lunes, 6 de julio de 2026

sergio corazzini / desolación del pobre poeta sentimental













I

¿Por qué me dices: poeta?
Yo no soy un poeta.
Yo no soy sino un jovenzuelo que llora.
Ves: no tengo sino lágrimas que ofrecer al silencio.
¿Por qué me dices: poeta?


II


Mis tristezas son pobres tristes comunes.
Mis alegrías fueron simples
tan simples que si debiera confesártelas 
me sonrojaría.
Hoy pienso en morir.


III


Yo quiero morir solamente, porque estoy cansado;
solamente porque los grandes ángeles
sobre los vitrales de las catedrales
me han temblar de amor y de angustia;
solamente porque yo ya estoy
resignado como un espejo,
como un pobre espejo melancólico.

Ves que no soy un poeta:
soy un jovenzuelo triste que tiene ganas de morir.


IV


¡Oh, no te maravilles de mi tristeza!
Y no me preguntes;
yo no sabré decirte sino palabras tan vanas.
Dios mío, tan vanas
que me dan ganas de llorar como si estuviera por morir.
Mis lágrimas tendrían el soplo
que cuenta un rosario de tristeza
delante de mi alma siete veces con dolor
pero yo no sería un poeta;
sería, simplemente, un jovenzuelo dulce y pensativo
al que se le ocurriera rezar, así, como canta y como duerme.



V


Yo me comunico por el silencio, cotidianamente, como Jesús.
Y los sacerdotes del silencio son ruidos
aunque sin ellos no habría buscado y encontrado a Dios.


VI


Esta noche he dormido con las manos en oración.
Me pareció ser un pequeño y dulce jovenzuelo
olvidado por todos los seres humanos
pobre tierna presa del primero en llegar;
deseé ser vendido,
ser golpeado
y sujeto al ayuno
para poder llorar todo solo,
desesperadamente triste
en un rincón oscuro.

VII


Yo amo la vida simple de las cosas.
¡Cuántas pasiones vi desprenderse, poco a poco,
por cada cosa que se iba!
Pero tú no me entiendes y sonríes.
Y piensas que yo esté enfermo.


VIII


¡Oh, yo estoy, de verdad enfermo!
Y muero, un poco, cada día.
Ves: como las cosas.
No soy, por ende, un poeta:
yo soy que para ser llamado: poeta, ¡conviene
bien vivir otra vida!
Yo no sé, Dios mío, sino morir.
Amén.

***
Sergio Corazzini (Roma, 1886-1907)
Versión de Nicolás López-Pérez

/

Desolazione del povero poeta sentimentale

*

I


Perché tu mi dici: poeta?
Io non sono un poeta.
Io non sono che un piccolo fanciullo che piange.
Vedi: non ho che le lagrime da offrire al Silenzio.
Perché tu mi dici: poeta?


II


Le mie tristezze sono povere tristezze comuni.
Le mie gioie furono semplici,
semplici così, che se io dovessi confessarle a te
arrossirei.
Oggi io penso a morire.


III


Io voglio morire, solamente, perché sono stanco;
solamente perché i grandi angioli
su le vetrate delle catedrali
mi fanno tremare d’amore e di angoscia;
solamente perché, io sono, oramai,
rassegnato come uno specchio,
come un povero specchio melanconico.

Vedi che io non sono un poeta:
sono un fanciullo triste che ha voglia di morire.


IV


Oh, non maravigliarti della mia tristezza!
E non domandarmi;
io non saprei dirti che parole così vane,
Dio mio, così vane,
che mi verrebbe di piangere come se fossi per morire.
Le mie lagrime avrebbero l’aria
di sgranare un rosario di tristezza
davanti alla mia anima sette volte dolente
ma io non sarei un poeta;
sarei, semplicemente, un dolce e pensoso fanciullo
cui avvenisse di pregare, così, come canta e come dorme.


V


Io mi comunico del silenzio, cotidianamente, come di Gesù.
E i sacerdoti del silenzio sono i romori,
poi che senza di essi io non avrei cercato e trovato il Dio.


VI


Questa notte ho dormito con le mani in croce.
Mi sembrò di essere un piccolo e dolce fanciullo
dimenticato da tutti gli umani,
povera tenera preda del primo venuto;
e desiderai di essere venduto,
di essere battuto
di essere costretto a digiunare
per potermi mettere a piangere tutto solo,
disperatamente triste,
in un angolo oscuro.


VII


Io amo la vita semplice delle cose.
Quante passioni vidi sfogliarsi, a poco a poco,
per ogni cosa che se ne andava!
Ma tu non mi comprendi e sorridi.
E pensi che io sia malato.


VIII


Oh, io sono, veramente malato!
E muoio, un poco, ogni giorno.
Vedi: come le cose.
Non sono, dunque, un poeta:
io so che per esser detto: poeta, conviene
viver ben altra vita!
Io non so, Dio mio, che morire.
Amen.

domingo, 5 de julio de 2026

lêdo ivo / cuatro poemas









Murciélagos

*

Los murciélagos se esconden entre las cornisas
de la aduana. ¿Pero dónde se esconden los hombres,
que sin embargo vuelan toda la vida en la oscuridad,
chocándose con las paredes blancas del amor?

