oyes jadear la sonda?
¿no oyes tascar dianas?
estoy plasmando tu fórmula de amor
para todos los huecos de este suelo.
Oh si se dispusieran los tácitos volantes
para todas las cintas más distantes,
para todas las citas más distintas.
Así, muerta inmortal. Así.
Bajo los dobles arcos de tu sangre, por donde
hay que pasar tan de puntillas, que hasta mi padre
para ir por allí,
humildóse hasta menos de la mitad del hombre,
hasta ser el primer pequeño que tuviste.
Así, muerta inmortal.
Entre la columnata de tus huesos
que no puede caer ni a lloros,
y a cuyo lado ni el destino pudo entrometer
ni un solo dedo suyo.
Así, muerta inmortal.
Así.
***
César Vallejo (Santiago de Chuco, 1892-París, 1938)
sábado, 15 de agosto de 2020
jean genet / el condenado a muerte
El viento que en los patios arrastra un corazón;
un ángel que solloza suspendido de un árbol,
la columna de azul que envuelve el mármol
alumbran en mi noche salidas de emergencia.
Un pájaro que muere y el sabor a ceniza,
el recuerdo de un ojo dormido sobre el muro
y el dolorido puño que amenaza el azul
al hueco de mis manos hacen bajar tu rostro.
Ese rostro más duro y sutil que una máscara,
más cargado en mi palma que en los dedos del ladrón
la joya que se embolsa, anegado en llanto.
Es feroz y es sombrío y el laurel lo corona.
Es severo tu rostro como el de un monje griego.
Trémulo permanece en mis manos cerradas.
De una muerta es tu boca y rosas tus ojos,
y tu nariz, quizás, el pico de un arcángel.
La brillante helada de un perverso pudor
que empolvó tus cabellos de astros de limpio acero,
que coronó tu frente de espinas de rosal,
¿Qué revés la fundió cuando tu rostro canta?
¿Qué fatalidad, centellea en tu mirada
con despecho tan alto, que el más cruel dolor,
visible y descompuesto decora tu bella boca
pese a tu llanto helado, de una sonrisa fúnebre?
No cantes esta noche “Les costauds de la lune”.
Sé más bien, chico de oro, princesa de una torre
que sueña melancólica en nuestro pobre amor;
o pálido marinero que vigila en la lágrima.
Y a la tarde desciende y canta sobre el puente
entre los marineros, destocados y humildes,
el "Ave María Stella". Cada marino blande
su verga palpitante en la pícara mano.
Y para atravesarte, grumete del azar,
bajo el calzón se empalman los fuertes marineros.
Amor mío, amor mío, ¿Podrás robar las llaves
que me abrirán el cielo donde tiemblan los mástiles?
Desde allí siembras, blancos encantamientos,
copos sobre mis páginas, en mi muda prisión:
lo espantoso, los muertos en sus flores violetas,
la parca con sus gallos, sus espectros de amantes.
Con sofocados pasos cruza en ronda la guardia.
En mis ojos vacíos tu recuerdo reposa.
Puede ser que se evada atravesando el techo.
Se habla de la Guyana como una tierra cálida.
¡Oh el dulzor de la cárcel lejana e imposible!
¡Oh el indolente cielo, el mar y las palmeras,
las límpidas mañanas, los crepúsculos calmos,
las cabezas rapadas, las pieles de satén!
Evoquemos, Amor, a cierto duro amante,
enorme como el mundo y de cuerpo sombrío.
Nos fundirá desnudos en sus oscuros antros,
entre sus muslos de oro, en su cálido vientre.
Un macho deslumbrante tallado en un arcángel
se excita al ver los ramos de clavel y jazmín
que llevarán temblando tus manos luminosas,
sobre su augusto flanco que tu abrazo estremece.
¡Oh tristeza en mi boca! ¡Amargura inflamando
mi pobre corazón! ¡Mis fragantes amores,
ya se alejan de mí! ¡Adiós, huevos amados!
Sobre mi voz quebrada, ¡adiós minga insolente!
¡No cantes más, chico, dejá ese aire apache!
intenta ser la joven de luminoso cuello,
o, si el miedo te deja, el melodioso niño,
muerto en mí mucho antes que el hacha me mutile.
¡Mi bellísimo lacayo coronado de lilas!
inclínate en mi lecho, deja a mi pija dura
golpear tu mejilla. Tu amante el asesino
te relata su gesta entre mil explosiones.
Canta que un día tuvo tu cuerpo y tu semblante,
tu corazón que nunca lastimarán las espuelas
de un tosco caballero. ¡Poseer tus rodillas,
tus manos, tu garganta, tener tu edad, pequeño!
Robar, robar tu cielo salpicado de sangre,
lograr una obra maestra con muertos cosechados
por doquier en los prados, los asombrados muertos
de preparar su muerte, su cielo adolescente...
Las solemnes mañanas, el ron, el cigarrillo...
las sombras de tabaco, de prisión, de marinos
acuden a mi celda, y me tumba y me abraza
con cargada bragueta un espectro asesino.
La canción que atraviesa un mundo tenebroso
es el grito de un rufián traído por tu música,
el canto de un ahorcado tieso como una estaca,
la mágica llamada de un pícaro enamorado.
Un muchacho dormido solicita las boyas
que no lanza el marino al dormido lunático.
Un niño contra el muro erguido permanece,
otro duerme encogido con las piernas cruzadas.
Yo maté por los ojos de un bello indiferente
que nunca comprendió mi contenido amor,
en su góndola negra una ignorada amante,
bella como un navío y adorándome muerta.
Cuando ya estés dispuesto, alistado en el crimen,
de crueldad cubierto, con tus rubios cabellos,
en la cadencia loca y breve de las violas,
degüella a una heredera tan sólo por placer.
Súbito aparecer de un férreo caballero
impasible y cruel; pese a la hora, visible
en el gesto impreciso de una vieja que gime.
No tiembles, sobre todo ante sus claros ojos.
Del tan temido cielo de los crímenes
de amor viene este espectro. Niño de las honduras
nacerán de sus cuerpos extraños esplendores
y perfumado semen de su verga adorable.
Pétreo, negro granito sobre alfombra de lana,
la mano sobre el flanco, óyelo caminar.
Hacia el sol se dirige su cuerpo sin pecado
y tranquilo te tiende a orillas de su fuente.
Cada rito de sangre delega en un muchacho
para que inicie al niño en su primera prueba.
Sosiega tu temor y tu reciente angustia,
Chupa mi duro miembro como si fuese un helado.
Mordisquea con ternura su roce en tu mejilla,
besa mi pija tiesa, entierra en tu garganta
el bulto de mi verga tragado de una vez,
¡Ahógate de amor, vomita y haz tu mueca!
Adora de rodillas como un tótem sagrado
mi tatuado torso, adora hasta las lágrimas
mi sexo que se rompe, te azota como un arma,
adora mi bastón que te va a penetrar.
Brinca sobre tus ojos; y tu espíritu enhebra.
Inclina la cabeza y lo verás erguirse.
Notándolo tan noble y tan limpio a los besos
te postrarás rendido, diciéndole: “¡Madame!”
¡Escuchame, madame! ¡Madame, voy a morir!
¡La casa está embrujada! ¡La prisión vuela y tiembla!
¡Socorro, nos movemos!¡Unidos llevanos
a tu blanca capilla, Dama de la Merced!
Manda venir al sol; que llegue y me consuele.
¡Estrangula a esos gallos! ¡Adormece al verdugo!
Sonríe maligno el día detrás de mi ventana.
Para morir la cárcel es una pobre escuela.
En mi garganta inerme y pura, mi garganta
que mi mano más suave y formal que una viuda
roza bajo el tejido sin que me conmuevas.
Imprime la sonrisa de lobo de tus dientes.
¡Oh ven, sol hermosísimo, ven mi noche, de España,
acércate a mis ojos que mañana habrán muerto!
Llégate, abre la puerta, aproxima tus manos
Y llévame de aquí rumbo a nuestra aventura.
Despertar puede el cielo, florecer las estrellas,
no suspirar las flores, y, en los prados, la hierba.
Recibir el rocío que bebe la mañana,
Sonará la campana: solo yo moriré.
¡Ven, mi cielo de rosa, mi rubio canastillo!
En su noche visita al condenado a muerte.
¡Arráncate la carne, trepa, muerde, asesina,
Pero ven! Tu mejilla apoya en mi cabeza.
Aún no hemos terminado de hablar de nuestro amor,
aún no hemos acabado de fumar los “gitanes”.
Debemos preguntar por qué razón condenan
a un criminal, tan bello, que empalidece el día.
¡Amor, ven a mi boca! ¡Amor, abre tus puertas!
Recorre los pasillos, baja, rápido cruza,
vuela por la escalera más ágil que un pastor,
más suspenso en el aire que un vuelo de hojas muertas.
Atraviesa los muros, camina por el borde
de azoteas, de océanos; recúbrete de luz,
usa de la amenaza, de la plegaria usa,
pero ven, mi fragata, a una hora del fin.
Se arropan con la aurora los pétreos asesinos
en mi prisión abierta a un rumor de pinares
que la mecen, sujeta a delgadas maromas
trenzadas por marinos que broncea la mañana.
¿Quién dibuja en el techo la Rosa de los Vientos?
¿Quién en mi casa sueña, al fondo de su Hungría?
¿Qué chico ha robado en mi podrida paja
pensando en sus amigos al mismo despertar?
Divaga, ¡oh mi locura!, para mi gozo alumbra
un emoliente infierno repleto de soldados
con el torso desnudo y dorados pantalones;
lanza esas densas flores cuyo olor me fulmina.
De cualquier parte arranca las hazañas más locas.
Desnuda a los chiquillos, invéntate torturas,
mutila a la Belleza, desfigura los rostros
y ofrece la Guyana como lugar de encuentro.
¡Oh mi viejo Maroni!, ¡Oh Cayena la dulce!
Veo los volcados cuerpos de quince a veinte juramentos
en torno al crío rubio que apura las sobras
que escupen los guardianes entre el musgo y las flores.
Un cardo mojado basta para afligirnos.
Solitario y erguido entre tiesos helechos,
el más joven se apoya en sus lisas caderas,
inmóvil y esperando ser consagrado esposo.
Los viejos asesinos se apiñan para el rito.
En la tarde agachados prenden de un leño seco
una llama que roba, rápido, el jovencito
más emotivo y puro que un emotivo pene.
El más duro bandido, de lustrosos músculos,
con respeto se inclina ante el frágil mancebo.
Sube la luna al cielo. Una disputa amaina.
Tiemblan los enlutados pliegues de una bandera.
¡Te arropan con tal gracia tus mohines de encaje!
Con un hombro apoyado en la palmera cárdena
fumas y la humareda desciende a tu garganta
mientras los presos, en danza ritual,
Silenciosos y graves, por riguroso turno
aspiran de tu boca una pizca fragante,
una pizca y no dos, del anillo de humo
que empujas con la lengua. ¡Oh camarada triunfal!
Divinidad terrible, invisible y malvada,
tú quedas impasible, tenso, de metal claro,
sólo a ti mismo atento, dispensador fatal
recogido en las cuerdas de tu crujiente hamaca.
Tu alma delicada los montes atraviesa
acompañando siempre la milagrosa huida
de aquel que se ha fugado, muerto al fondo del valle
de una bala en el pecho, sin reparar en ti.
Elévate en el aire de la luna, mi vida.
En mi boca derrama el consistente semen
que pasa de tus labios a mis dientes, mi Amor,
a fin de fecundar nuestras nupcias dichosas.
Junta tu hermoso cuerpo contra el mío que muere
por darle por el culo a la puta más tierna.
Sopesando extasiado tus rotundas pelotas
mi pija de espada te enfila el corazón.
¡Mírala perfilada en su poniente que arde
y me va a consumir! Me queda poco tiempo,
llégate si te atreves, surge de tus estanques,
tus marismas, tu fango donde lanzas burbujas.
¡Oh, que me quemen, que me maten, almas que yo maté!
Miguel Ángel exhausto, en la vida esculpí,
pero la belleza siempre, Señor, yo la he servido:
mi vientre, mis rodillas, mis anhelantes manos.
Los gallos del cercado, la alondra mañanera,
las botellas de leche, una campana al viento,
pasos sobre la grava, mi celda clara y blanca.
Es alegre la paja en la negra prisión.
¡No tiemblo ya, Señores! Si rueda mi cabeza
en el fondo del cesto con los cabellos blancos,
mi pija para gozo en tu etérea cadera
o, para más belleza, mi pichón, en tu cuello.
¡Atento! Rey aciago de labios entreabiertos
accedo a tus jardines de desolada arena
en que inmóvil y erecto, con dos alzados dedos,
un velo de azul lino recubre tu cabeza.
¡Por un delirio idiota veo tu doble puro!
¡Amor! ¡Canción! ¡Mi reina! ¿Es tu espectro macho
visto durante el juego de tu pupila pálida
quien me examina así sobre la cal del muro?
No seas inclemente, deja cantar plegarias
a tu alma bohemia; concédeme otro abrazo…
¡Dios mío, voy a palmar sin poder estrujarte
en mi pecho y mi verga otra vez en la vida!
¡Perdóname, Señor, porque fui pecador!
Los lloros de mi voz, mi fiebre, mi aflicción,
el mal de abandonar mi muy amada Francia
¿No bastan, Señor mío, para ir a reposar
temblando de esperanza
en vuestros dulces brazos, vuestros castillos níveos?
Señor de antros oscuros, sé rezar todavía.
Soy yo, padre, el que un día a gritar prorrumpió:
¡Gloria al más ensalzado, al dios que me protege,
Hermes del blando pie!
Solicito a la muerte la paz, los largos sueños,
un canto de angelitos, sus perfumes y cintas,
angelotes de lana en tibias pañoletas,
y aguardo oscuras noches sin soles y sin lunas
sobre landas inmóviles.
Esta mañana no es la de mi ejecución.
Puedo dormir tranquilo. En el piso de arriba
mi lindo perezoso, mi perla, mi Jesús
despierta. Y pegará con su dura verga
en mi cráneo rapado.
Parece que a mi lado habita un epiléptico.
La prisión duerme en pie entre fúnebres cantos.
Si ven los marineros acercarse, los puertos
mis durmientes huirán a otra América.
***
Jean Genet (París, París, 1910-1986)
Versión de Lino Mondino
/
Le condamné à mort
*
A la mémoire
de Maurice PILORGE
assasin de vingt ans
Le vent qui roule un cœur sur le pavé des cours,
Un ange qui sanglotte accroché dans un arbre,
La colonne d’azur qu’entortille le marbre
Font ouvrir dans ma nuit des portes de secours.
Un pauvre oiseau qui tombe et le goût de la cendre,
Le souvenir d’un œil endormi sur le mur,
Et ce poing douloureux qui menace l’azur
Font au creux de ma main ton visage descendre.
Ce visage plus dur et plus léger qu’un masque,
Et plus lourd à ma main qu’aux doigts du réceleur
Le joyau qu’il convoite; il est noyé de pleurs.
Il est sombre et féroce, un bouquet vert le casque.
Ton visage est sévère: il est d’un pâtre grec.
Il reste frémissant aux creux de mes mains closes.
Ta bouche est d’une morte et tes yeux sont des roses,
Et ton nez d’un archange est peut-être le bec.
Le gel étincelant de ta pudeur méchante
Qui poudrait tes cheveux de clairs astres d’acier,
Qui couronnait ton front des pines du rosier
Quel haut-mal l’a fondu si ton visage chante?
Dis-moi quel malheur fou fait éclater ton œil
D’un désespoir si haut que la douleur farouche,
Affolée, en personne, orne ta ronde bouche
Malgré tes pleurs glacés, d’un sourire de deuil?
Ne chante pas ce soir les !
Gamin d’or sois plutôt princesse d’une tour
Rêvant mélancolique à notre pauvre amour;
Ou sois le mousse blond qui veille à la grand’hune.
Et descend vers le soir pour chanter sur le pont
Parmi les matelots à genoux et nus tête
L’ave maris stella. Chaque marin tient prête
Sa verge qui bondit dans sa main de fripon.
Et c’est pour t’emmancher, beau mousse d’aventure
Qu’ils bandent sous leur froc les matelots musclés.
Mon Amour, mon Amour, voleras-tu les clés
Qui m’ouvriront ce ciel où tremble la mature
D’où tu sèmes, royal, les blancs enchantements
Qui neigent sur mon page, en ma prison muette:
L’épouvante, les morts dans les fleurs de violette….
La mort avec ses coqs; Ses fantômes d’amants…
Sur ses pieds de velours passe un garde qui rôde.
Repose en mes yeux creux le souvenir de toi.
Il se peut qu’on s’évade en passant par le toit.
On dit que la Guyane est une terre chaude.
O la douceur du bagne impossible et lointain!
O le ciel de la Belle, ô la mer et les palmes,
Les matins transparents, les soirs fous, les nuits calmes,
O les cheveux tondus et les Peaux-de-Satin!