La casa de nuestro padre estaba llena de murciélagos
colgantes, como luminarias, de las viejas vigas
que sustentaban el tejado amenazado por las lluvias.
“Estos hijos nos chupan la sangre”, suspiraba mi padre.

¿Qué hombre tirará la primera piedra a ese mamífero
que, como él, se nutre de la sangre de otros bichos
(¡mi hermano! ¡mi hermano!) y, comunitario, exige
el sudor del semejante incluso en la oscuridad?

En el cerco de un seno joven como la noche
se esconde el hombre; en la paja de su almohada, en la luz del
[faro
el hombre guarda las monedas doradas de su amor.
Pero el murciélago, durmiendo como un péndulo, sólo guarda el día
[ofendido.

al morir, nuestro padre nos dejó (a mí y a mis ocho hermanos)
su casa donde por la noche llovía a través de las tejas quebradas.
Pafamos la hipóteca y conservamos los murciélagos.
Y entre nuestras paredes ellos se debatían: ciegos como nosotros.

~

Las iluminaciones

*

Me desmorono en ti como una bandada de pájaros.

Y todo es amor, es magia, es cábala.
Tu cuerpo es bello como la luz de la tierra
en la división perfecta del equinoccio.

Suma del cielo gastado entre dos hangares,
eres la altura de todo y serpenteas
en el fabuloso suelo esponsalicio.

Se transforma la noche en día porque existes,
femenina y total entre mis brazos,
como dos mundos gemelos en un sólo astro

~

El camino blanco

*

Voy por un camino blanco.
Viajo sin llevar nada.
Mis manos están vacías.
Mi boca está callada.
Voy sólo con mi silencio
y mi madrugada.
No escucho, entre los barrancos,
la voz del gallo estridente
que, en la tiniebla de la explanada,
anuncia las alboradas.
Ni siquiera escucho mi alma:
no sé si va durmiendo
o me acompaña despierta,
si es viento o si es ceniza
o nube roja radiante
el día que se levanta
como vela desdoblada
en nave que corta las olas.
Ni siquiera sé si es alma
o sólo sal de lágrimas.
Voy por un camino blanco
que parece la Vía Láctea.
Sólo sé que voy tan solo
que ni siquiera me acompaño,
como si yo fuese un camino
pisado por bulto extraño.
No sé si es día o si es noche
lo que surge delante de mí,
si es fantasma del pasado
o viviente del presente.
No sé si es el torrente claro
del agua que corre entre piedras
o si un halcón me vigila
oculto en la niebla,
espantapájaros prometido
a mi último día.
Atravesando barrancos
y plantaciones de tomate
y oyendo el canto escarlata
de airosos gallos polacos,
voy por un camino blanco:
blancura de bruma y plata.
Entre ramos de carqueja
hay constelaciones de rocío
y una claridad de mediodía
ciega mi madrugada.
Voy como vine, sin saber
la razón de la travesía.
Ni siquiera llevo en la boca
el sabor de agua salada
que recuerda a mi infancia
hecha de mar y de mangle.
Ni siquiera llevo en los ojos
- en mis ojos de niño -
la mancha roja de sangre
dejada por el asesino
que vi cierta madrugada.
Voy por un camino blanco
y nada llevo ni tengo:
ni nido de pajarito
ni fuego santo de leño.
Sólo voy llevando mi nada.
Es todo lo que he juntado
para ofrecerle a Dios
esta madrugada.

~

Balada insolente

*

Al amor, como al baño
se debe ir desnudo
llevándose no obstante
calcio y Poesía.
Y se debe exigir
más que la muerte,
la vida; movimientos
libres y respiración.

Que, en este momento,
la Poesía sea
risa y no lágrimas.
Nunca asaz alabada,
que esté siempre
al servicio de la vida
sin traicionar a los hombres.
Poesía y calcio.

Al amor, que lo tiene todo,
Se debe ir sin nada,
llevándose sin embargo
provisiones de harmonios
incluso en la mirada.
En la noche higiénica
el viento balancea
grandes flores: calcio.

***
Lêdo Ivo (Maceió, 1924-Sevilla, 2012)
Versiones de Raquel Madrigal Martínez

/

Os Morcegos

*

Os morcegos se escondem entre as cornijas
da alfândega. Mas onde se escondem os homens,
que contudo voam a vida inteira no escuro,
chocando-se contra as paredes brancas do amor?

A casa de nosso pai era cheia de morcegos
pendentes, como luminárias, dos velhos caibros
que sustentavam o telhado ameaçado pelas chuvas.
“Estes filhos chupam o nosso sangue”, suspirava meu pai.