Rêvons ensemble, Amour, à quelque dur amant
Grand comme l’Univers mais le corps taché d’ombres
Qui nous bouclera nus dans ces auberges sombres,
Entre ses cuisses d’or, sur son ventre fumant,
Un mac éblouissant taillé dans un archange
Bandant sur les bouquets d’œillets et de jasmins
Que porteront tremblants tes lumineuses mains
Sur son auguste flanc que ton baiser dérange.
Tristesse dans ma bouche! Amertune gonflant
Gonflant mon pauuvre cœur! Mes amours parfumées
Adieu vont s’en aller! Adieu couilles aimées!
O sur ma voix coupée adieu chibre insolent!
Gamin ne chantez pas, posez votre air d’apache!
Soyez la jeune fille au pur cou radieux,
Ou si tu n’as de peur l’enfant mystérieux
Mort en moi bien avant que me tranche la hache.
Enfant d’honneur si beau couronné de lilas!
Penche-toi sur mon lit, laisse ma queue qui monte
Frapper ta joue dorée. Écoute il te raconte,
Ton amant l’assassin sa geste en mille éclats.
Il chante qu’il avait ton corps et ton visage,
Ton cœur que n’ouvriront jamais les éperons
D’un cavalier massif. Avoir tes genoux ronds!
Ton cou frais, ta main douce, ô môme avoir ton âge!
Voler voler ton ciel éclaboussé de sang
Et faire un seul chef d’œuvre avec les morts cueillies
Ça et là dans les prés, les haies, morts éblouies
De préparer sa mort, son ciel adolescent…
Les matins solennels, le rhum, la cigarette…
Les ombres du tabac, du bagne et des marins
Visitent ma cellule où me roule et m’étreint
Le spectre d’un tueur à la lourde braguette.
«
La chanson qui traverse un monde ténébreux
C’est le cri d’un marlou porté par la musique.
C’est le chant d’un pendu raidi comme une trique.
C’est l’appel enchanté d’un voleur amoureux.
Un dormeur de seize ans appelle de bouées
Que nul marin ne lance au dormeur affolé.
Un enfant reste droit contre le mur collé.
Un autre dort bouclé dans ses jambes noués.
«
J’ai tué pour les yeux bleus d’un bel indifférent
Qui jamais ne comprit mon amour contenue,
Dans sa gondole noire une amante inconnue,
Belle comme un navire et morte en m’adorant.
Toi quand tu seras prêt, en arme pour le crime,
Masqué de cruauté, casqué de cheveux blonds,
Sur la cadence folle et brève des violons
Égorge une rentière en amour pour ta frime.
Apparaîtra sur terre un chevalier de fer,
Impassible et cruel, visible malgré l’heure
Dans le geste imprécis d’une vieille qui pleure.
Ne tremble pas surtout, devant son regard clair.
Cette apparition vient du ciel redoutable
Des crimes de l’amour. Enfant des profondeurs
Il naîtra de son corps d’étonnantes splendeurs,
Du foutre parfumé de sa queue adorable.
Rocher de granit noir sur le tapis de laine
Une main sur sa hanche, écoute-le marcher.
Marche vers le soleil de son corps sans péché,
Et t’allonge tranquille au bord de sa fontaine.
Chaque fête du sang délègue un beau garçon
Pour soutenir l’enfant dans sa première épreuve.
Apaise ta frayeur et ton angoisse neuve,
Suce son membre dur comme on suce un glaçon.
Mordille tendrement le paf qui bat ta joue,
Baise sa tête enflée, enfonce dans ton cou
Le paquet de ma bite avalé d’un seul coup.
Ètrangle-toi d’amour, dégorge, et fais ta moue!
Adore à deux genoux, comme un poteau sacré
Mon torse tatoué, adore jusqu’aux larmes
Mon sexe qui te romp, te frappe mieux qu’une arme,
Adore mon bàton qui va te pénétrer.
Il bondit sur tes yeux; il enfile ton âme
Penches un peu la tête et le vois se dresser.
L’apercevant si noble et si propre à baiser
Tu t’inclines très bas en lui disant: « Madame »!
Madame écoutez-moi! Madame on meurt ici!
Le manoir est hanté! La prison vole et tremble!
Au secours, nous bougeons! Emportez-nous ensemble,
Dans votre chambre au Ciel, Dame de la merci!
Appelez le soleil, qu’il vienne et me console.
Étranglez tous ces coqs! Endormez le bourreau!
Le jour sourit mauvais derrière mon carreau.
La prison pour mourir est une fade école.
«
Sur mon cou sans armure et sans haine, mon cou
Que ma main plus légère et grave qu’une veuve
Effleure sous mon col, sans que ton cœur s’émeuve
Laisse tes dents poser leur sourire de loup.
O viens mon beau soleil, ô viens ma nuit d’Espagne
Arrive dans mes yeux qui seront morts demain.
Arrive, ouvre ma porte, apporte-moi ta main,
Mène-moi loin d’ici battre notre campagne.
Le ciel peut s’éveiller, les étoiles fleurir,
Et les fleurs soupirer, et des prés l’herbe noire
Accueillir la rosée où le matin va boire,
Le clocher peut sonner: moi seul je vais mourir.
O viens mon ciel de rose, O ma corbeille blonde!
Visite dans sa nuit ton condamné à mort.
Arrache-toi la chair, tue, escalade, mords,
Mais viens! Pose ta joue contre ma tête ronde.
Nous n’avions pas fini de nous parler d’amour.
Nous n’avions pas fini de fumer nos gitanes.
On peut se demander pourquoi les Cours condamnent
Un assassin si beau qu’il fait pâlir le jour.
Amour viens sur ma bouche! Amour ouvre les portes!
Traverse les couloirs, descends, marche léger,
Vole dans l’escalier, plus souple qu’un berger,
Plus soutenu par l’air qu’un vol de feuilles mortes.
O traverse les murs; s’il le faut marche au bord
Des toits, des océans; couvre-toi de lumière,
Use de la menace, use de la prière,
Mais viens, ô ma frégate une heure avant ma mort.
«
Les assassins du mur s’enveloppent d’aurore
Dans ma cellule ouverte au chant des hauts sapins,
Qui la berce, accrochée à des cordages fins
Noués par des marins que le clair matin dore.
Qui grava dans le plâtre une Rose des Vents?
Qui songe à ma maison, du fond de sa Hongrie?
Quel enfant s’est roulé sur ma paille pourrie
A l’instant du réveil d’amis se souvenant?
Divague ma Folie, enfante pour ma joie
Un consolant enfer peuplé de beaux soldats,
Nus jusqu’à la ceinture, et des frocs résédas
Tire d’étranges fleurs dont l’odeur me foudroie.
Arrache on ne sait d’où les gestes les plus fous.
Dérobe des enfants, invente des tortures,
Mutile la beauté, travaille les figures,
Et donne la Guyane aux gars, pour rendez-vous.
O mon vieux Maroni, ô Cayenne la douce!
Je vois les corps penchés de quinze à vingt fagots
Autour du mino blond qui fume les mégots
Crachés par les gardiens dans les fleurs et la mousse.
Un clop mouillé suffit à nous désoler tous.
Dressé seul au dessus des rigides fougères
Le plus jeune est posé sur ses hanches légères
Immobile, attendant d’être sacré l’époux.
Et les vieux assassins se pressant pour le rite
Accroupis dan le soir tirent d’un bâton sec
Un peu de feu que vole, actif, le petit mec
Plus élégant et pur qu’une émouvante bite.
Le bandit le plus dur, dans ses muscles polis
Se courbe de respect devant ce gamin frêle.
Monte la lune au ciel. S’apaise une querelle.
Bougent du drapeau noir les mystérieux plis.
T’enveloppent si fin, tes gestes de dentelle!
Une épaule appuyée au palmier rougissant
Tu fumes. La fumée en ta gorge descend
Tandis que les bagnards, en danse solennelle,
Graves, silencieux, à tour de rôle, enfant,
Vont prendre sur ta bouche une goutte embaumée,
Une goutte, pas deux, de la ronde fumée
Que leur coule ta langue. O frangin triomphant,
Divinité terrible, invisible et méchante,
Tu restes impassible, aigu, de clair métal,
Attentif à toi seul, distributeur fatal
Enlevé sur le fil de ton hamac qui chante.
Ton âme délicate est par de là les monts
Accompagnant encor la fuite ensorcelée
D’un évadé du bagne, au fond d’une vallée
Mort, sans penser à toi, d’une balle aux poumons.
Élève-toi dans l’air de la lune ô ma gosse.
Viens couler dans ma bouche un peu du sperme lourd
Qui roûle de ta gorge à tes dents, mon Amour,
Pour féconder enfin nos adorables noces.
Colle ton corps ravi contre le mien qui meurt
D’enculer la plus tendre et douce des fripouilles.
En soupesant charmé tes rondes, blondes couilles,
Mon vit de marbre noir t’enfile jusqu’au cœur.
Oh vise-le dresé dans son couchant qui brûle
Et va me consumer! J’en ai pour peu de temps,
Si vous l’osez, venez, sortez de vos étangs,
Vos marais, votre boue où vous faites des bulles
Ames de mes tués! Tuez-moi! Brûlez-moi!
Michel-Ange exténué, j’ai taillé dans la vie
Mais la beauté Seigneur, toujours je l’ai servie,
Mon ventre, mes genoux, mes mains roses d’émoi.
Les coqs du poulailler, l’alouette gauloise,
Les boîtes du laitier, une cloche dans l’air,
Un pas sur le gravier, mon carreau blanc et clair,
C’est le luisant joyeux sur la prison d’ardoise.
Messieurs je n’ai pas peur! Si ma tête roulait
Dans le son du panier avec ta tête blanche,
La mienne par bonheur sur ta gracile hanche
Ou pour plus de beauté, sur ton cou mon poulet….
Attention! Roi tragique à la bouche entr’ouverte
J’accède à tes jardins de sable, désolés,
Où tu bandes, figé, seul, et deux doigts levés,
D’un voile de lin bleu ta tête recouverte.
Par mon délire idiot je vois ton double pur!
Amour! Chanson! Ma reine! Est-ce ton spectre mâle
Entrevu lors des jeux dans ta prunelle pâle
Qui m’examine ainsi sur le plâtre du mur?
Ne sois pas rigoureux, laisse chanter matine
A ton cœur bohémien; m’accorde un seul baiser…
Mon Dieu je vais claquer sans te pouvoir presser
Dans ma vie une fois sur mon cœur et ma pine!
«
Pardonnez-moi mon Dieu parce que j’ai péché!
Les larmes de ma voix, ma fièvre, ma souffrance,
Le mal de m’envoler du beau pays de France,
N’est-ce pas assez monseigneur pour aller me coucher
Trébuchant d’espérance.
Dans vos bras embaumés, dans vos châteaux de neige!
Seigneur des lieux obcurs, je sais encore prier.
C’est moi mon père, un jour, qui me suis écrié:
Gloire au plus haut du ciel, au dieu qui me protège
Hermès au tendre piéd!
Je demande à la mort la paix, les longs sommeils,
Les chants des Séraphins, leurs parfums, leurs guirlandes,
Les angelots de laine en chaudes houppelandes,
Et j’espère des nuits sans lunes ni soleils
Sur d’immobiles landes.
Ce n’est pas ce matin que l’on me guillottine.
Je peux dormir tranquille. A l’étage au dessus
Mon mignon paresseux, ma perle, mon jésus,
S’éveille. Il va cogner de sa dure bottine
A mon crane tondu.
«
Il paraît qu’à côté vit un épilectique.
La prison dort debout au noir d’un chant des morts.
Si des marins sur l’eau voient s’avancer les ports
Mes dormeurs vont s’enfuir vers une autre Amérique.
viernes, 14 de agosto de 2020
susan howe / de "silencio pitagórico"
2.
Pitágoras cataclísmico Las cosas
no como son
pues no son sino lo que parecen
(como espejo
en un espejo por venir)
Siembra grano desnudo puede que dé
trigo
Rueda de tiempo mutable Fortuna fabulada
para girar
(circunferencia conocida atada a un marco)
Los pensamientos nacen
póstumos
Oscuras como el libro secreto de la teología
las estrellas fuera de su órbita
son piedras de toque en un galope Oscuras
irrevocablemente oscuras
(escritas en una hoja suelta) años atrás
y la bestia encadenada
pisotea
Pero me estoy perdiendo en magnitudes
irracionales
La tierra se ha alejado del sol
y es de noche
(Setenta líneas sobre campos en la oscuridad)
tan oscura parece un suelo placentero
tan oscura parece nacional
3.
lo más temprano antes del amanecer Justo
antes del atardecer
ocaso (entre el día
y la oscuridad)
está que empieza Y con tiempo
podría hacerlo yo
termina la infancia
El tiempo una cosa vieja y calva un sirviente
(Haz esto
o lo otro) El tema del tiempo
Y así seguimos por las profundidades de
la infancia (arrebol de luz en los árboles)
El alba
por morirse
se ha revelado Mediodía o mañana
se mueven sin madre
(Oh mujeres mujeres miren) cómo mis palabras
brotan
prendiendo y tropezando En el sentido del sol
con espadas y holas
una danza de disfraces
donde la respiración más respira (Los libros
se encienden
mi pieza está brillante) Mundo que hice
borde vacío
La casa del padre cayendo por siempre
Atrapa y bosqueja la tarde fría
***
Susan Howe (Boston, 1937)
Versiones de Enrique Winter
jueves, 13 de agosto de 2020
forrest gander / tres poemas
Sobre un enunciado de Fernanda Melchor
*
What is the most fucked-up thing to happen to you?
¿Qué es lo más cabrón que me ha pasado en la vida?
Arruinado por ocupaciones, arrugué mi vida, la dejé caer
y luego la sobreviví, balanceándome
en mi miseria como un ciprés en el viento. Observé
estrellas emergiendo de un huevo negro. Lucidez
de la pérdida. Alguien vino a decirme: la araña
que vibra sobre sus piernas largas en la esquina del techo
sobre mi escritorio ya no existe. Está acuñada
entre lo violento ininterrumpido
de un solo día y el vacío que descubrí
adentro de mí. Frente tensada con autocompasión.
Dije: Crees que me conoces, pero tú no
me conoces. Ella dijo,
Te conozco mosco, eres uno y la misma cosa.
~
Donde una vez una casa sólida
*
La voz cantando en la cocina no es tu voz
No hay voz cantando en la cocina
Abre la caja de pizza de la noche anterior
Sus secas cuerdas de queso extendidas
Como los tendones de una mano machucada
Desde tu profundidad me he derramado a lo superficial
Desplomándome asfixiado
Mi habla un paroxismo
Cómo desearía estás aquí
Mientras intento juntar la periferia
Los lugares que se grabaron a sí mismos en nosotros y
Todo vuelve extrañamente como niebla
Alzándose para aplanarse bajo los puentes
Cuando pediste menos rigor, más enternecimiento
Cuando pediste más—
Conocimiento: no como recitación sino como
El desgonzado evento somático
Aunque ahora todos mis recuerdos comienzan con resultados
Como en el Shahnameh de Ferdousí
Nuestros anales se mezclan con los paisajes donde tuvieron lugar
Los protagonistas tan flojos sus moléculas se mezclan
Con surcos de agua con tierra y luz
Porque ciertamente el pueblo es hierba como dicen
Incluso aquí en Punto de las culebras
No amargura no envidia no avaricia
A menos que esto sea algo totalmente diferente
Parecido a girar hojas con un gancho para serpientes sólo
Para encontrar atacantes víboras de foseta
~
Bosque carbonizado
*
El ojo que estaba abierto el viernes.
El presagio y el desollado oculto del presagio. Cintas de carne
pululando descendentes. Como un cardumen de sanguijuelas
desertando algún cataclismo oscuro.
Y un fantasma escamujado allí, Estigio, erecto.
Diciendo: aquí está la introducción del mundo.
Montado en una aguja de forma.
El desembarco de abismo. Chisporroteo fragmentario.
Y lo que pensaste que eran oscuros lagartijos de iluminación
eran pelos de un oso afeitado
ordeñado por su bilis en una jaula oxidada. Anidado
entre la malla de sonidos suaves translúcidos
caídos de tus labios, los
vestigios de alguien que respira.
***
Forrest Gander (California, 1956)
Versiones de Mariana Rodríguez
/
On a Sentence by Fernanda Melchor
*
¿Qué es lo más cabrón que te ha pasado en la vida?
The most fucked-up thing to happen to me?
Addled by busyness, I crumpled my life and let it drop
and then I outlived my life, rocking
on my misery like a cypress in the wind. I watched
stars emerge from a black egg. Lucidity
of loss. Someone came to tell me the spider
vibrating on its long legs in the ceiling corner
over my desk does not exist now. It is wedged
between the violent uninterruptedness
of one single day and the void I discovered
inside myself. Forehead tautening with self-pity.
I said, You think you know me, but you don’t
know me from Adam’s goat. And she said,
I do, and you are one and the same thing.