Que homem jogará a primeira pedra nesse mamífero
que, como ele, se nutre do sangue dos outros bichos
(meu irmão! meu irmão!) e, comunitário, exige
o suor do semelhante mesmo na escuridão?

No halo de um seio jovem como a noite
esconde-se o homem; na paina de seu travesseiro, na luz do
[farol
o homem guarda as moedas douradas de seu amor.
Mas o morcego, dormindo como um pêndulo, só guarda o dia
[ofendido.

ao morrer, nosso pai nos deixou (a mim e a meus oito irmãos)
a sua casa onde à noite chovia pelas telhas quebradas.
Levantamos a hipoteca e conservamos os morcegos.
E entre as nossas paredes eles se debatem: cegos como nós.

~

As Iluminações

*

Desabo em ti como um bando de pássaros.

E tudo é amor, é magia, é cabala.
Teu corpo é belo como a luz da terra
na divisão perfeita do equinócio.

Soma do céu gasto entre dois hangares,
és a altura de tudo e serpenteias
no fabuloso chão esponsálício.

Muda-se a noite em dia porque existes,
feminina e total entre os meus braços,
como dois mundos gêmeos num só astro.

~

O Caminho Branco

*

Vou por um caminho branco
Viajo sem levar nada.
Minhas mãos estão vazias.
Minha boca está calada.
Vou só com o meu silêncio
e a minha madrugada.
Não escuto, entre os barrancos,
a voz do galo estridente
que, na treva do terreiro,
anuncia as alvoradas.
Nem mesmo escuto a minha alma:
não sei se ela vai dormindo
ou me acompanha acordada,
se ela é vento ou se ela é cinza
ou nuvem rubra raiante
no dia que se levanta
como vela desdobrada
em nave que corta as vagas.
Não sei nem mesmo se é alma
ou apenas sal de lágrimas.
Vou por um caminho branco
que parece a Via Láctea.
Só sei que vou tão sozinho
que nem sequer me acompanho,
como se eu fosse um caminho
pisado por vulto estranho.
Não sei se é dia ou se é noite
o que surge à minha frente,
se é fantasma do passado
ou vivente do presente.
Não sei se é a torrente clara
da água que corre entre pedras
ou se um gavião me espreita
oculto no nevoeiro,
espantalho prometido
ao meu dia derradeiro.
Atravessando barrancos
e plantações de tomate
e ouvindo o canto escarlate
de airosos galos polacos,
vou por um caminho branco:
brancura de bruma e prata.
Entre tufos de carqueja
há constelações de orvalho
e um clarão de meio-dia
cega a minha madrugada.
Vou como vim, sem saber
a razão da travessia.
Nem sequer levo na boca
o gosto de água salgada
que relembra a minha infância
feita de mar e de mangue.
Nem sequer levo nos olhos
- nos meus olhos de menino -
a mancha rubra de sangue
deixada pelo assassino
que vi certa madrugada.
Vou por um caminho branco
e nada levo nem tenho:
nem ninho de passarinho
nem fogo santo de lenho.
Só vou levando o meu nada.
Foi tudo quanto juntei
para oferecer a Deus
nesta madrugada.

~

Balada Insolente

*

Ao amor, como ao banho
deve-se ir nu
levando-se contudo
cálcio e Poesia.
E deve-se exigir
mais que a morte,
a vida; movimentos
livres e respiração.

Que, neste momento,
a Poesia seja
riso e não lágrimas.
Nunca assaz louvada,
que ela esteja sempre
a serviço da vida
sem trair os homens.
Poesia e cálcio.

Ao amor, que tem tudo,
deve-se ir sem nada,
levando-se no entanto
provisões de hormônios
até mesmo no olhar.
Na noite higiênica
o vento balança
grandes flores: cálcio.

sábado, 4 de julio de 2026

ilya kaminsky / vivimos felices durante la guerra












 
Y cuando bombardearon las casas de los otros, 
 
protestamos,
pero no lo suficiente, nos opusimos, 
 
pero no lo suficiente. Estaba 
en mi cama y a su alrededor América
 
se desplomaba: una casa invisible tras otra casa invisible tras otra casa invisible. —
 
Salí con una silla a contemplar el sol. 
 
A los seis meses 
de un desastroso reinado en la casa del dinero 
 
en la calle del dinero en la ciudad del dinero en el país del dinero, 
nuestro grandioso país del dinero, nosotros (perdónanos) 

vivimos felices durante la guerra.

***
Ilya Kaminsky (Odesa, 1977)
Versión de Alain Pallais

/

We Lived Happily During the War

*

And when they bombed other people’s houses, we
 
protested
but not enough, we opposed them but not
 
enough. I was
in my bed, around my bed America
 
was falling: invisible house by invisible house by invisible house.
 
I took a chair outside and watched the sun.
 
In the sixth month
of a disastrous reign in the house of money
 
in the street of money in the city of money in the country of money,
our great country of money, we (forgive us)
 
lived happily during the war.