~
Where Once a Solid House
*
The voice singing in the kitchen isn’t your voice
There is no voice singing in the kitchen
Opens last night’s pizza box
Its dry strings of cheese splayed
Like tendons in a crushed hand
From your deep I’ve spilled into shallows
Flopping asphyxiated
My speech a paroxysm
How I wish you are here
As I try to gather the periphery
The places that impressed themselves on us and
It all returns strangely as fog
Rising to flatten under the bridges
When you asked for less rigor more entenderment
When you asked for more—
Knowing: not as recitation but as
The unhinging somatic event
Though now all my memories begin with outcomes
As in Ferdowski’s Shahnameh
Our annals blend into landscapes where they took place
The protagonists so loose their molecules mix
With swaths of water with earth and light
For surely the people is grass like they say
Even here at Punto de las Culebras
No bitterness no envy no greed
Unless this is something else altogether
Akin to turning leaves with a stump-ripper only
To find striking pit vipers
~
Carbonized Forest
*
The eye that was open on Friday.
The portent and the portent’s flensed hide. Ribbons of flesh
swarming downward. Like a school of leeches
deserting some unlit cataclysm.
And a briary phantom there, Stygian, erect.
Saying, here is the untranslation of the world.
Mounted on a spire of form.
The disembarkation of abyss. Fragmentary sputtering.
And what you thought were dark whiptails of illumination
were bristles from a shaved bear
being milked for bile in a rusting cage. Nested
among the mesh of soft translucent sounds
fallen from your lips, the
vestiges of someone’s breathing.
miércoles, 12 de agosto de 2020
edmond jabès / de "el libro de las preguntas"
Introducción
El libro de las preguntas es el libro de la memoria.
A los obsesivos interrogantes sobre la vida, la palabra, la libertad, la elección, la muerte, responden rabinos imaginarios
cuya voz es la mía.
Las respuestas que da esta obra, dos amantes perdidos vendrán a leerlas; por mi parte, he intentado, al margen de la tradición
y a través de los vocablos, recobrar los caminos de mis fuentes.
Para existir se necesita primero ser nombrado; pero para entrar en el universo de la escritura, es necesario asumir,
con el propio nombre, la suerte de cada sonido, de cada signo que lo perpetúan.
De un idilio simple y trágico surge un canto de amor que es, a pesar de todo, canto de esperanza. Este canto ambiciona
hacernos asistir al nacimiento de la palabra y, en dimensión más que real, a un ensanche del umbral del sufrimiento que ilustra
una colectividad perseguida, cuyo lamento es retomado, era tras era, por sus mártires.
1963
* * * * *
Dedicatoria
En el cementerio de Bagneux, departamento del Sena,
descansa mi madre. En el viejo Cairo, en el cementerio
de las arenas, descansa mi padre. En Milán, en la muerta
ciudad de mármol, está sepultada mi hermana.
En Roma, donde, para acogerle, la sombra cavó la tierra,
está enterrado mi hermano. Cuatro tumbas.
Tres países. ¿Conoces las fronteras de la muerte?
Una familia. Dos continentes. Cuatro ciudades.
Tres banderas. Una lengua, la de la nada. Un dolor.
Cuatro miradas en una. Cuatro existencias. Un grito.
Cuatro veces, cien veces, diez mil veces, un grito.
-¿ Y los que no tienen sepultura? , preguntó Reb Azel.
-Todas las sombras del universo, respondió Yukel, son gritos.
(Madre, respondo a la primera llamada de la vida,
a la primera palabra de amor pronunciada
y el mundo tiene tu voz.)
* * * * *
Dedicatoria 1
A las fuentes profundas de la vida y de la muerte reveladas,
Al polvo de los pozos,
A los rabinos-poetas a quienes he prestado mis palabras y cuyo
nombre, a través de los siglos, fue mi nombre,
A Sara y a Yukel,
A todos aquellos, por último, cuyos caminos de tinta y de sangre
pasan por los vocablos y por los hombres
Y, más cerca, a ti, a nosotros, a ti.
* * * * *
1. A ti, que crees que existo...
(«A ti, que crees que existo,
¿cómo decir lo que sé
con palabras cuyo significado
es múltiple;
palabras, como yo, que cambian
cuando se las mira,
cuya voz es ajena?
¿Cómo decir
que no soy
pero que, en cada palabra,
me veo,
me oigo,
me comprendo,
a ti, cuya realidad
renovada
es la de la luz
a través de la cual
el mundo cobra conciencia del mundo
perdiéndote
pero que respondes
a un nombre
prestado?
¿Cómo mostrar lo que he creado
fuera de mí,
hoja tras hoja,
donde todo rastro de mi paso
está borrado
por la duda?
¿A quién se le han aparecido esas imágenes
que ofrezco?
Reivindico, en último extremo, lo que me es debido.
Cómo demostrar mi inocencia
cuando el águila ha volado de mis manos
para conquistar el cielo
que me atenaza?
Muero de orgullo en el límite
de mis fuerzas.
Lo que espero está siempre más lejos.(...)
* * * * *
2. Y Yukel habla...
Y Yukel habla:
Te busco.
El mundo donde te busco es un mundo sin árboles.
Sólo calles vacías,
calles desnudas,
el mundo donde te busco es un mundo abierto a otros mundos sin nombre,
un mundo donde no estás, donde te busco.
Están tus pasos,
tus pasos que sigo, que espero.
He seguido el lento caminar de tus pasos sin sombra,
sin saber quién era yo,
sin saber a dónde me dirigía.
Un día estarás.
Será aquí, en otro lugar,
un día como todos los días en que estás.
Será, tal vez, mañana.
He seguido, para llegar hasta ti, otros caminos amargos
donde la sal quebraba la sal.
He seguido, para llegar hasta ti, otras horas, otras riberas.
La noche es una mano para quien sigue la noche.
De noche, todos los caminos caen.
Era necesaria esa noche en que tomé tu mano, en que estábamos solos.
Era necesaria esa noche como era necesario ese camino.
En el mundo donde te busco eres la hierba y el deshielo.
Eres el grito perdido en que me extravío.
Pero también eres, ahí donde nada vela, el olvido hecho de cenizas de espejo.
* * * * *
3. He dado la vuelta...
He dado la vuelta.
He dado la vuelta sobre mí mismo sin encontrar descanso.
Dirigiéndose a mí, mis hermanos de raza han dicho:
«Tú no eres judío. No frecuentas la sinagoga».
Dirigiéndome a mis hermanos de raza, he contestado:
«Llevo la sinagoga en mi interior».
Dirigiéndose a mí, mis hermanos de raza han dicho:
«Tú no eres judío. Ya no rezas».
Dirigiéndome a mis hermanos de raza, he contestado
«La oración es mi columna vertebral y mi sangre».
Dirigiéndose a mí, mis hermanos de raza han dicho:
«Los rabinos cuyas palabras citas son unos charlatanes. ¿Han
acaso existido? y tú te has alimentado con sus palabras impías».
Dirigiéndome a mis hermanos de raza, he contestado:
«Los rabinos cuyas palabras cito son los faros de mi memoria
-uno sólo se acuerda de sí- y vosotros sabéis
que el alma tiene por pétalo una palabra». (...)
* * * * *
4. He aprendido a amar a los hombres...
He aprendido a amar a los hombres en el momento en que aspiraba,
con todas mis fuerzas, a ser amado.
Así aman los judíos a los judíos .
He aprendido a ser un hombre.
He aprendido a hablar pomposamente del hombre.
Así hablan los judíos de los judíos.
Mis palabras, un día, se me hicieron extrañas, y me callé.
(« La historia de mi alma es la de las letras del alfabeto cuya forma ha hecho sensible a mis sentidos el camino
a través del espacio y el tiempo, hasta su unión en la palabra, a la hora y en el lugar previstos de mi nacimiento.
Nunca estamos colocados, en relación con los demás , a igual distancia del lenguaje, porque nos movemos de forma diferente
en esas regiones del corazón y del espíritu que abarcan los vocablos. Estamos cerca o lejos de la verdad de la palabra según la hayamos seguido al pasar o hayamos abandonado todo para sorprenderla.
La palabra es virgen. He asistido a su despertar.
La historia de mi alma es la historia apasionada de mi búsqueda del verbo, donde el universo es el premio de mi pensamiento.»
Reb Gaon
* * * * *
5. El diálogo de las dos rosas
-Así pues, audaz amiga, me desafías en el alma.
-Soy fiel al amor
-El amor sólo se ama a sí mismo.
-Yo soy la vida. Él me pertenece.
-No siempre. Los amantes me ofrecen su vida.
-Los amantes desgraciados. No el amor.
-El amor es la trampa que tiendes a los hombres para vestirte con sus escalofríos,
para alimentarte con sus lágrimas.
-Luz en los ojos, eso es el amor.
-El amor devora los ojos que ven.
-Fría amiga.
-Mi cómplice. -Aquí, señala el discípulo de Reb Simoni,
hubo un largo silencio, luego la voz se hizo suplicante. Entrégame a Sara y a Yukrl.
-No puedo perderles.
-Un día, acabarás cediendo.
-Quizás, una mañana en que esté contenta; en cuanto se me hayan hecho insoportables.
-Aquí, creí oirla reír, observa el discípulo de Reb Simoni. -Tendrás algunas horas o algunas semanas, eso dependerá,
para arrancármelos.
-Cruel, sabes que sufren.
-El amor es mi juventud,
-Tú eres la vida.
-El amor es el dueño de mi vida.
-¿Por qué esas prisas? ¿Tanto te gustan? Te arrastras como una esclava. ¿Estás enamorada?
-El amor no me interesa.
-Entonces, ¿por qué quieres arrebatarme a mis amantes?
-Porque está en el orden establecido y también porque es mi oficio.
-Quemas etapas. ¿Ya no te importa mi placer? Me decepcionas.
-A veces soy tierna con los humanos.
-Por qué?
-Un poco por piedad. Me gusta que me crean buena.
-Estás celosa. Te mueres de amor.
-Mato todo lo que toco.
-Tu cuerpo está ebrio de caricias, tus pétalos están húmedos de besos esperados. Pero yo soy fuerte. Soy tozuda.
Me divierte hacerte esperar.
-Te obstinas en hacerme daño. Pero ten cuidado. Puedo vengarme.
Aquí, me pareció, señala el discípulo de Reb Simoni, que se aproximaron la una a la otra y
que su actitud era desafiante.
-Confiesa que te gusto; que a través de las parejas que me exaltan, es a mí a quien deseas.
Se daban la espalda para enfrentarse poco después con su odio desatado, señala el
discípulo de Reb Simoni.
-Hija.
-Qué amable confesión.
-No me faltan recursos. Me haces daño. Tú lo sabes. Mi deseo me desgarra por completo. Tanto peor. Tanto peor.
Tanto peor. Eso sólo me importa a mí.
-Te desprecio.
-Te amo con un amor imposible. Elimino a los que me impiden abrazarte. Con sus ojos, hago dos tragaluces,
con su cuerpo, un navío perdido. Los más voluptuosos son los más vulnerables.
Debieron transcurrir unos cuantos minutos, observa aquí el discípulo de Reb Simoni,
de los que apenas me acuerdo. Hasta mí llegaban fragmentos de palabras cuyo
sentido no alcanzaba a comprender; luego oí muy claramente:
-Cállate. Me dejas helada.
-Eres la nieve que se funde en abril.
-Soy la fiebre. Soy el sol. Odio el agua, las mortajas.
-Mueres por cada nacimiento. Preparas con talento a los seres, al mundo, para su fin anunciado. Loca que les hablas de mí.
Eres la antecámara. Yo soy el lecho. Tus víctimas me piden socorro. Sus gritos forman un gran collar alrededor de mi cuello. Entonces, surjo entre ellos en mi esplendor inaccesible. Me apodero para siempre de su mirada. Con ella, hago un camino,
hago un arco iris.
-Déjame vivir. Déjame alimentarme con mi vida.
-Déjame, mi rosa pródiga, saborear mi muerte.
Cuando me acerqué a ellas para asegurarme de que eran reales, señala el discípulo de
Reb Simoni, me encontré ante dos rosas abiertas a la avidez de una abeja que habían recuperado su existencia vegetal.
«Yukel, escribía Sara, ¿es verdad que la muerte nos parece hoy preferible al mejor momento que hayamos conocido
en nuestra corta vida?»
***
Edmond Jabès (El Cairo, 1912–París, 1991)
Versiones de Julia Escobar
martes, 11 de agosto de 2020
juan soros / seis poemas
Fracaso en Víspera
*
Es la hora del purgatorio:
Asiste paralizado
a la fuga en noche
del ánima umbra.
Dejarte consumir por el fuego
para sofocar el incendio.
Morir para cesar de morir.
~
Seol*
*
-Desatadlo y dejadle ir.
Jn. 11, 44b.
Pies y manos atados con vendas.
Rostro cubierto con un sudario.
Carne podrida que apesta.
Me arrastran hasta el umbral: “Sale
aquel que había sido muerto.”
Sólo espera la roca de clausura.
La roca que calla.
*Seol Hebreo: mundo de ultratumba, morada de los muertos. Sin una connotación moralmente positiva o negativa hasta la introducción de los conceptos de la Cábala.
~
Epitafio del fénix
*
Soy la vigilia de nuestra sangre. Aquél
que no termina de consumirse. Aquél
que ya no resucitará. Aquél
que no es más que cenizas.
~
Sinaí
*
He oído, aterrado, la voz;
he rogado que la hagan callar.
Pero esta roca no sabe estar en silencio.
No, ya no habrá más paz
entre nosotros.
~
Masorética de la Noche
*
Cuando el hombre duerme
su alma habla al ángel.
Maimónides
Construir la huida al enigma:
Componer vocales, huesos
Con sonata de sueño, con
Canción de carne culpada.
Excluye todo consuelo, tu mensajero:
Alas abatidas, voces
Ascienden al recinto de la sombra.
Alas, vacío, nada.
(Silencio)
Alas.
~
Nόστος*
*
Si ya no regreso es que regreso
a la tierra do mora mi amigo.
Esa que canto con nostalgia
desde que -Migrante- respondía
al agente en la frontera. -No se emiten
pasaportes en mi tierra; para entrar
sólo se requiere una moneda.
*νόστος (nostos) Griego: Regreso a la patria. Genero literario en la Grecia clásica cuya obra más representativa es la Odisea.
***
Juan Soros (Santiago de Chile, 1975)
lunes, 10 de agosto de 2020
blanca varela / seis poemas
Puerto Supe
*
Está mi infancia en esta costa,
bajo el cielo tan alto,
cielo como ninguno, cielo, sombra veloz,
nubes de espanto, oscuro torbellino de alas,
azules casas en el horizonte.
Junto a la gran morada sin ventanas,
junto a las vacas ciegas,
junto al turbio licor y al pájaro carnívoro.
¡Oh, mar de todos los días,
mar montaña,
boca lluviosa de la costa fría!
Allí destruyo con brillantes piedras
la casa de mis padres,
allí destruyo la jaula de las aves pequeñas,
destapo las botellas y un humo negro escapa
y tiñe tiernamente el aire y sus jardines.
Están mis horas junto al río seco,
entre el polvo y sus hojas palpitantes,
en los ojos ardientes de esta tierra
adonde lanza el mar su blanco dardo.
Una sola estación, un mismo tiempo
de chorreantes dedos y aliento de pescado.
Toda una larga noche entre la arena.
Amo la costa, ese espejo muerto
en donde el aire gira como loco,
esa ola de fuego que arrasa corredores,
círculos de sombra y cristales perfectos.
Aquí en la costa escalo un negro pozo,
voy de la noche hacia la noche honda,
voy hacia el viento que recorre ciego
pupilas luminosas y vacías,
o habito el interior de un fruto muerto,
esa asfixiante seda, ese pesado espacio
poblado de agua y pálidas corolas.
En esta costa soy el que despierta
entre el follaje de alas pardas,
el que ocupa esa rama vacía,
el que no quiere ver la noche.
Aquí en la costa tengo raíces,
manos imperfectas,
un lecho ardiente en donde lloro a solas.
~
Del orden de las cosas
*
A Octavio Paz
Hasta la desesperación requiere un cierto orden. Si pongo un número contra un muro y lo ametrallo soy un individuo responsable. Le he quitado un elemento peligroso a la realidad. No me queda entonces sino asumir lo que queda: el mundo con un número menos.
El orden en materia de creación no es diferente. Hay diversas posturas para encarar este problema, pero todas a la larga se equivalen. Me acuesto en una cama o en el campo, al aire libre. Miro hacia arriba y ya está la máquina funcionando. Un gran ideal o una pequeña intuición van pendiente abajo. Su única misión es conseguir llenar el cielo natural o el falso.
Primero se verán sombras y, con suerte, uno que otro destello; presentimiento de luz, para llamarlo con mayor propiedad. El color es ya asunto de perseverancia y de conocimiento del oficio.
Poner en marcha una nebulosa no es difícil, lo hace hasta un niño. El problema está en que no se escape, en que entre nuevamente en el campo al primer pitazo.
Hay quienes logran en un momento dado ponerlo todo allí arriba o aquí abajo, pero ¿pueden conservarlo allí? Ése es el problema.
Hay que saber perder con orden. Ése es el primer paso. El abc. Se habrá logrado una postura sólida. Piernas arriba o piernas abajo, lo importante, repito, es que sea sólida, permanente.
Volviendo a la desesperación: una desesperación auténtica no se consigue de la noche a la mañana. Hay quienes necesitan toda una vida para obtenerla. No hablemos de esa pequeña desesperación que se enciende y apaga como una luciérnaga. Basta una luz más fuerte, un ruido, un golpe de viento, para que retroceda y se desvanezca.
Y ya con esto hemos avanzado algo. Hemos aprendido a perder conservando una postura sólida y creemos en la eficacia de una desesperación permanente.
Recomencemos: estamos acostados bocarriba (en realidad la posición perfecta para crear es la de un ahogado semienterrado en la arena). Llamemos cielo a la nada, esa nada que ya hemos conseguido situar. Pongamos allí la primera mancha. Contemplémosla fijamente. Un pestañeo puede ser fatal. Este es un acto intencional y directo, no cabe la duda. Si logramos hacer girar la mancha convirtiéndola en un punto móvil el contacto estará hecho. Repetimos: desesperación, asunción del fracaso y fe. Este último elemento es nuevo y definitivo.
Llaman a la puerta. No importa. No perdamos las esperanzas. Es cierto que se borró el primer grumo, se apagó la luz de arriba. Pero se debe contestar, desesperadamente, conservando la posición correcta (bocarriba, etc.) y llenos de fe: ¿quién es?
Con seguridad el intruso se habrá marchado sin esperar nuestra voz. Así es siempre. No nos queda sino volver a empezar en el orden señalado.
~
Valses
*
No sé si te amo o te aborrezco
como si hubieras muerto antes de tiempo
o estuvieras naciendo poco a poco
penosamente de la nada siempre.
Porque es terrible comenzar nombrándote
desde el principio ciego de las cosas
con colores con letras y con aire.
Violeta rojo azul amarillo naranja
melancólicamente
esperanzadamente
absurdamente
eternamente.
Una mujer joven y su hija muy pequeña (las recuerdo
perfectamente, la niña tenía un abrigo rojo sucio y pesa-
das botas de goma) me empujaron para ser las primeras
en presenciar el espectáculo.
Yo estaba en Bleeker Street, con un pan italiano bajo el
brazo. Primero escuché sirenas, luego cerraron la calle
que dejé atrás. Alguien se había arrojado por una ventana.
Seguí caminando. No pude evitarlo. Iba cantando.
“Mi noche ya no es noche por lo oscura”
A unos cuantos patos de esa esquina de esa casa, bajo
esa misma ventana alta y negra, la noche anterior había
comprado salchichas y cebollas. Era una noche muy
fría, tres muchachas tocaban jazz en la acera y un
escocés con barba, un escocés auténtico, llevaba por el
talle a una menuda japonesa. Parecían verdaderamente
enamorados.
Esta mañana también era muy fría. Había nieve sucia,
Irreconocible. Un ebrio dormía profundamente, como un
ángel, en la escalera de un sótano. Al lado, en la vitrina
de una tienda de modas, un formidable sol de cartón
sonreía.
Vienes entonces desde mis entrañas
como un negro dulcísimo resplandor
así de golpe.
Un río de colores entre sombras
sombras que me deslumbran
colores que me ciegan
criaturas del alma.
Naces como una mancha voraz en mi pecho
como un trino en el cielo
como un camino desconocido.
Mas luego retrocedes te agazapas
y saltas al vacío
y me dejas al filo del océano
sin sirenas en torno
nada más que el inmundo el bellísimo azul
el inclemente azul
el deseo.
“Juguete del destino”
El negro me dio el alcance.
—Give me a quarter.
—No hablo inglés, no tengo plata.
La palma de su mano extendida era rosada y la
línea de su vida parecía un corte, una cicatriz que
se perdía bajo el puñal deshilachado.
—No entiendo,
—Give me Money… Son of a bitch
Me alejé. Se quedó parado, con las piernas abiertas,
hundidas entre la nieve sucia, maldiciéndome.
Al voltear la esquina encontré la plaza desierta.
“Tú débil hermosura”
Hedores y tristeza
devorando paraísos de arena
sólo este subterráneo perfume
de lamento y guitarras
y el gran dios roedor
y el gran vientre vacío.
(¿Cuál de tus rostros amo
cuál aborrezco?
¿Dónde nací
en qué calle aprendí a dudar
de qué balcón hinchado de miseria
se arrojó la dicha una mañana
dónde aprendí a mentir
a llevar mi nombre de seis letras negras
como un golpe ajeno?)
Había un sol débil en Washington Square, muy débil.
Los árboles parecían alambres retorcidos y luego estira-
dos a la fuerza; como si los hubieran puesto entre dos
vidrios amarillos. Desde lejos me hacían pensar en
delicadas columnas vertebrales de insectos. Bonita cosa:
huesos de insectos. El bar que había frente a casa estaba
cerrado con un inmenso candado negro. Me di cuenta de
que era domingo.
Siempre amé lo confieso
tus paredes aladas transparentes
con enredaderas de campanillas
como en Barranco cuando niña
miraba a una pareja besarse bajo un árbol.
Tras la ventana adorada de mi fiebre
mi enfermedad llena de espejos
donde yo era todo a un tiempo
el árbol la caricia
la sombra que ocultaba el rostro de los amantes
y la tarde abriéndose como una fruta otoñal
sobre el acantilado a la izquierda
como para enseñarme que el crepúsculo
llega primero al lado del corazón.
Hogueras en un huerto
donde las horas danzaban sin prisa.
El minuto era eterno.
¡Qué misteriosas voces!
¿Por qué cantaban entonces?
Esperé que cambiara la luz. Ningún auto venía. Sólo un
ciclista pasó cantando muy fuerte, con voz de tenor. Tenía
anteojos, una bufanda roja que flotaba, y la voz salía
como humo de su boca. La escuché hasta que se perdió,
cada vez más delgada y clara, en la larga y estrecha de depósitos clausurados.
La última palabra que escuché fue corazón. Era una
canción de Frank Sinatra.
La plaza continuaba desierta. Miento. Muy lejos, casi
junto al arco, exactamente entre la fuente y el arco
caminaba un ciego. Me di cuenta de que era ciego porque
llevaba un bastón blanco y tenía el aire de no ir a ninguna
parte. Me puse los anteojos para ver bien al ciego.
No me había equivocado, estaba dando vueltas alrededor
de la fuente
“En tu recuerdo vivo”
Desde lejos bajo el cielo del alma
donde nacen palabras que el amor ilumina
desde allí acostumbraba a cubrirte de joyas
hiriendo tu invisible descolorido seno
con mis dardos de fuego.
Con qué dulzura apartaba
ese velo de lágrimas ausentes
y descubría tu apretada boca
imaginando tu risa
el alba frente al puerto
las gaviotas tu bienvenida
el sol recién nacido
y los viejos perfumes del mar.
Todo era tuyo en ese cielo
maderas roja sal y un abrazo
de negras cuerdas que el viento rasga sin prisa.
Y peces y estrellas y medusas
y alguna barca con un nombre de niña
y la isla nacida tras el salto del bufeo.
Crucé la calle y sentí que el cielo era más oscuro a mi
derecha. A ese lado las torres eran más altas de Wall Street
parecían dibujadas con carbón, en un solo plano gris
lavado con delicadas manchas amarillas y rosas. Cuestión
de óptica, parecían un decorado de teatro.
Sabía que estaban muy lejos y, sin embargo, me parecía
también que se inclinaban peligrosamente sobre mi
cabeza.
Las puertas de vidrio giraron y reflejaron todo: la plaza,
El sol débil, las torres, el bar cerrado, el semáforo.
— Good morning Mrs Szyszlo.
—Buenos días Joe.
—Nice weather!
— Sí, Joe. Es un lindo día.
Hoy prisionera en tu vértigo gris
dentro de ti
no sé si te amo o si aborrezco
el rosa exangüe de tu carne
tu degollado resplandor
el río de ojos muertos que jamás te posee
su polvorienta melodía de guijarros
el verano de frutas corrompidas
tus llagas sin cubrir
el negro milagro de tu frente
hinchado de vacío
mendiga que me acosas con el corazón en los dientes
acusándome del crimen cometido en sueños.
No sé si te amo o te aborrezco
porque vuelvo
sólo para nombrarte desde adentro
desde este mar sin olas
para llamarte madre sin lágrimas
impúdica
amada a la distancia
remordimiento y caricia
leprosa desdentada
mía
~
Nadie sabe mis cosas
*
1
a ti capaz de desaparecer
de ser atormentado por el fuego
luminoso opaco ruin divino
a ti
fantasma de cada hora
mil veces muerto recién nacido siempre
a ti capaz de hacer girar la llave
de inventar el sol en un cuarto vacío
a ti ahogado en un océano de semejanza
náufrago de cada mañana
esclavo propietario de zapatos periódicos
algunos libros
tal vez padre o hijo
guardián de resecos jardines de aves de paso
a ti
observador de la tarde
infatigable lector del reloj del sueño
de la fatiga del tedio de la esposa
a nadie sino a ti
2
(cualquier hora del día)
en una hoguera extinguida
esa mujer sacrificada
cerraba los ojos y nos negaba la dicha de su agonía
3
y un perro una gota de lluvia una familia de paseo
como en un cuadro entraban para siempre en la memoria
una vuelta de tuerca y otra y otra un peldaño que cruje
siempre a la misma altura de la oscuridad
la dicha puede ser este brebaje oscuro el neón de las cinco
de la tarde la más esplendorosa verdad
así casi ciegos encontrando generosa como nadie la miseria
cruzando el muro invisibles
manos tan pálidas no han existido jamás en otras manos
ni tanto calor en tanto frío ni ojos tan llenos de otros
ojos contemplaron la tarde
y frente al mar negra ruina y portentosos círculos de
bruma
rodeándonos
y el rojo lengua río perro mosca y la tarde la reina de
desnudos
malvados brazos en su balcón de ceniza
4
(noche y descontento)
pitada cruel canción de ciego
la noche comienza a respirar
todo se aleja
todo se pierde
cárcel cine amarilla luna de farmacia
a las ocho a las nueve a las diez
convertido en un fantasma cruel besas a mil mujeres
acaricias sus senos para los otros
me das asco
y es esta náusea lo mejor de mi vida
5
(conversaciones insidiosas)
alguien dice tu nombre
—es un libro interesante y habla de un héroe
anónimo por cierto
hay una estrella azul al fondo de mi vaso
inagotable estrella
debe brillar en tus ojos cada vez que la miro
cómo debes reír para los otros
tú cordero disfrazado de cordero
tú lobo a solas
tú atrozmente niño
—los bellos pensamientos señores
no ocultan el perfume de la carne
hemos de transpirar en los museos como bestias
sumisas bestias en su rincón de terciopelo
—Picasso por ejemplo...
6
( tell me the truth)
dime
¿durará este asombro?
¿esta letra carnal
loco círculo de dolor atado al labio
esta diaria catástrofe
esta maloliente dorada callejuela sin comienzo ni fin
este mercado donde la muerte enjoya las esquinas
con plata corrompida y estériles estrellas?
7
hila su imposible claridad nuevamente la envenenada
sonrisa solar
¿sientes el divino salivazo sobre la bestia sientes el
hedor de la rosa sientes mi corazón sobre el tuyo?
más tarde será tarde cuando la soledad invente lo mejor
nuevamente tus labios tus ojos las ruinas de tus caricias
el mar de mi pecho
la soledad «estrella de mis noches»
nadie sabe de mis cosas
8
(pobres matemáticas)
cuando nada quede de ti y de mí
habrá agua y sol
y un día que abra las puertas más secretas
más oscuras más tristes
y ventanas vivas como grandes ojos
despiertos sobre la dicha
y no habrá sido en vano que tú y yo
sólo hayamos pensado lo que otros hacen
porque alguien tiene que pensar la vida
~
Identikit
*
sí
la oscura materia
animada por tu mano
soy yo
~
Camino a Babel
*
I
un alma sí un alma que anduvo por las ciudades
vestida de perro y de hombre
un alma de gaznápiro
pájaro errante que acostumbra anidar
a la intemperie a la hora precisa de
las catástrofes y de las grandes migraciones
pájaro de la urbe
pájaro de la cocina
escoria azul de la mañana que interrumpe
nuestras meditaciones nocturnas
un súbito un impensado un imperioso cacareo
de pajarraco solar encaramado en el árbol mañanero
que destila café instantáneo
y angustia
hiel áurea amarga conciencia ausencia
automática de dios inminencia de la mirada
extraña y delimitadora
orfandad amorosa
II
si yo encontrara un alma como la mía
eso no existe
pero sí la musiquilla dulzona y apocalíptica
anunciadora del contoneo atávico
sobre el hueco y el tembladeral
y la carne dormida
sobresaltada
mar perseguido mar aprisionado mar calzado
con botas de 7 leguas
7 colores 7 colores 7
cuerpo arco iris
cuerpo de 7 días y 7 noches
que son uno
camaleón blanco consumido en el fuego
de 7 lenguas capitales
mar settimana
cuerpo orilla de todo cuerpo
pentagrama de 7 notas exactas
repetidas constantes invariables
hasta la consumación del propio tiempo
ergo
1 detén la barca florida
2 hunde tu mano en la corriente
3 pregúntate a ti mismo
4 responde por los otros
5 muestra tu pecho
6 da de tu mar sediento
7 olvida
amén
III
pero sucede que llegó la primavera y decidimos echar
abajo techos y paredes sitio sitio para el cielo para
sus designios dormidos con los animales a campo raso
juntos el uno sobre el otro el uno en el otro.
soledad infinita del amor bajo toda luz.
y desperté a la mañana siguiente con su cabeza sobre mis
hombros ciega por sus ojos bianca alucinatta tutta.
a césar lo que le pertenece y al cielo la espalda sacudida
por el amor y el temor y el tedio y la esperanza, etc.
pasó a toda máquina la primavera pintando
la casa estaba intacta ordenada por sus fantasmas habituales.
el padre en el sitio del padre la madre en el sitio de la madre
y el caos bullendo en la blanca y rajada sopera familiar
hasta nuevo mandato
IV
y sucedió también que
fatigados los comediantes
se retiraron hasta la muerte
y las carpas del circo se abatieron ante el viento
implacable
de la realidad cotidiana.
y si me preguntan diré que he olvidado todo
que jamás estuve allí
que no tengo patria ni recuerdos
ni tiempo disponible para el tiempo.
que a veces
me despierta una mirada
que ávidamente se traga la oscuridad
y que esos ojos azules son restos de alguna luz
restos de algún naufragio
signos del deseo
y de la agonía del deseo.
y que nosotros
los poetas los amnésicos los tristes
los sobrevivientes de la vida
no caemos tan fácilmente en la trampa
y que pasado presente y futuro
son nuestro cuerpo
una cruz sin el éxtasis gratificante del calvario
y que no hay otra salida
sino la puerta de escape que nos entrega
a la enloquecedora jauría de nuestros sueños
nosotros o ellos
acertijo joker moneda perdida en el aire.
tibios temblorosos nonatos
sin estirpe ni prole
dispuestos siempre.
V
aquí un alto en la jornada al escoger una marcha militar
un sorbo de cualquier bebida gaseosa de preferencia
cerveza cualquier necesidad física al aire libre cigarrillos
abandono y goma de mascar
VI
y cuando ya
en el piso del vértigo como una tórtola de ojos dulces y rojos
empollas
meciéndote en el andamio que cruje
qué puede importarte.
nada te toca
ni la nube cargada de eléctrica primavera
que envidiabas no hace mucho
ni el recuerdo satinado obsesivo
del pecho que te hechizaba desde lejos
ni los pregones callejeros
de la putañera fortuna
que te invitaba a bailar
algunas noches de ronda.
harta de timo y de milagros
de ensayar el trapecio hasta la parálisis
de la iniciación de cada día
de haberte tragado el sapo con la sopa
el sapo de la náusea pura
y el sapo de la náusea práctica
et alors.
ya no te queda nada
de los dones de las hadas
sino tu hipo melancólico
y tu ombligo pequeño y negro
que todavía no se borra
centro del mundo centro del caos y de la eternidad
como las líneas de tu mano
por donde corren ríos inmemoriales
y cataratas de tus ojos al firmamento
como única urdimbre de la realidad
oro de lágrimas
y grima de oro
y tu lengua de mil traiciones
cerrada y dulcísima
como un dátil o una aceituna
como en las coplas de los ciegos
hay un relente obcecado de eternidad y miseria.
VII
ayúdame mantra purísima
divinidad del estómago y el píloro.
si golpeas infinitas veces tu cabeza
contra lo imposible
eres el imposible
el otro lado
el que llega
el que parte
el que entiende lo indecible
el santo del desierto que se traga la lengua
el que vuelve a nacer forzando a la madre
de su madre
el nadador contra la corriente
el que asciende de mar a río
de río a cielo
de cielo a luz
de luz a nada.
***
Blanca Varela (Lima, 1925-2009) Poesía reunida 1949-2000. Ciudad de México: FCE, 2001.
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